*

X

TOP TEN - Lista de las 10 mejores películas del 2017

Arte

Por: Psicanzuelo - 12/12/2017

Este año la lista hace patente una búsqueda efervescente de los creadores de cine contemporáneo: la humanidad

 

 

Ha llegado esa hora del año, tan ansiada, que nos obliga a crear un orden jerárquico en la producción cinematográfica que se vio en México. Sin tomar en cuenta las series on demand de internet, con grandes títulos como “Mindhunter” (Fincher), “Twin Peaks” (Lynch) y “Dark” (Baran bo Odar) por mencionar algunas, nos embarcamos en crear una lista de recomendaciones.

Asimismo, esta lista es una oportunidad para encontrar patrones en común que nos digan algo de las intenciones y preocupaciones fílmicas del año y poder compararlas con otros años. Las películas de este año tienen un sentido emocional en común ya que en todas hay un descubrimiento personal del héroe-protagonista, después de sufrir pérdidas y dolores enormes, que lo hacen conectar con su lado más humano.

 

10) “Tu Nombre” (Makoto Shinkai) – Animación japonesa que indaga sobre la identidad personal en un mundo que nos lleva, cada día, a ser más parecidos los unos a los otros.Meticulosos dibujos clásicos, como solo los japoneses ejecutan, en combinación con avanzados métodos de animación contemporánea, ponen a prueba nuestros conceptos de tiempo, construyendo el drama sobre un ambicioso guión. El pasado y el presente se suceden impulsados por el futuro donde la localización geográfica impacta de manera importante en lo que sucede. Alguien que sueña a quien también lo sueña, más allá de exponer una duda ontológica, resulta en un encuentro instantáneo de esencias,un chispazo que permite poder entenderse y, sólo así nace al amor real y la manera de conectamos con él.

 

9) “T2: Trainspotting” (Danny Boyle) – “Yo, Daniel Blake” (Ken Loach) – El noveno sitio de esta lista esta ocupado por dos títulos. Ambos abordan cuestiones económicas en el sistema laboral del Reino Unido, ¿coincidencia?, probablemente. Se advierte al amable lector que debería ver la primera parte de “Traispotting”, para poder disfrutar de las mieles de lo que sucede en la segunda parte. Para el que la haya visto en esos caóticos tiempos noventeros, tendrá mayor sentido lo que trata de hacer Boyle tantos años después con la ayuda del mismo guionista John Hodge. En esta secuela, se compara el tiempo de la juventud desenfrenada con el de la madurez que nunca llega, por más de que pase el tiempo. Tantos conceptos abstractos aterrizan de maravilla en las nuevas representaciones de Renton y Begbie, ¿en qué se ha convertido la lucha contra el sistema de toda una generación? ¿En likes, en shares, en tránsito de Internet, en dinero encriptado? El uso de referencias al soundtrack original es sobresaliente: eterna tensión existencial, ¿hicimos lo que teníamos que haber hecho? ¿Había algo que teníamos que hacer? Lo más probable, con el dolor de mi corazón, es que no.

 

“Yo, Daniel Blake” es un trabajo maduro de uno de los grandes directores ingleses de todos los tiempos, Ken Loach. Siempre cerca del realismo social inglés, Loach construye todo sobre un magnífico protagonista, Daniel Blake, caracterizado por Dave Johns, un sujeto con problemas de salud y económicos tratando de encontrar ayuda en la asistencia social. Los problemas personales de Daniel nunca representan una razón para que no pueda ayudar a alguien con problemas más profundos de los que él tiene. Ambas películas son búsquedas de humanidad personal como único medio para gozar de algo de tranquilidad en la forma global de vivir.

