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A las mujeres les interesan las personas y a los hombres las cosas, y esto altera en qué trabajan y cómo se relacionan

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 02/26/2018

Existen diferencias que hacen que los hombres prefieran trabajos como la ingeniería y las mujeres trabajos como el cuidado de la salud; estas diferencias no parecen ser meras improntas culturales, sino genuinos intereses determinados por la biología

Uno de los debates más polémicos en la sociedad actualmente está relacionado con el hecho de que las mujeres suelen tener muy baja representación en trabajos del llamado STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés). Si bien es obvio que esto se debe a múltiples factores, el debate suele centrarse en si la principal razón por la que esto ocurre tiene que ver con la discriminación, es decir, la desigualdad de oportunidades o no. 

Aunque es evidente que a lo largo de la historia las mujeres han recibido menos oportunidades en los diversos ámbitos laborales, el trabajo de investigadores de la Universidad de Illinois y de la Universidad de Iowa sugiere que las mujeres -aunque evidentemente hay excepciones- no están muy interesadas en estos trabajos, ya que la mayoría prefiere que su trabajo tenga que ver con las personas, mientras que los hombres buscan trabajar con cosas. Los investigadores aseguran que esto es un factor crítico en determinar la disparidad en estos ámbitos laborales.

En el estudio mencionado se estudiaron los intereses vocacionales de más de 500 mil personas, utilizando diferentes criterios analíticos. Los resultados mostraron que los hombres en general se orientan hacia las cosas y las mujeres hacia las personas; otra dimensión de análisis sugiere que los hombres manifiestan más intereses hacia la investigación y la categoría que llaman "realista" y las mujeres hacia lo "artístico", "social" y "convencional". El hecho de que las mujeres no se interesan tanto por las cosas se ve reflejado en que su mínimo interés es por la ingeniería, el ámbito más vinculado con el trabajo con objetos. En el caso de la ciencia, las disciplinas dentro de las ciencias sociales actualmente empiezan a ser dominadas por las mujeres en los países occidentales. El estudio refleja una correspondencia estadística entre la ocupación de puestos en estos ámbitos labores y los intereses vocacionales. Hay que recalcar que estos intereses son vocacionales. No significa que a los hombres no les interesen las personas o que a las mujeres no les interesen las cosas, sino que los hombres prefieren dedicarse a labores que tengan que ver con armar, desarmar, diseñar objetos, etc.; las mujeres prefieren labores en las que traten con otras personas y que tengan una veta humana, de allí también un marcado interés femenino por el altruismo y la labor social. Más allá del trabajo, el principal interés de todos los seres humanos, en general, es obviamente el ser humano, las personas. Quizás el hecho de que los hombres no tengan esta misma vocación social pueda explicar, en parte, porque son, por mucho, los que más se suicidan. 

Tener un fuerte interés es en gran medida la clave del éxito profesional, ya que la literatura científica asocia el interés con la capacidad de poner atención y los estados emocionales positivos; es decir, las cosas que nos interesan nos permiten concentrarnos y crear ciclos de reforzamiento positivo. Algunos psicólogos incluso han llegado a sostener que la más grande diferencia entre el sexo masculino y el femenino es justamente sus diferentes intereses (ya que, por ejemplo, no existen diferencias importantes en inteligencia). Hace ya 100 años, Thorndike notó que la gran diferencia entre hombres y mujeres era "la relativa fuerza de interés en las cosas y sus mecanismos (más fuerte en hombres) y el interés en las personas y sus sentimientos (más fuerte en las mujeres)". Algunos psicólogos han argumentado que esta diferencia en intereses obedece a factores culturales, o a la misma programación social basada en paradigmas de lo masculino y lo femenino. Sin embargo, en las sociedades en las que más se han eliminado estas diferencias (en Escandinavia), de cualquier forma se presentan estas tendencias, e incluso de manera más pronunciada. Por ejemplo, en Noruega y en Suecia los trabajos de ingeniería suelen ser dominados por los hombres y el cuidado de la salud por las mujeres, esto pese a que los gobiernos han invertido fuertemente en la igualdad y se motiva a las mujeres a que tomen otro tipo de careras. Algunos psicólogos han interpretado que en sociedades ricas donde se eliminan las diferencias culturales, las diferencias de género se expresan aún más, pues estas sociedades libres, ricas y mejor educadas fomentan también la autoexpresión. En otras palabras, los sexos pueden elegir realmente a qué se quieren dedicar. 

