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Los 50 libros que cambiaron la vida de Tolstói

Libros

Por: pijamasurf - 02/28/2018

Los libros pueden acompañar una vida e iluminarla de maneras siempre diferentes

Con cierta frecuencia se oye decir que los libros son capaces de cambiar la vida de una persona, ¿pero qué significa realmente esa afirmación? Más allá de la campaña de fomento a lectura en que podría usarse o de los beneficios que suelen adjudicarse a los libros, ¿por qué se dice que pueden transformar la existencia?

La respuesta es, hasta cierto punto, sencilla. Basta con pensar en que un libro puede ser la expresión de una experiencia subjetiva. En este sentido, los libros son comparables a esas conversaciones que podemos llegar a tener con ciertos amigos y en las que también damos cauce a esa subjetividad. ¿Quién no ha compartido sus dudas existenciales con un amigo o amiga? ¿Quién no ha buscado en la amistad el consejo ante un dilema? ¿Quién, en una tarde cualquiera, no ha hablado con un amigo de sus problemas de amor, de sus miedos, de sus preocupaciones e incluso sus enojos? ¿Y quién no ha escuchado de ese amigo, a veces, una respuesta que nos conmueve o nos alienta, que nos hace ver nuestros problemas de otro modo y que acaso que nos conduce a cierta forma de la solución? ¿No puede decirse entonces que, en una conversación así, nuestra vida cambió, en mayor o menor grado?

Eso puede ocurrir también con un libro. De ahí que las obras mayores de la literatura, la filosofía y algunas otras disciplinas se comparen también con conversaciones que podemos sostener con algunas de las personas más eminentes de épocas pasadas y a veces de nuestra propia época. “Vivo en conversación con los difuntos”, escribió famosamente Francisco de Quevedo en un soneto dedicado a la lectura, y Carl Sagan usó palabras muy parecidas al decir, en este elogio a la cultura de la escritura y la lectura, que “los libros rompen las ataduras del tiempo”. Se trata, además, de una conversación con espíritus que a veces están de acuerdo con nuestras propias opiniones pero que, con mayor frecuencia, nos invitan a pensar de otro modo, incluso en contra de las ideas a través de las cuales experimentamos la realidad (como ha dicho Charles Dantzig, quien sostiene que se lee, entre otras razones, para contradecirse a uno mismo). 

Leer, en este sentido, puede no ser otra cosa más que conversar y hacerlo con personas en quienes podemos encontrar consejo y compasión por igual, inspiración, enseñanza, apertura de juicio, sabiduría, calidez y a veces únicamente la sensación de una extraña compañía, de alguien que quizá no está aquí pero de todos modos está presente en la medida en que, a través de nuestro entendimiento, habita también la realidad junto a nosotros. ¿Y no sucede así también con los amigos? ¿No pasa también que, a lo largo de la vida, cambian los amigos o cambian las conversaciones?

A continuación compartimos una lista amplia de títulos y autores que transformaron la vida de uno de esos escritores que, a su vez, pasó a formar parte de quienes están siempre dispuestos a conversar con nosotros: León Tolstói. 

En 1891, cuando Tolstói tenía ya 63 años de edad, un editor de una revista rusa pidió a 2 mil personalidades del medio literario, intelectual y artístico del país que señalaran los libros que habían ejercido mayor influencia en su vida. Tolstói respondió, clasificando los títulos de acuerdo con distintos períodos de su vida y, además, especificando el grado de impresión que le provocó la obra citada.

En nuestro caso, acompañamos los títulos de algunos enlaces donde pueden encontrarse digitalizadas las obras referidas, para satisfacer la curiosidad de algunos.

 

En la niñez y hasta los 14 años

-Gran impresión

Cuentos de Las mil y una noches: "Alí Baba y los cuarenta ladrones", "La historia del príncipe Kamaralzamán"

Poemas de Pushkin: "Napoléon"

-Muy grande impresión

La gallina negra o el reino de lo subterráneo, Antonii Pogorelsky

-Enorme impresión

La historia de José, de la Biblia

Bylina*: Dobrynya Nikitich, Ilya Muromets, Alyosha Popovich

*Historias populares rusas contadas en forma de poesía épica; los nombres corresponden a los de los héroes que las protagonizan.

 

Entre los 14 y los 20 años

-Gran impresión

Historia de la conquista de México, William Prescott (Tomo I y Tomo II)

El abrigo”, “Los dos Ivanes”, “La perspectiva Nevsky”, de Nikolai Gogol

-Muy grande impresión

Viaje sentimental, Laurence Sterne

Un héroe de nuestro tiempo, Mikhail Lermontov

Antón el desdichado, Dmitry Grigorovich

Polinka Saks, Aleksandr Druzhinin

Cuaderno de un deportista*, Ivan Turgeniev

(*En español, el título de esta obra se ha traducido de distintas formas. Se puede encontrar publicado o referido como Bosquejos de un deportistaUn deportista de bocetosBocetos de un deportistaCuaderno de los deportistas)

Almas muertas, Nikolai Gogol

Los bandidos, Friedrich Schiller

Yevgeny Onegin, Alexander Pushkin

Julia o la nueva Eloísa, Jean-Jacques Rousseau

-Enorme impresión

El “Sermón de la montaña” del Evangelio según San Mateo

Las confesiones, Jean Jacques-Rousseau

Emilio, Jean Jacques-Rousseau

El Viy”, de Nikolai Gogol

David Copperfield, Charles Dickens

 

Entre los 20 y los 35 años de edad

-Gran impresión

Poemas de Fyodor Ivanovich Tyutchev

Poemas de Aleksey Koltsov

Ilíada y Odisea, Homero (leídos en ruso)

Poemas de Afanasy Fet

El banquete y Fedón, Platón.

