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Estas actitudes sugieren que quien las muestra podría ser una persona poco ética

Sabemos que no hay negros ni blancos absolutos en las personas, aunque la balanza puede inclinarse hacia ciertos lados. Sobre la gente que tiende a ser inmoral, quienes sienten poca empatía por los otros y están dispuestos a pasar por sobre quien sea para conseguir sus propósitos, su inmoralidad puede entreverse con indicios que están ahí, latentes, en las cosas más insignificantes. Obvio no nos referimos a la moral como un credo dogmático, generalmente insensato e incluso caduco, sino a la poca ética que rige los actos de ciertas personas.

Estas son algunas señales que pueden ayudarte a descubrir si tú, u otros, tienden a ser inmorales. Una herramienta bastante útil en tiempos en los que pareciera que instituciones y, en general, el sistema, tienden a premiar conductas o filosofías que sin duda no están orientadas a buscar el bien común y el respeto hacia el otro –la calidad moral de muchos políticos, empresarios, doctores, etc., así lo sugiere–.

Generalmente se asocia a cualidades como el egoísmo, la ambición y la incapacidad de ponerse en los zapatos del otro, es decir de ejercer empatía, que son  algunos de los comunes denominadores de estas personas. Las anteriores se manifiestan en conductas como las que enlistamos a continuación, y que bien pueden servirte para evaluar a ciertas personas que seguramente te rodean, pero también para practicar la auto-evaluación: 

1. No escucha, interrumpe y solo habla de sí mismo: esto es un signo de poca empatía y egoísmo.

2. Trata bien sólo a las personas que le interesan. A otros, como los meseros, mal.

3. No se alegra de los éxitos de los demás.

4. Es irrespetuosa con la naturaleza.

5. Cree que sus objetivos son más importantes que los de los demás.

6. Miente continuamente con el fin de conseguir sus propósitos.

¿Somos ratas persiguiendo la felicidad? Este cortometraje te hará reflexionar al respecto (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/08/2017

En tan sólo 4 minutos, este cortometraje animado es capaz de detonar una reflexión poderosa sobre todos los recursos que invertimos en perseguir la idea de vivir felices

Con eficiencia y creatividad, el ilustrador Steve Cutts ha realizado este cortometraje animado que ahora presentamos, el cual, en tan sólo 4 minutos, es capaz de detonar una reflexión profunda sobre el estilo de vida que muchos de nosotros llevamos en función de un propósito tan ambiguo como, aparentemente, deseable: la felicidad.

El trabajo de animación, por otro lado, es impecable en todos sentidos, pues además de la técnica al mismo tiempo esmerada y en apariencia simple, el cortometraje está lleno de alusiones ingeniosas al mundo en que vivimos: ese laberinto infinito de obligaciones, expectativas y consumo imparable, la cultura pop y sus promesas de felicidad instantánea, en suma, el desenfreno de esta carrera frenética en la que parece que nos metimos voluntariamente porque creemos que al final encontraremos la felicidad.

¿Pero de verdad es así? ¿Y si la felicidad no existiera? ¿Y si quizá sea mejor, para nuestra propia vida, aceptar que la felicidad no existe y preguntarnos, en ese punto, qué hacer entonces con todo lo que invertimos en “buscarla”?

 

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