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Robots para eliminar o expeditar la molestia de poner atención a la constante mensajería de la vida digital

Para muchos, los servicios de mensajería como WhatsApp y Facebook pueden llegar a ser una constante molestia que interrumpe el flujo de las actividades diarias. Uno tiene que invertir tiempo en contestar mensajes que en ocasiones son bastante insignificantes, pero que pueden ser necesarios para mantener las expectativas de la cortesía y demás. Para esto, Google ha creado un producto experimental llamado Area 120 que puede contestar automáticamente mensajes de aplicaciones como las mencionadas o Google Hangouts, Skype, Twitter y otras.

Si bien existen respuestas automatizadas en los correos que avisan que una persona no está disponible, o mensajes que en las redes sociales le dan la bienvenida a los seguidores, esto es un paso más allá. El sistema de alguna manera entiende lo que las personas quieren decir y sugiere respuestas, pero incluso puede tomar tu locación, calendario y más información de tu cuenta para responder. Por ejemplo, puede responder a "¿Cuándo llegas a casa?", tomando en cuenta tu método de transporte, tu locación y estimando el tiempo que harías. Algo que, por ejemplo, te puede evitar tener contestar cuando vas en el auto.

Además el sistema puede escanear tus mensajes para ver si hay algo importante o es sólo puro chit-chat (conversación trivial). Esto permite que puedas tener tu teléfono en silencio y te avise sólo cuando detecte algo  importante. Sin duda esto puede ser bastante útil pero, por otro lado, un poco aterrador; como dice un artículo en The Guardian: "llegará el momento en el que sólo serán robots hablando con robots, así que para qué molestarse [en contestar]". En cierta forma esto nos acerca al temido futuro pronosticado por Philip K. Dick, una realidad cada vez más inminente en la que "Humanos falsos generarán realidades falsas y luego las venderán a otros seres humanos".

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Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 02/25/2018

Una consecuencia inesperada de la geolocalización satelital aplicada en personas

El uso del teléfono celular se encuentra tan extendido y normalizado que muy pocas personas se preguntan por los efectos que esto tiene tanto en su vida personal como a nivel colectivo. Mucho se habla de la “adicción” a las redes sociales, de la distracción permanente a la que nos ha llevado este gadget, pero también se encuentra el hecho de que con teléfono en mano siempre estamos produciendo y consumiendo: produciendo data que otros capitalizan y consumiendo mercancías que nos mantienen embelesados mientras ocurre esa distracción. El grado de esta producción es tal –multiplicada por millones a cada instante– que seguramente está fuera de control, por más que se nos haga pensar lo contrario. 

Prueba de ello es un “incidente” en el que se vio involucrada la app Strava, que goza de cierta popularidad como “asistente” portátil de entrenamiento físico y, según se supo (aunque no por las mejores razones), es usada también por personal militar de Estados Unidos, Rusia y Turquía (entre otros países), quienes en varias ocasiones salieron a correr con la app funcionando y en algunos casos incluso la mantuvieron activa mientras realizaban pruebas de vuelo y, como resultado… la app reveló la posición de bases militares que hasta hoy eran secretas. Al parecer, aun cuando el personal se encontraba en zonas remotas, inhabitadas, hubo quien creyó que era buena idea llevar la cuenta de sus pasos, los kilómetros que corrió ese día y quién sabe, quizá hasta compartir su récord personal en Facebook.

En noviembre pasado, la compañía que posee la app liberó información sobre más de 3 mil millones de puntos de geolocalización satelital (GPS) y quizá nadie habría notado nada en ese maremágnum de data de no ser por un análisis del Institute for United Conflict Analysts (IUCAnalysts), una consultoría incipiente, especializada en los flujos de información relacionados con conflictos militares, inteligencia, guerras, etc. En Twitter, Nathan Ruser, fundador del IUCA, ha sido especialmente explícito sobre estas revelaciones involuntarias.

El incidente tiene su lado irónico porque exhibe también, descarnadamente, el poder que los datos personales tienen en nuestros días, tan desmedido por su misma naturaleza y por la forma en que se generan y se recolectan, mientras que en ese sistema que se presenta tan perfecto y controlado en realidad hay fugas, huecos, puntos ciegos. 

 

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