 

8) “Amor Carnal” / “The Bad Batch” (Ana Lily Amirpour) – Amirpour no se conformó con su exitosa primer creación, “Una Chica Regresa Sola a Casa de Noche”, sino que se lanza a filmar una arriesgada película apocalíptica que describe, en varios niveles, lo que sucede en la administración actual del gobierno norteamericano. El uso de poderosos actores comerciales, que no se reconocen en pantalla, por medio de su humanidad, transforman todo el sentido de la filmación, brindando un placer extra a quien se siente a experimentarla sin checar el casting.

http://pijamasurf.com/2017/10/la_guera_pata_de_palo_reflexion_de_la_cinta_amor_carnalthe_bad_batch_ana_lily_amirpour,_2017/

 

7) “El Candidato” (Daniel Hendler, 2016) – Un hallazgo de película uruguaya en internet que trata tanto sobre la comunicación política como eje de la crisis de estado que se vive en toda América latina como sobre un agotado discurso que necesita la parte humana, ya que se pierde entre el plástico y los pixeles de gran calidad para las múltiples impresiones. ¿Cómo lidiar con la realidad nacional, por medio del simulacro, para enfrentar una realidad que resulta una simulación gracias a los nuevos modelos digitales al alcance de todo ciudadano? Una vez más, parece que la respuesta es otro atisbo de la humanidad que ocupa nuestros cuerpos antes que las ideas

 

6) “La Morgue” (André Øveredal) – Cinta de horror intimista entre padre e hijo de la mano de la muerte y dentro de la feminidad que los contiene. Una invitación a resolver lo femenino para los hombres y la masculinidad para las mujeres, antes de que se acabe el tiempo y tengamos que aprender del otro a la mala como se dice coloquialmente. Una película sumamente bien dirigida y con un agradable uso del detalle que nos conecta nuevamente a los viejos relatos de ultratumba de Allan Poe. ¿Qué es lo humano si no la comprensión de lo distinto? ¿Qué puede ser más horrible que nunca entender la contraparte de nuestra existencia?

;

http://pijamasurf.com/2017/05/los_lagos_subterraneos_en_su_mirada_cristalina_reflexion_de_la_cinta_la_morgue_andre_vredal,_2016/

 

5) “Animal Vertical” (Alain Guiraudie) – Una búsqueda existencial, por medio de metáforas dispares, que nos conecta con lo más salvaje de nuestra humanidad para poder llegar a lo que de verdad importa valorando lo que hay frente a nuestros ojos. Cine francés enigmático y sin concesiones que se agradece, en este tiempo lleno de ideas sobre-masticadas, expuestas por superhéroes que nunca han estado tan alejados de lo que constituye a un ser humano.

 

4) “Vuelven” (Issa López) – Equilibrada película mexicana que habla de la verdad nacional como muchas películas otras no pueden. Una cinta que puede hacernos despertar de un sueño para sumergirnos en otro tipo de sueño en un abrir y cerrar de ojos. Llama la atención como López flota en la materia prima de lo que en realidad construye las películas, lo onírico.

http://pijamasurf.com/2017/11/todos_tus_muertos_reflexion_sobre_vuelven_issa_lopez,_2017/

 

3) “Elle” (Paul Verhoeven) – Verhoeven es un director genial que sufrió una fuerte decadencia durante sus últimos días en Hollywood y que, desde entonces, ha pesado mucho en sus creaciones hasta ahora. De la mano de Michelle Leblanc (Isabelle Huppert), nos entrega una pieza femenina de combate interno sobre temas que son tratados de una manera sumamente impersonal por las instituciones. Más allá de la guerra de sexos, es lo salvaje que sigue presente en nuestro comportamiento que permea todas nuestras actividades y que deshumanizados seguimos sin querer contemplar.

http://pijamasurf.com/2017/02/ojos_de_gato_una_reflexion_de_la_cinta_elle_paul_verhoeven,_2016/

 

2) “Fantasmas del Pasado” (Olivier Assayas) – Kristen Stewart ha resultado una revelación bajo la delicada dirección de Assayas. Juntos se han vuelto todo un dúo dinámico en busca de escenas originales que se enlazan en secuencias cargadas de humanidad que logran trascender la pantalla. La metafísica en el cine es así, tan cotidiana como en la realidad misma y, la base de esa iluminación eterna, se construye en los momentos en que los gestos de Stewart habitan los espacios como fantasmas.

http://pijamasurf.com/2017/03/vestirse_con_la_memoria_de_los_muertos_fantasmas_del_pasado_olivier_assayas,_2016/

 

1) “Manchester Junto al Mar” (Kenneth Lonergan) – El número uno de la lista abrió la siguiente pregunta desde su estreno: ¿será la mejor película del 2017? Resulta que sí y me da alegría. El cine como vehículo de las emociones más humanas y las tragedias cotidianas que acechan a cada instante, sólo hacen que brote la luz universal: el amor. “Manchester Junto al Mar” es la gran película americana que extrañábamos desde hace décadas y que recuerda a algunos clásicos americanos como los de Capra o Hawks, si bien es entrañablemente original y dolorosa como la vida misma.

