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Las 17 reglas de Tolstói para una buena vida (incluyendo despertarse a las 5am y limitar visitas a burdeles)

Filosofía

Por: pijamasurf - 11/04/2017

Como pocos, Tolstói significa grandeza. A los 18 años de edad se planteó seguir estas reglas

Cuando uno piensa en personajes de envergadura, hombres magnánimos y geniales, uno de los primeros que vienen a la mente es el conde León Tolstói. Este pensador ruso no sólo fue autor de dos de las novelas más populares en la historia de la literatura, sino que aportó innovadoras ideas a la política, a la religión y a la ecología (habiendo influido en Gandhi y en Luther King, entre otros) y en general llevó una vida única, llena de pasión y acontecimientos. A los 25 años, en 1853, Tolstói ya había escrito: "No he conocido a ningún hombre moralmente tan bueno como yo, o tan dispuesto a sacrificar todo por un ideal como yo". La voluntad y la prolijidad de Tolstói sin duda fueron enormes aunque, al parecer, no tanto su modestia. El prodigio que es Tolstói se diseñó a sí mismo. A los 18 años enunció una serie de reglas que había de seguir hacia la cima de la existencia:

-Despertarse a las 5am.

-Dormirse no más tarde de las 10pm.

-2 horas permisibles para dormir en el día.

-Comer moderadamente.

-Evitar alimentos dulces.

-Caminar 1 hora diario.

-Visitar un burdel sólo dos veces al mes.

-Amar a quienes les puedo servir de algo.

-No tomar en cuenta ninguna opinión pública no basada en la razón.

-Sólo hacer una cosa a la vez.

-No permitir vuelos de la imaginación, a menos de que sean necesarios.

A esta serie de reglas, Tolstói luego añadiría otras que pueden considerarse una refinación de sus ideas. Es de notar que hoy en día su regla de limitar la ida a un burdel a sólo dos veces al mes nos podría parecer escandalosa o al menos no algo que asociaríamos con un hombre de genio, pero sin duda debemos notar que los tiempos eran otros. Por otro lado, es notable que Tolstói, a tierna edad, había identificado el problema de lo que hoy llamamos el multitasking y la fragmentación de la atención. El escritor añadió estos preceptos más tarde:

-No mostrar emoción.

-Dejar de darle importancia a la opinión que tienen los demás de mí.

-Hacer cosas buenas inconspicuamente.

-Alejarse de las mujeres.

-Suprimir la lujuria trabajando duro.

-Ayudar a aquellos menos afortunados.

Al parecer, con la edad Tolstói cambió su idea de ir dos veces al mes al burdel, a simplemente alejarse de las mujeres (presumiblemente, de las mujeres de un burdel, ya que el conde se casó a los 34 años y tuvo 13 hijos, en lo que, según las anécdotas, fue un matrimonio con ciertas turbulencia pero mayormente feliz). Lo más señero de todo esto, sin embargo, es la gran preocupación que tuvo el escritor por buscar hacer el bien y hacerlo sin perseguir la gratificación y la recompensa de los demás. 

 

Con información de Open Culture

¿Hay vida después de la muerte? Quizá esta sea la respuesta a la enigmática pregunta

Filosofía

Por: PijamaSurf - 11/04/2017

Unos consideran que la experiencia de la vida es única e irrepetible; otros, que se trata de un ciclo del renacimiento (samsara) mediante la liberación y la trascendencia (moksha)

¿Hay vida después de la muerte? Unos consideran que la experiencia de la vida es única e irrepetible; otros, que se trata de un ciclo del renacimiento (samsara) mediante la liberación y la trascendencia (moksha). La realidad es que la respuesta depende del contexto sociocultural, variando según las premisas religiosas.

Por lo general, la cosmogonía en torno a la vida después de la muerte se divide en dos escuelas principales que hemos mencionado con anterioridad: aquella que cree que se vive sólo una vez y aquella que cree en múltiples vidas. De ellas surgen diferentes corrientes:

I. Sólo existe una vida:

A. La muerte es el fin y no hay nada más después de la vida.

B. Después de la muerte hay un espacio para la eternidad.

C. Después de la muerte está el cielo o el infierno, y se podrá descansar en uno o sufrir en el otro.

II. Existen reencarnaciones y varias vidas:

Esta escuela cree que el ser humano se dirige de la Tierra de los muertos –pitr-loka– a la Tierra de la vida –bhu-loka–. Para llegar al segundo sitio es importante aprender la lección más importante: liberar la necesidad de un cuerpo. Durante ese aprendizaje, uno puede ser castigado por sus crímenes en el infierno –naraka-loka– antes de renacer en un nuevo cuerpo, o disfrutar del cielo –swarga-loka– hasta que sea el tiempo adecuado de regresar a la tierra.

Si bien el renacimiento y la remuerte –punar-mrityu– son inevitables en civilizaciones como los antiguos egipcios y antiguos chinos (antes de la introducción del budismo), el hinduismo relata la importancia del concepto de la inmortalidad –amrita–. Para ellos, los devas, que viven en el cielo, y los asuras, que viven debajo de la muerte, los pájaros –garuda– y las serpientes –naga– están en constante lucha por el néctar de la inmortalidad. Es decir, los asuras usan Sanjivani Vidya para revivir a los muertos; las serpientes, un naga-mani o una joya en forma de serpiente para traer a la vida al cuerpo inerte; entre otras historias. Además existen tanto una tierra de paz para los ancestros y dioses –swarga– como una tierra dolorosa debajo de los tres cielos –naraka–. Son a estos seres a quienes se les rinde homenaje a través de alimentos y rezos.

En esta segunda escuela se cree que el cuerpo humano, después de que muere, regresa a la naturaleza: los ojos se convierten en sol; la respiración, en viento. Para que esto suceda, de acuerdo con los practicantes védicos, es importante contemplar la teoría del karma, la inmortalidad, la unidad del self individual–atma, jiva-atma– con el self cósmico –brahman, param-atma– a través de la meditación –dhyana–, austeridad –tapasya– y ejercicio físico, mental y social –yoga–.

Es decir, si se cumplen estos deberes –dharmas– se puede regresar al mundo de otra manera o se puede escapar hacia otro mundo. Por ello, los rituales hindúes son una combinación entre el fuego –para escapar– y el agua –para renacer–. De hecho, muchas comunidades eligen la primera opción, mientras que otras alimentan a sus ancestros en rituales llamados shradh como una promesa de renacimiento. En ese ritual hay un enfoque primordial en el vínculo entre la comida, la carne –piel– y el deseo de regresar a la Tierra de la vida teniendo una piel y alimentos para aprender la lección hacia lo divino.