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Mucho se habla del desapego, pero poco del dolor que algunas personas pueden experimentar al intentar hacer de esta práctica una constante en su vida

Muchos artículos sobre la idea de apego que podemos encontrar actualmente (o su contraparte: el desapego) suelen ofrecer un acercamiento que podríamos llamar “práctico” del tema, esto es, se presentan como una exposición más o menos resumida o sintetizada del concepto o como una serie de recomendaciones para desapegarse de tal o cual vínculo (la pareja, los hijos, etc.). En otras palabras, se trata de un enfoque que en su intención de ser “práctico” pretende ser un viaje directo que nos lleve sin mayores escalas al final del recorrido, sea esta meta entender en un solo vistazo la idea de apego o adoptar el desapego en nuestra propia vida y aplicarlo en nuestras relaciones.

No todo, sin embargo, puede ser tan fácil o tan inmediato como a veces quisiéramos, y menos aún en estos procesos que tocan el corazón mismo de la existencia. Tiempo, constancia y reflexión; he ahí algunos elementos imprescindibles en la mayoría de los casos en que una persona quiere cambiar algún aspecto fundamental de su vida.

En el caso del desapego, cabe añadir otro que también suele ser ineludible: el dolor. No siempre se habla de esto o, si se menciona, se asocia la idea del dolor o del sufrimiento más bien con el apego, como si sólo éste doliera y el desapego fuera un estado “libre de dolor”, pero lo cierto es que el proceso de desapego también puede doler. En breve, porque el apego está enraizado en nuestros vínculos afectivos más profundos, que en nuestros años de aprendizaje dieron lugar a emociones e ideas muy concretas sobre la vida. 

Para muchas personas, el proceso de desapego puede no ser sencillo porque piensan que cuestionar dichos patrones emocionales y de conducta es cuestionar también el vínculo afectivo al que están asociados y acaso arriesgarse a perderlo definitivamente. De todos los temores del ser humano, pocos hay que lo paralicen tanto, que le impidan tomar decisiones concretas con respecto a su vida y actuar al respecto, como el miedo a dejar de sentirse querido. 

Si no hay una fórmula mágica o una receta secreta para desapegarse, tampoco hay garantía de que este proceso ocurra sin dolor. Para ciertas personas, la vía del desapego pasa por recontar la historia su pasado, por armar el rompecabezas de su vida y a veces incluso por reunir las piezas rotas de su identidad; significa a veces mirar de frente un trauma que aprendimos a reprimir y que fingimos olvidar; puede ser también que implique dejar de ver a nuestros padres u otras figuras tutelares en el pedestal de la autoridad y la idealización para mirarlos más bien como personas, con sus errores, sus limitaciones y sus propios cambios. Miedo, culpa, enojo contenido, la frustración de no entender, la decepción o la tristeza, a veces también la angustia elemental de la existencia humana: esas son, además, algunas de las emociones que pueden acompañar esos momentos en que el individuo se mira de frente con lo que es y con las circunstancias que hasta entonces han decidido su vida. 

En este marco general puede observarse que para ciertas personas la idea de cambiar, de desapegarse, de cuestionar lo conocido, lo aprendido o lo diferente, está marcada por el dolor y a veces incluso por el castigo, acaso por cierto "chantaje" emocional en donde se asoció la posibilidad de ser amado con la obediencia a ciertas reglas. Desapegarse puede significar entonces abrir de nuevo esa herida, explorarla, experimentar de nuevo un dolor que se creía pasado.

¿Es el desapego una promesa de vida sin dolor? Claramente no, aunque tal vez sí libre de sufrimiento. Pero además porque, en cierto sentido, no es esto lo que importa. No es que el desapego nos libere o no del dolor, sino que su práctica es un recorrido que llega acompañado de otros hallazgos. El desapego, por decirlo así, nos permite entender la vida de otra manera: como la sustancia maleable que es, siempre en cambio y transformación. Pero ese entendimiento sólo es posible cuando vivimos conscientemente el proceso y el recorrido, sin pensar mucho ni en el punto de origen ni el punto de llegada, sino más bien atendiendo a las cosas que pasan aquí, ahora, donde se teje la doble hebra de la vida, en sus hechos y sus motivos.