http://pijamasurf.com/2017/03/la_sucesion_de_la_nostalgia_manchester_junto_al_mar_kenneth_lonergan,_2016/

Te podría interesar:

La experiencia mística de Borges: la noche en la que se encontró con la eternidad caminando en Buenos Aires

Arte

Por: pijamasurf - 12/12/2017

De esta experiencia Borges desarrollaría una intuición de que el tiempo realmente no existe

Borges cuenta que vivió una experiencia "hace dos noches" caminando por el barrio de Barracas, en una zona marginal de Buenos Aires. Borges observa en una calle en la que, del otro lado se extienden las pampas, un muro rosáceo en el que brilla una "luz íntima" que no es la luna y que le revela una ternura trascendental. Entonces tiene una experiencia de vértigo ontológico de existir en otra parte -de la cual deriva una metafísica de la inexistencia del tiempo-. Notablemente, la experiencia se produce a partir de lo que Borges llama "caminar al azar"; lo que podemos imaginar como un dejarse llevar por la situación y  el momento, en una deriva extática. En una conversación con el periodista Willis Barnstone, Borges confesó haber tenido dos experiencias místicas en su vida, las cuales, de la misma manera que ocurre en su preámbulo de la experiencia del "Aleph", dice que no pueden ponerse realmente en palabras. Estas experiencia (una de las cuales es la narrada aquí), señala, le hicieron creer que vivimos fuera del tiempo. Borges añade que se siente muy agradecido de haberlas tenido, ya que muchas personas nunca tienen una, si bien hay otras para las cuales es muy común.

El académico William Rowlandson, experto en la obra de Borges, en su libro "Borges, Swedenborg and Mysticism", escribe que el vínculo entre Swedenborg (autor entrañable para el argentino) y Borges, tiene mucho que ver con la experiencia que Borges narra en su texto "Sentirse en muerte"

Aunque Borges escribió abundantemente sobre experiencias místicas en su obra, este es el único fragmento que directamente podemos vincular con una experiencia mística personal, lo cual es una joya, ya que está filtrada por la inteligencia luminosa del escritor.


Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches: fruslería demasiado evanescente y estática para que la llame aventura; demasiado irrazonable y sentimental para el pensamiento. Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya predicha por mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi yo. Paso a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar que la declararon.

Lo rememoro así. La tarde que prefiguró a esa noche, estuve en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia de la que después recorrí, ya me desfamiliarizó esa jornada. Su noche no tenía destino alguno; como era serena, salí a caminar y recordar después de comer. No quise determinarle rumbo a esa caminata: procuré una máxima latitud de probabilidades para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de una sola de ellas. Realicé en la mala medida de lo posible, eso que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio que el de soslayar las avenidas o calles anchas, las más oscuras intimaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre quiero siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a un tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mí esas calles penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. La marcha me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza, la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo más lindo. Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía sobre la ochava; los portoncitos —más altos que las líneas estiradas de las paredes— parecían obrados en la misma sustancia infinita de la noche. La vereda era escarpada sobre la calle; la calle era de barro elemental, barro de América no conquistado aún. Al fondo, el callejón, ya pampeano, se desmoronaba hacia el Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna, sino efundir luz íntima. No habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.

Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con  seguridad en voz alta: esto es lo mismo de hace veinte años... Conjeturé esa fecha: época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por él un cariño chico, de tamaño de pájaro; pero lo más seguro es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento Estoy en mil novecientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas palabras y se profundizó a realidad. Me sentí muerto, me sentí percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbuido de ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí, no, haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo; más bien me sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.

La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos —noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir francamente esa identidad, es una delusión: la indisolubilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, basta para desordenarlo.

Es evidente que el número de tales momentos humanos no es infinito. Los elementales —los de sufrimiento físico y goce físico, los de acercamiento del sueño, los de la audición de una sola música, los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales aun. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal. Pero ni siquiera tenemos la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede, pues, en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la insinuación posible de eternidad de que esa noche no me fue avara.