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El encanto de la luz y el rito colectivo en el Festival Visual Art Week México

Arte

Por: pijamasurf - 11/14/2017

Somos una especie atraída a la luz, el brillo y la unión anímica que representa. Su presencia en la capital del país, ahora más que nunca será innegable

La relación entre la luz y los humanos es muy antigua. Algunos la observan en el dibujo rupestre o el descubrimiento del fuego. Lo cierto es que, su efecto litúrgico, hoy más que nunca nos apasiona. El Festival de luces Visual Art Week en la Ciudad de México es un ejemplo. Su uso de luminiscencias y colores se caracteriza por la reapropiación de lugares citadinos con la meta de crear armonía y diálogo.

Otros de los objetivos de la exposición es exaltar la creatividad de los visitantes. Debido a que la mayoría de las obras son interactivas, muchas de las visitas pueden relacionarse con la pieza en sí. Arte, tecnología y espacio público son los axiomas de Visual Art Week, por lo cual, la interdisciplinaridad y la vanguardia son otros de los elementos que encontraremos en cada una de las instalaciones. La búsqueda de un público para una nueva generación de artistas, que no duda en combinar la ciencia y la estética, es uno de los mayores atractivos del evento, pero no el único. El uso de la ciudad constituye otra de sus fortalezas.

La elección de  las áreas metropolitanas no es arbitraria. Cada zona es elegida acorde al artista, la afluencia de gente y el efecto que se busca crear. Se trata de hacer de la ciudad el escenario ideal para el intercambio y la convivencia. Inclusive, de revitalizar nuestras calles con una nueva óptica. Dentro del marco del festival, también habrá talleres, pláticas, intervenciones urbanas y performances audiovisuales.

Transformar la realidad en un foco incandescente se remonta al año 2015, con una segunda exposición en el 2016, y la respuesta del público ha sido muy positiva. Al fin y al cabo, se trata de volver la ciudad lo que en un principio fue: un lugar habitable y abrumador por su belleza. Las fechas de exposición serán desde el 29 de noviembre del 2017 al 3 de diciembre del mismo año.

Va el lineup de este año:

THE POOL por Jen Lewin (Jen Lewin Studio) (EEUU)

Inspirado por la visión celestial del océano  y los pequeños charcos de agua cuando bajaba la marea, Jen Lewin propone esta instalación para salvaguardar uno de sus recuerdos de infancia más queridos. Pasear a través de estas luces, que podrían parecer la Luna en el agua, pero también son interactivas, lo que permite una experiencia personal y surreal. Podrá encontrarse frente al palacio de Bellas Artes.

 

Shining Triangle de PEAK TIME LAB (MX)

Sabedores de que el triángulo es una de las piezas más importantes de la geometría, el colectivo PEAK TIME lo utilizó en sus instalaciones para representar la armonía, la proporción y montajes visualmente atractivos. Estas dos cualidades lo ligan perfectamente al presente, pasado y el equilibrio natural. Algunas pruebas de esto se observan en el uso del triángulo en otras culturas, como en el budismo o la religión católica.

 

Caminante (HIK+)

Este montaje es una oda tanto a la literatura como a la tecnología. Visualizado como un poema interactivo, la obra narra la tenacidad del mexicano y como ésta lo impulsa a buscar respuestas. La pieza fue creada gracias al Motion Capture Cinema 4D, Coding, Notch, Maya, Houdini y After Effects.

 

POP PAC INTERACTIVE (MX)

Esta es una instalación lumínica y ambiental que, formada por esferas luminosas, crea un techo de burbujas que transforman el espacio en el que se encuentra. El acompañamiento sonoro de la pieza está producido por No Light y recrea la sensación de pequeñas explosiones. Se encontrará al lado del Museo del Templo Mayor.

 

Horizontal Interference por Katarzyna Malejka y Joachim Slugocki (Kasjo Studio) (Pol)

Esta estructura está formada por los colores de una tela que conectan con árboles. La arquitectura que provoca este efecto es una iluminación sencilla pero ingeniosa, ya que se vale de elementos naturales. Por lo mismo, es muchas veces denominada orgánica y su efecto es considerado poético. Se ubicará en el Parque Lincoln Emilio Castelar.

