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Ve a uno de los últimos forjadores de espadas tradicionales japonesas realizando su precioso oficio (VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/23/2017

Actualmente existen tan sólo 30 forjadores de espadas en este país que siguen no sólo los rituales tradicionales, sino que también lo han convertido en su manera de vivir en un mundo cada vez más occidentalizado

Más allá del vicio tarantinesco de utilizar katanas y otras espadas tradicionales japonesas para asesinar por venganza, el milenario ritual de forjar esta artesanía se remonta a una época anterior al siglo X. Entre las chokuto, tsurugi/ken, tachi, kodachi, odachi, uchigatana, katate-uchi, katana y las wakizashi, todas estas espadas tratan de reverenciar una tradición de la perfección y la masterización del coraje desde la seny.

Desgraciadamente con la globalización en distintas regiones del planeta y los jóvenes mudándose hacia las ciudades para conseguir trabajos que puedan mantener a sus familias en los pueblos, la tradición de hacer manualmente una espada tradicional en Japón ha ido desapareciendo. De hecho, actualmente existen tan sólo 30 forjadores de espadas en este país que siguen no sólo los rituales tradicionales, sin que también lo han convertido en su manera de vivir en un mundo cada vez más occidentalizado. Entre ellos se encuentra Watanabe, en Hokkaido, quien tuvo que vivir con el rechazo de su familia frente a su elección de profesión.

En palabras de Watanabe, a lo largo de un cortometraje de Etsy’s Handmade Portraits,

Cuando era joven estaba haciendo espadas sólo porque lo amaba, pero conforme fui envejeciendo empecé a pensar que necesitaba pasar el alma y la estética de los japoneses a través de las espadas.

[…] Si bien no hay instrucciones para hacer una Koto, una espada del periodo Heia y Kamakura –entre 794 y 1333–, y es imposible recrear la espada, es lo que me atrae por completo y he intentado recrearla durante 40 años. Finalmente he tenido éxito en hacer unos ejemplares similares a la Koto en los últimos cinco años. Pero quiero que mi discípulo me sobrepase como un forjador de espadas.

No se trata tan sólo de darle vida a una espada típica de Japón, sino de mantener vivos tanto la tradición como el folclor de toda una cultura que ha sobrevivido a lo largo de los milenios. Por ello, que existan personajes como Watanabe, permite transmitir la historia y la belleza de Japón.

 

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Medita en esto este día en el que el Sol muere y renace y consigo toda la naturaleza.

El solsticio de invierno es una fecha sumamente especial para aquellas personas que consideran que vivimos en una relación de interdependencia con la naturaleza y que, como si fuere, vivimos interpenetrados por el cosmos. Para la mayoría de las antiguas tradiciones el hombre y la naturaleza terrestre eran un microcosmos que reflejaba los principios del macrocosmos o del cielo, así la vida humana dependía y encontraba sentido en su relación con el universo y la deidad. Esta relación se hacía patente particularmente con los equinoccios y los solsticios, fechas que, además de marcar el cambio de estación y con esto un nuevo aspecto de energía arquetípica o procesal, eran utilizadas como hitos o marcadores dentro del calendario religioso. Eran de alguna manera los cumpleaños y santorales de los dioses y las potencias de la naturaleza.

Este 21 de diciembre del 2017 se celebra el solsticio de invierno en el hemisferio norte. Esta fecha era especialmente celebrada como la muerte y el renacimiento del sol (el Sol Invictus). El inicio del invierno y la caída de la fuerza vital tienen en su anverso ya, el renacimiento del Sol, ya que si bien hoy es el día más oscuro del año en lo siguientes días el día empezará a ganar luz, para llevar a la naturaleza a la fruición. 

En un sentido esotérico el solsticio tiene que ver con el logro místico de la inmortalidad.  El neoplatónico Porfirio escribe en su Cueva de las Ninfas:

Algunos de estos teólogos consideran a Cáncer y a Capricornio como dos puertos; Platón los llama las dos puertas. De ellas, afirman que Cáncer es la puerta a través de la cual las almas descienden, y Capricornio aquella a través de la cual ascienden, y cambian una condición material por una condición divina del ser. Cáncer, de hecho, está al norte y adaptado al descenso: pero Capricornio, está al sur, y acomodado para el ascenso. Y así es, las puertas de la cueva que mira hacia el norte tienen gran portento, el cual se dice que es previo al descenso del hombre: pero las puertas del sur no son las avenidas de los dioses, sino de las almas ascendiendo a los dioses. Bajo esta consigna, el poeta [Homero] no dice que sean el pasaje de los dioses, sino de los inmortales; dicha apelación es común a nuestras almas, ya sea en toda su esencia, o en particular en una porción excelsa, son denominadas inmortales. 

[..] Los romanos celebran su Saturnalia cuando el Sol está en Capricornio, y en esta festividad, los sirvientes usan los zapatos de aquellos que están libres, y todas las cosas son distribuidas comunalmente entre ellos; el legislador sugiriendo con esta ceremonia, que aquellos que son sirvientes en el presente, serán más tarde liberados por el festejo de la Saturnalia, y por la casa atribuida a Saturno, i.e. Capricornio; cuando revivan en el signo, y se hayan despojado de las vestimentas materiales de la generación, regresarán a su felicidad prístina, a la fuente de la vida. 

El filósofo canadiense Manly P. Halla habla sobre el simbolismo espiritual de la luz:

La adoración de la naturaleza es la adoración de las realidades de las cosas con una humilde resolución de aprender las lecciones de la luz y la vida, de que, con el tiempo, nos convirtamos en honrados sirvientes de esta Casa de la Refulgencia. Todas las religiones han tenido dioses de la luz y estos dioses de la luz son dioses del amor. Son deidades que protegen, preservan, elevan y redimen toda forma de vida en la naturaleza. 

Y dentro de esta luz tenemos todas las leyes de la vida, y las leyes de la vida son los mandamientos, los métodos, los principio a través de los cuales la vida logra la perfección

El Sol es vida, y esta vida es la propiedad común en todas las cosas, el poder del cual dependemos. Desde el más pequeño átomo hasta la más grande estrella, la luz es un símbolo de la presencia de la vida. Esta vida es una promesa, algo que debemos de comprender, esta luz no es algo que se encendió súbitamente de la nada, en un antiguo eón, esta luz es eterna. Por ello la vida es eterna, la inmortalidad es una certidumbre, el crecimiento es inevitable. Porque todas las cosas buenas, todas las revelaciones, están basadas en la inevitable  e inmediata y eterna presencia de la vida. La vida es por ello algo muy sagrado y al observar su descenso a través de los diferentes ordenes de creación, vemos que la vida se difunde en el ser humano. Hay vida en nosotros y esta vida en nosotros ha hecho su tabernáculo en la carne.

El solsticio de invierno es entonces está oportunidad de sintonizar o resonar con este proceso de la naturaleza de muerte-renacimiento (la muerte en la naturaleza es siempre transformación). Muerte que es necesaria para crecer y liberarse de viejas ataduras; y para morir es necesario entregarse, soltar y vaciarse. Dejar de aferrarse a la identidad y abrazar el proceso en sí de la vida, la cual no nos pertenece, sino que somos apenas una expresión particular dentro de su infinita unidad. Como escribió Emerson: "no somos nada, pero esa luz es todo".