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Ciencia vs espiritualidad, ¿existe una fuerza que trasciende la materia? Rupert Sheldrake y Russell Brand lo discuten

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/14/2017

El biólogo Rupert Sheldrake, considerado el científico más polémico del mundo, discute su radical teoría y los dogmas de la ciencia que se le oponen.

Rupert Sheldrake es uno de los científicos más brillantes y polémicos de la actualidad. Sus ideas han sido consideradas dignas de la hoguera por la revista Nature y su platica de TED Talks fue removida por considerarse inapropiada (o herética para al paradigma dominante). Sheldrake es una especie de hereje en la iglesia del materialismo científico. En una entrevista con el popular actor y activista Russell Brand, Sheldrake habló de su teoría de la resonancia mórfica, de su nuevo libro, de sus experiencias con LSD y ayahuasca y otros temas. A continuación un resumen parafraseado:

Lo que estoy haciendo es desafiar el modelo materialista de la realidad en el cual ha estado basado la ciencia por más de 100 años, la doctrina de que toda la materia es inconsciente, que todo el universo está hecho de materia inconsciente - lo cual deja el problema de cómo es que somos conscientes nosotros. La ciencia asume que en todo caso la conciencia sólo existe en el cerebro y que el resto del universo es inconsciente y no tiene propósito, la evolución es mero azar. No existe ningún Dios, ningún espíritu, no hay creatividad, todo es azar... Por extensión todo lo que sugiera que la mente se extiende más allá del cerebro debe de ser seudocientífico. Por ejemplo mis estudios con telepatía, en hombres y animales... escribí un libro sobre esto, basado en evidencia de que los perros saben cuando sus dueños van a regresar a casa... el solo hecho de que se sugiera que la telepatía es real genera una histeria, se asume que debe de ser seudociencia porque se cree que es imposible, entonces ni siquiera se revisa la evidencia. Pero millones de personas tienen estas experiencias... Me he concentrado en lo que llamo "los misterios de la vida cotidiana", justamente porque se suelen describir estos fenómenos por los científicos como paranormales, es decir más allá de lo normal, mi punto es que no son paranormales para nada, son cotidianos y comunes, lo paranormal en todo caso es decir que esto no existe.

El materialismo tiene una inclinación política... En el siglo 19 la mayoría de los biólogos eran vitalistas, los organismos no eran solo máquinas, estaban animados por un principio vital. Pero los materialistas querían un universo solo material, porque un universo así no tendría lugar para Dios. Particularmente en Francia, el regimen que fue destronado estaba asociado con la Iglesia; así que en la revolución francesa se abolió la Iglesia, clausuraron monasterios y se proclamó la cultura de la razón como la religión estatal. La catedral de Notre Dame se convirtió en la catedral de la razón. En Rusia los bolcheviques quisieron deshacerse de la religión porque creían que la religión apoyaba al zar, así que la ciencia  fue considerada un aliado. Luego se creó la liga de los ateos militantes, que llegó a tener 3.5 millones de miembros, algo similar a las guardias rojas en China. El ateísmo era esencialmente político.

[Sheldrake explica su idea de que las leyes de la naturaleza evolucionan; son más como hábitos] La idea en el siglo 17 era que las leyes eran eternas ya que Dios era el creador y Dios era eterno -era una idea teológica, no había evolución. La leyes estaban fijas desde el principio. Pero considerando las ideas de la evolución en la biología y en la física con el Big Bang... si todo esta evolucionando ¿por qué no las leyes? Y entonces en vez de leyes -hábitos, regularidades que son hábitos y una memoria en la naturaleza que los sostiene en vez de una mente externa trascendente con leyes fijas en ella.

