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El simplemente genial discurso de Jim Carrey para la ceremonia de graduación de una universidad (VIDEO SUBTITULADO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/18/2018

Uno de los discursos para una ceremonia de graduación más geniales jamás dichos. Carrey combina el humor con un profundo entendimiento espiritual

Jim Carrey ha sufrido una de las transformaciones de conciencia más visibles en los últimos tiempos. Siendo una de los actores de Hollywood más reconocidos, en los últimos años ha vivido una cierta forma de crisis catártica espiritual que algunos ven como una especie de despertar o iluminación y otros como un delirio en el que lo cómico se ha convertido en algo político, política espiritual, basada en ideas orientales, como el advaita vedanta. De cualquier manera Carrey sigue siendo un tipo brillante, probablemente más que antes, con ideas más interesantes y sin duda es un excelente orador, ideal para hablarle a los estudiantes que se graduaban en la Universidad de Maharishi, una universidad basada en las enseñanzas del famoso maestro espiritual indio Maharishi. El discurso, además de inspirador, es cómicamente genial. El video cuenta con subtítulos en español en la función closed caption.

Algunos fragmentos notables:

No puedo ser contenido porque yo soy el contenedor... Solía creer que lo que yo era terminaba en el borde mi piel, que me habían dado este pequeño vehículo llamado cuerpo con el cual explicar la creación, y aunque no podía haber pedido un mejor modelo, a fin de cuentas era uno prestado y debía ser regresado. Pero luego aprendí que todo lo que estaba afuera del vehículo también era parte de mí, y ahora conduzco un convertible...

El miedo va a tener un papel en tu vida, pero te toca a ti decidir cuánto. Puedes pasar toda tu vida imaginando fantasmas, preocupándote sobre el sendero que te lleva hacia el futuro, pero todo lo que jamás será es lo que ya está pasando aquí, y las decisiones que hacemos en este momento, que están basadas en miedo o amor.

Así que muchos de nosotros elegimos nuestro sendero disfrazando el miedo de pragmatismo. Lo que queremos realmente nos parece imposible y remoto y nos parece ridículo esperar lograrlo, así que nunca se lo pedimos al universo. Lo estoy diciendo, yo soy la prueba de que puedes pedírselo al universo -¡por favor!-. Y si no ocurre prontamente, es sólo porque el universo está ocupado entregando mi pedido. ¡Es un pedido tamaño fiesta!...

Pueden unirse al juego, pelear las guerras, jugar con las formas todo lo que quieran, pero para encontrar paz verdadera deben quitarse la armadura. Su necesidad de ser aceptados puede hacerlos invisibles en este mundo. No dejen que nada se interponga en el camino de la luz que brilla a través de esta forma. Arriesguen ser vistos en toda su gloria...

La pintura es una de las formas con las que me trato de liberar de las preocupaciones, una forma de detener el mundo a través de un involucramiento mental, físico y espiritual total. Pero incluso con esto viene una sensación de divina insatisfacción. Porque al final no somos los avatares que creamos. No somos las imágenes en la película. Somos la luz que brilla a través. Todo lo demás es sólo una cortina de humo. Una distracción, pero no realmente valiosa.   

Muchas veces he dicho que me gustaría que las personas lograran sus sueños de riqueza y fama para que se pudieran dar cuenta de que no es allí donde se encuentra la sensación de completud. Como muchos de ustedes, yo estaba interesado en ir al mundo y hacer algo más grande que yo, hasta que algo más grande que yo me hizo darme cuenta de que no hay nada más grande que mi ser. Mi alma no está confinada a los límites de mi cuerpo. Mi cuerpo está confinado dentro de lo ilimitado de mi alma -un único campo de nada que baila sin razón particular, excepto tal vez para entretenerse a sí mismo-. Cuando ese cambio te empiece a suceder, no estarás sintiendo el mundo, el mundo sentirá a través de ti -serás abrazado por él-. Ahora siempre estoy en el principio. Tengo un botón de reinicio llamado presencia y navego ese botón constantemente.

Esta es la voz del ego. Si la escuchas, siempre habrá alguien que parece estar haciendo las cosas mejor que tú. No importa lo que ganes, el ego no te dejará descansar. Te dirá que no puedes descansar hasta que dejes una marca indeleble en el planeta, hasta que logres la inmortalidad. Cuán engañoso es el ego que nos tienta con la promesa de algo que ya poseemos.

Se trata de sólo dejar que el universo sepa lo que quieres y trabajar para ello a la vez que dejas ir el cómo es que podría llegar a suceder. Tú trabajo no se trata de saber cómo es que va suceder eso para ti, sino simplemente abrir la puerta en tu cabeza y cuando las puertas se abren en la vida real, sólo caminar a través de ellas. No te preocupes si pierdes la señal. Siempre habrá puertas abriéndose. Siempre están abiertas. 

