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Salario mínimo universal: en Finlandia ya ocurre y estos son los resultados

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/20/2018

Desde enero del 2017, el gobierno de Finlandia puso en marcha una prueba relacionada con el salario mínimo universal, y hasta ahora estos son algunos de sus efectos

Desde hace algún tiempo y marcadamente en el último par de años, una de las discusiones económicas globales más interesantes ha explorado la posibilidad de un salario mínimo universal. 

Quienes están a favor de éste aseguran que en el mundo hay suficiente riqueza para asegurar una renta mensual a todos los habitantes del planeta, sin restricciones de ningún tipo, sin importar que tengan o no trabajo, cuál sea su nivel de estudios o cuáles sean las condiciones de empleo de su país. Todos, sin excepción, recibirían ese salario mínimo. Entre otros, personajes tan distintos como los magnates Bill Gates y Richard Branson, el científico Stephen Hawking o Mark Zuckerberg se han pronunciado a favor de la medida. Con mayor mesura, el economista francés Thomas Piketty también ha escrito sobre el asunto

En general, uno de los principales argumentos para apoyar la idea de un salario mínimo universal es que éste contribuiría sustancialmente a reducir la desigualdad económica (y por ende, social) que el capitalismo provoca por la naturaleza misma de su funcionamiento: en un sistema económico en que unos poseen los medios de producción y otros no tienen más que su fuerza de trabajo para ofrecer a cambio de un salario que les permita sobrevivir, el único resultado de esta relación desigual es… sí, la desigualdad.

Pero incluso entre posturas más liberales o francamente alineadas a la derecha del espectro político, hay quienes consideran que un ingreso mensual básico de este tipo podría contribuir a reducir el tamaño del aparato burocrático y los costos sociales de la seguridad social.

Pero más allá de posturas, hipótesis y teorías, actualmente existe un país que se atrevió a poner a prueba la idea. En Finlandia el gobierno tomó a 2 mil personas, de entre 25 y 58 años, y decidió concederles desde enero del 2017 y durante 2 años, sin restricciones de ningún tipo, la suma de 560 euros mensuales (poco menos de 700 dólares). Este grupo de personas no puede considerarse una muestra de la población porque, por distintos motivos, las autoridades finlandesas decidieron hacer el experimento sólo con personas desempleadas. Es posible que dicha circunstancia se haya tomado en cuenta para saber qué harían esas personas ahora que contaban con la seguridad de recibir ese dinero: ¿Buscarían trabajo? ¿Se volverían voluntarios de algún tipo en sus comunidades? ¿Su vida caería en un vacío existencial?

Hasta ahora los resultados son variados pero, sobre todo, prematuros. Es cierto que esta paga mensual asegurada ha reducido la ansiedad de muchos individuos, que ahora pueden dedicar el tiempo de su vida a ocupaciones que para ellos son más importantes que el trabajo –como una mujer que cuida a sus padres enfermos, o un hombre que vivía su trabajo cotidiano como una esclavitud que le impedía “sentirse humano”–, pero nada de esto es conclusivo. En total, el experimento costará al gobierno finlandés cerca de 20 millones de euros, pero a cambio se intentará obtener información sobre las nuevas formas del trabajo que han surgido en las últimas décadas (el freelance, por ejemplo, la gente que emprende sus propios negocios, etc.) y cómo éstas pueden adaptarse al sistema laboral y de seguridad social del Estado. Al final, como se señala en The Guardian, el gobierno finlandés busca saber si un salario mínimo universal impulsaría a la gente a buscar trabajo.

¿Contradictorio? ¿Tener un salario asegurado llevaría a las personas a buscar trabajo? Puede parecer absurdo, pero quizá no lo sea tanto. Después de todo, el ser humano se convirtió en tal cuando comenzó a transformar su mundo a través del trabajo. Y quizá es ahí donde radica el enigma. ¿Cuál sería la diferencia entre el trabajo tal y como se practica ahora –rutinario, mecánico, pocas veces dotado de sentido– y el trabajo que realmente es capaz de transformar paralelamente lo que somos y el mundo en el que vivimos? Si todos tuviéramos una renta mensual asegurada, ¿qué haríamos con nuestro tiempo y, sobre todo, con nuestra fuerza de trabajo?

Hace casi cien años, en su Elogio de la ociosidad, Bertrand Russell dibujó en pocas líneas esta deliciosa utopía. Quizá esa sea, aún ahora, no la respuesta a esas preguntas, sino la pregunta que seguimos haciéndonos respecto a nuestra fuerza de trabajo en relación con nuestra vida.

En un mundo donde nadie sea obligado a trabajar más de 4 horas al día, toda persona con curiosidad científica podrá satisfacerla, y todo pintor podrá pintar sin morirse de hambre, no importa lo maravillosos que puedan ser sus cuadros. Los escritores jóvenes no se verán forzados a llamar la atención por medio de sensacionales chapucerías, hechas con miras a obtener la independencia económica que se necesita para las obras monumentales, y para las cuales, cuando por fin llega la oportunidad, habrán perdido el gusto y la capacidad. Los hombres que en su trabajo profesional se interesen por algún aspecto de la economía o de la administración, serán capaces de desarrollar sus ideas sin el distanciamiento académico, que suele hacer aparecer carentes de realismo las obras de los economistas universitarios. Los médicos tendrán tiempo de aprender acerca de los progresos de la medicina; los maestros no lucharán desesperadamente para enseñar por métodos rutinarios cosas que aprendieron en su juventud, y cuya falsedad puede haber sido demostrada en el intervalo. 