 

FLORA PHILIPP ARTUS (ALE)

Como lo dice su nombre, esta creación alude a la naturaleza y las líneas abstractas que realiza al crecer sus plantas. El espectador tiene la oportunidad de interactuar con la obra y su animación a partir de un touchpad y así diseñar los patrones que emergen. Su animación es generada gracias a ondas sinusoidades que viajan a través de una cadena de líneas. La instalación estará en el Monumento a la Revolución.

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La muerte ha sido explorada en la historia de la cinematografía universal desde distintas ópticas, emociones, creencias y propuestas tanto narrativas como visuales, que han legado un serial de cintas memorables

*Algo ha muerto en mí para que siga vivo.

 

La muerte ha sido explorada en la historia de la cinematografía universal desde distintas ópticas, emociones, creencias y propuestas tanto narrativas como visuales, que han legado un serial de cintas memorables. En México, la muerte protagoniza, como impronta, diversas celebraciones cuyo cenit habita la fiesta del Día de Muertos el día 2 de noviembre, fecha que, como una pila intercultural del mestizaje, comulga el recuerdo, la nostalgia y el apego en la memoria de aquellos sabores, aromas e imágenes que nos permiten hacer vívidos a los seres queridos que han partido, y convidarles a un convite de dispuestas ofrendas. Pletórico de misticismo y enmarcado en el humo de leyendas a copales e inciensos, las flores de amarillo afán acompañan las tumbas a cementerios, y el cariño se extraña para abrazarlo en el presente del recuerdo.

El Día de Muertos evoca nítidos recuerdos de mi infancia, no sólo porque nací un 2 de noviembre sino porque, en las anécdotas de altares, no podría definir desde las sensaciones a otra festividad que más defina la cosmovisión mexicana de la vida desde la muerte. Así, bajo el sustento de una confrontación con la alteridad inextricable, con el misterio del incierto devenir y en certeza de la finitud, diversos directores han vertido en sus propuestas cinematográficas una aproximación al final de la vida o a su extensión en cualquiera de sus dimensiones. El libro de la vida (2014) de Jorge R. Gutiérrez, ofreció una interesante panorámica del cine animado hacia la festividad de los muertos, y Coco, la sentimental, evocadora y más reciente cinta animada de Pixar dirigida por Lee Unkrich, situada en reminiscencia de la tradición mexicana hacia la muerte, generó en su estreno una gran respuesta de la audiencia que ha destacado la forma en que, a través de un niño, la cinta revisita la tradición en busca del destino de una familia, el pasado de los ancestros y el devenir del propio personaje, al tiempo que de forma ecléctica y musical, une diferentes valores y principios que dan sustento a la costumbre.

En esta edición de DECÁLOGO compartimos 10 cintas que reflejan distintas formas de abrazar la muerte y simbolizar el diálogo entre vivos y muertos, y que han legado significativas imágenes de reflexión, mediante secuencias anecdóticas que duelen y celebran haber compartido la vida con quienes ya no están, afrontan la muerte como un sendero, y averiguan el espacio que más allá de ellas habita.

 

10. ESCALERA AL CIELO (A Matter of Life and Death)

(1946, Dir. Michael Powell/Emeric Pressburguer)

Desde la década de los años 40 y hasta mediados de los años 50, el cine a dos voces de Powell y Pressburguer ofreció un variopinto mosaico cinematográfico que dejó sendos clásicos, Narciso negro (1947) o Las zapatillas rojas (1948), por ejemplo, dan prueba de la calidad de sus películas y de la versatilidad que tenía el dueto para mostrar temáticas relativas a la muerte en sus películas. Escalera al cielo ofrece una estupenda interpretación de David Niven como el piloto británico Peter Carter, quien, dañado en bombardeos de las batallas finales de la segunda guerra mundial, asume una urgente autoconfesión con June, Kim Hunter, quien, al radio en la torre de control, escucha con la advertencia de quien supone la muerte inminente del confeso interlocutor.

Al medio del colapso como consigna, Carter encuentra una neblina que al aclararse muestra un escenario que supone ser el más allá, para luego cavilar que está muerto aunque debiera estarlo tras el siniestro. Kathleen Byron como un ángel asiente al sobreviviente que su destino es otro y por azares de la casualidad, aunque sigue vivo, debe afrontar su fin; no obstante, al interludio de la dubitación de la vida y la muerte, Carter se enamora de June y con el amor como principio, lucha por demostrar al juicio de otros personajes y al del paraíso mismo que merece una segunda oportunidad. La premisa de un juicio posible, de los errores divinos, de la muerte como principio y fin, y el amor como lo único capaz de trascenderla, enmarcan esta película visualmente recordada por sus espectaculares efectos técnicos, donde sobresale la escalera de ascensión a la patibularia redención del cielo.