 

También en Pijama Surf: El desapego es el camino para cumplir tus propósitos y lograr un cambio efectivo en tu vida

 

 

Imagen principal: Carolina Rodriguez Fuenmayor

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6 hábitos tóxicos en una pareja: cómo se presentan, por qué son nocivos y qué hacer al respecto

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/07/2018

Estos son los 6 hábitos tóxicos más comunes en una relación de pareja (y algunas sugerencias para salir de ellos)

Amar es sencillo. No tanto así, llegar a ese momento de la vida en que es posible hacerlo. Un poco menos aún encontrarse en una relación con otra persona en la que ese vínculo se consolide en una relación auténticamente amorosa, de confianza mutua, de seguridad, placer y todos esos elementos que sostienen al amor en la cotidianidad.

Con cierta frecuencia, antes de llegar a ese punto, hay que pasar por algunos tropiezos, hay que intentar y equivocarse e, incluso, pasar algunos malos tragos. Y más allá de que esto sea así invariablemente o no, lo más importante es aprender para evolucionar, tomar cada experiencia de vida como un aprendizaje y un motivo de reflexión que nos permita amar y ser amados en plenitud.

A continuación compartimos una lista de seis hábitos sumamente comunes de la vida en pareja que, sin embargo, contribuyen a minarla y a desgastarla. A partir de la caracterización del blogger Mark Manson señalamos su descripción, una breve explicación al respecto, y ofrecemos algunas sugerencias para solucionarlos y salir de ese laberinto tortuoso de la toxicidad.

 

1. “Llevar la cuenta”

Cómo se presenta

Muchas personas integran a su relación de pareja una especie de “marcador” en el que llevan la cuenta o de lo bueno que hacen personalmente o de las fallas de su compañero (a) casi siempre con la intención de, eventualmente, poder usar esos "logros" o esos "errores" a su favor.

Por qué es tóxico

La manipulación nunca es sana, en ningún vínculo, y menos aún para una relación de pareja. Vivir bajo la idea de que una persona tiene gestos de amabilidad para después cobrárselos o que guarda memoria de los errores para permitirse a su vez “equivocarse” de vez en cuando habla de una falta de madurez emocional e incluso de cierta incapacidad de amar sinceramente y, en todo caso, de un vivir la relación de pareja como si se tratase de una competencia en la que importa ganarle al otro, ser superior.

Qué hacer al respecto

Si algo te molesta, dilo en el momento o cuando sea oportuno. No guardes tus molestias para utilizarlas después. En cuanto a los actos positivos, hazlos de corazón, no porque pienses que con ellos ganas puntos a tu favor. En ambos casos, piensa también por qué actúas de esa manera: ¿qué ideas tienes sobre el amor y la vida en pareja que te llevan a experimentar tu relación con rivalidad, reproches y manipulación? 

 

2. Incurrir en actos pasivo-agresivos

Cómo se presenta

El malestar en la pareja se manifiesta a veces en forma de indirectas verbales o de conducta. Una persona, por ejemplo, está molesta por algún motivo pero, en vez de manifestarlo claramente, evita a su pareja, se muestra seria o enojada pero no dice por qué, o realiza comentarios agresivos o hirientes disfrazados de bromas. 

Por qué es tóxico

Las relaciones de pareja son relaciones de amor en las que la agresividad no tiene lugar, ni siquiera bajo estas formas que equivocadamente se consideran poco lesivas. 

Qué hacer al respecto

Como en el punto anterior, si algo te molesta trátalo directamente con tu pareja. Lo mismo si quieres algo. En ese sentido, no pidas lo imposible, que en este caso significa que el otro lea tu mente y encuentre el motivo de tu pesar o tu deseo. 
Si estás en una relación con una persona así y este hábito te incomoda, háblalo con tu pareja.

 

3. Intentar retener al otro

Cómo se presenta

Hay personas que pretenden conservar el amor y el afecto del otro por medio de chantajes. Ante la más mínima señal de desencuentro con su pareja, su respuesta emocional es desmedida. Frases como “Ya no me quieres”, “Me vas a dejar” o “Estás saliendo a alguien más” pueden llegar a escucharse.

