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En Italia hay tantas iglesias y tan pocos creyentes, que los edificios son ahora librerías, restaurantes y discotecas (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/10/2017

Luego de descubrir una iglesia en el norte de Italia convertida en taller automotriz, el fotógrafo Andrea Di Martino desarrolló esta serie que explora las transformaciones contemporáneas de dichos edificios sacros

Las sociedades cambian, inevitablemente, algunas más rápido que otras y en algunos aspectos con mayor contundencia que en otros. 

La religión mayoritaria de una sociedad suele ser una característica en la que se reflejan dichos cambios. En la historia de la humanidad, la religión ha tenido el doble papel de institución que reúne pero también que concentra y administra el poder. En Occidente, tal ha sido el caso del cristianismo (y su variante principal, el catolicismo), que a pocos años de haber surgido se convirtió en un acompañante habitual del poder político. Fue así como, desde tiempos del Imperio Romano hasta bien entrado el siglo XX, el catolicismo fue la religión predominante en Europa.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. En los países europeos la afiliación a una institución religiosa ha decrecido notoriamente. Según algunas estadísticas, cerca del 50% de la población europea dice creer en Dios, pero al mismo tiempo no se declaran pertenecientes a una comunidad religiosa.

En ese contexto, el fotorreportero Andrea Di Martino emprendió un proyecto a partir de un hallazgo con el que se topó en su país natal, Italia: iglesias, en su origen católico, que actualmente funcionan como restaurantes, oficinas o librerías, entre otros usos.

Di Martino tuvo su primer encuentro con este fenómeno en 2008, cuando un poco por casualidad se detuvo en la Iglesia de la Madonna della Neve à Côme, en Lombardía, y para su sorpresa vio el edificio sacro ocupado por botes de aceite, grasa y automóviles en reparación. Al investigar supo que El Vaticano había vendido el recinto en la década de 1950 y que, con el paso de los años, éste terminó convertido en taller automotriz.

Al profundizar en el asunto, los casos se multiplicaron. En toda Italia había iglesias que en los últimos 50 años habían pasado por un proceso similar de compraventa y transformación. Los lugares donde antes se rezaba y se ofrecían ceremonias religiosas, ahora tienen las más diversas funciones, todas ellas laicas: salas de cine, como la iglesia de  Santi Faustino e Giovita en Vicenza, al norte del país; pizzerías, como la iglesia de Redentore e di Tutti i Santi Viareggio, en Lucca; discoteca, como la de San Giuseppe della Paca en Milán.

La messa è finita, "La misa ha terminado", es el nombre que Di Martino dio a esta serie fotográfica que da cuenta de la crisis de la Iglesia Católica en Italia, que al perder feligreses ha perdido también ingresos económicos, por lo cual ha emprendido la venta de algunos de estos inmuebles.

El proyecto completo puede mirarse en el sitio del fotógrafo, en este enlace.

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Por: pijamasurf - 12/10/2017

En tan sólo 4 minutos, este cortometraje animado es capaz de detonar una reflexión poderosa sobre todos los recursos que invertimos en perseguir la idea de vivir felices

Con eficiencia y creatividad, el ilustrador Steve Cutts ha realizado este cortometraje animado que ahora presentamos, el cual, en tan sólo 4 minutos, es capaz de detonar una reflexión profunda sobre el estilo de vida que muchos de nosotros llevamos en función de un propósito tan ambiguo como, aparentemente, deseable: la felicidad.

El trabajo de animación, por otro lado, es impecable en todos sentidos, pues además de la técnica al mismo tiempo esmerada y en apariencia simple, el cortometraje está lleno de alusiones ingeniosas al mundo en que vivimos: ese laberinto infinito de obligaciones, expectativas y consumo imparable, la cultura pop y sus promesas de felicidad instantánea, en suma, el desenfreno de esta carrera frenética en la que parece que nos metimos voluntariamente porque creemos que al final encontraremos la felicidad.

¿Pero de verdad es así? ¿Y si la felicidad no existiera? ¿Y si quizá sea mejor, para nuestra propia vida, aceptar que la felicidad no existe y preguntarnos, en ese punto, qué hacer entonces con todo lo que invertimos en “buscarla”?

 

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