 

9. EL CIELO PUEDE ESPERAR (Heaven Can Wait)

(1978, Dir. Warren Beatty)

Siguiendo la línea narrativa de los Archers, así denominado el binomio Powell-Pressburguer, sobre los designios equívocos y las tareas pendientes, de la redención como una posibilidad de perdurar la vida, de la renovación de las oportunidades de vivir literalmente la vida, de la posibilidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, El cielo puede esperar se convirtió en un inmediato éxito de crítica y taquilla a finales de los años 70. Beatty ofrece su trabajo más auténtico y a la vez sencillo como director en esta comedia de situación donde, junto a Julie Christie, crea una divertida y a la vez emotiva imposibilidad del amor, del triunfo y de la exoneración misma de las culpas, por abrazar el éxito en los pasos de otro, para quien la vida aguarda aún amaneceres.

Basado en el original de Harry Segall y con asesoría de Robert Towne, El cielo puede esperar confirma su título en la muerte de un exitoso atleta, Joe Pendleton, que en plenitud de sus facultades y éxito, muere en un accidente antes de jugar el partido más importante de su carrera, el Super Tazón. Sustraída su alma en el azar que no advierte supervivencia, Pendleton, acompañado de un ángel al descuido, desencadena una búsqueda continua por ocupar un cuerpo que le resguarde, aunque quizá en el intento no vuelva a ser el mismo, ni su alma siquiera lo advierta. Las constantes de Powell y Pressburguer están presentes en Beatty, con la salvedad de que los sucesos acontecen en la Tierra, la guerra se sustituye por el juego, la aprehensión por la riqueza, y la confesión por la complicidad encarnada en un ángel, que  convergen al hilo conductor del amor y el enamoramiento.

 

8. PEDRO PÁRAMO

(1967, Dir. Carlos Velo)

Si algún libro refleja la cosmovisión del mexicano hacia la muerte, si alguna novela puede identificar del mexicano su esencia, esa obra literaria es Pedro Páramo, la magistral aportación de Juan Rulfo a la literatura universal, que fue publicada en 1955.

A partir de entonces las lecturas, revisiones y estudios sobre Pedro Páramo y el mundo de los muertos que la protagonizan, abren diferentes interpretaciones temáticas que abordan en especial el viaje, la vida, la esperanza, la culpa, el castigo y la muerte como el eje conductor de las y los fantasmas que habitan Comala, un lugar más caliente que el infierno mismo. Este cementerio que vive en los recuerdos, plasmado con maestría por el escritor jalisciense, ha resultado un reto cinematográfico de enormes riesgos para los realizadores, e incluso para muchos críticos: ninguna adaptación de los cuentos o la novela rulfiana ha podido acercarse con cierta proximidad a su profundidad.

No obstante, la película editada por Carlos Velo en 1967 nos permite, a nivel audiovisual, tener una exégesis de la obra que por excelencia identifica la relación que en México existe entre la muerte y su pueblo, por la senda bélica de su historia. Protagonizada por John Gavin, Pilar Pellicer e Ignacio López Tarso, la adaptación condensa la serie de personajes que van y vienen como bruma; de esta forma, la relación de Pedro con Susana San Juan, de alguna manera es la relación de vida y muerte para el protagonista. La película asimila la novela a modo de recital, y hace notorios los ecos del silencio mediante corales declaraciones frente al destino de la muerte como condena.

 

7. AMENAZA EN LA SOMBRA (Dont Look Now)

(1973, Dir. Nicolas Roeg)

Considerada en la actualidad y de forma unánime como una de las mejores películas británicas del canon cinematográfico, Amenaza en la sombra innova en su edición, que suma a su técnica la simbología del agua y el color rojo como remanentes de la mente de sus protagonistas. Donald Sutherland y Julie Christie, en actuaciones por demás sobresalientes, interpretan a John y Laura Baxter, una pareja que tras la muerte de su hija decide asentarse por un tiempo en Venecia, mientras John realiza la restauración de una iglesia. Esta mudanza resulta irónica dado que Venecia, rodeada de agua, pudiera recordarles el ahogamiento de su hija, quien, vestida de rojo, inunda de rojo la trama.

