*

X

4 razones por las que el ‘éxito’ en la vida depende del amor propio

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/27/2018

Amarte es la mejor decisión que puedes tomar respecto a tu existencia

Vivir es una tarea que ocurre entre la reinvención y la constancia. Si bien el cambio propio de la vida nos llama a mirar la existencia siempre con nuevos ojos, al mismo tiempo es posible considerar ciertas constantes generales entre las cuales suceden los hechos de la vida. Una de éstas es el amor propio.

Para decirlo con sencillez, el amor propio no es otra cosa más que quererse a uno mismo. Suena fácil, pero la verdad es que es menos común de lo que creemos. Por distintas razones, una persona puede crecer bajo una idea disminuida de lo que es, creyendo que no merece tal o cual cosa de la vida, que no es inteligente o atractiva, que vale menos que los demás o que los otros son siempre mejores; patrones de conducta que a su vez derivan en comportamientos autodestructivos o de autosabotaje (descuidar la salud, permanecer en circunstancias poco satisfactorias para uno mismo, infligir cierta forma de abuso a otras personas o recibirlo, etc.). El mundo, sin duda, sería un mejor lugar si nos diéramos cuenta de que todo comienza con el acto relativamente obvio de amarse.

A continuación compartimos cuatro puntos en los que se evidencia la relación del amor propio con esa plenitud de la vida. 

 

El amor propio es la base de la confianza en uno mismo

¿Cuántas veces has abandonado un proyecto sólo por falta de confianza en ti mismo (a)? Tuviste ideas, planeaste, acaso diste incluso algunos pasos para hacerlo realidad… y al final venció esa voz interna que te hizo temer, que te hizo creer que fracasarías o, simplemente, que no podrías hacerlo. 

En un nivel profundo, esa “voz” está relacionada con cierta falta de autoestima, pues en última instancia no te consideras “suficiente” para intentar algo (suficientemente inteligente, capaz, preparado, etc.), sin ver que casi lo único de veras necesario para emprender y sostener un esfuerzo es la confianza en lo que eres, en la probidad de hacer, equivocarse y aprender sobre la marcha.

 

El amor propio es necesario para la intuición

Popularmente se suele atribuir una gran importancia a las “corazonadas”, que son otro nombre que recibe la intuición. Grosso modo, podemos decir que se trata de esos pensamientos que cruzan por tu mente en ciertas situaciones y que, en el fondo, revelan lo que de verdad quieres, las opciones de vida hacia las cuales te sientes inclinado y los caminos que algo en ti ansía tomar. Sin embargo, por algún miedo que no entiendes, prefieres desatender esos llamados, pensar que no son para ti o que no puedes elegir lo que de verdad quieres. 

Quererte también tiene como efecto confiar en lo que piensas y quieres, y tomar tu intuición como la guía para construir tu vida.

 

El amor propio favorece la concentración

Puede sonar ilógico relacionar un estado emocional con una capacidad que se cree sólo intelectual, pero si es así, es porque estamos muy habituados a separar tajantemente ambas cualidades. Las emociones, sin embargo, influyen más de lo que solemos aceptar en nuestro desarrollo mental, y una prueba muy sencilla es que cuando pasamos por un estado emocional agudo (un momento de depresión o de mera tristeza, un ataque de ansiedad, el enojo, etc.), simplemente no podemos pensar con claridad. En sentido opuesto, cuando nuestras emociones están equilibradas, nuestro trabajo intelectual se desarrolla óptimamente. Así es como el amor propio favorece la concentración, pues una vez que confiamos en lo que pensamos y hacemos, una vez que podemos silenciar la voz del temor, ineludiblemente nos entregamos de lleno a la labor que elegimos y, en general, al momento presente de nuestra vida.

 

Finalmente, el amor propio conduce a la compasión

El amor es, en realidad, una forma de la compasión. Dirigido hacia lo que somos, nos hace ser más compasivos con nosotros mismos: nos hace ver nuestros errores con cierta bondad, más como ocasiones de aprendizaje que como momentos de fracaso; nos hace ponderar nuestras circunstancias de vida y entender nuestras limitaciones con tanta objetividad como nuestras posibilidades; nos enseña a perdonar, entender y proseguir en el camino de nuestra vida. Y lo mismo hacia otras personas. 

Por esta razón el amor propio es indispensable para “triunfar” en la vida, no en el sentido con el que suele entenderse este verbo en las sociedades construidas sobre la lógica de la producción y la ganancia, sino en un sentido profundo. El triunfo de la vida es justo eso: que la existencia esté gobernada por el sentido de lo vivo, por la plenitud, el amor, la celebración y el cuidado de todo lo que respira y late en este mundo. Al final, el amor propio es el medio por el cual entramos en comunión con la vida en sí.

 

También en Pijama Surf: El desapego es el camino para cumplir tus propósitos y lograr un cambio efectivo en tu vida

 

Imagen de portada: Joey Guidone

Te podría interesar:
¿Quieres sacar un mejor provecho de las primeras horas del día? Mira este consejo

“No es que tengamos poco tiempo de vida, sino que malgastamos mucho de éste”, nos dice Séneca en De la brevedad de la vida. Y por un momento podríamos darle la razón, al menos como ejercicio hipotético. 