Cosas que llevan ocurriendo mucho tiempo como la formación de átomos de hidrógeno o la cristalización de la sal son hábitos tan profundos que parecen inmutables, pero la evidencia de la resonancia mórfica viene de observar nuevas formad de aprendizaje, de observar nuevos fenómenos. Por ejemplo cuando ratas aprenden un nuevo truco en Londres, las ratas en todo el mundo aprenden lo mismo más rápido, conforme a evidencia observada en diferentes universidades. Por ejemplo, los resultados de pruebas de IQ han subido más del 30% desde que se inventaron en 1918. Yo predije esto en los 80, porque los exámenes han permanecido casi iguales y millones de personas los han resuelto, [según su teoría] se deben de volver más fáciles, los puntajes deben de subir, pero no porque las personas se estén volviendo más inteligentes, no hay evidencia de que esto ocurriendo. Los puntajes suben porque muchas personas ya los han resuelto antes. Hay una forma de memoria colectiva -algo que ya existía con la idea del inconsciente colectivo de Jung. Yo lo que digo es que no sólo en los humanos [hay esta memoria colectiva] sino en toda la naturaleza... Antiguos rishis [sabios védicos] han dicho esto por milenios. Esto se empalma con la filosofía del karma en su versión más general que puede verse como una teoría de memoria cósmica -existe esta idea de una memoria cósmica, la cual fue retomada por la teosofía con su idea de los registros akáshicos. 

Sheldrake narra luego cómo descubrió su teoría de la resonancia mórfica estudiando las plantas y preguntándose de donde viene la variación en sus formas, algo que cotejo con la idea de los campos morfogenéticos.

Me di cuenta que debía haber una memoria a través del tiempo, lo cual daría sentido a mucho de la biología. Estuve en un estado maniaco por tres días pero no lo publique hasta unos 8 años después... La resonancia mórfica se basa en la similitud de patrones de vibraciones o actividad [los cuales resuenan y se convierten en hábitos] a lo largo del tiempo y el espacio sin salirse de estos. La alternativa a esto son leyes de naturaleza que están afuera del tiempo y espacio y están en todas partes. Una idea que de todas maneras es análoga a Dios, solo que las leyes [para la ciencia] han surgido espontáneamente, son como cosas en una mente pero dicen que no hay mente, es paradójico, tienen leyes inmateriales, racionales, que no tienen un ser material y sin embargo tampoco tienen un substrato inmaterial...

[El origen de la visión materialista como parte del paradigma dominante se puede trazar a ] T.J. Huxley quien llamó a destruir el viejo sacerdocio, destruir el poder de la religión. Si la ciencia, el progreso y la razón son el paradigma y todo los gobiernos del mundo se convierten a este paradigma, entonces los nuevos sacerdotes [que gozan de los privilegios] son los científicos. Hay separación entre religión y estado en la mayoría de los países, pero no hay separación entre ciencia y estado; luego llegaron las corporaciones... El evangelio de la ciencia es salvaremos al mundo a través de la ciencia y la tecnología -las religiones han fracasado, las gentes sólo se pelean, nosotros curamos enfermedades, reducimos la mortalidad, producimos objetos de consumo -mucho de esto se ha vuelto realidad, no es solo ideología [la ciencia] es muy poderosa. Lo que no es empírico es el sistema de creencias metafísicas  de que la naturaleza es totalmente mecánica, inconsciente; creen que todo debe de ser materia.

Russel Brand interviene señalando que "el materialismo llega a la conclusión racional de que somos individuos, no hay significado en el mundo y por lo tanto: a consumir". 

[Sheldrake apunta sobre lo anterior que] Justo por eso la palabra materialismo tiene dos significados: en la ciencia y la filosofía la visión de que el mundo es mecánico e inconsciente y coloquialmente la acepción del constante consumo, algo que no debe de ser coincidencia. [Esta visión de un mundo sin espíritu ni significado favorece el consumismo y en general el sistema económico actual y su estructura de poder] La visión materialista, en un mundo secular, es personas aisladas en la privacidad de su cráneos... es un mundo sin significado, depresivo, y es por eso que la depresión es la enfermedad emblemática de nuestra sociedad, pero también por lo cual es tan importante la espiritualidad.... Si escapamos esta visión dogmática, si cambiamos de una visión de la naturaleza inanimada a una visión de que todo en la naturaleza es un cosmos viviente, evolucionando, el sol, la tierra, la galaxia, etc., no máquinas sino seres vivos, nos hallaremos en un mundo con un propósito -no sabemos bien cual es- pero nos sentiremos realmente conectados, y sentiremos que los principios espirituales son más relevantes; veremos a Dios en la naturaleza y a Dios en nosotros mismos. 