La aparición de una vidente que dice haber visto a su hija, y una serie de asesinatos en la ciudad italiana, son el marco donde la censura se apropia del erotismo, del terror a lo desconocido y de la simbología que se funde con el arte para presentar una conexión entre la vida y la muerte que, lejos de tranquilizar, angustia en la expectativa. El contacto entre quien ha muerto y quienes siguen vivos se muestra como un intento de su hija por advertirles del peligro que les rodea, que se avecina o que acusa lo que ya ha sucedido.

La necesidad de comunicarse es el vínculo primario de la película, la no resolución o la no aceptación de los hechos relativos a la muerte, y el fortalecimiento de los lazos afectivos de la pareja entre aceptar la muerte o creer que pueden mantener relación con quien ha muerto. Roeg recurre al repaso de los tiempos conjugados en visiones, recuerdos y ensayos de la óptica que interactúa con el suspenso de la audiencia. Basada en la adaptación del texto de Daphne Du Maurier, Amenaza en la sombra ha influenciado a diversos realizadores, Lynne Ramsay, Danny Boyle, Martin Campbell, Lars Von Trier, y Christopher Nolan entre otros, quienes han comentado la relación de símbolos, colores y la tensión argumentativa que Roeg inspira mediante el montaje de la cinta.

 

6. WAVELENGTH

(1967, Michael Snow)

Obra definitiva de las propuestas cinematográficas que, alternativas, irrumpieron a finales de la década de los 70, el cine experimental del director canadiense Michael Snow elevó al cénit a Wavelength, sonora apreciación de la vida y la muerte desde los silencios, cuyo eco estridente presenta un aumento sensorial de su frecuencia para recuperar emociones, dolor, gozo, llanto, alegría, las vivencias. Resulta difícil explicar el sentido de su trama, si la tiene, para dejar todo su impacto en la experiencia misma de ver y, más bien, sentir la película. Las distantes voces que aún viven y se escuchan a través de la preservación del sonido natural, es en la cámara un espacio del que rebotan las vibraciones y sus frecuencias de onda en las paredes de una habitación y que, además, habitan sus rincones.

Una cámara puede ser testigo de algo que sucede y sucedió, captar las infinitas posibilidades de los espacios y sus colores, del ruido y su silencio, de la vida que se expresó y la muerte que perdura en el sonido. La condición humana transita en dos puntos unidos por una línea que se matiza por colores, vibraciones y frecuencias que la integran. Snow capta de la lente los ángulos, los ambientes y del espectador las sensaciones, sinergias que hacen de Wavelength una de las más importantes y celebradas obras maestras del cine experimental del canon cinematográfico.

 

5. EL SEXTO SENTIDO (The Six Sense)

(1999, Dir. M. Nigth Shyamalan)

Entre las películas que sorprendieron en 1999 destacan, por su narrativa, Magnolia de Paul Thomas Anderson, desde sus efectos visuales Matrix de las hermanas Wachowsky, y El sexto sentido de M. Nigth Shyamalan, que cautivó por la ilación de una ficción que ampara la angustia  de un niño que asegura ver gente muerta, y que concluye con uno de los desenlaces más sorprendentes de la historia del cine. Protagonizada por Bruce Willis, Toni Collete y por el nominado al premio Óscar, Haley Joel Osment, El sexto sentido conlleva la relación sobrenatural o metafísica del pequeño Cole Sear en su relación de terapia con el doctor Malcome Crowe, la cual se desarrolla a través de los encuentros y desencuentros de Cole con gente muerta, y en la argucia por descifrar lo que estos encuentros significan.

La deducción de concebir el entablar una conexión con quienes han muerto para auxiliar en el alivio de sus penas o la resolución de los asuntos pendientes de los muertos, otorga a la película un cariz redentor que nos resulta empático ante las señales, experiencias y circunstancias que podemos aducir a una solicitud de comunicar el mundo de los vivos con el de los muertos mediante una misiva. También aporta al debate la capacidad extrasensorial, de ahí su título, para ser interlocutor de la posible existencia de dos dimensiones en una. Acompasa esa presencia permanente que no se ha ido, una dualidad manifiesta de la vida que indica, desde el pasado en el presente, cuáles son los pasos a seguir para saldar las cuentas con lo vivido para, de esta forma, dejarnos atónitos ante las razones que al sexto sentido define.  

