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Libros de la Bauhaus y los diarios de Kandinsky y Paul Klee en PDF para tu inspiración creativa

Arte

Por: pijamasurf - 02/24/2018

Una de las vanguardias artísticas más importantes del siglo XX, la Bauhaus, puede aún inspirar tu trabajo creativo

“La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, dijo alguna vez Pablo Picasso –o al menos, es una frase que se le atribuye al artista–. La idea, en el fondo, es que el trabajo creativo es en su mayor parte constancia, disciplina, perseverancia, y que si bien el genio o el talento existen, la presencia de esas pinceladas que pueden llegar a marcar la diferencia es esporádica y caprichosa… pero no inexistente.

En ese espíritu compartimos ahora esta colección digital de libros relacionados con una de las vanguardias artísticas más importantes del siglo XX, la escuela conocida como Bauhaus, que sobre todo en los ámbitos del diseño, la arquitectura y el dibujo, entre otras disciplinas espaciales y gráficas, desarrolló un estilo revolucionario y por ello mismo influyente en la historia de dichos ámbitos.

Grosso modo, la Bauhaus se caracterizó por la sobriedad de su espíritu. En parte heredera de la crítica que Adolf Loos hizo al ornamento en la arquitectura en la Viena de los últimos Habsburgo, la Bauhaus se inclinó decididamente por la funcionalidad, la simpleza e incluso el pragmatismo, en todos los aspectos de un diseño: las formas, los colores, la disposición en el espacio, etcétera. 

Además, en un sentido más profundo, los artífices de la Bauhaus (Walter Gropius, el primero de ellos) creían en la posibilidad de hacer una obra de arte total, en la cual estuvieran incorporadas todas las áreas creativas y estéticas existentes. De ahí que, entre otras cualidades, encontremos creaciones inspiradas en el programa de la Bauhaus en ámbitos aparentemente tan distantes como la arquitectura o la tipografía, el diseño industrial o la pintura.

En la selección de títulos que ahora compartimos –que pueden encontrarse, a su vez, en el sitio Open Culture– se incluyen algunos libros fundamentales de la escuela, otros un tanto más anecdóticos, y también algunos firmados por dos artistas excepcionales, Paul Klee y Vasili Kandinski, a quienes (aunque brillaron con luz propia y desarrollaron, cada uno, un estilo artístico único), por la coincidencia de la época y de ciertas perspectivas sobre el arte y el ejercicio de éste, con frecuencia se les asocia con la Bauhaus. Como los artistas de esta escuela, Klee y Kandinski también creían en la posibilidad de una obra de arte total y también redujeron la expresión a sus elementos mínimos; su cercanía se manifestó además en el hecho de que ambos llegaron a impartir clases en las aulas de la escuela, si bien después cada uno siguió su propio camino.

Aunque la mayoría de los documentos que compartimos está en alemán o en inglés, una sugerencia de uso puede ser acompañar su consulta con cierto estudio de la historia y el desarrollo de la escuela, para entender así el resultado obtenido de los postulados teóricos en la ejecución creativa. Si no, pueden mirarse sin mayores pretensiones y, en todo caso, con una mente dispuesta e inspirada, entregada de lleno a los azares de la creatividad.

Sin más, aquí la lista:

Periódicos de la Bauhaus:

  • bauhaus 1 (1926). 5 pages, 42 cm. Download (23 MB).
  • bauhaus: zeitschrift für bau und gestaltung 2:1 (Feb 1928). Download (17 MB).
  • bauhaus: zeitschrift für gestaltung 3:1 (Jan 1929). Download (17 MB).
  • bauhaus: zeitschrift für gestaltung 3:2 (Apr-Jun 1929). Download (15 MB).
  • bauhaus: zeitschrift für gestaltung 3:3 (Jul-Sep 1929). Download (16 MB).
  • bauhaus: zeitschrift für gestaltung 2 (Jul 1931). Download (15 MB).

