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Resultados de censo en el festival Burning Man sugieren que se ha convertido en un evento elitista

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/06/2017

Resultados del censo en Burning Man muestran que la mayoría de los asistentes son hombres blancos, educados y con altos ingresos, que se consideran espirituales pero no religiosos

El festival Burning Man, que en tiempos recientes ha generado gran atracción mediática, tiene entre sus principios básicos ser "radicalmente incluyente". Sin embargo, un censo realizado en la ciudad efímera que se forma en el desierto de Nevada, Black Rock City, muestra que los asistentes a este festival tienen una demografía similar al estado de Massachusetts, uno de los estados más ricos, blancos y educados de Estados Unidos.   

En años recientes el festival se ha vuelto enormemente popular entre multimillonarios de Silicon Valley y jóvenes jetsetters, lo cual ha generado ciertas críticas, sugiriendo que el festival ha perdido su espíritu contracultural y se ha convertido en una experiencia elitista (muchos de los asistentes viajan con chefs, masajistas, sirvientes y demás). Para unas 70 mil personas, cada año este festival es una especie de rito de iniciación, fiesta, arte, autoexpresión, autosustentabilidad, drogas y experiencias transformadoras. Actualmente, se ha convertido también en parte esencial de la cultura de Silicon Valley.

Del censo realizado por investigadores en Black Rock City se puede decir que el "burner" promedio es un hombre blanco, con educación universitaria, con ingresos de casi 100 mil dólares al año, que se considera espiritual pero no religioso. Casi el 80% de los asistentes son blancos y sólo el 1.1% negros, algo que claramente no refleja la realidad demográfica de Estados Unidos.

Algunos resultados de los años anteriores agrupados:

Con información de Quartz

Checa el censo completo del 2013 al 2016

Este científico enseña a hacer tus propios medicamentos (y minar así el poder de las farmacéuticas)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/06/2017

¿La salud es un derecho o una mercancía? El proyecto del científico Michael Laufer nos entrega una posible respuesta

En nuestras sociedades, el conocimiento y la autoridad son nociones con una relación más íntima de la que solemos atribuirles. Casi todo lo que implica la generación y manejo del conocimiento no goza de libertad absoluta sino, más bien, suele estar administrado por una autoridad: el maestro, el autor, el médico, etcétera.

En el terreno de la salud este monopolio del conocimiento es particularmente sensible porque, desde una perspectiva humanista, podríamos considerar que la salud es una condición a la que toda persona debiera tener derecho, irrestrictamente. Pero no es así. En combinación con el sistema económico en que vivimos, la salud se ha convertido en una mercancía más, cuyo acceso y calidad están en relación directa con el poder adquisitivo de una persona. Quien puede pagar más, goza de mejores condiciones de salud.

Michael Laufer es doctor en matemáticas, especialista en física de partículas y, además de esto, dirige el proyecto “Four Thieves Vinnegar” (algo que podría traducirse como “Vinagre Cuatro Ladrones”, que tiene como singular propósito enseñar a la gente a hacer sus propios medicamentos, de manera sencilla y poco costosa.

“Espero que la gente retome el control de su propia salud”, dijo Laufer hace un tiempo sobre esta idea que, sin duda, a muchos les puede parecer polémica e incluso arriesgada.

Sin embargo, la justificación del científico merece ser tomada en cuenta: ante medidas cada vez más restrictivas para la circulación de medicamentos, el aumento en los precios de éstos y, sobre todo, el poder oligopólico de la industria farmacéutica, ¿no es posible implementar otras alternativas de acceso a ciertos medicamentos y, por ende, de acceso a la salud?

Entre los tutoriales que Laufer y sus compañeros han desarrollado se encuentra uno para fabricar un reactor de laboratorio con el que es posible sintetizar medicamentos, pequeño y de bajo costo; otro para armar un inyector de epinefrina con cerca de 30 dólares (cuando el costo comercial de este instrumento ronda los 300 dólares) y, al respecto de medicamentos puntuales, en una presentación pública, el científico utilizó un modelo del reactor mencionado para sintetizar pirimetamina, que se usa para tratar infecciones por protozoarios, como la malaria o la toxoplasmosis.

Como decíamos antes, es posible que un proyecto parezca no estar exento de peligro. Se podrá decir que una persona puede arriesgar su salud al intentar hacer sus propias medicinas, o que esta información puede usarse con fines ilícitos. No obstante, desde otra perspectiva, quizá ese sea el fundamento del problema que parece tener la iniciativa: creer que no somos suficientemente responsables como para manejar conocimiento de este tipo, hace que confiemos tan ciegamente en las autoridades.