Si echamos un vistazo a nuestra vida diaria y comenzamos a hacer cuentas, probablemente nos demos cuenta de que la preocupación un tanto neurótica de que el día “no nos alcanza” para hacer todo lo que quisiéramos está acompañada de pequeñas o grandes fugas por donde ese tiempo se nos escapa. Los “5 minutos” más que le pedimos al despertador por la mañana para seguir durmiendo, las visitas frecuentes que hacemos a las redes sociales a lo largo de nuestro día, la procrastinación de ciertas tareas en las que nos enfrascamos sin antes reflexionar si son útiles o si son la mejor manera de conseguir lo que buscamos, etc. Si hacemos ese balance, es muy probable que terminemos de acuerdo con Séneca: no es que el día no nos alcance, sino que no ponemos atención en qué estamos haciendo con el tiempo de nuestra vida.

En este contexto, la mañana adquiere una relevancia especial. Las primeras horas que pasamos despiertos en el día tienen cierta significación propia, simbólica incluso, pues de algún modo son siempre un comienzo, un punto de arranque, como si la creación del mundo ocurriera de nuevo cada día, según dice Marcel Proust. 

Las mañanas están llenas de planes, intenciones, deseos de hacer y completar, pero… ¿cuántos de esos proyectos se malogran? ¿Cuántas veces te ha ocurrido que tenías tanto por hacer, que consideraste factible realizar todo ello y al final la mañana se fue así, de súbito, y quizá incluso el día entero, y de todo lo que tenías planeado apenas pudiste hacer una pequeña parte? 

Si es tu caso, sin duda es momento de que tomes conciencia de tu propio tiempo de vida. ¿Qué estás haciendo con él? ¿En qué lo estás ocupando? Dicho de otro modo, y particularmente para el caso de las mañanas, ¿qué te está impidiendo aprovechar esas primeras horas del día?

A este respecto, Nick Wignall tiene una propuesta interesante. Wignall es psicólogo clínico y además es un autor entusiasta de artículos y obras en donde sostiene que la psicología conductal puede utilizarse para que las personas alcancen sus objetivos profesionales y laborales. 

En su caso, asegura que para cuando el reloj marca las 9:00 de la mañana, usualmente ha cumplido ya con su rutina de higiene personal, ha escrito el borrador para un artículo o para el capítulo de uno de sus libros, ha meditado por algunos minutos, ha reunido información para su trabajo futuro y ha dedicado una 1/2 hora a promocionarlo en redes sociales. Y así todos los días: lunes, viernes, con frío, con calor. Nada mal, ¿no?

Según Wignall, el secreto para tener una mañana realmente provechosa es aburrirse por las noches. Así de sencillo. Su consejo es que hagas algo “aburrido” antes de dormir. Lava tus trastes, limpia tu casa, cocina, prepara tus cosas para el día siguiente (la comida que llevarás al trabajo, los libros que necesitarás en la escuela, etc.), teje, lee una revista o un libro, medita, realiza una rutina de estiramiento muscular… La elección es tuya, pero lo que sea que hagas, es fundamental que esté en el punto diametralmente opuesto al exceso de estimulación en que vivimos ahora

Wignall nos da estas razones para entender el sentido de su recomendación.

 

Razón 1: la conexión entre relajación, sueño y descanso

No puedes hacer que un auto que va a 120km/h salga de la autopista sin reducir antes la velocidad, dice Wignall, para quien ese “aburrimiento” es una especie de requisito o prólogo para una noche de descanso efectivo –que, a su vez, es imprescindible para despertar con ánimo y energía al día siguiente–. 

Todas estas luces que nos rodean, esta sobreexcitación del mundo moderno, la actividad que no cesa, son nuevas para nuestro cuerpo y nuestro cerebro, que por siglos han estado habituados a la separación clara entre el día y la noche, el tiempo del trabajo y el del reposo.

Duerme para descansar, y poco a poco comenzarás a conquistar tus mañanas.

 

Razón 2: evitar la resistencia matutina

¿Cuántas mañanas te has quedado “5 minutos más” en cama sólo porque nada en la perspectiva de tus actividades del día te estimula para levantarte y comenzar? Si fuera diferente, ¿qué pasaría? Si las cosas que tienes que hacer son también las que quieres hacer, ¿no saldrías de la cama inmediatamente después de abrir los ojos? 

Para Wignall, esa es otra razón para hacer actividades “aburridas” en la noche como preparar la comida que comeremos al día siguiente, la ropa que vestiremos o los distintos instrumentos que utilizamos en nuestra rutina cotidiana. 

La idea de este psicólogo clínico es ocupar la mañana en lo que realmente nos emociona hacer.

 

Razón 3: la claridad del día

Una de las grandes ventajas de despachar temprano las actividades de tu rutina es que tu tiempo adquiere una claridad acaso inesperada y desconocida. De pronto, puedes distinguir con nitidez cómo está dividido tu día, a qué dedicas más o menos tiempo, cuánto te toma realizar algo y si acaso podrías cambiar eso…

 

En pocas palabras: tomas conciencia de tu propio tiempo, lo cual, en esencia, es la clave para aprovechar no sólo tus mañanas, sino tu vida en sí.

 

También en Pijama Surf: 

7 maneras de relajarte en la noche (que no involucran alcohol)

Bertrand Russell sobre la cura para el sedentarismo y la hiperexcitabilidad del hombre moderno