Más en el archivo Bauhaus del sitio Monoskop.

 

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¿Un gesto demasiado sofisticado para Trump?

De todas las características polémicas que rodean la personalidad de Donald Trump, celebradas por unos (sus simpatizantes) y denostadas por otros (sus detractores), una que de tanto en tanto salta a la vista es su “estrechez de miras”, una expresión que puede parecer ambigua pero que casi siempre apunta a cierta amplitud de juicio que se desea ver en las personas importantes porque, en cierto modo, es resultado de la formación que los llevó a esa posición prominente, una mezcla de estudios, experiencias de vida, moldeamiento social y más. 

En el caso de Trump esos horizontes se perciben mínimos, elementales, como si no tuviera capacidad suficiente para entender los matices de la vida, la relación entre distintos fenómenos o la existencia de perspectivas diferentes a la dominante. La “idiotez” que, acaso con cierto exceso, se ha dicho que domina nuestra época, y que se presenta en oposición a ciertos logros alcanzados por la civilización occidental (que acaso también merecen cuestionarse), parece así haber encontrado una condensación en la figura de Trump, apoyado por muchísimas personas que parecen compartir esa misma estrechez de miras, un cierto desprecio por todo aquello que en el capitalismo se cree superfluo porque se nos hace creer que lo valioso sólo se encuentra ahí donde se produce o se puede consumir.

En un episodio que parece hecho a la medida para esta tensión entre formas tan distintas de ver la vida, hace unos días la curadora en jefe del Museo Guggenheim de Nueva York, Nancy Spector, respondió a Donald Trump a propósito de una solicitud de préstamo de una obra de arte que hizo en nombre de la Casa Blanca. 

En concreto, la administración de Trump solicitó al Guggenheim la pintura Paisaje con nieve (Paysage enneigé), que Vincent van Gogh pintó en 1888 poco después de dejar París, hastiado de la vida entre artistas y el invierno citadino de la capital francesa, según cuentan sus biógrafos. Van Gogh viajó hacia el sur, a Arles, en donde al parecer esperaba encontrar colores más vivos, pero para su sorpresa se topó también con una nevada, la cual sin embargo pintó –en una escena que involucra a un hombre y un perro cruzando un campo– aunque con colores que, según la crítica, evocan la admiración por el arte japonés que el artista había desarrollado en esa época.

Y el Guggenheim le dijo que no a Trump. Sin que se sepa si se ofrecieron argumentos para la negativa, Spector envió una carta al presidente de Estados Unidos en donde le comunicó que la pintura de Van Gogh no puede salir del museo pero, a cambio, le ofrecía otra obra de arte en la cual “el presidente y la primera dama podrían estar interesados”.

Nada menos que America, una instalación del italiano Maurizio Cattelan (conocido ampliamente por la ironía de sus obras, como aquella escultura del papa aplastado por un meteorito, o la de Hitler arrodillado) que consiste en un excusado de oro de 18 quilates, totalmente funcional, dispuesto para el uso de los visitantes del museo y el cual, entre otros propósitos, quiso señalar la banalidad del mercado artístico, la extravagancia posible en el mundo en que vivimos y la disparidad de la economía que hace esto posible. También, como dice la descripción de la pieza que ofrece el propio museo, “su utilidad es finalmente un recordatorio de la ineludible realidad física que comparte toda la humanidad”. Como dice ese estribillo popular: 

Caga el rey, caga el papa,
de cagar nadie se escapa…

Y quizá por eso Spector sugirió la obra de Cattelan a Trump. O quizá sólo porque Trump no se ha mostrado especialmente favorable a apoyar a las instituciones culturales de su país, como si fuera lo último en la lista de lo necesario.

Como sea, puede ser también muestra de la dificultad para entablar diálogos auténticos en nuestra época, empeñados como estamos a veces en permanecer en el aislamiento de nuestras propias opiniones.