Por qué es tóxica

Los chantajes son quizá uno de los venenos más tóxicos para una pareja, pues entre sus varios efectos está que pueden crear un ambiente de desconfianza general o de peleas frecuentes en el cual alguno de los involucrados duda en manifestar sus emociones, sus deseos, sus desacuerdos y en general todo lo relacionado con la vida en pareja por temor a la reacción del otro. Paradójicamente, este esfuerzo de retener al otro suele culminar en el punto diametralmente opuesto: la separación y el rompimiento.

Qué hacer al respecto

Deshacerse de este hábito puede no ser sencillo, en especial porque lo más probable es que esté enraizado en tu estructura emocional, psíquica y afectiva. De entrada, intenta frenarlo. Intenta preguntarte por qué sientes que necesitas “encadenar” a la otra persona con ese tipo de reclamos o por qué sientes que necesitas hacerlo sufrir de esa manera. ¿Sientes que el amor necesita del malestar y las peleas constantes? ¿Sientes que nunca valdrás lo suficiente como para que alguien quiera estar contigo? 

 

4. Esperar que tu pareja sea tu salvavidas emocional

Cómo se presenta

Una persona tuvo un problema en su trabajo, quizá ese día discutió con su jefe o con algún compañero de oficina; tal vez tuvo un desacuerdo con su papá o su mamá o con algún otro miembro de su familia; al encontrarse con su pareja el conflicto explota y, por alguna extraña razón, la pareja termina teniendo la culpa de lo que le pasó a la otra persona.

Por qué es tóxico

La dificultad para identificar nuestras propias emociones y separarlas de las de los demás es un fenómeno propio de una etapa infantil, en donde las figuras tutelares (padre, madre, etc.) suelen hacerse cargo de nosotros. Aunque el amor tiene posibilidades de desarrollarse en un ambiente así, una relación de pareja de este tipo puede derivar en vínculos de dependencia poco sanos, casi siempre en forma de un círculo pernicioso en el que uno de los integrantes de la pareja siempre tiene problemas que el otro tiene que acudir a resolver.

Qué hacer al respecto

Conocer nuestras propias emociones y aprender a manejarlas en favor de nuestro bienestar no es la tarea más sencilla de la vida; sin embargo, es posible realizarla con éxito. Un paso elemental es aprender a distinguir no a los “culpables” sino a los responsables de cada una de las acciones que provocan un conflicto, una reacción emocional desesperada y también una solución posible. Responsables entre los cuales también te encuentras tú. La madurez emocional consiste, en buena medida, en asumir la responsabilidad sobre tus actos, tus decisiones, tus palabras y tus omisiones; se trata de darte cuenta de que hay cosas que nadie más va a hacer por ti –defender, pedir, preguntar, etc.–, ni tu pareja, ni tus padres. Nadie más que tú puede hacer ese trabajo emocional y recorrer ese camino.


5. Celos patológicos

Cómo se presenta

La expresión de los celos desmedidos puede tener muchas variantes. Hay quien se aparece de pronto y sin avisar en un lugar donde sabe que estará la otra persona (el trabajo, por ejemplo), como si con eso esperara sorprenderla en compañía de alguien más. Otras personas revisan la ropa usada de su compañero(a) o, en tiempos más recientes, su teléfono portátil o sus cuentas de mensajería o de redes sociales, en busca de evidencia comprometedora. También hay quien realiza llamadas frecuentes a lo largo del día para saber dónde está la pareja, qué hace y con quién está. La celotipia también puede provocar peleas en público, suscitadas incluso por el más mínimo intercambio social de la pareja con otra persona.

Por qué es tóxico

La idea de que los celos son propios del amor está sumamente extendida y quizá por eso también se llega a hablar de ciertos celos “sanos” dentro de las relaciones de pareja. Más allá de este debate, es claro que cuando los celos dañan tanto a quien los siente como al otro, la relación de pareja se nubla y en especial se desgasta por causa de la desconfianza constante con que se considera a la otra persona.