Por último Sheldrake señala que la ciencia no tiene que estar peleada con la espiritualidad, sino puede complementarla y recomienda realizar actividades como la meditación, cánticos espirituales y, su preferida, caminar en la naturaleza y visitar catedrales. 

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En un mundo impermanente, el desapego es la actitud indicada

Todo es efímero -y la fama y los famosos también.

Marco Aurelio

Comienza primero contigo mismo y ¡renuncia a ti mismo! De cierto, si no huyes primero de tu propio yo, adondequiera que huyas encontrarás estorbos y discordia, sea donde fuere.

Maestro Eckhart

Para conocer la naturaleza de la mente, necesitas inteligencia, la capacidad de observar la mente en silencio con conciencia desapegada.

Nisargadatta

La naturaleza de la mente es la luz clara,

los oscurecimientos son sólo marcas adventicias.

Donde hay un "yo", hay una percepción de un "otro",

y de las ideas de un yo y de un otro vienen el apego y la aversión;

como resultado de involucrarse con estas,

todas las posibles fallas cobran existencia.

Atisha

 

Hay algo que tienen en común todas las grandes corrientes filosóficas y religiosas de la India (coincidiendo también con algunas de Occidente), la noción de que lo que produce la infelicidad y encadena la existencia al ciclo de sufrimiento es el apego o el aferramiento a los objetos y a los actos y sus resultados. Y naturalmente, por contraparte, que es el desapego -en acto, pensamiento y palabra- lo que conduce a la libertad, a la felicidad e incluso a la trascendencia de la existencia condicionada. Puede ser que muchos no crean en la existencia de planos trascendentes o en que la liberación (moksha) es siquiera posible, pero al menos la lógica de que el desapego nos acerca a un estado de paz y felicidad -en un mundo impermanente- parece irrefutable.

Existen dos razones fundamentales por las cuales el desapego es el modo correcto de proceder en el mundo según estas tradiciones -tanto hindués como budistas o jainistas. La primera, la más evidente, tiene que ver con el racional de que aferrarse o apegarse a las cosas es actuar de manera ignorante, ya que el mundo que experimentamos cotidianamente -lo que el Buda llama el mundo condicionado, compuesto o fabricado y lo que en la tradición del sankhya se llama el prakriti, la naturaleza, el mundo material- es impermanente. El mundo que experimentamos cotidianamente está constituido por puros elementos -los mismos objetos de nuestros deseo y los estados que suscitan- que están sujetos al cambio, a la decadencia y finalmente a la disolución. Coinciden estas tradiciones que la ignorancia (avidya) es la raíz del sufrimiento. Ignorar que una cosa es impermanente y aferrarnos a ella eventualmente será el surtido de la infelicidad, de la frustración Y aquello a lo que más nos aferramos es a nuestra identidad, al concepto que tenemos que de ser un ente fijo y separado de un mundo de objetos, de un universo de cosas que emergen en oposición y conflicto -porque las queremos o las rechazamos pero no las controlamos. Como dice el epígrafe de Atisha, es a partir de esta noción de un yo o un sí mismo que nace la noción de un otro. Y es a partir de un otro que podemos sentir aversión y apego a las cosas. Finalmente, es la separación entre el sujeto y el objeto, la dualidad, lo que produce todo sufrimiento. En un sentido filosóficamente más vertiginoso, podemos recordar la famosa frase de Heráclito de que uno no se puede bañar en el mismo río dos veces. El río está fluyendo y cambiando cada instante y cada parte de nuestro cuerpo está cambiando, nuestras células y nuestros átomos están surgiendo y desapareciendo cada instante... Así, ¿qué constituye realmente nuestra identidad? ¿No es, acaso, sólo un concepto, una persistente ilusión de la memoria? ¿Quién ha podido ubicar o fijar en un lugar su yo? Ciertamente los Upanishads hablan del Brahman que reside en el corazón y el budismo tántrico habla de la gota indestructible del cuerpo vajra, pero éstos no son de ninguna manera el yo al que nos referimos y adherimos cotidianamente, sino, contrariamente, son aquella vastedad abierta e indefinible que se hace real una vez que ampliamos nuestra perspectiva y dejamos de identificarnos con un modo limitado (y reificado) de existir. Como dice Dogen: "Estudiar el sendero [budista] es estudiar el sí mismo. Estudiar el sí mismo es olvidar el sí mismo. Olvidar el sí mismo es ser iluminado por todas las cosas del universo". Siempre que exista una identidad individual no podrá haber una identidad universal, siempre que sólo seamos una persona, en un cuerpo, en una mente, no podremos ser la totalidad, que es lo que realmente deseamos -y a la vez, el fin de todo deseo. 

