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Supera tu miedo a hablar en público con estos ejercicios (VIDEO)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/15/2018

La necesidad de hablar en público es más habitual de lo que creemos, y casi todas las personas sienten miedo de hacerlo

En distintos momentos de nuestra vida nos enfrentemos a la necesidad de hablar en público. La vida, después de todo, es social. Puede ser en la escuela, en el trabajo, en el barrio donde habitamos y quizá incluso en una reunión con amigos o ante un auditorio de desconocidos. En este sentido, podría decirse que si “hablar en público” es hablar con una o más personas desconocidas en un escenario que no es nuestro espacio personal o íntimo, entonces esa posibilidad es altamente probable en nuestra vida cotidiana.

Con todo, hay quienes por distintas razones no encaran de la mejor manera dicha situación. A algunos los “nervios” los traicionan; otros sienten temor de hablarle a desconocidos, hay quienes se traban o pierden claridad tanto en el pensamiento como en el habla, reacciones que su vez varían o cambian dependiendo del objetivo de comunicación en juego, pues para algunos no es lo mismo hablar en público para pedir algo que para dar un comentario crítico o para presentar una propuesta.

Pero como mucho de lo humano, también esto es susceptible de cambio y, de hecho, puede mirarse como un hábito mental, emocional y práctico que es posible reemplazar con uno mucho más acorde a tus intereses. Y como en otros asuntos de lo humano, también este es un asunto de práctica.

A través de un camino en tres fases –control de la ansiedad, reglas para la práctica y habla espontánea– esta conferencia/taller presentado por Matt Abrahams (conferencista de la Escuela de Negocios de Stanford) ofrece algunos puntos y ejercicios sumamente útiles para vencer dicho miedo. 

El video puede parecer extenso, pero tiene a su favor que es sumamente pragmático. Poco después de empezar, su presentador entra de lleno en materia con puntos sumamente específicos de esos tres temas fundamentales para la capacidad de hablar en público. Pronto recomienda cómo manejar el estado emocional propio de quien se presenta ante un auditorio, o por qué apegarse a ciertos formatos (hacer preguntas a quienes nos escuchan, por ejemplo) es una de las estrategias más sencillas para llevar a buen puerto una presentación.

En suma, se trata de un material que vale la pena escuchar con atención, sustentado y entretenido, y que muy posiblemente será de utilidad para quien desee sobreponerse a esa dificultad.

*Te recordamos que puedes usar la función "Subtítulos" de YouTube para activar éstos y después la opción "Traducir subtítulos" en el menú Configuración para tenerlos en español.

 

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El cerebro humano aprendió, por la normalización del beso, a girar de manera instintiva al lado “más fuerte” para proteger el lado “más débil” del cuerpo (como cuando uno es bebé y se gira por reflejo hacia un lado para defenderse con el brazo más hábil)

A lo largo de los tiempos de la humanidad, el beso se convirtió en uno de los elementos básicos para demostrar afecto e intimidad con una pareja, así como para incrementar el deseo sexual. Mientras que la teoría evolucionista explica que el beso pretende cumplir un papel de protección en donde probamos la saliva del otro para calcular casi orgánicamente las probabilidades de una descendencia fuerte, la teoría del psicoanálisis presume que se trata de una acción con el impulso de regular en el inconsciente alguna emoción negativa. Y conforme los estudios neurocientíficos avanzan, cada vez se descubre más información sobre los misterios que acompañan a un beso…

Por ejemplo, de acuerdo con un par de estudios realizados recientemente, se descubrió que la percepción visual –la manera en que observamos el mundo– tiene cierta influencia en la manera de besar. Normalmente las personas percibimos un diagrama de varias líneas y ángulos que nos brindan una estructura organizacional de nuestro entorno y aseguran nuestra supervivencia, pero también percibimos rasgos desde el inconsciente que nos ayudan a orientarnos en cuestiones emocionales. Entre dichos rasgos se encuentra un fenómeno curioso que alcanza un aspecto conductual: el de besar. Es decir que, de manera instintiva, las personas besan en la boca girando la cabeza a la derecha. Sin embargo, ¿y si el girar más a la derecha que a la izquierda durante un beso se tratase de una cuestión aprendida, en vez de ser instintivo?

Tomando en consideración que somos seres sociales que aprenden en función de su cultura, los besos son acciones aprendidas mediante las historias, novelas, películas, programas televisivos, en la calle… En las sociedades occidentales, es muy común observar a las personas dándose un beso apasionado en todos lados, pero poco se sabe si se trata de un beso que refleja lo que la gente siente o más bien es la sociedad la que dicta lo que se tiene que hacer. Los estudios han demostrado que la conducta del ser humano reflejada en las pantallas grandes se ve influenciada por las sociedades “W.E.I.R.D.” –por sus siglas en inglés, y que puede asociarse con la palabra weird que significa “raro o extraño”, para expresar “Occidente, Educado, Industrializado, Rico y Democrático”,–; es decir que una actividad tan básica como un beso –y como inclinar ligeramente la cabeza hacia la derecha– se ve fuertemente alterada por factores socioculturales, un aprendizaje vicario –por observación– y la normalización de ciertas conductas.

De hecho, los resultados de las investigaciones antes mencionadas muestran que más de 2/3 de los individuos que inician un beso, suelen inclinar ligeramente las cabezas ligeramente a la derecha si son diestros y a la izquierda si son zurdos. En consecuencia, la persona que está siendo besada, sin importar si es diestra o zurda, responde tratando de encuadrar en la pieza del romanticismo. Varios de los integrantes de los grupos de control expresaron que se siente simplemente raro dirigirse a la otra dirección de lo que señala el que inicia el beso. Gracias a esta información, los especialistas lograron concluir que el beso está fuertemente influenciado por los factores culturales del medio ambiente y por los biológicos del cerebro. En otras palabras, es como si el cerebro humano hubiese aprendido, por la normalización del beso, a girar de manera instintiva al lado “más fuerte” para proteger el lado “más débil” del cuerpo –como cuando uno es bebé y se gira por reflejo hacia un lado para defenderse con el brazo más hábil–. Podríamos decir entonces que los besos en la actualidad son el resultado de nuestra búsqueda de supervivencia, resistencia y lucha por vivir.