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¿Cómo cambiará la realidad virtual el sexo? Lo explica el tecnogurú Ray Kurzweil

Medios y Tecnología

Por: - 02/19/2018

En el futuro podrás tener sexo con quien quieras, e incluso podrás cambiar de sexo para experimentar cómo lo vive el otro

Ray Kurzweil es famoso por su alto índice de acierto en sus predicciones sobre la innovación tecnológica. Si alguien puede considerarse un entusiasta de la tecnología es Kurzweil, quien encabeza el esfuerzo de Google de desarrollar tecnología artificial. A grandes rasgos, el también inventor cree que la tecnología nos hará inmortales al fusionarnos con máquinas hiperinteligentes tan pronto como en el 2045.

En una reciente entrevista con Playboy, Kurzweil habló sobre la manera en que tecnología como la realidad virtual afectará nuestra sexualidad:

No sólo las personas podrán tener sexo estando en diferentes locaciones, tendrán la habilidad de alterar quiénes son y quién es su pareja. En la realidad virtual no tienes que habitar el mismo cuerpo que tienes en la realidad. Una pareja podría convertirse la una en la otra, por dar un ejemplo, y experimentar su relación desde la perspectiva del otro. Podrías transmitir una versión idealizada de tu pareja o ella podría alterar cómo quiere que tú seas.

Así que por fin se podrá resolver la eterna disyuntiva de los dioses. Una historia de la Antigua Grecia cuenta que Zeus y Hera discutían qué sexo gozaba más durante el sexo y tuvieron que pedirle a Tiresias, quien había sido cambiado de sexo por los dioses, que resolviera el predicamento. 

Entraremos en una especie de "sexo a la carta" de la fantasía, con el ilimitado poder computacional de nuestros aparatos, los cuales, según Kurzweil, serán totalmente capaces de simular las sensaciones más agudas de la realidad. Esto tiene potenciales de placer supremo y de terapia de parejas, pero quizás, más latentemente aún, de enajenación y completo escapismo de lo que hoy llamamos la realidad, el mundo de carne y hueso que sigue ahí cuando cerramos nuestra laptop. Como dice Kurzweil, uno podrá tener sexo con personas idealizadas y uno mismo idealizarse sin tener que esforzarse; esto parece muy divertido, pero evidentemente tiene un enorme potencial de disociación. Hoy en día ya vemos una sombra de lo que puede ser esto con las personas que sólo se excitan sexualmente con la pornografía y no cuando tienen o intentan tener sexo con otra persona.

Kurzweil agrega que en los ambientes virtuales veremos una nueva era de modificación del cuerpo, mucho más radical que los tatuajes y la cirugía plástica. La total fluidez de la identidad tiene un potencial lúdico mágico sumamente excitante. Podremos erotizar el espacio virtual con todo tipo de cuerpos, incluso deidades y demonios. Claro que al hacer todo esto, el espacio de lo real actual quedará muy mal parado, como una realidad cada vez menos estimulante. Finalmente habremos de abandonarla del todo, si seguimos con la idea transhumanista de volvernos computadoras hiperinteligentes. Para Kurzweil, esta realidad y este cuerpo son desechables. Esto es algo que quizás merece pensarse un poco más. Especialmente si no eres de la élite multimillonaria que primero aumentara sus capacidades, convirtiéndose en cíborgs hiperinteligentes que habitan en paraísos artificiales, y que seguramente no se tomarán la molestia de desarrollar antes su compasión y empatía.

Por otro lado, este excitante pero ciertamente perturbador panorama ya está dando muestras de lo que viene con el caso de los deepfakes, pornografía hecha por inteligencia artificial en la que se utilizan imágenes de celebridades -o de cualquier persona- y se colocan sobre los cuerpos de actrices en videos porno de manera realista. Tus fotos de Instagram pueden acabar en un video porno bastante verosímil. 

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Leer suele pensarse como un ejercicio solitario, silencioso y acaso por ello mismo aburrido. En cierta forma parece más deseable, siendo niños, salir al parque o a andar en bicicleta, jugar fútbol, o simplemente estar con los amigos. Y, ya mayores, quizá la experiencia sea similar: entre el encierro que parece representar la lectura y el tiempo pasado a solas, el tiempo pasado con otros tiene igualmente un valor preminente.