El apego es entendido por el budismo, y también por otras tradiciones como el yoga clásico de Patanajali, como uno de los venenos o contaminantes de la mente (kleshas), que perpetúan el samsara (la transmigración). El apego es un veneno o incluso un demonio -puesto que no hay otro demonio que la confusión de nuestra propia mente- como explica la yoguini tibetana Machig Labdron: "el apego a cualquier tipo de fenómeno, ya sea burdo u omnisciente, debe entenderse como el juego de un demonio". Aquí sí encontramos una diferencia entre el budismo y el hinduismo, siendo que en el último, particularmente en las tradiciones devocionales (bhakti) el apego a lo divino en directa proporción a la renuncia a lo mundano tiene una cualidad siempre positiva y es considerado el método más efectivo para la liberación en esta era oscura (Kali Yuga); en el budismo tántrico se utiliza el apego o la adherencia a ciertas deidades como un método relativo y temporal en el sendero, pero finalmente se abandona -y de no hacerlo, se convierte en un obstáculo para alcanzar el despertar.

El término sánscrito utilizado en el budismo para apego o aferramiento describe muy bien esta característica del apego como un obstáculo en el sendero: "upadana" (apego) también significa "combustible" o "causa material", la sustancia que mantiene andando la rueda del samsara. El Buda describe el mundo como sujeto a un incendio interno, a un fuego que todo lo consume -el apego es el combustible de ese fuego; el despego es lo que lleva al nirvana, término que connota una extinción o "despiración", una vela que se apaga. En el sutra Cula-sihanada el Buda dice:

Monjes, cuando la ignorancia es abandonada y el verdadero conocimiento surge... entonces [un monje] deja de aferrarse a los placeres sensuales, ya no se aferra a los puntos de vista, ya no se aferra a las reglas y observancias, ya no se aferra a la doctrina del yo. Cuando ya no se aferra, ya no se agita. Cuando ya no se agita, alcanza el nirvana. Entiende: "El nacimiento es destruido, la vida sagrada es experimentada, lo que ha sido hecho ha sido hecho, ya no hay cambio hacia otro estado de ser".

La segunda razón por la cual el desapego conduce hacia la liberación -o en su defecto secular a la felicidad- tiene una cualidad más positiva. El desapego (virāgaḥ, en sánscrito) es en sí mismo un método para alcanzar la sabiduría, al desidentificarse con el sí mismo ilusorio (el ego, ahamkara en sánscrito) y renunciar a las distracciones y a las concupiscencias, para concentrarse justamente en lo que no cambia, en lo real. Y es que el hinduismo ciertamente reconoce la existencia de un ser inmutable -que existe más allá del mundo impermanente superficial del samsara- al cual se accede o el cual se libera justamente a través del desapego; pero también el budismo habla de un dharma inmutable, ya sea el nirvana en el theravada o de la misma naturaleza búdica, la luz clara de la mente en el mahayana y en el vajrayana. El Buda nunca dijo de que todo es impermanente, lo impermanente es el modo de existencia condicionada propio del samsara. Si todo fuera impermanente entonces no habría realmente un cese del sufrimiento -como se plantea en la tercera noble verdad -sin la anulación total del ser (y el budismo nunca cae en el extremo del nihilismo). Aun cuando todo el mundo manifiesto siempre está cambiando, hay algo que está más allá de todo cambio -algo que el mahayana y el vajrayana describirán en términos positivos, como luminoso y dichoso, algo que no puede llamarse un alguien, pero que es presencia cognitiva, inmóvil y silenciosa, en la dinámica de un eterno devenir. Acaso como el poema de Elliot:

At the still point of the turning world. Neither flesh nor fleshless;

Neither from nor towards; at the still point, there the dance is,

But neither arrest nor movement. And do not call it fixity, 

Where past and future are gathered. Neither movement from nor towards,

Neither ascent nor decline. Except for the point, the still point,

There would be no dance, and there is only the dance.

