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Las letras de Beyoncé, Lady Gaga, Katy Perry, Justin Timberlake y demás no se caracterizan exactamente por su gran cultura o inteligencia

Andrew Powell-Morse del SeatSmart Blog estudió las letras de las canciones más populares de los últimos años, basándose en un índice de readability o análisis del lenguaje con el que se mide el nivel de lectura en las escuelas de Estados Unidos. Esto es, en otras palabras, la complejidad de un texto. Notablemente, muchas de las canciones más populares tienen un nivel de primero o segundo de primaria: niños de seis o siete años podrían comprenderlas sin problemas (las canciones de Beyoncé, por ejemplo, son comprensible paras niños de segundo grado y las de Kesha para alumnos de primero). Hay que decir que, estrictamente, lo que se mide es la riqueza o pobreza del vocabulario y no como tal inteligencia, pero Powell-Morse considera que existe una correlación entre el uso del lenguaje en su variabilidad con la inteligencia, si no de los autores, sí ciertamente del público que se expone a estas letras. Powell-Morse eligió canciones que habían pasado por lo menos tres semanas como número uno en los Billboard charts en los géneros de Pop, Country, Rock y Hip Hop. Este es el promedio de nivel escolar por canción en relación al sexo del artista.

Por género estos son los resultados, donde el Hip Hop tiene las letras más pobre lingüísticamente (para mala fortuna del Hip Hop no hay mucho reggeaton en inglés, así que se llevó el lugar más abyecto en el ranking).

 

Country: 3.3
Pop: 2.9 (empate)
Rock: 2.9 (empate)
R&B/Hip Hop: 2.6

Notablemente, el nivel de las letras ha bajado en los últimos años.

Entre los artistas con puntajes más bajos o canciones con letras más pobres, están Beyoncé, Lady Gaga y Kesha y Ozzie Osborne. Aquí toda una serie de jugosos datos. 

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Ante los desarrollos recientes en inteligencia artificial y robótica, Musk lanza una alerta

En las últimas semanas se anunciaron al menos dos desarrollos robóticos sumamente sorprendentes. 

Por un lado, a finales de octubre, se dio a conocer a “Sophia”, quizá el robot más antropomórfico construido hasta hoy que, además, llegó acompañado de una estrategia publicitaria de alto impacto: se trata también del primer robot en la historia en recibir la ciudadanía de un país, en su caso Arabia Saudita, cuyo gobierno lanzó de esta forma el anuncio de que se encuentra abierto a acoger empresas e iniciativas dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial. 

“Sophia” fue diseñada y construida por la compañía de origen hongkonés Hanson Robotics, en donde se le programó para sostener conversaciones con seres humanos. Sus programadores incorporaron desarrollos tecnológicos modernos como el reconocimiento facial y de voz, la búsqueda de nueva información y el aprendizaje sobre la marcha, pero al mismo tiempo puede considerarse una versión de su antecesora ELIZA, el legendario programa que fue uno de los primeros en pasar la prueba de Turing (conversar con un ser humano sin que éste se dé cuenta de que sostiene una plática con una máquina). En ese sentido, a pesar de todas las escenas sorprendentes que se han visto en medios, puede decirse que “Sophia” está diseñada para generar la ilusión de una conversación, y no tanto para conversar en sí, según lo entendemos los seres humanos.

Por otro lado, a mediados de noviembre, el laboratorio Boston Dynamics igualmente hizo públicas algunas escenas de su robot estrella, “Atlas”, realizando movimientos que “la mayoría de las personas no pueden hacer”, según se repitió en diversos medios, esto es, saltar del piso hacia una superficie elevada y, lo más notable, hacer un salto hacia atrás. 

Al ver tanto a “Sophia” como a “Atlas”, es un poco inevitable pensar en las varias películas de ciencia ficción construidas sobre la posibilidad distópica de la inteligencia artificial y los desarrollos robóticos. Por más optimismo o esperanza con que se presenten estas invenciones –se dice, por ejemplo, que “Sophia” podría asistir a personas mayores en casas de retiro, a los visitantes de un parque público, y que Atlas podría usarse en misiones de rescate–, lo cierto es que en la historia de la humanidad se encuentra evidencia suficiente para sospechar de esas buenas intenciones y, en ese sentido, no resulta complicado imaginar a “Sophia” y a “Atlas” en escenarios de guerra y violencia como los de la distopía Matrix, por ejemplo:

Elon Musk es una de las personas que comparten dicha suspicacia frente a la inteligencia artificial, e incluso más que una simple reticencia. De acuerdo con un reportaje publicado recientemente por la revista Rolling Stone, el también inventor y fundador de la compañía automotriz Tesla considera que existe sólo un 10% de probabilidades de desarrollar inteligencia artificial que sea segura para el ser humano. En el resto de escenarios, la inteligencia artificial representa un riesgo mayor para la supervivencia de nuestra civilización, según Musk.

Paradójicamente, Musk también es inversor en DeepMind, el ambicioso proyecto de investigación en inteligencia artificial de Google que cuenta con vastos recursos para sus investigaciones. Según se publica en Rolling Stone, Musk decidió invertir en el proyecto para “tener un ojo” en los desarrollos de Google. 

Según puede colegirse de sus proyectos y sus posiciones frente a ciertos fenómenos contemporáneos, Musk actúa bajo ciertas directrices filantrópicas y, a diferencia de muchos de sus colegas multimillonarios, se ha pronunciado en diversas ocasiones a favor del uso benéfico de la ciencia y la tecnología, en provecho de la humanidad y no en su contra. 

Él, por ejemplo, es una de las pocas personas que estando dentro del círculo de acción de los dueños y desarrolladores de empresas como Facebook, Google o Amazon, señala el inmenso poder que han acumulado estas corporaciones a través de la recolección de datos personales, mismo que hasta ahora se encuentra escasamente regulado y que quizá con el tiempo se vuelva incontrolable.

No es posible saber hasta dónde llegará el desarrollo de la inteligencia artificial o el uso de la información personal que concedemos con tan sólo pasar unos cuantos minutos en las redes sociales, pero quizá la alerta de Musk podría tomarse más en serio antes de que, como dijo en otra ocasión, veamos robots en las calles matando seres humanos.

 

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