 

4. EL TÍO BOONMBEE QUE RECUERDA SUS VIDAS PASADAS (Uncle Boonmbee Who Can Recall His Past Lives)

(2010, Dir. Apichatpong Weerasethakul)

Un elemento fundamental de la tradición de muertos es la recuperación de la memoria y la preservación de los recuerdos para evitar el olvido. Si alguna razón, además de la celebración de la vida desde la muerte, define a la festividad de muertos, esa es la lucha de los vivos por evitar que el recuerdo de los seres queridos muera. Y esta acción de acopio de los vestigios se une con hacer posible el reencuentro con nuestros muertos a la mesa, de ahí el sentido de las velas que iluminan el camino en los altares, de ahí las viandas dispuestas a la mesa en las ofrendas. El tío Boonmbee que recuerda sus vidas pasadas no sólo alude indirectamente y sin voluntad expresa a la tradición de muertos, sino también a una leyenda mexicana por excelencia, la existencia de los nahuales, personas que son capaces de transformarse en animales y, al camuflaje, disipar su paso entre los demás para visitar a quienes extrañan. 

En esta obra maestra del cine tailandés Apitchanpong Weerasethakul expone, mediante la contemplación de la natura, una pléyade infinita de posibilidades de regresar del olvido, para hacer de la memoria el nexo entre la vida y la muerte. Al tiempo que conversa con el fantasma de su esposa que ha muerto, el tío Boonmbee es capaz de recolectar en su mente los sucesos que dieron pauta a sus vidas pasadas y valorar las mismas desde lo que fenece, como la visión de su hijo, quien, tras perdido, aparece en una forma distinta, reflexionando así sobre la transformación de la vida y su relación con  otros seres vivos y la naturaleza. Un canto de murmullos, de animales que nocturnos desvelan, de especies que al amanecer susurran, son parte de esta oda de la naturaleza a la muerte desde las vidas pasadas que les configuran.

 

3. El LABERINTO DEL FAUNO (Pan´s Labyrinth)

(2006, Dir. Guillermo del Toro)

Especialista en el cine de monstruos, Guillermo del Toro es un maestro de la imaginación vuelta realización cinematográfica.

Del Toro es capaz de construir un mundo propio y dar estilo a su cine con elementos fundamentales que unen la deformación con la belleza interior del ser humano, la maldad y la bondad intrínsecas en su condición, así como la unión de la narrativa con la superposición de imágenes fantásticas y el intertexto de sus mensajes incluso en cintas históricas. El laberinto del fauno, ambientado en las consecuencias de la guerra civil española, obra maestra del cine del presente milenio, nos muestra la inocencia de una niña y su relación con un fauno que desde la simple relación fantástica indaga la vida, la muerte y la historia envuelta en los dejos del bélico y fratricida conflicto español. Del Toro crea una pieza poética desde su pluma, y hace de la muerte una constante que no se advierte y se deduce en consecuencia de los sucesos.

Protagonizada por Ivana Baquero y Sergi López, Guillermo del Toro presenta a Ofelia, una pequeña que junto a su madre, enfrenta la tiranía del capitán Vidal y la persecución ideológica de un régimen, al tiempo dibuja en su mente una realidad alterna a modo de fábula. Lo anterior a Ofelia le permite aislarse de la realidad sin evitarla, e implica al espectador en la relación de dos mundos desde la voz cantante de una niña que debate su vida en el discernimiento del contexto y la fatalidad de la circunstancia. El mundo de los vivos en la superficie y el mundo de los muertos subterráneo o viceversa, conjugan una suerte de ambivalencia que nos recuerda los primeros trabajos de Del Toro en la serie televisiva de los años 80, Hora marcada, donde en un cuento similar une la ingenuidad y maldad, la niñez y lo monstruoso, en una relación que, amén de aterrar, sondea del ser humano la vulnerabilidad y la belleza interior al consuelo de la esperanza. La bella y la bestia (1946) de Jean Cocteau y la reciente ganadora del León de Venecia La forma del agua (2017) del propio Del Toro, dan cuenta de esta dualidad extraordinaria que el director mexicano examina desde el arte con suma profundidad. 

