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Espíritus japoneses que residen en el baño: peculiares y pavorosos espectros

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 11/27/2017

En su libro 'The Book of Yôkai: Mysterious Creatures of Japanese Folklore', Michael Dylan explica cómo "el baño es un espacio liminal en donde existe una conexión entre lo normal y un reino totalmente diferente, como si fuese una alcantarilla"

Como cualquier leyenda urbana de las escuelas, la presencia de fantasmas que recorren los pasillos y los baños de las niñas es inevitable en los juegos infantiles. Sin embargo, en Japón, los fantasmas forman parte del folclor y la cultura típica de la región. En especial los fantasmas relacionados con los baños.

En su libro The Book of Yôkai: Mysterious Creatures of Japanese Folklore, Michael Dylan explica cómo "el baño es un espacio algo inusual en un hogar o escuela o en cualquier sitio [...] un espacio liminal en donde existe una conexión entre lo normal, el mundo de la cotidianidad y un reino totalmente diferente, como si fuese una alcantarilla". Un ejemplo de estos fantasmas o espíritus japoneses asociados directamente con los baños es Toire no Hanako-san o Hanako del baño.

Como todas las leyendas urbanas de fantasmas, los detalles del origen de Hanako varía según las zonas en que se alcanza a ver. Hay quienes dicen que de trata del espíritu de una joven que murió en la segunda guerra mundial y ahora se encarga de cazar en los baños. Lleva un antiguo uniforme rojo y un corte de cabello estilo bob, y puede ser invocada yendo al baño del tercer piso, tocando tres veces en la tercera puerta y diciendo: "¿Estás ahí Hanako-san?" Ella podrá responder "Sí, aquí estoy", y una mano aparecerá. Y si en ese momento alguien más entrara al baño, todos podrían ser devorados por un cocodrilo de tres cabezas.

Hanako se ha convertido incluso en una estrella tanto de la televisión como de series de anime, y desde la década de los 90 formó parte de la cultura popular que se transmite desde el folclor. Otro ejemplo es Kashima Reiko, otro espíritu de una joven que asusta en los baños de Japón. Es considerada otra leyenda urbana, en la que se cuenta cómo Reiko murió al perder las piernas en un accidente de tren y ahora recorre los baños preguntando a sus visitantes: "¿En dónde están mis piernas?". Se dice que la respuesta correcta es "En el tren Meishin" para evitar una muerte rotunda, o de lo contrario ella te arrancará las piernas.

Esta última leyenda urbana es una variación de otra historia de terror japonesa conocida como Teke-Teke, la cual también cuenta la historia de una joven que un tren cortó a la mitad. En esta versión se dice que el fantasma aparecerá durante el primer mes en que se conoce su historia. De hecho, para Foster, existe una similitud entre esta leyenda urbana y la historia de El aro, en donde el aspecto liminal resulta en los objetos cotidianos que conectan a ese otro mundo de los espíritus. Esta situación es, de hecho, característica del folclor trágico japonés. Un último ejemplo es el de Aka Manto, o Capucha roja.

También se le conoce como Aoi Manto, que quiere decir Capucha azul, o Akai-Kami-Aoi-Kami -Papel rojo, papel azul-. Este espíritu moderno se presenta con una capa y una máscara que oculta un rostro embellecedor. Se dice que, normalmente, aparece al final del pasillo del baño preguntando a su interlocutor si prefiere la capa roja o la capa azul. En caso de que la persona responda "capa roja", el espíritu la desollará; y sí responde "capa azul", el espíritu la asfixiará. La única manera de escapar de Aka Manto es rechazar su oferta por completo. Sin embargo, para Foster, estos personajes sanguinariamente asesinados no son los únicos espíritus relacionados con los baños. También están los entes mitológicos cuyos lugares favoritos resultan los baños hogareños. Entre ellos se encuentra Kappa, una criatura que generalmente acosa a las mujeres cuando éstas se hallan cerca del agua. Así como Akaname, un espíritu goblinesco que posee una protuberante lengua con la que se come la suciedad de las tinas de baño y se siente atraído por los movimientos intestinales.

Los espíritus japoneses que residen en los baños son seres que nos recuerdan la vulnerabilidad de la desnudez en sitios para la higiene personal. Por ello, según la costumbre del lugar, el baño es solo un sitio en el que no se debería pertenecer más tiempo del necesario...

La intuición es la facultad cognitiva más alta del ser humano y existen métodos para cultivarla

La intuición es la función más alta de la inteligencia, según ha sido definida por Platón y el Buda. Un modo de conocimiento penetrante que permite trascender la inferencia lógica y la percepción sensorial.

En el caso de la filosofía platónica, el término que traduce como intuición es "noesis", el cual opone a "dianoia", el término usado para el pensamiento lógico matemático o discursivo. Es la intuición la que permite conocer directamente las ideas, que en la filosofía platónica son las verdades que están más allá del mundo cambiante material -el cual es una sombra o reflejo de  ideas. La noesis es una facultad del alma que la lleva a la similitud con lo divino -lo cual es la meta de la filosofía platónica.

En el budismo, según señala el maestro budista Alan Wallace, lo más cercano a nuestra palabra intuición es "jñāna" en sánscrito y "ye-she" en tibetano, estas palabras pueden traducirse como gnosis o sabiduría, pero tienen -especialmente ye (originario), she sabiduría- la connotación de una sabiduría o conciencia primordial. Jñāna en el budismo mayahana es también la décima perfección (paramita), es decir el último catalizador de la iluminación o trascendencia del sufrimiento.

Wallace señala que la intuición, como es entendida en esta tradición, es un modo de conocimiento primordial que siempre está ahí, esperando a ser descubierto como el Sol entre las nubes -y es especialmente lo que se desvela en sistemas de meditación avanzados como el mahamudra y el dzogchen. Y habría que agregar que también es lo que se alcanza en el vipasyana, la técnica de meditación que permitió al Buda alcanzar la iluminación -de la mano del samadhi. Vipasyana, significa literalmente "ver intensamente" (el prefijo vi es un énfasis y pasyana es una declinación de "ver"), pero que podemos traducir como visión interna o visión clara (en inglés usaríamos insight). Lo interesante de esto es que la práctica del vipasyana no necesariamente está asociada con lo que pensamos en Occidente superficialmente que es la intuición -una especie de conjetura emocional, presentimiento, hunch-; la práctica de vipashyana requiere de un profundo análisis y desarrollo cognitivo.

Como señala Alan Wallace, Aristóteles distinguió entre las emociones y la razón -pero no hay esta distinción en el budismo, "cada vez que se habla de la mente se debe pensar corazón-mente. Esta es la esencia también del bodhicitta o espíritu del despertar, el cual es al mismo tiempo inteligencia y compasión, "la separación de corazón y mente es artificial", dice Wallace. Esta misma unión entre el corazón y mente es reflejada en el taoísmo y en la medicina china tradicional donde se usa el mismo término para mente y corazón (xin) y se considera que, de hecho, es el corazón quien lleva la función ejecutiva de una persona. 

Esto nos hace reflexionar que la intuición no existe necesariamente en oposición a la razón, no es que desarrollar la razón sea abandonar la facultad intuitiva. Al contrario, como Platón nos diría, la intuición se alimenta y necesita de la razón. Si bien luego la intuición trasciende por mucho a la razón y se aventura a zonas donde la razón ya no comprende. Igualmente es una completa fantasía epistemológica la noción de que la razón es masculina y la intuición es femenina (evidentemente no es ni una ni la otra). Si acaso las mujeres desarrollan más la intuición, esto no tendría que ver con la cualidad femenina de la intuición, sino con procesos de sensibilización hacia mecanismos de conocimiento que no están centrados solamente en el cerebro, los cuales pueden obviamente fomentarse cuando una persona no bloquea sus emociones -culturalmente los hombres han sido educados a no mostrar, y por lo mismo no atender, sus emociones, ni tampoco atender al dolor de su cuerpo, lo cual podrá atrofiar una sensibilidad más holística o lo que podemos llamar "pensar con el corazón". Asimismo, hay que señalar que, siguiendo lo que hemos expuesto aquí en base a la tradición platónica y budista, mucho de lo que normalmente llamamos intuición no lo es, es solamente instinto, conjetura, adivinanza, superstición y proyección. La intuición es un conocimiento que podemos describir como una resonancia con el objeto mismo que conocemos o con la inteligencia universal en la cual participamos. Es un conocimiento de la realidad tal como es, no una aproximación. 

De aquí entonces que tal vez el nombre de este artículo debería de ser más bien cómo desarrollar o cómo saber qué es la intuición, ya que la intuición que es realmente intuición está más allá de toda duda: uno puede confiar en ella siempre porque es la inteligencia pura y primordial. Intuir es percibir con la luz del universo. Sin embargo, si es importante confiar en que existe esta intuición, esta inteligencia primordial, de otra manera difícilmente podremos perfilarnos en un camino hacia ella. Para responder a esto -a cómo desarrollar la intuición- podemos apoyarnos en el budismo, donde particularmente se entrena la mente para desarrollar funciones más elevadas de conocimiento -aunque estas son más un des-cubrimiento o des-velo de la propia naturaleza que se ve oscurecida por los hábitos inmemoriales de la mente. Como explica Alan Wallace, la técnica fundamental para refinar la mente que tienen las tradiciones contemplativas de India es el samadhi, la concentración y pacificación de la atención que, como han descubierto cientos miles de meditadores por milenios, al concentrar y pacificar también purifica o va eliminando las aflicciones y contaminantes (kleshas, en sánscrito) que en este caso podemos decir ocultan u oscurecen la facultad intuitiva original. La meditación, el samadhi, según la tradición budista, hace primero que nos relajemos o calmemos, esto a su vez no da estabilidad -como la estabilidad necesaria para apuntar un telescopio al cielo para observar un fenómeno estelar- lo cual se traduce en claridad o viveza. Relajación: estabilidad: claridad. La claridad, la alta resolución de la mente, nos permite no sólo ver las cosas como son sino acceder a la naturaleza misma de la conciencia -que es descrita fundamentalmente como luminosidad- y por lo tanto resonar con la conciencia primordial que es omnisciente. No sólo en el budismo, sino también en el hinduismo, todo los poderes o logros mentales (siddhis) -que en Occidente llamamos psíquicos, extrasensoriales o paranormales- son fruto de la inmovilidad de la mente, de la atención sostenida, la cual se describe como produciendo una especie de fuego o calor (tapas, en sánscrito).

Para concluir resta decir que la intuición es paradójicamente la naturaleza más básica de conciencia y a la vez el culmen del entrenamiento de la mente -aquello que hace que trascendamos la mente y la disolvamos en la conciencia pura. Así entonces la intuición es algo que se cultiva fundamentalmente a través de la meditación, pero no sólo de las llamadas técnicas del mindfulness, sino necesariamente también del cultivo de la sabiduría, del análisis y el discernimiento. Incluso de la moralidad y la virtud, como muestra el esquema de los tres pilares que constituyen el óctuple noble sendero del Buda que lleva al despertar: sin shila (disciplina, moralidad), sin actuar bien y no generar karma negativo que luego nos persiga no podremos conseguir la paz suficiente para profundizar en el samadhi; sin el samadhi no podremos conseguir la inteligencia o discernimiento (prajna) que nos permite conocer y entrar en consonancia con la realidad. Evidentemente la intuición no es algo que dependa siempre de una práctica específica o de niveles dentro de un sendero espiritual. Pueden haber flashes de intuición, pero estos son seguramente fruto del buen karma y difícilmente logran estabilizarse y convertirse en una base cognitiva si no son cultivados -y cultivar la función más alta de la mente requiere cultivar todas las otras. El mismo Buda alcanzó de manera espontánea en su adolescencia el primer jñāna, una dimensión más sutil de la realidad, seguramente en una especie de flashback de vidas previas. Pero viviendo en el palacio de placer de su padre olvido esto y luego tuvo que aprender técnicas ascéticas para reingresar a los jñānas y finalmente despertar bajo el árbol bodhi, en ese eterno instante que, queremos pensar, resuena aún hoy a través del tiempo cuando alguien medita y tiene una intuición de la verdad.

Twitter del autor: @alepholo