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Nietzsche sobre el momento en el que superó la depresión

Filosofía

Por: pijamasurf - 02/20/2018

Nietzsche sobre cómo el dolor es el gran liberador del espíritu

La gaya ciencia es un libro recordado, sobre todo, porque allí Nietzsche anuncia la llamada "muerte de Dios" y por lo tanto el proyecto de autoafirmación y autoliberación del hombre que debe proveer sentido para sí mismo, un proceso que él mismo vaticinó que no iba a ser sencillo; construirse de entre las ruinas y sin un orden moral podía ser proceso traumático, especialmente para hombres débiles. Nietzsche tendría numerosos problemas de salud, particularmente mentales. Pero este libro marca un momento de efusión y fuerza en su filosofía. El libro inicia con un Nietzsche que anuncia los renovados bríos de su espíritu que supera la depresión:

La gratitud fluye continuamente, como si algo inesperado acabara de ocurrir -la gratitud del convaleciente- pues la convalecencia fue inesperada. "La ciencia gaya": eso significa la saturnalia de un espíritu que ha pacientemente resistido una terrible presión continua -con paciencia, severidad, fríamente, sin ceder, pero sin esperanza- y quien de súbito se ve atacado por la esperanza, la esperanza de la salud, y la embriaguez de la convalecencia  Qué puede tener de extraño que ahí salga a la luz mucho de irracional e insensato, mucha intencionada ternura, derrochada incluso en problemas que tienen una piel llena de púas y que no dejan acariciar ni atraer. Todo este libro no es otra cosa que una diversión tras una larga indigencia e impotencia, la exultación de la fuerza que vuelve, de la fe nuevamente despertada en un mañana y en un pasado mañana, del repentino sentimiento y presentimiento de futuro, de cercanas aventuras, de mares que vuelven a estar abiertos, de metas que vuelven a estar permitidas y en las que se vuelve a creer. 

Un Nietzsche exultante se desborda y nos recuerda esa aurora siempre posible de la conciencia, especialmente cuando uno es capaz de soportar el dolor y las adversidades con entereza. En este libro Nietzsche desarrolla su idea del amor fati, ese sí, enorme hacia toda la existencia, sin importar si es dolorosa o placentera. Nietzsche escribe:

Vivir: esto significa para nosotros transformar constantemente en luz y llama todo lo que somos, también todo lo que nos afecta, y no podemos en modo alguno hacer otra cosa. Y en lo que concierne a la enfermedad, ¿no estaríamos casi tentados de preguntar si podemos siquiera prescindir de ella? Sólo el gran dolor es el liberador último del espíritu... Sólo el gran dolor, aquel largo y lento dolor que se toma tiempo, en el que somos quemados como madera verde, por así decir, nos fuerza a nosotros filósofos a descender a nuestra última profundidad y a despojarnos de toda la confianza, de toda la placidez, de todos los velos, de la gentileza y la mezquindad en las que tal vez hemos instalado nuestra humanidad. No estoy seguro si el dolor nos "mejora", pero sé que nos vuelve más profundos. 

El dolor y la enfermedad, lo han sabido todos los grandes hombres, nos permiten sondear también los abismos y las sombras, e integrar la totalidad de la experiencia. El caracter humano necesita pruebas para crecer. Nietzsche dice que no sabe si una enfermedad nos llega a mejorar, pero es seguro que nos hace más profundos y por lo tanto nos hace vivir en lo hondo, en lo que tiene más significado y está más cerca del corazón de las cosas.

 

(Con información de Brain Pickings)

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Una fábula contada por Alan Watts sobre la falsa dualidad entre pérdida y ganancia, buena y mala suerte

Parte de nuestra cultura nos inclina con frecuencia e intensidad al pensamiento dual, esto es, a  pensar y experimentar la realidad desde premisas que implican dos términos opuestos y excedentes entre sí: lo bueno y lo malo, el éxito y el fracaso, la vida y la muerte, etc. En Occidente estamos especialmente habituados a codificar así la realidad, y mucho del sistema y la cultura en que vivimos lo fomenta.

Ciertas escuelas de pensamiento nos invitan a vivir y entender la vida con mucha menos rigidez y, en cambio, darnos cuenta de que es propio de la existencia presentarse con matices. De hecho, esa es la esencia de la vida: es tan amplia, tan llena de circunstancias, tan impredecible, que difícilmente puede ajustarse a los límites estrechos de una noción absoluta.

El video que ahora compartimos es una preciosa muestra de por qué la vida desborda fácilmente el pensamiento dual. Se trata de una historia tradicional china contada por Alan Watts, el filósofo de origen británico que sobre todo en la segunda mitad siglo XX difundió las enseñanzas del budismo zen.

Grosso modo, la parábola nos recuerda lo difícil que es hablar de ganancias o pérdidas cuando se intenta hacer un balance de la vida, pues el cambio propio de ésta puede trasnsformar un suceso afortunado en uno desafortunado y viceversa.

La mente dual nos dirá que esto es un contrasentido, o que vivir de ese modo es caer en cierta forma del relativismo o del nihilismo en donde nada importa pues todo es impredecible. Sin embargo, no se trata de eso, sino de intentar entender que la única forma de navegar el flujo de la vida es poniendo atención a las circunstancias presentes, experimentando a cabalidad el instante y actuando en función de eso, sin temor a la pérdida ni ansiedad por la ganancia. 

Sólo aquí y ahora, con las manos abiertas para aceptar los dones de la vida pero también para dejar ir lo que nos pide a cambio.

 

*Te recordamos que puedes usar la función "Subtítulos" de YouTube para activar éstos y después la opción "Traducir subtítulos" en el menú Configuración para tenerlos en español.

 

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