Sobre todo, habrá felicidad y alegría de vivir, en lugar de nervios gastados, cansancio y dispepsia. El trabajo exigido bastará para hacer del ocio algo delicioso, pero no para producir agotamiento. Puesto que los hombres no estarán cansados en su tiempo libre, no querrán solamente distracciones pasivas e insípidas. Es probable que al menos un 1% dedique el tiempo que no le consuma su trabajo profesional a tareas de algún interés público, y, puesto que no dependerá de tales tareas para ganarse la vida, su originalidad no se verá estorbada y no habrá necesidad de conformarse a las normas establecidas por los viejos eruditos. Pero no solamente en estos casos excepcionales se manifestarán las ventajas del ocio. Los hombres y las mujeres corrientes, al tener la oportunidad de una vida feliz, llegarán a ser más bondadosos y menos inoportunos, y menos inclinados a mirar a los demás con suspicacia. La afición a la guerra desaparecerá, en parte por la razón que antecede y en parte porque supone un largo y duro trabajo para todos. El buen carácter es, de todas las cualidades morales, la que más necesita el mundo, y el buen carácter es la consecuencia de la tranquilidad y la seguridad, no de una vida de ardua lucha. Los métodos de producción modernos nos han dado la posibilidad de la paz y la seguridad para todos; hemos elegido, en vez de esto, el exceso de trabajo para unos y la inanición para otros. Hasta aquí, hemos sido tan activos como lo éramos antes de que hubiese máquinas; en esto, hemos sido unos necios, pero no hay razón para seguir siendo necios para siempre.

 

También en Pijama Surf: Quien trabaja mucho no trabaja arduamente: Thoreau sobre un trabajo significativo y no sólo productivo

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Las mujeres toman principalmente esto en cuenta para seleccionar una pareja; los hombre esto

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/20/2018

Las mujeres y los hombres están más sujetos a los instintos biológicos de lo que se cree.

No hay nada que motive más o que sea más importante para el ser humano que encontrar una pareja. Por más sofisticados que seamos, el pulso de reproducción biológica y de aceptación psiosocial que significa tener una pareja corre profundo en nosotros. La mayoría de nuestros actos, sin darnos cuenta, están orientados a esto.  

El psicológo Jordan Peterson ha estudiado a fondo este tema, utilizando estudios clínicos y su experiencia como terapeuta. Peterson apunta que aunque generalmente creemos que buscamos a alguien amoroso, gentil, empático, o con este tipo de suaves cualidades emocionales,  los estudios no soportan esta conclusión. En realidad nos domina más la biología, y el impulso de nuestros genes de perpetuarse, de lo  que creemos. 

Peterson cita un estudio realizado en Canadá en el cual se averiguaron los factores principales que entran en juego en la selección de pareja. El estudio usó la premisa de que el número de parejas que adquiere una persona indica qué tanto una persona es elegida por el otro sexo, lo cual es tomado como un índice de deseabilidad o aptitud de reproducción. En el caso de los hombres se selecciona principalmente la fertilidad, indicada por la belleza y la proporción entre la cintura y la cadera, y rasgos neoténicos (mujeres con estas características tienen más parejas). La neotenia es la conservación del estadio juvenil en el organismo adulto en comparación con su ancestros u organismos cercanamente emparentado, es decir en cierta forma los hombres eligen a mujeres que conservan rasgos juveniles. Peterson señala que esto puede verse en las modelos y en la idea de "cute", aquello que nos parece adorable o tierno.

Para las mujeres es importante el estatus socioeconómico de un hombre. Para una mujer no existe correlación entre las parejas que tiene y su estado socioeconómico, mientras que para los hombres existe un notable correlación: entre más alto estatus más parejas. Esto sugiere que las mujeres eligen a hombres exitosos y esta selección, dice Peterson, es lo que motiva que muchos hombres busquen, de manera consciente o inconsciente -y a veces casi enfermiza- el poder, el dinero y el éxito. Esto también parece motivar que los hombres sean más competitivos.  Peterson sugiere que en el caso de los hombres, existe una enorme desigualdad entre la cantidad de parejas que tienen. Unos pocos hombres en lo más alto de la pirámide del estatus llegan a tener cientos y hasta miles de parejas, mientras que la mayoría tiene muy pocas. En las mujeres la distribución es más pareja.

Existe una posible explicación biológica para ambas selecciones: la belleza es en gran medida un indicador de fertilidad para los hombres; para las mujeres el estatus es una señal del poder o capacidad de un hombre de protegerla y proteger a su descendencia, asegurándose que sus hijos puedan desarrollarse y ellos también esparcir sus genes.