Esto mismo es expresado de otra manera por Tulku Urgyen Rinpoche, un reconocido maestro tibetano, en su libro As it is (vol II): 

Lo percibido es impermanente, pero quien percibe, que en esencia es simple cognitividad vacía, la sabiduría y los kayas, no son impermanentes. De otra forma, ¿cuál sería la razón de buscar la budeidad, si ésta fuera impermanente y sujeta a perderse una vez alcanzada? El mundo y los seres son vacuidad; eso lo podemos decir certeramente. En algún momento todo el universo será destruido... los cuerpos de los seres sensibles, sus voces y la totalidad de las cosas desaparecerán. Pero el espacio mismo no puede ser destruido o alterado de ninguna manera. El espacio no tiene cualidades innatas, no siente dolor o placer. La esencia de la mente de los seres sensibles, sin embargo, sí tiene cualidades intrínsecas. Los pensamientos pueden desaparecer, obviamente, pero la esencia de la mente, que es los tres kayas, no es algo que pueda desaparecer.

Los tres kayas son los tres aspectos de la budeidad: Dharmakaya, Sambhogakaya, Nirmanakaya, los cuales se manifiestan como sabiduría no-dual (vacuidad), luminosidad (o dicha) y forma. Esto evidentemente es una noción que no se encuentra en el budismo temprano -y que no es aceptada por los budistas del theravada- pero que evoluciona a partir de textos más esotéricos dentro del mahayana y el vajrayana, y a partir también de las experiencias de los grandes adeptos de esta tradición que dicen descubrir como realidad inmanente/trascendente en su experiencia de despertar esta tri-unidad, similar en cierta forma a la trinidad del cristianismo. 

Regresando al segundo punto, el desapego como método en el sendero espiritual está relacionado al principio de la renuncia. Todas las religiones en general plantean una renuncia a un modo de existencia banal, movido por la ignorancia de querer buscar la felicidad en lo impermanente, en lo material. Lo cual no debe confundirse con el quietismo, con el eremitismo o con las austeridades extremas. Ni tampoco pensar que significa no darle importancia a la vida -por el contrario, es justo porque se valora la oportunidad que representa la vida para liberarse del sufrimiento que se practica el desapego. Evidentemente existen corrientes religiosas que practican la renuncia total al mundo, pero la mayoría de éstas plantea también la posibilidad de actuar en el mundo pero renunciando a lo mundano o, como dice la frase, estar en el mundo, sin ser del mundo. Tenemos los vehículos del mahayana y el vajrayana en el budismo, y por supuesto el tantrismo en sus diferentes denominaciones dentro del hinduismo, como ejemplos conspicuos. Esto en general es el tema del diálogo legendario entre Krishna y Arjuna en la antesala de la épica batalla en el campo de Kuru, la cual es el tema central del monumental clásico Mahabharata. Arjuna, de la casta de los kshatriya (casta guerrera), se cuestiona su participación en una batalla que lo enfrentará contra sus primos y, en teoría, con la posibilidad de generar karma que lo adhiera al sufrimiento samsárico. Pero Krishna, haciendo una brillante exposición que es en realidad una síntesis del dharma perenne y de los diferentes yogas de la India, le explica que no es necesario abdicar y renunciar a la acción. "El mundo está encadenado por la acción excepto cuando la acción es realizada como un sacrificio. Con esto en mente, oh hijo de Kunti [Arjuna] actúa, pero sin apego", le dice el avatar de Vishnu al héroe del clan de los pandava, hijo de Indra. En otras palabras, no hay karma cuando se renuncia a la acción -al fruto del acto y al sí mismo como agente- en favor del deber (dharma) o de lo divino (o del Sí mismo supremo, ese atman que es igual a Brahman). Y es que, en ese caso, no hay nadie actuando, no hay nadie a quien se pueda adherir la impronta del acto, sólo el dharma mismo manifestándose. Algo similar se enseña en el tantrismo shaiva, pero a un nivel más minucioso, al nivel del acto perceptual. Abhinavagupta explica en su comentario a la Bhagavad Gita:

Algunos yoguis, habiendo tomado refugio en los dioses, que son sus propios sentidos (indriyani), que poseen una naturaleza lúdica, realizan un sacrificio que no es más que la experiencia de diversos objetos. Al realizar dicho sacrificio, los yoguis, contemplando la raíz misma de la experiencia, logran su sí mismo [atman]... Hay otros yoguis que incluso entregan los objetos de los sentidos al fuego de los órganos sensoriales, que es iluminado por el conocimiento y arde con las impresiones de las acciones pasadas. El secreto de estos yoguis es que desean disfrutar de objetos en función de abandonar el deseo del gozo. 

