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Psiquiatra de Oxford explica por qué estas dos cosas son las más importantes para la felicidad

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/27/2018

Morten Kringelbach considera que tanto la felicidad como la trascendencia son fenómenos sensiblemente superiores a sólo unas necesidades separadas por etapas para satisfacer

De acuerdo con el psicólogo Abraham Maslow, la lucha del ser humano para sobrevivir posee diferentes etapas: primero, requiere satisfacer las necesidades fisiológicas –respirar, comer, descansar, evacuar residuos fecales, sexo–; segundo, las de seguridad –física, laboral, moral, familiar, de salud, de propiedad privada…–; tercero, las de la afiliación –amistad, afecto, intimidad emocional y sexual–; cuarto, las del reconocimiento –autorreconocimiento, confianza, respeto, éxito–; y finalmente, las de la autorrealización o trascendencia –creatividad, espontaneidad, ausencia de prejuicios, resiliencia, aceptación de hechos, resolución de problemas…–. Maslow presentó en 1943 una serie de requerimientos humanos para alcanzar la felicidad y trascendencia.

Ahora, después de 75 años, el profesor del departamento de psiquiatría de la Universidad de Oxford en el Reino Unido y en el Centro para Música en el Cerebro en la Universidad Aarhus en Dinamarca, Morten Kringelbach, considera que tanto la felicidad como la trascendencia son fenómenos sensiblemente superiores a sólo unas necesidades separadas por etapas para satisfacer. Es decir, para él que toma en cuenta los principios aristotélicos del placer –de la hedonia, el placer en sí mismo; y la eudaimonía, el sentido de una vida bien vivida–, se trata de un proceso mucho más complejo, pues “es sorprendentemente difícil demostrar cómo alguien que es feliz, es alguien que tiene mucho placer”.

El trabajo de Kringelbach se encuentra enfocado justamente en encontrar cómo funciona a nivel neurológico la conexión entre el placer hedonístico –placer por la comida, sexo y drogas– y una vida eudaimónica. Hasta ahora ha encontrado que cuando el cuerpo se encuentra en estado de tranquilidad y bienestar, se activa un sistema de ciertas regiones cerebrales encargadas de las experiencias placenteras y que contribuyen en una percepción de bienestar a largo plazo. Desgraciadamente se trata de un sistema muy sensible a ciertos estímulos y alteraciones, resultando en posibles depresiones orgánicas –pues al no percibir placer hedónico, tampoco se puede gozar de una vida eudaimónica–, adicciones –al buscar compulsivamente la experiencia del placer, sin lograr sentirlo como la primera vez–. La característica en común de estos dos trastornos es que la caza del placer provoca la lejanía del placer mismo y por lo tanto, de una vida feliz.

Pero entonces, según Kringelbach, ¿qué es lo que hace feliz a una persona? En pocas palabras, son dos elementos básicos de la cualidad humana: la variedad y la comunidad. Es decir, proponerse objetivos a alcanzar –y cumplirlos– y compartir ese placer con otros son las dos cosas necesarias para una vida eudaimónica, balanceada. Quizá sea por esta razón –o por el flujo de alcohol– que las comidas familiares o amistosas sean siempre un recuerdo que deja un buen sabor de boca.

A continuación te compartimos un video en donde Kringelbach explica más a profundidad su teoría de la felicidad y trascendencia:

 

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/27/2018

Los científicos concluyen que los baños de agua fría tienen un amplio potencial para matar

A lo largo de los últimos años se ha popularizado la idea de que un baño frío cada día trae múltiples y muy variados beneficios al cuerpo, desde la pérdida de grasa hasta la mejora en el funcionamiento del metabolismo, el incremento en la salud tanto del cabello como de la piel, la estabilización de la circulación sanguínea, la reducción de las recaídas en el sistema inmunológico y la mejora del sueño. Pero, en realidad, esta práctica lleva realizándose en diferentes culturas desde siglos atrás. Por ejemplo, en el Reino Unido se tiene la costumbre de aventarse al agua casi congelada durante el Boxing Day o el día de Año Nuevo; en Japón, Alemania, Rusia y Escandinavia, se suele alternar la rutina entre saunas calientas y baños fríos. Inclusive, varios personajes a lo largo de la historia, tales como Hipócrates, Thomas Jefferson y James Currie, consideraban que nadar en las aguas frías del mar era un aliado de la buena salud, pues combatía numerosas enfermedades y promovía la fortaleza física. Tanto es así que, para finales del siglo XVIII, nadar durante el invierno en lagos, ríos y mar se volvió una actividad popular en varios pueblos del Reino Unido.

Con el paso de los años y las investigaciones se sabe que un baño de agua fría permite estimular al cuerpo gracias a la liberación de cortisol –permitiendo sentirse energético y eufórico–; además, el frío y la presión en el cuerpo por la inmersión acuática reducen la inflamación y ayudan a disminuir el dolor muscular causado por el ejercicio. Según la data recolectada, la adaptación al agua fría a través de la repetición de inmersiones puede teóricamente reducir la reacción inflamatoria del cuerpo, la cual a su vez puede mantener bajo control las respuestas depresivas. Y dado que se libera cierta cantidad de cortisol, el cuerpo se adapta, mejora su reacción ante el estrés en general y fortalece, así, su sistema inmunitario.

Sin embargo, al contemplar las respuestas fisiológicas a los baños fríos, los científicos han concluido que aquéllos pueden llegar a ser peligrosos al ser precursores de un ataque al corazón, pérdida en la capacidad de nadar, hipotermia y ahogo. Conforme se fue recolectando data estadística, experimental y anecdótica, se descubrió la reacción fisiológica conocida como el “shock frío”: un aumento desmedido en el flujo cardiorrespiratorio que provoca pérdida del control sobre la respiración y, a su vez, inhalación de agua. Como resultado, un pequeño volumen de agua dentro del cuerpo puede provocar que éste se inunde: la reacción del shock frío en el agua entre 10 y 15ºC, y el primero o segundo jadeos proucidos por la inmersión en agua fría, son usualmente más largos que una letal dosis de agua salada durante el ahogamiento. La reacción del shock frío explica por qué cerca del 60% de aquellos que mueren en agua fría lo hacen durante los primeros minutos, no en el período largo que requiere la hipotermia.

 

Si bien las investigaciones han demostrado que los nadadores de aguas frías en cuerpos acuáticos exteriores –mar, lagos, ríos– sufren menos infecciones que aquellos que no nadan, se sabe que sí padecen más dichas afecciones que aquellos nadadores de albercas y espacios interiores. Esto, explican los científicos, sucede porque los experimentos se realizan bajo ambientes controlados, pues en realidad existen factores que también ejercen un impacto en la salud, tales como la socialización, el ejercicio en la naturaleza, realizar grounding o earthing, una dieta saludable y equilibrada, etcétera.

Es decir, los científicos concluyen que los baños de agua fría tienen un amplio potencial para matar; sin embargo, bajo un proceso de repetición, adaptación y cuidado, pueden fungir como una herramienta útil para mantener una salud plena. Esto porque no es lo mismo aventarse al agua casi congelada habiéndose preparado físicamente mediante el ejercicio y la alimentación, así como emocionalmente mediante la meditación, que hacerlo sin los cuidados necesarios que procuren la supervivencia de una persona.