 

2. El SÉPTIMO SELLO (The Seventh Seal)

(1957, Ingmar Bergman)

A lo largo de más de 100 años de historia del cine, ninguna imagen retrata con mayor impacto la relación de vida y muerte que la que el maestro Ingmar Bergman plasmó para la posteridad en la secuencia central de El séptimo sello.

En esta cinta, no son los muertos quienes se presentan ante los vivos ni los vivos quienes apelan de los muertos su vuelta; la relación del vivo es directamente con la muerte, y para dilucidar las preguntas perennes que dan sentido y significado a la existencia, entabla un duelo de ajedrez con la muerte. Una película fundacional de la cinematografía universal, El séptimo sello ambienta en tiempos medievales una palestra de espacio vital, en cuya desolación, un caballero cruzado, Max von Sydow, realiza un viaje donde atestigua el desamparo causado por la peste, y atisba el encuentro con la muerte que, apersonada en un caballero de oscura vestimenta y calva cabellera, acude al caballero para tomar su alma. 

El silencio de Dios al que inquiere el caballero, adquiere la respuesta presencial de su verdugo, y en la revaloración de la existencia que desvanece, inquiere y responde en la dialéctica el sentido de los pasos y el significado de los horizontes de la vida, donde el respiro concluye mientras el arte permanece. La nada, el todo, el castigo, la condena, la liberación y la fatalidad como destino final, no separan la relación del caballero con la muerte sino la ineludible estrechez de sus caminos. Mientras hacen un recorrido por otras vidas que serán muertes, el caballero ha logrado prolongar la suya en la partida, a sabiendas de que no podrá ahuyentar el jaque mate en contra, con el único propósito de encontrar el sentido a la vida que se esfuma.

 

1. MACARIO

(1960, Dir. Roberto Gavaldón)

Obra cumbre de la cinematografía nacional, Macario es la pieza indispensable para comprender desde el cine la relación del mexicano con la muerte, una película fundamental para comprender la interculturalidad de nuestra costumbre, la valía de la tradición, las bases prehispánicas y coloniales, el mestizaje que le da fuerza a su propia creación simbólica. Roberto Gavaldón acusa la aceptación de que, por más que el protagonista sea generoso y convide lo que ha reservado en codicia, por más que busque el engaño, la burla o la ausencia, la muerte aparece al final para concluir su encargo.

Macario, encarnado en la soberbia actuación de Ignacio López Tarso, solicita a su esposa, interpretada por la poeta y actriz Pina Pellicer, el egoísta y quejoso deseo por comerse un guajolote él solo, después de tener que compartirlo con sus varios hijos; a partir de esa ida al campo, se suceden una serie de acontecimientos que hacen de la película un mosaico de mexicanidad único. Macario encuentra al Diablo, a Dios y a la muerte, quienes le solicitan que les comparta un pedazo a cambio de diversas recompensas; él acepta pactar con la muerte, por la compasión de verle desvalida en el peso. A cambio de su solidaria acción, recibe el don de saber dónde podrá y no podrá aparecerse la muerte en los enfermos y en los sanos al mismo tiempo, y de esa manda, Macario recibe insospechados y provechosos beneficios que le llevarán a un final angustioso, lleno de velas que representan vidas, una de ellas la de él, que se agota como se agotan todos con el tiempo.

Con un guión basado en el relato de B. Traven, Macario fue la primera película mexicana nominada al premio Óscar a Mejor Película Extranjera, e igualmente nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, donde resultó ganadora en Mejor Fotografía para Gabriel Figueroa. Gavaldón rescata la dualidad del México rural y el urbano, con las creencias y cosmovisiones mestizas, tal como hiciera en otras de sus cintas, en especial El rebozo de Soledad (1952), por citar un ejemplo. En Macario busca hacer un retrato de la sociedad ambientado en la época colonial sin dejar de hacer puntilla de la dual realidad que el México aspirante al urbanismo vive, tras los dejos revolucionarios y posrevolucionarios, con sus temas pendientes y un incierto devenir de velas encendidas en las grutas y en la expectativa de su relación con la muerte. Macario sigue siendo un referente en diversas plataformas para celebrar desde el cine el Día de Muertos, y se ha convertido en un clásico referencial de la cosmovisión del mexicano.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo (Universidad Veracruzana, 2015), que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.