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Estos son los 3 tipos de consumidores de porno: ¿a cuál perteneces tú?

Salud

Por: pijamasurf - 02/26/2018

Aunque el uso de la ciberpornografía es variado, en este estudio se decidió investigar la heterogeneidad relacionada con la autoerotización durante el consumo de pornografía

En muchísimas ocasiones el porno no se convierte tan sólo en el primer contacto con el sexo, sino también en una especie de guía acerca de cómo debería ser en relación con el atractivo físico, las conductas y algunas prácticas sexuales. De alguna forma, quienes comienzan a consumir porno, empiezan también a definir su sexualidad marcando pautas acerca de sus experiencia hacia el futuro.

De acuerdo con un estudio a cargo de la doctora Marie-Pier Vaillancout-Morel y publicado en la revista Journal of Sexual Medicine, el consumo del porno se relaciona con tres tipos de espectadores –de los cuales, sólo uno de ellos resulta ser saludable–. Si bien, explican los autores, el uso de la ciberpornografía es variado, en este estudio se decidió investigar la heterogeneidad relacionada con la autoerotización durante el consumo de pornografía. Es decir, cómo experimentan los consumidores del porno el porno mismo, y así indagar los perfiles de personalidad tomando en cuenta factores como salud sexual, sexo y contexto interpersonal a la hora consumir pornografía.

Los investigadores presentaron un estudio analítico con una muestra de 830 adultos, quienes rellenaron encuestas sobre su consumo de pornografía y su salud sexual –incluyendo la satisfacción sexual, compulsión, evitación y disfunción–. Los resultados fueron medidos en función del inventario del uso de ciberpornografía, la medida global de satisfacción sexual, la escala de compulsión sexual, la subescala de evitación sexual y la escala de experiencias sexuales de Arizona. Los resultados fueron contundentes:

El 75.5% de los perfiles consumían pornografía de manera recreacional, el 12.7% de manera altamente estresante y no compulsiva, y el 11.8% restante de manera compulsiva. Es decir que por un lado, los consumidores recreacionales reportaron una alta satisfacción sexual y una baja compulsión sexual, evitación o disfunción; por otro lado, los usuarios con un perfil compulsivo presentaron una baja satisfacción sexual y una alta compulsión, disfunción y evitación. Y finalmente, los usuarios que utilizaban el porno como un método estresante no compulsivo reportaron tanto una menor satisfacción sexual y compulsión como una mayor disfunción sexual y evitación. Cabe mencionar que mientras que una gran parte de las mujeres y de los usuarios en pareja formaban parte del grupo de consumidores recreacionales con 24 minutos de porno a la semana, los consumidores solteros hombres tendían a poseer un perfil estresante no compulsivo y compulsivo, viendo porno durante 110 minutos a la semana.

Como conclusión, los investigadores hallaron un patrón que confirma no sólo la existencia de perfiles recreacionales y compulsivos sino, también, de un importante subgrupo de consumidores estresados –quienes normalmente pasan alrededor de 17 minutos viendo pornografía a lo largo de la semana–. Y tú, ¿cuántos minutos pasas viendo porno a la semana?

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Esto le pasa a tu cerebro cuando te quejas en exceso (o cómo entrenas a tu cerebro a sentir ansiedad)

Salud

Por: pijamasurf - 02/26/2018

Quejarse es una conducta que entrena a tu cerebro a perpetuar la ansiedad. Hay quienes comparan la ansiedad con una epidemia y consideran que existen ciertas conductas que facilitan su propagación

Hay quienes comparan la ansiedad con una epidemia y consideran que existen ciertas conductas que facilitan su propagación; por ejemplo, el consumo casi exacerbado de las redes sociales se ha relacionado fuertemente con síntomas de depresión y ansiedad. El doctor Robin Kowalski, profesor en psicología de la Universidad de Clemson, opina que las quejas excesivas programan al cerebro a volverse deprimido y ansioso. En otras palabras, el pesimismo eterno, aquel monstruo mental que nunca está conforme con nada y encuentra siempre razones para dejarse arrastrar por el lado negativo, posee el poder de ocasionar períodos de depresión y ansiedad.

Para Kowalski, no se trata de eliminar los pensamientos negativos o quejas acerca de las diferentes circunstancias de alrededor sino de reducir la incidencia y equilibrarlos con medidas adecuadas, soluciones y toques de esperanza. Dado que los picos de negatividad son normales y promueven un reinicio en nuestros sistemas tanto nervioso como psíquico, significa que son aspectos fundamentalmente positivos en nuestro día a día; sin embargo, su exceso puede resultar en síntomas de depresión, ansiedad u otros trastornos emocionales.

Según diversas investigaciones basadas en el principio de Donald Hebb –“las neuronas que nacen juntas, permanecen juntas”– los grupos de neuronas conectados en nuestro cerebro son el resultado de nuestras experiencias particulares de la vida. De modo que con “cualquier cosa que pensemos o sintamos o nos provoque sensaciones, miles de neuronas son disparadas y forman una red neuronal interna. El cerebro aprende a disparar las mismas neuronas con un pensamiento repetitivo”. En otras palabras, nos convertimos en aquello que pensamos y decimos; y si enfocamos nuestras creencias en la crítica, la preocupación y victimización, la neuroquímica del cerebro se regulará en función de dichos pensamientos influyendo directamente en nuestro estado de ánimo.

De acuerdo con Kowalski, existen cuatro actividades que ayudarán a mantener bajo el pesimismo:

– Mostrarse agradecido por los detalles.

– Estar consciente de uno mismo: de las sensaciones físicas, emociones, sentimientos y necesidades.

– Iniciar un nuevo patrón en donde uno se entrene a ver lo negativo y desarrollar soluciones para cambiar nuestra reacción ante la circunstancia que nos incomoda. Dado que nunca podremos obligar a los otros a cambiar, siempre podemos alternar nuestras reacciones y modos de enfrentar eventos que nos hacen sentir mal.

– Practicar el esfuerzo, recordándonos que la productividad forma parte de la naturaleza humana y, por lo tanto, de uno mismo. Es decir, continuar dando el mejor esfuerzo para cada una de las áreas de nuestra vida, buscando y llevando a cabo las soluciones pertinentes.

La principal idea, para Kowalski, es cambiar nuestros patrones de pensamiento de unos negativos a unos positivos para reducir la incidencia de cualquier trastorno del estado de ánimo; y para hacerlo es necesario un entrenamiento cognitivo, el cual permitirá incluso sanar viejas heridas que continúan afectando negativamente el autoconcepto.