Sin embargo, no siempre fue así, y de hecho, la lectura solitaria y en silencio es una invención de la modernidad. En la Grecia Antigua, la poesía era una actividad ritual y por ello mismo comunitaria: la Ilíada y las grandes tragedias se “leían” frente a otros (en un tiempo en que la lectura era más bien memorización). En la Edad Media, los monasterios y conventos acompañaban sus comidas de lecturas sacras, leídas igualmente en grupo. Lo mismo en el Renacimiento y los siglos posteriores: como se testimonia en diversas obras (de Chaucer a Cervantes), tanto en palacios como en el campo era común que una persona leyera a otras en voz alta, por mero entretenimiento o como forma de instrucción. Fue hasta los siglos XVIII y XIX que la lectura comenzó poco a poco a enclaustrarse en el “cuarto propio” del que habló Virginia Woolf, en el cubículo universitario, el libro de bolsillo y acaso, incluso, la soledad de la erudición.

Pero en su espíritu la lectura tendrá siempre una gota de comunidad, de compañía y complicidad. Siempre hay un otro presente en la lectura: ese otro elemental que es el autor, el otro amplio que son las circunstancias en que fue escrito lo que leemos, el otro que llevamos en nuestro interior y que acaso, como sugiere Charles Dantzig, leemos justamente para instigarlo, para molestarlo, para contradecirnos a nosotros mismos y hacerlo surgir y desafiarnos. Finalmente, el otro elemental en el punto opuesto del arco: el otro prójimo, con quien eventualmente podemos hablar de un libro, criticarlo o alabarlo mutuamente, el otro a quien podemos recomendar una lectura o que nos señala un detalle del texto que pasamos por alto. Leer es, en esencia, una actividad que se hace con otros.

Este año comenzó en Twitter, con cierta espontaneidad, una lectura colectiva, simultánea e inesperadamente asequible de la Comedia de Dante, un título que acaso evoca el tormento del deber escolar en algunos o el sopor con que a veces hemos aprendido a ver las “obras clásicas” pero que, por esta iniciativa, se revela como un libro profundamente lúdico, sorpresivo y no por casualidad elogiado en todas las épocas.

La iniciativa lleva como distintivo el hashtag #Dante2018 y, en breve, tiene reglas muy simples: a partir del 1o de enero, leer un canto de la Comedia al día. En tanto el poema de Dante está dividido en 100 cantos, después de 100 días (esto es, el martes 10 de abril del 2018), habrás terminado de leerlo. Y no sólo eso. A través de Twitter podrás acompañar tu lectura con la de otros: preguntas, comentarios, observaciones, otros libros que la Comedia te hace recordar… lo que desees. Hay quien, como Humberto Ballesteros, está publicando un ensayo al día en torno al canto respectivo; Leonardo Achilli hace lo mismo pero con una ilustración y Diego Papic se tomó el tiempo de transcribir todas las menciones que se hacen de Dante en el diario monumental (y al mismo tiempo íntimo) que Bioy Casares llevó durante sus encuentros con Borges.

El artífice de esta lectura compartida fue Pablo Maurette, profesor de origen argentino que radica actualmente en Chicago, Estados Unidos. Sin saber bien a bien el alcance de su propuesta, Maurette la lanzó en Twitter y, pronto, muchísimos hispanohablantes de todas latitudes respondieron y se sumaron al ejercicio. 

Si te interesa, aún estás en tiempo de unirte a #Dante2018. Basta conseguir una edición (en Internet circulan algunas digitalizadas) y leer al menos un par de cantos al día para que puedas ponerte al corriente. La Comedia, es cierto, está rodeada de cierta atmósfera de erudición y crítica, sin mencionar su antigüedad, que puede suponer para algunos cierta dificultad para leerla. Todo eso, sin embargo, puede mirarse un poco como un prestigio. Aunque útiles o loables, los comentarios a la Comedia (o a cualquier otro libro) también pueden ser prescindibles en al menos un punto: la lectura por placer. No sin ironía Borges digo alguna vez, hablando de la lectura por placer, que Shakespeare escribió toda su obra sin leer ni una sola línea sobre Shakespeare. Lo mismo pasa con Dante: su viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Cielo, del que acaso tanto hemos oído hablar (así sea vagamente), es también un relato maravilloso, simple en algún sentido cuando se le sigue y se le mira en la sencillez de la historia contada. 

#Dante2018 es también una oportunidad para descubrir la Comedia así, en el placer soberano de una historia asombrosa que alguien más nos está contando.

 

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Ilustración de la portada: Leonardo Achilli