En otras palabras, estos yoguis, habiéndose liberado de la identificación con su ego, no renuncian al mundo sino que renuncian al placer personal y permanecen en el mundo actuando e incluso recibiendo activamente sensaciones para ofrecerlas a lo divino, de lo cual sus sentidos son una extensión. Al colocar la percepción en el altar de lo divino, se produce una especie de alquimia que transmuta las impurezas de su karma y obtienen la liberación. Esto es el método tántrico esencial, compartido también por el vajrayana. 

Existe un acérrimo debate en las tradiciones filosóficas de la India sobre si Krishna en la Bhagavad Gita (un texto que es considerado como sagrado por diferentes tradiciones) en realidad defiende la acción en el mundo, el karma yoga, o si instruye como método supremo el jnana yoga, el yoga de la sabiduría, como se practica en el vedanta, donde se considera que el mundo y su diversidad son ilusorios y el alma individual (jiva) debe fijar su atención en el atman (en el sí mismo inmutable, que es el Uno que es la realidad de todos). Shankara, la principal figura del advaita vedanta, en su comentario a la Bhagavad Gita sugiere que las personas más calificadas y aquellos que aspiran a lo más alto del Ser (a la mónada, al Brahman) deben renunciar a toda acción, incluyendo al ritual védico, que es en sí mismo un sacrificio, pero donde se tienen aún deseos, como por ejemplo, obtener cierto beneficio o tal estado divino. El mundo para Shankara es ilusorio, como sugiere su famoso dictum: Brahman, lo absoluto, es lo único real, el mundo es irreal (maya), pero el alma individual no es más que Brahman. El vedanta, más cercano al pensamiento védico tradicional, acepta la noción del sannyasin, el renunciante. Para el tantrismo, el mundo es real, es la energía irreprimiblemente creativa de la conciencia infinita de la deidad (sea Shiva, Vishnu, Devi, etc.), inmanente a la vez que trascendente -y por lo tanto, no hay que renunciar a las apariencias o fenómenos que se presentan, sino solamente aprender a reconocerlos como el juego de la divinidad consigo misma. Para una tradición como el vaisnavismo no-dual con calificaciones de Ramanuja o para las tradiciones bhaktas que siguen a Krishna, el mundo es real, pero es sólo una parcela dentro de la vasta extensión del cuerpo espiritual de Dios, de una divinidad trascendente con cualidades -y por lo tanto, también, no es necesario renunciar completamente, pero sí encauzarse hacia la dimensión trascendente fijando la atención en la divinidad personal (Bhagavan, Ishvara) a través de de ciertas prácticas, como recitar mantras o contemplar imágenes de la deidad. Para el budismo mayahana, el mundo es como un sueño -lo cual no significa que sea irreal sino que, como ocurre cuando estamos soñando, llegamos a creer que las cosas tienen una existencia independiente de nuestra mente, lo cual es un error- y por lo tanto hay que renunciar a la perspectiva incorrecta del individuo que está dormido, y despertar. Para lo cual hay que renunciar a la perspectiva que nos hace creer que las cosas -incluyendo nuestro propio sí mismo- existen como entes objetivos, separados, sólidos y permanentes. Para el budismo vajrayana, el mundo es como una proyección mágica, el despliegue espontáneo de apariencias, el juego de la luminosidad sobre el lienzo de la vacuidad -y es necesario reconocer esa luminosidad, ese juego erótico de los budas y las dakinis, como nuestra propia naturaleza, como nuestra propia luminosidad. Para ello hay que renunciar a la noción equívoca de que somos personas, que hemos nacido y que moriremos, de que existe tal cosa como una mancha, una impureza, algo que enturbia la propia budeidad: que existe algo además de la conciencia adamantina, siempre despierta, lúcida, no-dual. 

 

Twitter del autor: @alepholo