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Christopher Nolan explica por qué sus películas sobre Batman sí tuvieron éxito

Arte

Por: pijamasurf - 12/05/2017

La trilogía del "Caballero Oscuro" de Christopher Nolan no tuvo el dinero o la publicidad que muchas superproducciones recientes, pero a cambio tuvo algo mucho más valioso que, a la postre, determinó su éxito con el público y la crítica

Las películas de superhéroes son un género cinematográfico con el que la mayoría estamos familiarizados y es posible, incluso, que para muchos haya sido la puerta de entrada al mundo del cine. 

Sin embargo, no menos cierto es que dichas películas han cambiado muchísimo en los últimos diez años en comparación con aquellas que se hicieron, por ejemplo, en la década de 1990. 

En años recientes y, sobre todo a partir de la puesta en marcha del llamado “Marvel Cinematic Universe”, las cintas de superhéroes suelen ser superproducciones millonarias que, a su vez, tienen como objetivo recaudar las mayores ganancias posibles, utilizando, entre otros recursos, una filmación entre sencilla pero impactante, digerible para el espectador común y al mismo tiempo cautivadora. Películas en las que la preponderancia del efecto desplazó mucho de lo que hace al cine único: la filmación, la edición, la música, etc.

Habrá quien piense que esa pretensión –hacer una película que sea también cinematográfica– es impensable para una superproducción hollywoodense de superhéroes, pero esto es sólo un prejuicio. Como argumento pueden tomarse las tres películas que realizó Christopher Nolan en torno a Batman, en las cuales incorporó muchísimos elementos de los cómics originales. Filmó tres cintas de enorme popularidad y también imprimió su propio sello como director y el conocimiento y amor que tiene por el cine. Quizá la trilogía del “Caballero Oscuro” de Nolan no es enteramente artística, pero tampoco es mero entretenimiento, y esa distancia entre uno y otro punto es, en su caso, una virtud.

Con motivo de la más reciente entrega de los premios que otorga la Academia Británica de Artes Cinematográfica y Televisivas (BAFTA, por sus siglas en inglés), Nolan se pronunció sobre las películas en torno a Batman que dirigió, explicando por qué, a diferencia de cintas contemporáneas como Suicide Squad (David Ayer, 2016) o Batman vs Superman: Dawn of Justice (Zack Snyder, 2016), las suyas fueron recibidas con gusto y éxito lo mismo por la audiencia que por la crítica especializada, aun cuando, por ejemplo, tuvieron menor presupuesto o un aparato publicitario un tanto más modesto. 

Y la razón que dio Nolan es, hasta cierto punto, muy simple. Dado que sus películas no formaban parte del DC Extended Universe, Nolan tuvo lo que se les ha negado a los directores de esas otras cintas: tiempo para filmar. Esto dijo Nolan:

Ese es un privilegio y un lujo que los cineastas ya no tienen permitido. Creo que esa fue la última ocasión en que alguien pudo decirle al estudio: “Tal vez haga otra [película], pero tomará cuatro años”. Hay mucha presión en las agendas de estreno para permitir que se haga eso ahora, aunque creativamente es una gran ventaja. Tuvimos el privilegio y la ventaja de desarrollarnos como personas y como contadores de historias y después volver a reunirnos”.

Quizá ahora no muchos lo recuerdan, pero entre Batman Begins y The Dark Knight Rises hay siete años de diferencia. En casi la mitad de ese tiempo, Warner Bros. Pictures ha estrenado cinco películas del DC Extended Universe. 

La explicación de Nolan puede ser un buen motivo de reflexión sobre esa sed, en apariencia insaciable, de los grandes estudios de producción y también del lugar que nosotros como espectadores ocupamos en ese juego.

 

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‘Yo, un negro’ (Jean Rouch, 1958): el cine entre arte e investigación

Arte

Por: Lalo Ortega - 12/05/2017

La obra del cineasta y antropólogo francés existe con un pie en la ficción, y otro en el documental

Cortesía de su influencia y éxito comercial inconmensurables, es fácil pensar que el destino del cine siempre fue la representación de lo que otras artes ya han manifestado antes. En su capacidad única de capturar la realidad mejor que otros medios de expresión, el cine del mainstream a menudo ha caído en la paradójica representación de lo que Hitchcock llegó a despreciar como “teatro filmado” (desdén que, por extensión, aplica a la literatura adaptada a la gran pantalla). ¿Cuál es, entonces, la esencia del cine como arte independiente?

Ya en 1955, el pintor, artista y cineasta experimental, Hans Richter, escribía que una de las posibilidades del medio para emanciparse yacía en volver de la ficción a la historia, y del estilo teatral al documental. Así, la naturaleza provee al cine de una materia prima propia que no es limitada por las tradiciones literarias preexistentes: su capacidad creadora es dada sólo por la cámara y la sala de edición. Jean Rouch, cineasta y antropólogo, exploró dichas posibilidades a lo largo del centenar de películas que constituyen su filmografía.

Pionero de técnicas como el jump cut y reverenciado como precursor de la Nueva ola de cine francés por sus integrantes, Rouch es, sobre todas las cosas, padre del cine de etnoficción. Junto con "Los amos locos" (Les Maîtres Fous, 1955), "Yo, un negro" (Moi, un noir, 1958) es una de las obras más conocidas del subgénero.

 

 

El filme muestra a un grupo de inmigrantes nigerianos que viven en Treichville, un barrio en la capital de Costa de Marfil, mientras buscan trabajo todas las mañanas. Al plantear Rouch, mediante voz en off al inicio, el proceso de su experimento, hace de "Yo, un negro" una obra que se inscribe dentro este nuevo tipo de cine.

Se trata de una improvisación, carente de un guión preexistente, en la que sus sujetos se interpretan a sí mismos con libertad de hacer y decir lo que quisieran, bajo seudónimos que mucho dicen sobre la influencia de la cultura occidental en la cosmovisión de la juventud africana de la época. Por limitaciones técnicas del registro sonoro, ésta no es una película con sonido directo: las narraciones y comentarios fueron grabadas después en París.

En el carácter imprevisible y caótico de su creación, el cine de Rouch se desprende de la antropología rígida para oscilar entre el arte y el método científico. Donde éste y el guión cinematográfico clásico se encargan de controlar el entorno y reducir las variables, la espontaneidad de los sujetos en "Yo, un negro" admite una experimentación del mundo más amplia y, de cierto modo, más real.

¿No es una contradicción que el antropólogo presente una realidad enmascarada a posteriori por la narración de sus propios sujetos? O, quizá a la inversa, Rouch propone ir más allá del registro objetivo de los hechos gracias a la capacidad intrínseca del cine de representar la subjetividad.

 

El Cine Tonalá y Le Cinéma IFAL son sedes del ciclo “Jean Rouch: una aventura cine-etnográfica” durante el mes de diciembre. Para conocer fechas y horarios del programa, consulta este enlace.

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios