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Las emociones más inquietantes de esta época dibujadas por un ilustrador japonés

Arte

Por: pijamasurf - 02/26/2018

Estas ilustraciones retratan con crudeza (y creatividad) algunos de los estados emocionales más sobrecogedores de nuestro tiempo

Uno de los signos inconfundibles de las expresiones creativas es que pueden llegar a condensar en una sola obra los pensamientos y sentimientos de cientos y aun miles o millones de personas respecto a una circunstancia de la realidad. Así sucede en las artes y también en las disciplinas propias de la reflexión (como la filosofía), que en varios casos necesitan de ese componente creativo para hacer llegar su mensaje.

Ese es el caso del trabajo de ilustración que ahora compartimos, obra de un artista japonés que en Twitter se presenta con el sobrenombre de “avogado6” y que, además de compartir sus ilustraciones por este medio, ha publicado ya un par de libros en su país natal.

Como vemos, su estilo es especialmente siniestro, en buena medida por los temas mismos que ha elegido para dar sustento a sus dibujos. En esta selección podemos observar situaciones conocidas, propias de nuestra época, que a su vez están relacionadas con emociones muy puntuales: la soledad, la angustia, las sensaciones de fracaso y de rechazo, el abuso que se puede infligir a una persona, la futilidad del trabajo contemporáneo, el apego a lo pasado, entre otras. Cualquier artista que busque señalar eso que sucede ahora, difícilmente podría tomar otra vía que no fuera la de lo inquietante y lo estremecedor.

Sin embargo, también vale la pena señalar otro rasgo. Aunque pertubadoras, las ilustraciones son también “silenciosas”, por decirlo de algún modo, como si denunciaran, pero libres de aspavientos innecesarios, depositando toda la fuerza de su voz en la hechura del gesto, que en este caso son los trazos de quien dibuja. En otro sentido, recuerdan también eso mismo que se presenta como una de las constantes temáticas de las piezas: la personalidad afectada por un trauma, que también se queja, pero calladamente, como si viviera aún bajo el temor del dolor sufrido.

¿Qué más decir? Poco, pues las ilustraciones, en su inquietante silencio, hablan por sí mismas.

 

También en Pijama Surf: Este ilustrador polaco está obsesionado con el lado siniestro de Facebook (IMÁGENES)

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Edward Hopper hizo este dibujo a los 9 años, al reverso de su boleta de calificaciones

Arte

Por: pijamasurf - 02/26/2018

¿Una muestra del destino que le esperaba a Hopper?

Una frase un tanto coloquial asegura que “infancia es destino”, y aunque la afirmación merece discutirse y matizarse, lleva algo de razón. Durante esos primeros años de nuestra vida se sientan las bases de mucho de lo que después tomará forma en actos concretos, en decisiones que creemos tomar conscientemente, en equívocos y tropiezos pero también en logros y alegrías. Y quizá lo más paradójico de este proceso es que nunca se sabe. Por más que desde hace unos años existe una amplia aprehensión en torno a la “crianza” y la educación de los hijos, lo cierto es que nunca se sabe: la coincidencia de circunstancias en la vida de una persona es tan amplia, tan azarosa, que nunca se sabe.

Con esta breve reflexión quisimos acompañar la reproducción digital de este boceto, un dibujo sumamente elocuente que si bien pertenece a un “gran artista”, sorprende aún más por el momento en que fue realizado: nada menos que cuando ese gran artista tenía apenas 9 años y tomó su boleta de calificaciones, la volteó y comenzó a dibujar. Un niño como él quizá, un niño como el adulto que sin saber sería después, atraído por la soledad y la tristeza, por esos vagabundos del dharma que cenan solos en un merendero cualquiera en plena madrugada, que pasan sus domingos mirando por la ventana del cuarto donde viven o que comparten con otros sus penas de amor pero siempre desde un aislamiento que parece imbatible.

¿Infancia es destino? Quizá queremos decir que no podemos saberlo porque, en el fondo, estamos seguros de que es así, pero preferimos pensar que las cosas serán diferentes.

El dibujo es parte de un archivo de más de mil piezas que hace unas semanas recibió la Edward Hopper House, la casa-museo en Nyack, Nueva York, donde el pintor nació y creció y que desde hace varios años se habilitó como museo, tanto para dar a conocer como para difundir la vida y obra del pintor.