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Luka Modric, la estrella de Mundial, ahora podría ir a la cárcel

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/15/2018

Después del cuento de hadas del Mundial, Modric enfrenta una pesadilla legal

Luka Modric ganó el premio al mejor jugador del Mundial de Rusia 2018, con una actuación que casi logró que Croacia se propulsara al campeonato. Croacia sorprendió a todos y se ganó el afecto del mundo. Si bien, uno esperaría que Modric fuera una especie de deidad en su país, las cosas son distintas.

Aunque seguramente muchas personas idolatran a Modric, especialmente después del Mundial, una gran parte de la población siente gran animadversión por este jugador, quien está involucrado en un escándalo legal. Increíblemente, como revela esta nota de la BBC, algunos croatas celebraron el penal que Modric falló contra Dinamarca. 

El tema es tan grave que Modric podría ir hasta 5 años a la cárcel por haber emitido un falso testimonio en el juicio en contra de Zdravko Mamic, el ex presidente de la federación croata y del club Dinamo Zagreb. Mamic se benefició enormemente de las transferencias de los jugadores de su club, cobrando en ocasiones hasta más de la mitad de sus pases. Modric fue uno de los jugadores que el club vendió; en este caso, al Tottenham Hotspur, por más de 20 millones de euros. Se culpa a Mamic y sus malos manejos de haber destruido al Dinamo, un club de gran linaje en Europa.

Modric, quien de joven padeció las vejaciones de la guerra, recibió apoyo de Mamic en sus inicios, y firmó con él un contrato en el cual se apuntaba que debía pagarle una parte de sus futuros ingresos como benefactor, esto pese a que Mamic no tiene licencia de agente de jugadores. Aparentemente, cuando se celebró su venta por 23 millones de euros, Modric sólo recibió 2 millones de dólares y el resto se lo quedó la familia de Mamic. Esto fue comprobado por la justicia croata. Inicialmente, Modric había apoyado esta versión, pero en su testimonio reciente cambio de opinión y dio una versión que al parecer protege a Mamic, quien es el cacique del futbol croata y ha logrado fugarse a Bosnia pese a que enfrenta una pena de 6 años de cárcel. Esto ha provocado que las autoridades y el público croata -ya que Mamic es un personaje odiado- se vuelquen contra Modric, y éste enfrente un juicio.

Aunque quizás su desempeño mundialista haya suavizado las cosas para la opinión pública, a la tristeza de quedar en segundo lugar se suma un complicado proceso jurídico que de ser llevado a cabo con severidad podría hacer que Modric, de 32, años, termine su carrera futbolística antes de tiempo.

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El sentido de pertenencia a una nación forma parte de lo que somos, ¿pero qué pasa si se convierte en una fuente de malestar?

Los aficionados al fútbol sabrán que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo comparten no sólo ser considerados los dos mejores futbolistas de esta época, la celebridad o la riqueza, sino además también algo un poco más específico: ambos cargan consigo cierta frustración por haber ganado prácticamente todos los títulos de los campeonatos en los que han participado, a excepción de la Copa del Mundo.

El hecho podría ser únicamente anecdótico de no se porque ambos jugadores, en distintos momentos de su trayectoria, han expresado su deseo de trascender portando la camiseta nacional y, por lo mismo, han experimentando con frustración y acaso hasta con sufrimiento la dificultad de lograrlo. 

No es sencillo saber si lo suyo es un propósito personal auténtico o más bien cierta obediencia a aquello que otros esperan de su talento y sus habilidades, pero sea como fuere, lo cierto es que de cualquier modo ni Cristiano Ronaldo ni Messi han podido llevar a sus equipos nacionales a las fases importantes del campeonato mundial de la FIFA y, de hecho, en este que se celebra ahora en Rusia, sus respectivos equipos fueron eliminados en cuartos de final.

El sentido de pertenencia a un país puede ser importante, qué duda cabe, pero no es necesariamente el más decisivo en la vida de una persona. De hecho, como sucede con otros elementos que contribuyen a constituir la identidad, la nacionalidad es también un accidente, una circunstancia imprevisible, tanto personal como colectiva e históricamente, un elemento del escenario en el cual nacemos y crecemos pero que podría ser cualquier otro y que, en sí mismo, es también producto de circunstancias accidentales, nunca necesarias. 

No es sencillo ver la identidad nacional con esa soltura y, más bien, la mayoría de las personas experimentan la nacionalidad como una especie de personalidad alterna, tan propia e incuestionable como el nombre al que han respondido toda su vida.

Pero, como sucede también con otras ideas a las cuales nos apegamos un tanto irracionalmente (sólo porque así es como procede el ser humano), puede llegar el momento en que el apego a la nacionalidad no cumpla ya las funciones que tenía en otro momento de la existencia de una persona y, por lo mismo, sea más bien una fuente de malestar y de dificultades. 

¿No sería mejor, entonces, dejarlo caer? ¿Vale la pena sostener algo ha formado parte de la definición de lo que somos pero que quizá no tiene ya la misma importancia que en otros momentos de la existencia? 

 

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Twitter del autor: @juanpablocahz