Qué hacer al respecto

¿Te has preguntado por qué no puedes confiar en tu pareja? ¿Por qué vives el amor desde la desconfianza? ¿Sientes que nadie es capaz de amarte real y sinceramente? ¿Por qué temes tanto que haya alguien más o que alguien “te quite” el amor de tu pareja? ¿Qué piensas que tendría que hacer la otra persona para satisfacer por completo tus estándares de fidelidad y confianza? ¿Crees que esto es justo para el otro? Estas son algunas preguntas que puedes hacerte para darte cuenta de que los celos no son propios del amor, esto es, no es un precio que debas pagar para amar y que alguien te ame.


6. Hacer regalos para “solucionar” conflictos

Cómo se presenta

Toda relación humana genera conflictos, la diferencia en las relaciones de pareja es que hay tantas emociones involucradas que a veces el intento de solucionarlos no es el más saludable posible. Así, en ocasiones, un desacuerdo, un acto que se vive como una equivocación, una ofensa, etc., hacen que una persona busque “desagraviarse” con la otra a través de una especie de ofrenda o tributo: un regalo costoso, un viaje, joyería, una comida en un restaurante. Con cierta frecuencia, el valor monetario del objeto elegido habla del sentimiento de gravedad con que la persona vive su falta con respecto al otro.

Por qué es tóxico

Pocas conductas son tan perniciosas para la vida en pareja como evitar confrontar los problemas y hablarlos directamente. En vez de señalar el conflicto e intentar encontrar una solución al respecto, el “regalo” pretende ocultarlo, evadirlo. Y como sabemos bien, todo eso que arrumbamos en un clóset o en un cajón eventualmente termina por desbordarse y salir a la luz. 

Qué hacer al respecto

De entrada, frena este hábito, hazlo consciente. La próxima vez que surja un problema con tu pareja, en vez de intentar “comprar” su perdón, háblalo: discúlpate, acepta que te equivocaste y llega a un acuerdo para solucionar el conflicto. En pocas palabras, hazte responsable de tus palabras y tus actos, tanto en el problema como en la solución. Reflexiona también sobre tu impulso inconsciente por evitar confrontar el conflicto, por qué lo vives como una culpa que la otra persona tiene que perdonar, o por qué sientes esa necesidad de “congraciarte” en vez de manifestar claramente tus sentimientos.

¿Y el otro involucrado?

En todos estos casos, la recomendación del “qué hacer” se enfocó en la persona que actúa de las formas descritas. ¿Pero qué pasa con el otro en una relación? ¿Qué puede hacer quien recibe los celos, quien recibe los chantajes, quien parece tener la obligación de solucionar siempre los problemas de su pareja? 

Más allá de seguir el impulso de querer “cambiar” al otro (un acercamiento tan común como equivocado), vale la pena preguntarse por el lugar que se tiene en esa relación, si eso es lo que se desea y si hay alguna ganancia emocional de por medio al ser partícipe de estos hábitos tóxicos. Tal vez, por motivo de tu historia de vida y la idea que tienes sobre el amor, crees que así es como se vive una relación de pareja, acaso algo en ti se siente bien por acudir al rescate de la otra persona, por recibir sus regalos en vez de confrontar un problema o por pelear. 

Asimismo, si decides seguir en esa relación, puedes preguntarte ¿qué puedes hacer tú para que la relación salga de esos círculos nocivos?

Comentario final

Dejar un patrón emocional puede no ser sencillo, pero quien así lo desea, quien ya se cansó de repetir siempre lo mismo, quien ya se dio cuenta de los hábitos que dañan su vida en vez de contribuir a su bienestar, en buena medida ya está en el camino de la evolución personal. Más allá de la singularidad de cada caso, hay ciertas acciones que puedes realizar para consolidar esa decisión.

A corto plazo: detén eso que te hace daño, interrúmpelo.

A mediano plazo: reflexiona sobre las causas que te hacen actuar de esa manera, indaga en tus raíces emocionales y tu historia de vida (con cierta frecuencia, ahí se encuentra la respuesta).

A largo plazo: date cuenta de que, en el ámbito de lo humano, nada es fijo ni inmutable, por el contrario, todo se encuentra en cambio constante, e incluso aquello que parece más incuestionable fue en su momento resultado de una combinación de circunstancias. 

Cambiar en la vida no sólo es posible: es necesario para vivir realmente.

 

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Imágenes: albaricoque_agc