-Muy grande impresión

Hermann y Dorotea, J. W. Von Goethe

Nuestra Señora de París, Victor Hugo

-Enorme impresión

(vacío)


Entre los 35 y los 50 años de edad

-Gran impresión

Las novelas de Henry Wood

Las novelas de George Eliot

Las novelas de Anthony Trollope

-Muy grande impresión

Ilíada y Odisea, Homero (leídos en griego)

Bylina (ver nota anterior)

Anábasis, Jenofonte

-Enorme impresión

Los miserables, Víctor Hugo

 

Entre los 50 y los 63 años

-Gran impresión

Discursos sobre religión, Theodore Parker

Los Sermones de Frederick William Robertson

-Muy grande impresión

El Génesis (leído en hebreo)

Progreso y miseria, Henry George

La esencia del cristianismo, Ludwig Feuerbach (Tolstoi anotó: “he olvidado el título; el libro sobre el cristianismo”.)

-Enorme impresión

Los Evangelios (leídos en griego)

Pensamientos, Blaise Pascal

Epicteto

Confucio y Mencio

Lalitavistara Sūtra*

*Tolstói anotó: “Sobre el Buda; francés famoso (lo he olvidado)”; se deduce que el libro al que se refirió fue la traducción de dicho sutra que realizó Philippe-Édouard Foucaux a finales del siglo XIX y que se publicó en Francia entre 1844 y 1892. Foucaux fue pionero de los estudios tibetanos en Francia y el primero en publicar en francés una gramática de la lengua tibetana. El Lalitavistara Sūtra, por otro lado, es un sutra budista de la tradición mahayana en el que se cuenta la historia del Buda Gautama desde el tiempo de su descenso de Tushita (esto es, desde su encarnación como Siddhārtha Gautama) hasta su primer sermón en el Parque de los Venados en Benarés.

 

La lista es sin duda admirable, y además de evidenciar el itinerario del escritor como lector, sin duda puede servir como guía para nuestras propias elecciones librescas.

 

También en Pijama Surf: El argumento de Tolstói para volverse vegetariano es irrebatible

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Personal de limpieza en Turquía recoge libros tirados a la basura y forma biblioteca con más de 4 mil volúmenes

Libros

Por: pijamasurf - 02/28/2018

Estos trabajadores turcos quisieron formar una biblioteca para su propio uso, pero ahora su entusiasmo por los libros se ha desbordado

Si bien los libros se encuentran entre los bienes culturales más valorados por el ser humano y entre los más importantes para nuestra historia e incluso nuestra evolución, a veces también terminan en la basura. Como en cualquier otro objeto, el destino de un libro también es incierto. A veces pasa de generación en generación, hasta que un heredero ya no sabe qué hacer con él. A veces se pierde o se olvida. A veces se regala, o se almacena hasta que parece que pierde su razón se existir. 

¿Pero qué tan fatal es ese destino último de los libros? ¿Un libro tirado a la basura merece quedarse ahí, a merced del deterioro y la destrucción? Se ha dicho que una de las virtudes del libro es que su valor es sobre todo inmaterial, es decir, reside más allá del soporte que lo sostiene. ¿Qué importa, Crimen y castigo como objeto o Crimen y castigo como narración? Uno no puede existir sin el otro, eso es claro, pero es evidente también que un ejemplar de Crimen y castigo sigue teniendo valor aunque esté en la basura.

Guiados por el amor hacia los libros, un grupo de trabajadores del servicio de limpieza en el distrito de Cankaya, en Ankara, Turquía, comenzó a seleccionar los libros encontrados entre la basura que recogían con el propósito de conformar una pequeña biblioteca que al principio se pensó que sería utilizada por ellos y sus familias y que, por otro lado, serviría como una actividad lúdica en el marco de su tiempo en el trabajo.

Con el paso de los meses, sin embargo, el acervo creció ante la enorme cantidad de ejemplares con que se cruzaban los casi 700 empleados del servicio. En dicha ciudad cercana al millón de habitantes, al parecer se lee pero también se desecha, pues ahora la biblioteca cuenta ya con casi 5 mil libros, más cerca de mil 500 que esperan ser puestos a disposición de los usuarios y otros más que, según reportan los medios que han contado la historia, han comenzado a llegar de otras localidades turcas, adonde al parecer se ha contagiado la emoción por el proyecto. Los ejemplares son tantos que se piensa ya en formar “bibliotecas móviles” que puedan ir a ciudades cercanas, especialmente a las escuelas, y apoyar así la formación de niños y adultos.

El proyecto es una clara muestra de que en el mundo hay suficiente de todo para todos –suficiente comida, suficientes bienes culturales, suficiente riqueza–, pero el problema es la iniquidad con que todo eso está distribuido.

Cabe mencionar, finalmente, que la biblioteca es expresión de cierto espíritu más amplio que comparte este grupo de trabajadores, pues esta iniciativa convive con un ánimo general de reutilizar y aprovechar, el cual se mira en el lugar que se eligió para instalar la biblioteca –una antigua ladrillera abandonada desde hace varios años– y en otros espacios que se han sumado para recreación de los trabajadores: una barbería, una cafetería y algunos espacios más destinados al descanso. El fin último parece ser, como decíamos, aprovechar. ¿Pero qué? Nada menos que la vida.

 

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