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Una simple prueba para determinar si eres capaz de sentir empatía (VIDEO)

AlterCultura

Por: Pijamasurf - 11/10/2017

La empatía es una de las cualidades que más nos humanizan... ¿la tienes?

La empatía es una de las cualidades que más nos humanizan. La cantidad de variables y aspectos involucrados en ese aparentemente sencillo acto o sentimiento son probablemente inconmensurables. Recordemos que la empatía es la capacidad de sentir lo que el otro está sintiendo, es decir, mucho más allá de experimentar compasión, de comprenderlo, es ponerte en el lugar del otro al grado de literalmente sentir lo que el otro está sintiendo. 

A continuación te compartimos un video que incluye un simple test; está en inglés, pero abajo incluimos una explicación del ejercicio:

 

Básicamente, a lo que está apelando esta práctica es a una prueba casi fisiológica de empatía. Al observar a gente bostezando y experimentando un notable cansancio físico, no sólo tendrías que reaccionar con un bostezo (lo que a muchos nos ocurre); tal vez incluso debieras sentir, al menos fugazmente, algo de cansancio tú mismo. La prueba está diseñada para incitar tu capacidad psicológica de transferirte a lo que alguien más, en este caso un grupo de desconocidos, está viviendo. 

Si no bostezas o experimentas algo de cansancio, es probable que tu músculo de la empatía esté algo atrofiado. Sin embargo, diversos estudios señalan que esta es una cualidad que por fortuna puede ejercitarse hasta hacerla florecer. Y aprovechamos para compartirte en este enlace una serie de pasos que Roman Krznaric, ex profesor de sociología y política en la Universidad de Cambridge y actualmente asesor en cuestiones de empatía para Oxfam y para Naciones Unidas, sugiere para estimular tu capacidad empática. 

Este científico enseña a hacer tus propios medicamentos (y minar así el poder de las farmacéuticas)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/10/2017

¿La salud es un derecho o una mercancía? El proyecto del científico Michael Laufer nos entrega una posible respuesta

En nuestras sociedades, el conocimiento y la autoridad son nociones con una relación más íntima de la que solemos atribuirles. Casi todo lo que implica la generación y manejo del conocimiento no goza de libertad absoluta sino, más bien, suele estar administrado por una autoridad: el maestro, el autor, el médico, etcétera.

En el terreno de la salud este monopolio del conocimiento es particularmente sensible porque, desde una perspectiva humanista, podríamos considerar que la salud es una condición a la que toda persona debiera tener derecho, irrestrictamente. Pero no es así. En combinación con el sistema económico en que vivimos, la salud se ha convertido en una mercancía más, cuyo acceso y calidad están en relación directa con el poder adquisitivo de una persona. Quien puede pagar más, goza de mejores condiciones de salud.

Michael Laufer es doctor en matemáticas, especialista en física de partículas y, además de esto, dirige el proyecto “Four Thieves Vinnegar” (algo que podría traducirse como “Vinagre Cuatro Ladrones”, que tiene como singular propósito enseñar a la gente a hacer sus propios medicamentos, de manera sencilla y poco costosa.

“Espero que la gente retome el control de su propia salud”, dijo Laufer hace un tiempo sobre esta idea que, sin duda, a muchos les puede parecer polémica e incluso arriesgada.

Sin embargo, la justificación del científico merece ser tomada en cuenta: ante medidas cada vez más restrictivas para la circulación de medicamentos, el aumento en los precios de éstos y, sobre todo, el poder oligopólico de la industria farmacéutica, ¿no es posible implementar otras alternativas de acceso a ciertos medicamentos y, por ende, de acceso a la salud?

Entre los tutoriales que Laufer y sus compañeros han desarrollado se encuentra uno para fabricar un reactor de laboratorio con el que es posible sintetizar medicamentos, pequeño y de bajo costo; otro para armar un inyector de epinefrina con cerca de 30 dólares (cuando el costo comercial de este instrumento ronda los 300 dólares) y, al respecto de medicamentos puntuales, en una presentación pública, el científico utilizó un modelo del reactor mencionado para sintetizar pirimetamina, que se usa para tratar infecciones por protozoarios, como la malaria o la toxoplasmosis.

Como decíamos antes, es posible que un proyecto parezca no estar exento de peligro. Se podrá decir que una persona puede arriesgar su salud al intentar hacer sus propias medicinas, o que esta información puede usarse con fines ilícitos. No obstante, desde otra perspectiva, quizá ese sea el fundamento del problema que parece tener la iniciativa: creer que no somos suficientemente responsables como para manejar conocimiento de este tipo, hace que confiemos tan ciegamente en las autoridades.