Y ya que estamos aquí, por qué no tomamos un riesgo en la fe...

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Cómo el estado de enamoramiento transforma la realidad que percibimos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/18/2018

El amor convierte en oro a su objeto de deseo, y luego el desamor hace mierda lo que fue oro. Pero la cosa en sí -lo que es oro y luego mierda- no tiene una realidad intrínseca

Mucho se ha dicho que el amor es como una droga y bajo sus efectos percibimos una realidad distinta, acaso más brillante y acogedora. Químicamente, el amor romántico ha sido comparado en diversos estudios con la cocaína o un poderoso analgésico; el amor nos da energía y hace que no nos molesten cosas que en otro estado sí lo harían.

Otro efecto, que ha sido notado por numerosos filósofos y artistas a lo largo del tiempo, es que el amor transfigura a la persona amada y hace de ella una especie de deidad, haciendo que la veamos como superior a lo que realmente es. Como notó Proust en su Recherche..., la otra persona no es realmente responsable de nuestro amor, nuestro amor está en nuestra imaginación y en la proyección que hace nuestra mente de esa persona, dotándola de una cierta aura. O como dijera Borges, en el amor creamos una religión cuyo dios es falible: el amado o amada es una divinidad endeble, puesto que depende de que la sigamos alimentando y divinizando con nuestro deseo e imaginación.

Spinoza notó esto mismo cuando dijo: "No nos esforzamos por algo, ni lo anhelamos, ni lo queremos, ni lo deseamos porque lo juzgamos bueno; por el contrario, lo juzgamos bueno porque nos esforzamos por ello, porque lo anhelamos, porque lo queremos, porque lo deseamos". Es decir, no deseamos a alguien porque es atractivo, sino que creemos que es atractivo porque lo deseamos. El deseo opera una suerte de alquimia en nosotros; el enamoramiento o la infatuación transfiguran el rostro y las cualidades de la persona que es su objeto. El amor hace que el sapo se convierta en un príncipe.

El psicólogo James Hillman nota que lo opuesto ocurre cuando el amor se vuelve una traición o una decepción. Ocurre un proceso de alquimia inversa en la que el oro que el amor había hecho del objeto del deseo, ahora se vuelve mierda: 

Una confesión, un poema, una carta de amor, una fantasía, una invención... que sostenían los valores más profundos... en el momento de la traición, estas delicadas y sensibles perlas o semillas se convierten en meros granos de polvo, en basura. La carta de amor se convierte en tonterías sentimentales y el poema... el sueño, la ambición, todo se ve reducido a algo ridículo, digno de la burla, explicado en el lenguaje de arrabal como mierda, puras estupideces. El proceso alquímico es revertido: el oro se torna en heces.

Ahora bien, lo anterior podría hacernos pensar que el amor es una ilusión, un engaño. Ciertamente puede serlo, especialmente cuando se deposita toda esperanza, toda posible felicidad en una única persona, como si ésta fuera una especie de mesías o redentor del alma. Pero por otro lado, como señala Platón en El banquete, el amor hacia un individuo puede ser la escalera hacia el amor a todas las personas, un paso de lo individual a lo universal, hacia el arquetipo mismo, donde uno ya no interactúa con la belleza de alguien o el amor hacia algo sino con la belleza universal, uno es el amor que brilla en todos los amores. El amor hacia un individuo es una religión falible, puesto que ese individuo está sujeto al cambio, a la muerte, a la disolución -y así entonces, nuestro amor-. Pero el amor a la totalidad, el amor en sí mismo, sin necesidad de un objeto único, es una religión infalible, cuyo dios está en todas partes. 

Por otra parte, también se puede argumentar que en sí misma la percepción es una alucinación, pues no percibimos las cosas en sí mismas sino una interpretación de las mismas que es filtrada por nuestra memoria, creencias, prejuicios y demás. En cierta forma, sólo percibimos lo que ya somos. Así entonces, el amor es la mejor de las alucinaciones posibles. Y si sólo percibimos lo que ya somos, si vemos amor en el mundo es porque de alguna manera somos ese amor que vemos. Y un amor que nace de nosotros mismos tiende a ser más duradero que un amor que depende de un objeto externo. Así entonces, si encontramos un amor en nosotros que luego vemos en el mundo, quizás estamos acercándonos a la posibilidad de encontrar un amor que no cambia, que no está sujeto a la muerte y demás. Un amor así sería real en tanto que no depende de los demás y por lo tanto no es meramente relativo, si bien es el vínculo que nos relaciona con todo.