Hace unos meses surgió una polémica que llevó a Google a despedir al ingeniero James Damore, quien preparó un reporte interno con el que se intentaba entender por qué había tan pocas mujeres en la industria del tech. Damore argumentó que las mujeres tienen una tendencia hacia las áreas artísticas y sociales, ya que son más abiertas y se interesan por los sentimientos. Damore citó el estudio en cuestión, pero además utilizó investigaciones sobre rasgos de personalidad que sugieren que los hombres son más competitivos, mientras que las mujeres son más agradables y menos asertivas, lo que hace que no pidan tantos aumentos o busquen escalar de puesto. A los hombres los motiva más el estatus (ya que este es uno de los principales factores que les permite conseguir pareja). Damore escribió que estos datos no significaban que las cosas fueran justas o que no debieran cambiar, sino que eran una explicación a lo que sucedía en Google. Otras personas argumentaron que Damore había llegado a esas conclusiones utilizando un reduccionismo científico sesgado y  fue acusado de "promover estereotipos dañinos". Todo esto ocurrió justo cuando se desvelaba el caso de Harry Weinstein, algo que tal vez presionó a Google a tomar una decisión. 

Curiosamente, después de que Damore fuera despedido, la CEO de YouTube, Susan Wojcicki, dio básicamente las mismas razones que Damore cuando se le preguntó por qué no había tantas mujeres en la industria del tech. Wojcicki explicó que son muy pocas las mujeres que cursan una carrera en informática o ciencias de la computación; señaló que las mujeres perciben estos trabajos como "geeky" y no les llaman la atención. Wojcicki dijo que la sociedad debería hacer ver a las mujeres que estos trabajos sí son interesantes, o hacerlos interesantes para que pueda haber más igualdad. Otras personas argumentan que aunque es posible que existan diferentes intereses, de cualquier manera hay injusticias en estos campos, ya que estas empresas no se dedican exclusivamente a armar cosas sino que tratan con personas de múltiples formas y, de cualquier manera, no hay muchas mujeres en puestos de liderazgo en Google o en Facebook en las áreas sociales. Esta desigualdad de oportunidades es, sin duda, lo que debe combatirse.

Se podría discutir si el hecho de que los hombres se interesen por los objetos permea sus relaciones con las mujeres y se convierte en una forma de opresión, pero eso, aunque pueda ser cierto, es algo que es bastante subjetivo y difícil de estudiar científicamente. La principal discusión en este caso tiene que ver con si las diferencias de género y sus efectos en la igualdad de salarios y puestos de poder son culturales (educación y estereotipos) o biológicas. Es evidente que son ambas, pero cuando se reducen las diferencias culturales -cuando se encuentra mayor igualdad y justicia- lo biológico no desaparece. Las mujeres suecas no se dedican a conducir camiones o construir casas. Notablemente, las mujeres y los hombres en Botswana o Irán se parecen más que en Suecia o Canadá. Los hombres y las mujeres no son iguales, pero sí merecen igualdad de oportunidades. Las mujeres deben poder convertirse en mecánicos si así lo quieren (aunque muy pocas lo harán), pero dividir al 50% todo es absurdo. Ciertamente, no se buscaría también que las mujeres ocupen el 50% de las cárceles (los hombres ocupan más del 80% en casi todo el mundo). Al final, la diferencia entre los géneros -que no la desigualdad de oportunidades- es parte de la riqueza de la humanidad y es algo que debe ser explorado a fondo, no reprimido o reducido. Como dice Christina Hoff en un buen artículo en The Atlantic: ¿y si la diferencia de género no fuera un fenómeno de opresión sino de bienestar social?

