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Entre calcetines y una tarjeta prepagada de determinado establecimiento, ¿cuál es el peor regalo posible?

Regalar algo a alguien tiene cierto grado de complejidad. En cierto momento de la serie homónima, el Dr. House resume el dilema con maestría: “Los regalos nos permiten demostrar con exactitud cuan poco conocemos a una persona”.

Si bien ese puede ser una consideración radical animada por la ironía propia del personaje de la serie, esa dificultad que atribuimos a los regalos suele estar relacionada con dicho principio. Cuando decimos que no sabemos qué regalar en parte lo que decimos entre líneas es que no sabemos bien a bien qué le gusta a la persona a quien queremos hacer ese regalo. Y dado que se nos dice que un obsequio debe agradar al obsequiado, bueno, parece que nos encontramos en un laberinto sin salida: queremos complacer a quien no conocemos.

Darnos cuenta de esa contradicción podría hacernos desistir de querer regalar algo a quien no conocemos, pero lo cierto es que pocas veces damos marcha atrás y preferimos intentar y equivocarnos a quedarnos con la frustración de no haberlo hecho.

Tal valentía puede derivar, sin embargo, en el motivo del infográfico que compartimos a continuación: los peores regalos posibles, mismos que a su vez poseen su propio grado, pues aunque deplorable, una botella de licor se recibe con menos decepción que una tarjeta preparada para comprar en determinado establecimiento. 

El infográfico fue publicado por el sitio Co.Deisgn a partir de un estudio que la organización Consumer Reports elaboró en Estados Unidos sobre los peores regalos que alguien puede recibir en Navidad. Los datos, es cierto, están limitados por estas dos características, la demográfica y la temporal, pero sin duda podemos utilizarla para reflexionar sobre aquello que planeamos obsequiar a alguien. Por si acaso hiciera falta dudarlo aún más.

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/20/2017

Este fenómeno es similar a cuando un individuo se encuentra bajo los efectos del alcohol; desgraciadamente “no hay manera médica de identificar a los conductores cansados en la carretera de la misma forma en que se detecta a los conductores ebrios”

Una mala racha de dormir mal puede resultar en fatiga, desatención, olvidos, accidentes, errores cotidianos, malhumor o actitudes agresivas… Incluso pueden sentirse ráfagas de frustración al intentar dormir un poco sin éxito alguno. De acuerdo con la revista Nature Medicine, estas reacciones ante la privación del descanso onírico suceden debido a la interrupción en la comunicación entre las neuronas, lo que provoca lapsos mentales temporales que afectan tanto a la memoria como a la percepción visual.

Para el autor principal de la investigación, Itzhak Fried, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la privación del sueño limita “la capacidad de las neuronas de funcionar correctamente”, lo cual explicaría la presencia de los “lapsos congestivos que padecemos después de una ‘mala noche’ y afecta nuestra forma de percibir y reaccionar ante el mundo que nos rodea”. En casos específicos, como en el de pacientes epilépticos, una mala noche puede influir en la presencia de crisis convulsivas.

La relación entre dormir mal y las crisis epilépticas permitió a los investigadores comprender la activación de casi mil 500 neuronas en tiempo real de cada uno de los 12 pacientes de la investigación. La mayor parte de la activación se encontró en la región del lóbulo temporal, la cual regula la percepción visual y la memoria. Curiosamente, conforme los individuos se encontraban cada vez más somnolientos, la activación de las neuronas disminuía de velocidad. Para Yval Nir, coautor de la Universidad de Tel Aviv, en Israel: “A diferencia de la reacción habitual, rápida, las neuronas respondían lentamente, se activaban más débilmente y sus transmisiones se prolongaban más de lo habitual”.

Como conclusión, Fried y Nir observaron que la falta de sueño interfiere en la capacidad de las neuronas tanto para codificar información como para traducirla en un pensamiento consciente y lógico. Utilizando el ejemplo de un conductor privado de sueño, los investigadores sugieren que “el acto de ver al peatón se ralentiza en el cerebro cansado del conductor. Su cerebro necesita una mayor cantidad de tiempo para registrar lo que está sucediendo”. Este fenómeno es similar a cuando un individuo se encuentra bajo los efectos del alcohol; desgraciadamente, “no hay manera médica de identificar a los conductores cansados en la carretera de la misma forma en que se detecta a los conductores ebrios”.

Para reducir las consecuencias de la privación de sueño, te compartimos algunos tips:

– Hacer ejercicio

La actividad física es una alternativa que aporta beneficios al sueño reparador, pues permite conseguir un sueño más rápido y profundo y reduce la frecuencia con la que te despiertas durante la noche.

– Utilizar la cama sólo para dormir o tener sexo

Actividades como ver la televisión, navegar en redes sociales, revisar el correo, jugar videojuegos, etc., se vuelven un distractor que disminuye, incluso a nivel neuronal, la capacidad de dormir profundo.

– Realizar una rutina de sueño

Para dormir bien se necesita organizar un horario, para que el sueño llegue a nuestro cuerpo y luego éste se despierte más fresco y descansado.

– Reducir el consumo de tabaco, café, alcohol y junk food horas antes de dormir

Cada uno de estos elementos altera el funcionamiento normal o saludable del cuerpo, incluyendo los procesos de sueño. Esto se debe a las sustancias químicas que contienen en sus compuestos, tales como nicotina, cafeína o glutamato monosódico, entre otros.

– Meditar en caso de no poder dormir

Si intentas, sin éxito, dormir en la cama, evita retomar el celular o la tablet –sus luces reducen la producción de melatonina, la hormona del sueño. En su lugar, realiza una meditación en cama, de manera que el cuerpo pueda relajarse y se pueda liberar la tensión o el estrés.