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Entre calcetines y una tarjeta prepagada de determinado establecimiento, ¿cuál es el peor regalo posible?

Regalar algo a alguien tiene cierto grado de complejidad. En cierto momento de la serie homónima, el Dr. House resume el dilema con maestría: “Los regalos nos permiten demostrar con exactitud cuan poco conocemos a una persona”.

Si bien ese puede ser una consideración radical animada por la ironía propia del personaje de la serie, esa dificultad que atribuimos a los regalos suele estar relacionada con dicho principio. Cuando decimos que no sabemos qué regalar en parte lo que decimos entre líneas es que no sabemos bien a bien qué le gusta a la persona a quien queremos hacer ese regalo. Y dado que se nos dice que un obsequio debe agradar al obsequiado, bueno, parece que nos encontramos en un laberinto sin salida: queremos complacer a quien no conocemos.

Darnos cuenta de esa contradicción podría hacernos desistir de querer regalar algo a quien no conocemos, pero lo cierto es que pocas veces damos marcha atrás y preferimos intentar y equivocarnos a quedarnos con la frustración de no haberlo hecho.

Tal valentía puede derivar, sin embargo, en el motivo del infográfico que compartimos a continuación: los peores regalos posibles, mismos que a su vez poseen su propio grado, pues aunque deplorable, una botella de licor se recibe con menos decepción que una tarjeta preparada para comprar en determinado establecimiento. 

El infográfico fue publicado por el sitio Co.Deisgn a partir de un estudio que la organización Consumer Reports elaboró en Estados Unidos sobre los peores regalos que alguien puede recibir en Navidad. Los datos, es cierto, están limitados por estas dos características, la demográfica y la temporal, pero sin duda podemos utilizarla para reflexionar sobre aquello que planeamos obsequiar a alguien. Por si acaso hiciera falta dudarlo aún más.

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Sobre cómo perder el control es parte del camino hacia la trascendencia

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/20/2017

Para la meditación y la filosofía zen, esta experiencia se convierte en un mecanismo psicológico cuyo fin es vivenciarse como seres interconectados en un cosmos interdependiente

Dejar el trabajo para lanzar un proyecto freelance, mudarse de país o ciudad, terminar una relación significativa, son eventos que nos pueden dejar al borde de lo desconocido sin saber hacia dónde dirigirnos. Puede que tengamos miedo de estar en un lugar peor de donde partimos o de no saber cómo enfrentarnos a los cambios; sin embargo, permitirse perder el control y sentir la experiencia de la inconstancia puede brindar sorpresas realmente gratificantes.

No obstante, ¿cómo aprender a soltar el control de lo seguro? Dejarse llevar por lo desconocido parecería irracional y una posible sentencia a muerte de la zona de control; pero en realidad, es una manera radical, intuitiva y empoderante que nos acerca hacia lo trascendental. A veces es necesario provocar que el ego, culturalmente condicionado a las demandas de la sociedad, salga de las opiniones externas y descubra su propia interdependencia al atreverse a hacer “lo prohibido” –aquello que la misma sociedad tilda de “locura” o “desperdicios”–. Y si ese es el camino que se decide tomar, el del obstáculo, eventualmente una oleada de euforia podrá usarse como una herramienta para disolver la barrera inconsciente entre el self y el cosmos.

Dentro de prácticas meditativas como las que podemos encontrar en el yoga clásico o el budismo tibetano, esta experiencia se convierte en un mecanismo psicológico cuyo fin es vivenciarse como seres interconectados en un cosmos interdependiente. Es decir, la experiencia eufórica es capaz de vaciar los conocimientos previos para dejarnos en un estado ininterrumpido de aprendizaje. Es como si la sensación de mesmerización en relación con el cosmos nos brindase las lecciones educativas necesarias para confiar en lo desconocido, y mediante ello se va apelando al mundo tal y como lo concebimos, somos capaces de abrir el tercer ojo, de desvanecer el ego en una unidad con el cosmos. Se trata, en otras palabras, de una expansión infinita de la zona de confort, en donde el mundo se convierte en el maestro y el objeto de estudio.

Esta pérdida consciente del control viene acompañada del proceso del desapego, permitiendo convertir las vulnerabilidades –como el miedo, la inseguridad, la ira– en los recursos más poderosos que poseemos. Pues, en términos psicoanalíticos, somos capaces de ejercer una formación reactiva: tomamos las emociones negativas y las transformamos en energía “positiva”, aquella que utilizamos para nuestros proyectos personales, ayudar a otros en necesidad, regularnos ante eventos complicados… Y asimismo, podemos darnos cuenta de que en la inmensidad del planeta y la vida, nunca acabaremos de aprender, evolucionar, crecer y sincronizarnos con el cosmos.

Una manera práctica de resonar en la pérdida consciente del control es mediante la meditación acompañada de posiciones orientadas a despertar la energía kundalini. El objetivo es activar la energía que, desde la raíz, pueda tanto restablecer la conexión y el balance con la naturaleza como disminuir la sensación de miedo y paranoia. Esta meditación se inicia enfocando la energía en la base de la espina mientras se conecta con la tierra; paso a paso, la relajación de los músculos pélvicos permite la expansión de la espina hacia el suelo como si fuese la raíz de un árbol. Así, el miedo podrá transformarse en coraje y fuerza para dar lugar a la experiencia de la euforia. Los siguientes videos serán una guía de este tipo de meditación: