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‘Enseñanza Pachacutec’: un documental que profundiza en la investigación de José Luis Parise, el psicoanalista argentino que develó el método de la magia (PARTE II)

AlterCultura

Por: Ibrah Gebrail - 11/26/2017

Segunda parte de nuestra entrevista exclusiva a Ernesto Damián Chiapella, director del documental ‘Enseñanza Pachacutec’. Ahora hablamos brevemente acerca del cambio de era ocurrido en el 2012 y el plasma proveniente del Sol, así como de la energía sexual y el poder de la palabra como herramientas mágicas, todo esto basado en una enseñanza atemporal y metodizada en la actualidad por la integración psicoanálisis–ocultismo

Lee aquí la primera parte de esta entrevista

¿Podrías hablarnos un poco acerca de eso que en el documental es llamado la “era del plasma”? O sea, la relación entre el año 2012 y el estado cero de la realidad

De verdad agradezco tu interés, si esta entrevista iba bien tenía que desembocar aquí. Yo sé que Pijama Surf hace un trabajo admirable transmitiendo temas como estos, que no son abordados por los medios “oficiales”. Esta es justo la pregunta exacta, para responderla hay que entender que las culturas iniciáticas de las que hablamos antes entre sus profecías principales tienen citado al gran cambio de era del 2012; mucha gente realmente no entendió de que se trató esta fecha, mientras que otros soberbiamente incluso piensan que culturas como la maya se equivocaron. Quiero enfatizar que esta cultura nunca habló de un fin del mundo, ellos hablaron de un cambio de era a partir de ese momento, lo cual es muy diferente. Lo que ellos explicaron era una conexión entre Hunab Ku (el sol central de las pléyades) y Kinich Ahau (el sol de nuestra galaxia), desde el 2012 el centro de la galaxia está de cara a nuestro sol, la energía transmitida desde estos soles y que eventualmente llega a nuestro planeta es conocida con el nombre científico de plasma, y puede ser entendida como la sustancia cero a partir de la cual se genera la realidad.

 Antes de ser gas, liquido o sólido, todo lo que existe materialmente fue plasma. Por lo tanto podemos decir que cuando no hay abundancia de plasma es muy difícil generar realidad –literalmente-. Ahora, lo que vemos cada vez más desde el año 2012, es una cantidad mucho mayor de explosiones solares; es gracias a estas explosiones que nos llega plasma. ¿Cuál es el problema con todo esto? Pues que cuando nosotros no tenemos conciencia de este elemento y al no considerar nuestro propio poder creador (la influencia del psiquismo sobre la realidad), el mismo plasma lamentablemente sólo amplifica los problemas no resueltos en cada persona (fallas producidas por automatismos y condicionamientos inconscientes) mientras que a una escala mayor, el plasma además replica ese mismo caos interno a nivel humanidad.

También es importante entender que la llegada de este plasma no ocurría a esta velocidad en otros períodos históricos; para los magos de las edades antiguas la aplicación de la magia les era notablemente más difícil debido a la escasez de esta “materia prima”, ellos tenían que ir a buscar plasma a lugares sagrados (ubicados frecuentemente en ciertas montañas); históricamente esta sustancia recibió nombres tales como praná, éter, maná o qi y era algo extremadamente valorado por los iniciados de todos los tiempos. Para que el mago pueda conectar con el plasma, utiliza la palabra. La palabra tiene la cualidad de programar y dirigir al plasma; por ello el mago necesita tener una ética impecable en lo que dice, en caso contrario es el inconsciente quien controla la palabra y por tanto genera una realidad adversa a lo que nuestra conciencia desea. Quiero aclarar que esa ética en el cumplimiento de la palabra desarrollada a lo largo de los primeros pasos del método de la magia evita que esto pueda emplearse en un contexto de “magia negra” o cuestiones similares; hablamos de un viaje que va de lo interno a lo externo, no de querer influir egoístamente sobre lo externo. Como ves, esto entonces filtra a las personas no compatibles con esta enseñanza, dado que no toda la gente está acostumbrada a cumplir su palabra y a que su realidad se plasme a partir de un trabajo interno.

Por ejemplo, hace poco tiempo, José Luis Parise nos explicó cómo los simulacros no hicieron más que amplificar la potencia y la frecuencia de los terremotos en México. La iniciación mágica sabe que existen ciertos desórdenes internos que ante nuestra falta de alineación entre lo que pensamos, decimos y sentimos (lo que podríamos llamar coherencia) generamos ciertos fenómenos externos. En el caso de los terremotos esto tiene que ver directamente con una energía sexual no alineada; de lo que estamos hablando es de algo muy serio y profundo que si no es estudiado a profundidad (por ejemplo, basándose en investigaciones de gente como Freud y Lacan) corre el riesgo de verse superficialmente como un tema “new age”. En otras palabras, nos tiene que quedar bien claro que las culturas que no manejan correctamente su energía sexual, al querer hacer rituales para “ayudar” al mundo terminan causando más terremotos. La energía sexual es la forma de energía más poderosa en el humano; ahora, si esta energía se ve amplificada con la llegada del plasma proveniente del Sol, bueno, pues eso explica todas estas situaciones que ustedes conocen bastante bien en México. 

 

Ya para ir concluyendo esta entrevista, ¿alguna última cuestión que te gustaría abordar con respecto a lo que hoy hemos platicado?

Queremos que este documental llegue a la mayor cantidad de gente posible, ahora mismo estamos en conversaciones con grandes redes como Netflix e Inti TV para su difusión global. Además, quiero aclarar que Enseñanza Pachacutec no se colocará en canales gratuitos como YouTube. Por ahora, si lo quieres ver puedes adquirirlo desde la página de la escuela de José Luis Parise (www.edipo.org) por tan sólo 10 dólares. Yo quiero que se entienda por qué hacemos esto. ¿Por qué no lo ponemos gratis en YouTube? Bueno, tal y como lo enseñó Freud 1 siglo atrás, los pacientes que reciben un tratamiento de forma gratuita no suelen aplicarlo; la regla general es más o menos la siguiente: no se le da valor a lo que no tiene un valor en sí mismo. Es decir, darle esta información a la humanidad de forma gratuita, lamentablemente significaría que reciba muy poca atención e interés; es como cuando a la gente en México le preguntas acerca del legado de los códices mayas, la mayoría de la gente no te sabe especificar en qué consistió dicho conocimiento por más que tienen a su alcance los códices y textos de esta cultura, sencillamente no ves un interés masivo en ello. Es por esto que nos parece más razonable que Enseñanza Pachacutec se encuentre en un lugar donde la gente tenga que demostrar primero un interés, para que desde ahí llegue a todo el mundo. Si te fijas, el documental puede ser visto por un numero infinito de personas por tan solo 10 dólares, pero para pagar esos 10 dólares es necesario que antes se despierte un interés, si no, corre el riesgo de no ser valorado; lamentablemente, como humanos aún tenemos que pasar por cuestiones como estas para entonces considerar la seriedad de ciertos temas. Asimismo, si alguien se encuentra con este artículo, tiene acá la oportunidad de despertar un interés valiosísimo en estos temas y en comenzar su propia iniciación, mientras que si lo ignora, ya es problema de la persona.

Hasta aquí esta entrevista. Agradecemos infinitamente a Chiapella por concedernos parte de su tiempo y dejamos a continuación los links correspondientes para que nuestros lectores puedan ver el tráiler del documental, y si así lo consideran, posteriormente puedan adquirir su visionado por 60 días en la página oficial del psicoanalista José Luis Parise.

 

Mira el tráiler de ‘Enseñanza Pachacutec’ aquí

Adquiere el documental siguiendo este link

Más información sobre la Escuela de Iniciación Psicoanálisis–Ocultismo de JL Parise https://edipo.org

*Entrevista realizada por Ibrah Gebrail y Adrián Gómez

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Observar la mente al viajar a un lugar silencioso y contemplar el entorno y nuestro propio pensamiento, muestra que la mente empieza a percibir más cosas y con mayor lucidez

En nuestra época, el silencio se ha convertido en un lujo -sólo algunas personas con privilegios económicos o con una educación refinada acceden al silencio-. El silencio del espacio físico, al igual que el silencio profundo de la mente. Se habla de que el silencio es un artículo de lujo; sin embargo, en realidad es algo necesario para el bienestar del cuerpo y la mente: diversos estudios muestran que la alta exposición al ruido altera la cognición y se correlaciona con enfermedades mentales; por otro lado, el silencio tiene una cualidad que favorece la neurogénesis (la formación de nuevas conexiones neurales). Por último, existe también la noción mucho más antigua que relaciona al silencio con lo místico, con los estados de comunión con la naturaleza o con la deidad, con la paz de la mente, que trae entendimiento de la verdad o de aquello que está más allá del cambio (del ruido del pensamiento y sus conceptos).

Como dice la frase popular, el silencio es oro, un oro superior al oro material. El valor fundamental que tiene el silencio, más allá de la paz y la tranquilidad, es que esa misma paz, amplitud y estabilidad que genera son las condiciones necesarias para alcanzar la sabiduría. El maestro de meditación budista Alan Wallace sugiere que de la misma manera que la ciencia se ha desarrollado gracias a la invención del telescopio y del microscopio -y sin estos difícilmente podríamos tener una astronomía o una microbiología como las que tenemos- el conocimiento de la conciencia se sirve de y necesita su propio "telescopio". Ese telescopio es fundamentalmente la atención, la facultad de dirigir la mente de manera estable y profundizar en algo de manera sostenida. Así como para usar un telescopio necesitamos que éste se encuentre estable, la mente necesita una estabilidad: es el silencio lo que nos permite ver a detalle y a profundidad. 

En un artículo reciente en el New York Times, la poeta Megan O'Rourke narra su experiencia inmersiva en el bosque Hoh en el estado de Washington, uno de los bosques grandes y antiguos en toda América del Norte y el cual colinda con el mar. O'Rourke relata su experiencia dejando el ruido urbano para adentrarse en el bosque y reflexionar sobre el silencio y el efecto del silencio en su mente: en sus pensamientos, memorias y sensación del sí mismo. O'Rourke escribe:

A la orilla del agua, la transformación fue más sutil -una transformación interna, más que un cambio externo. Resulta que en el silencio, percibimos más -nuestros sentidos se vivifican-. Me percaté de dos árboles caídos cuyas raíces se entrelazaban de tal manera que sería imposible separarlos sin tener que dañarlos a ambos. En vez de acelerar como un motor siempre en marcha, mi mente bajaba de velocidad, deslizándose hacia los lados y hacia adentro. Entrando en una caleta, me di cuenta de lo habituada que estoy al ruido cuando mi mente empezó a interpretar el sonido de las olas como si fuera el rugido de motores.

Típicamente pensamos en la necesidad del silencio como una forma de comunicarnos con nuestros yos internos. Paradójicamente, en los días silenciosos que pase en Olympia Park, me descubrí volviéndome menos enfocada hacia adentro y más consciente del espacio comunal...

Lo que se anunciaba a sí mismo en este silencio existencial de viejas rocas y océano ancestral eran memorias -de mi madre, quien murió hace casi 10 años y de la pena profunda de que nunca conoció a mi hijo, y todo lo que él perdería por no haberla conocido-. Estos pensamientos eran como música. En vez de que yo los tuviera ellos me tenían a mí, y me subí sobre un montículo de troncos enormes -algunos de más de 30 metros, apilados como cerillos por el estruendoso mar- y dejé que la madera flotante calentara mis pies y que el silencio se hiciera una alberca en mis oídos. Para oírnos a nosotros mismos, a veces debemos abandonarnos a nosotros mismos y sumergirnos en el silencio hasta que estamos solos con el ruido interno y no podemos más que enfrentarlo.

O'Rourke sugiere que el ser humano moderno huye del silencio, aunque éste sea tan pacífico, porque le produce una especie de horror vacui, una intimación de la muerte o una confrontación con los cabos sueltos del alma. El ruido y una vida agitada y productiva, por otro lado, nos evitan esta confrontación. Tiene razón. Y también es cierto que al evitar esa confrontación nuestra mente reduce su amplitud y permanece contraída en el estado descrito como "visión de túnel". Se vuelve una versión reducida de sí misma, limitada por los estímulos granulares que recibe -generalmente, distracciones que luego se convierten en preocupaciones-. Así, no notamos que la mayoría de nuestros pensamientos no son más que ruidos que genera el entorno psicofísico en el que vivimos. Y no notamos que existe otro orden de pensamientos más claros, amplios y profundos, que sólo empiezan a surgir una vez que el ruido de la superficie puede cumplir su curso y empieza a haber espacio entre los pensamientos. Ocurre como con la música -donde el espacio entre las notas es lo que hace la música, como dijo Debussy-: el espacio entre los pensamientos también hace que se produzca una cierta música, una cierta armonía de la conciencia. 

 

Foto: Mitch Epstein