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Los peligros de una de las combinaciones fiesteras más comunes

El MDMA, éxtasis o "Molly" es una de las prototípicas drogas de fiesta, particularmente usada para bailar. Comúnmente, cuando se consume MDMA también hay alcohol en el lugar y muchas personas combinan ambas sustancias, algo que si bien podría ser divertido por un rato, puede tener consecuencias nefastas. El MDMA es un estimulante y el alcohol un depresor; esto de entrada ya puede ser un conflicto, por ejemplo, cuando uno se siente despierto y capaz de hacer alguna labor física por el éxtasis, a la vez que el alcohol afecta las habilidades motrices.   

El gran peligro viene del hecho de que ambas sustancias incrementan el riesgo de deshidratación, por lo cual suelen verse a personas que toman éxtasis bebiendo agua en las fiestas. Pero cuando toman éxtasis y toman alcohol, no están tomando el agua necesaria. El alcohol incrementa el deseo de ir al baño y el éxtasis hace que se sude más, además de que tiene un efecto colateral de retención de orina que puede llegar a producir problemas en el riñón si se está tomando alcohol. En cuanto a la deshidratación cuando se toma éxtasis en una cantidad moderada, no es que ello te vaya a matar; aunque hay casos extremos en los que esto llega a suceder y se llegan a presentar paros cardíacos, el riesgo más común es que puede producir daño cerebral. Por supuesto, todo esto es relativo a las cantidades que se ingieren: beber únicamente una cerveza en toda una noche no es generalmente muy peligroso.

Por otro lado, el alcohol aumenta la cruda o resaca del MDMA, la cual es famosa por ser una de las más terribles y deprimentes -aunque esto depende mucho de la persona-. Después de tomar MDMA, las personas suelen tener una fuerte caída en la producción natural de serotonina del cerebro, por lo que se habla popularmente de los "tuesday blues", término que sugiere que la depresión de la cruda dura más días de lo normal. Este efecto depresivo aumenta enormemente con el consumo de alcohol. Un par de horas de éxtasis pueden convertirse en varios días de bajón. ¿Realmente vale la pena?

En tiempos recientes, se ha iniciado en Estados Unidos la primera fase en el proceso de aprobación para tratar trastornos postraumáticos con MDMA.

 

Aquí puedes consultar una rápida guía para estar seguro cuando tomas MDMA

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¿Qué es la sabiduría espiritual? (esta preciosa historia sufí lo explica)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/18/2018

Una historia del misticismo islámico que revela la naturaleza de la sabiduría

Existe un entendimiento que atraviesa las diversas tradiciones místicas: que la auténtica sabiduría es distinta del conocimiento. Es decir, no se trata de conocer cosas -siempre más-, cosas distintas y separadas de nosotros, ni tampoco de crear algo nuevo, de producir algo que no éramos. Se trata de des-cubrir lo que ya es, lo que siempre ha sido, lo que en el zen llaman el "rostro original", la esencia universal que se ve limitada o bloquedada por lo temporal y particular. En un famoso poema, W. B. Yeats exclama: "estoy buscando el rostro que tenía antes de que fuera hecho el mundo". Sin embargo, como nos dice el budismo, este buscar es probablemente la principal razón por la cual uno no encuentra. Y es que nos enfrascamos en una paradoja; como dice San Francisco, lo que buscamos es aquello con lo que buscamos. 

En su libro The Rhythm of Being, Raimon Pannikar, el gran erudito de las tradiciones religiosas de Occidente y Oriente, cita esta historia sufí:

"¿Qué hace a alguien sabio?", preguntó el discípulo.

"La sabiduría", dijo el maestro.

"¿Qué es la sabiduría", interpeló el discípulo.

"Es simplemente la habilidad de reconocer", dijo el maestro.

"¿Reconocer qué?", preguntó el discípulo.

"La sabiduría espiritual", respondió el maestro, "es el poder de reconocer la mariposa en la oruga, el águila en el huevo, el santo en el pecado".

La sabiduría es, como también creía Platón, reconocimiento, es decir, volver a conocer, recobrar algo que ya existía en nosotros, apreciar o apercibirse de algo que existe como nuestra más pura esencia, la cual, al reconocerse, se libera y encuentra espacio para manifestarse sin velos. Ver la flor o el fruto del ser -la posibilidad más alta de la expresión del ser- es mirar con inocencia, tener fe. Reconocer el potencial, lo cual es ya el principio del florecimiento. Ver el destino final es también ver el principio, pues vemos la flor y creemos en su florescencia porque conocemos el poder de la semilla y de la fuerza del Sol. La sabiduría, como muestra Aristóteles, siempre es un conocimiento de los orígenes, de las causas, de las esencias, del ser (una proté philosophia), y no de los accidentes. 

Panikkar comenta sobre este pasaje: "Sólo la mente silenciosa es capaz de este poder de reconocimiento. Ya Plotino había hablado de un 'logos silencioso' y del silencio como la condición para conocernos a nosotros mismos. Me pregunto si es sólo este logos silencioso lo que nos permite entender sin juzgar". El silencio, epistemológicamente, nos remite a la ausencia -a la ausencia de proyecciones sobre el objeto y a la ausencia de conceptos, a lo inconcebible, a la nada (lo nonato)-. Hay una posible gnosis silenciosa, que es una comunión con el objeto (más allá del sujeto-objeto), una comunidad en el origen, en la luz pura de la conciencia. La sabiduría espiritual es ese silencio, que es también una ignorancia, una docta ignorancia, una nube del des-conocimiento, una noche oscura, una purificación del corazón. Como dice San Mateo: "bienaventurados los de corazón puro, pues verán a Dios". Y como sugiere Eckart, sólo quienes no tienen imágenes, sólo quienes se han hecho vírgenes, como la nada, pueden conocer a Aquel que no puede nombrarse, que no es un objeto de conocimiento. Como se reitera en las Upanishads, no eso que es conocido, escuchado, visto o pensado, sino aquello por lo cual se conoce, se escucha, se ve, se piensa. Tat tvam asi (Eso eres tú).