 

PDF del estudio

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Leer suele pensarse como un ejercicio solitario, silencioso y acaso por ello mismo aburrido. En cierta forma parece más deseable, siendo niños, salir al parque o a andar en bicicleta, jugar fútbol, o simplemente estar con los amigos. Y, ya mayores, quizá la experiencia sea similar: entre el encierro que parece representar la lectura y el tiempo pasado a solas, el tiempo pasado con otros tiene igualmente un valor preminente.

Sin embargo, no siempre fue así, y de hecho, la lectura solitaria y en silencio es una invención de la modernidad. En la Grecia Antigua, la poesía era una actividad ritual y por ello mismo comunitaria: la Ilíada y las grandes tragedias se “leían” frente a otros (en un tiempo en que la lectura era más bien memorización). En la Edad Media, los monasterios y conventos acompañaban sus comidas de lecturas sacras, leídas igualmente en grupo. Lo mismo en el Renacimiento y los siglos posteriores: como se testimonia en diversas obras (de Chaucer a Cervantes), tanto en palacios como en el campo era común que una persona leyera a otras en voz alta, por mero entretenimiento o como forma de instrucción. Fue hasta los siglos XVIII y XIX que la lectura comenzó poco a poco a enclaustrarse en el “cuarto propio” del que habló Virginia Woolf, en el cubículo universitario, el libro de bolsillo y acaso, incluso, la soledad de la erudición.

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Este año comenzó en Twitter, con cierta espontaneidad, una lectura colectiva, simultánea e inesperadamente asequible de la Comedia de Dante, un título que acaso evoca el tormento del deber escolar en algunos o el sopor con que a veces hemos aprendido a ver las “obras clásicas” pero que, por esta iniciativa, se revela como un libro profundamente lúdico, sorpresivo y no por casualidad elogiado en todas las épocas.

La iniciativa lleva como distintivo el hashtag #Dante2018 y, en breve, tiene reglas muy simples: a partir del 1o de enero, leer un canto de la Comedia al día. En tanto el poema de Dante está dividido en 100 cantos, después de 100 días (esto es, el martes 10 de abril del 2018), habrás terminado de leerlo. Y no sólo eso. A través de Twitter podrás acompañar tu lectura con la de otros: preguntas, comentarios, observaciones, otros libros que la Comedia te hace recordar… lo que desees. Hay quien, como Humberto Ballesteros, está publicando un ensayo al día en torno al canto respectivo; Leonardo Achilli hace lo mismo pero con una ilustración y Diego Papic se tomó el tiempo de transcribir todas las menciones que se hacen de Dante en el diario monumental (y al mismo tiempo íntimo) que Bioy Casares llevó durante sus encuentros con Borges.

El artífice de esta lectura compartida fue Pablo Maurette, profesor de origen argentino que radica actualmente en Chicago, Estados Unidos. Sin saber bien a bien el alcance de su propuesta, Maurette la lanzó en Twitter y, pronto, muchísimos hispanohablantes de todas latitudes respondieron y se sumaron al ejercicio. 

Si te interesa, aún estás en tiempo de unirte a #Dante2018. Basta conseguir una edición (en Internet circulan algunas digitalizadas) y leer al menos un par de cantos al día para que puedas ponerte al corriente. La Comedia, es cierto, está rodeada de cierta atmósfera de erudición y crítica, sin mencionar su antigüedad, que puede suponer para algunos cierta dificultad para leerla. Todo eso, sin embargo, puede mirarse un poco como un prestigio. Aunque útiles o loables, los comentarios a la Comedia (o a cualquier otro libro) también pueden ser prescindibles en al menos un punto: la lectura por placer. No sin ironía Borges digo alguna vez, hablando de la lectura por placer, que Shakespeare escribió toda su obra sin leer ni una sola línea sobre Shakespeare. Lo mismo pasa con Dante: su viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Cielo, del que acaso tanto hemos oído hablar (así sea vagamente), es también un relato maravilloso, simple en algún sentido cuando se le sigue y se le mira en la sencillez de la historia contada. 

#Dante2018 es también una oportunidad para descubrir la Comedia así, en el placer soberano de una historia asombrosa que alguien más nos está contando.

 

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Ilustración de la portada: Leonardo Achilli