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5 formas de meditar estando en conexión con la naturaleza

Salud

Por: pijamasurf - 11/15/2017

Para Thich Nhat Hanh, el ser humano lleva dentro de sí a la Madre Tierra, por lo que es “posible realizar una comunicación real con la Tierra, la cual es la forma más grande de rezar”

Durante años de academia y décadas de empleos obligatorios para sobrevivir, las personas aprenden a considerar como normal un estilo de vida enfocado en el mercantilismo y consumismo, dejando a un lado otros aspectos de la humanidad como la vida espiritual, la conexión con la naturaleza, la salud mental o emocional e incluso las diversas expresiones artísticas. Como consecuencia de las exigencias de un estilo de vida acomodada, la ansiedad y la depresión se han convertido en el modus vivendi de gran parte de la población en diferentes regiones del mundo.

Frente a esta exacerbación consumista, el budista Thich Nhat Hanh recomienda recrear la conexión entre el ser humano y la naturaleza. Para él, el ser humano lleva dentro de sí a la Madre Tierra, por lo que es “posible realizar una comunicación real con la Tierra, la cual es la forma más grande de rezar”. Sin embargo y desgraciadamente, la educación que gobierna en la actualidad no se ha preocupado por desarrollar herramientas que nos enseñen a vivir de nuevo en armonía con la naturaleza. Por lo tanto, ¿cómo fomentar la espiritualidad en nuestro día a día para sentirnos interconectados con la naturaleza, y así regular tanto la ansiedad como la depresión que afectan a nuestros cuerpos?

Primero, es importante crear una conexión consciente con los elementos de la Tierra. Basta con iniciar el día con un pequeño momento de reflexión acerca del mundo que nos rodea, es decir, generar una conexión con los cuatros elementos que conforman nuestra existencia: aire, fuego, agua y tierra. Hay quienes optan por montar un altar en donde se representan los diferentes elementos, y en este momento de reflexión matutino se agradece su existencia y funcionalidad en el día día. Cada elemento, además, se asocia con los puntos cardinales, los ritmos cíclicos de la naturaleza e incluso la riqueza de la biodiversidad.

Segundo, hay que realizar a diario la actividad llamada earthing o grounding. El objetivo es tocar directamente a la naturaleza, observando el ciclo de la semilla transformándose en una planta que brinda más frutas y semillas. En caso de no tener la posibilidad de hacer suelo con la naturaleza, colocar plantas de interiores en el hogar puede cambiar mucho la dinámica del mismo.

Tercero, hacer excursiones a las montañas o bosques, pasear por las playas o áreas naturales. Es una práctica que no sólo eleva la energía y brinda un mayor refuerzo al sistema inmunológico; también ayuda a desintoxicar de todos los contaminantes que absorbemos a lo largo de nuestra estancia en la ciudad.

Cuarto, celebrar los ritmos de la naturaleza. Estar consciente de las fases del año y de los ciclos lunares permite incluso realizar planes a corto, mediano y largo plazo para cumplir objetivos personales. Cada ciclo posee su propio tipo de energía que, directa o indirectamente, influye en nuestras emociones y vitalidad energética. Por ejemplo, mientras que durante la luna nueva es momento para la introspección, el descanso y la meditación, durante la luna creciente es cuando la energía vuelve para desarrollar planes y empezar proyectos.

Quinto, practicar un estilo de vida más ecosustentable. Dado que nos encontramos en conexión inmediata con la naturaleza, necesitamos tratar al planeta como nuestro templo –tal como si fuese una extensión del cuerpo. Por ello, consumir productos locales y de segunda mano, reducir, reutilizar y reciclar los desperdicios, separar la basura, empezar un huerto urbano y disminuir la huella ecológica son algunos de los ejemplos más inmediatos para alcanzar una vida con mayor conciencia del medio ambiente.

Un ejercicio que destruye cualquier argumento contra el aborto

Salud

Por: pijamaSurf - 11/15/2017

Un valioso ejercicio para reflexionar en torno al largo debate sobre el aborto

El tema del aborto ha sido, sin duda, uno de los más polémicos en las últimas décadas, y en la danza argumentativa que se gesta en torno a él existen, como suele ocurrir en estos casos, buenos puntos de ambas partes. Evidentemente, el sector más "progresista" o liberal de la sociedad respalda la posibilidad de que una mujer pueda decidir, bajo ciertas directrices, sobre su propio cuerpo, mientras que del otro lado tenemos a los grupos que esgrimen el "valor de la vida" como razón tajante para empujar su prohibición. 

Hace poco el escritor estadounidense Patrick S. Tomlinson lanzó una pregunta que, a ojos de muchos, parece un argumento irrefutable en contra de quienes condenan el aborto aludiendo el derecho a la vida, bajo cualquier circunstancia, de un embrión. Esto ocurrió a propósito de una serie de cambios en los que la administración de Trump está incurriendo, algunos de los cuales han revivido en Estados Unidos el debate provida-prodecisión. 

A continuación te compartimos las ideas de Tomlinson, con el ánimo de detonar una reflexión al respecto –sin la intención de cambiar tu postura:

Es un escenario simple con dos posibles desenlaces. Nunca alguien quiere elegir uno de estos, por que la respuesta correcta destruye su argumento.

Pero SÍ hay una respuesta correcta en realidad, y es por esto que el público "provida" odia el ejercicio. 

Aquí va. Estás en una clínica de fertilidad. El por qué no importa. Suena la alarma de incendio. Corres hacia la salida. Mientras avanzas por el corredor escuchas a un niño llorar detrás de una puerta. La abres y encuentras a un niño de 5 años pidiendo ayuda. 

Está en una esquina del cuarto. En la otra esquina observas un contenedor con la leyenda "mil embriones humanos viables". El humo aumenta. Te comienza a sofocar. Sabes que puedes salvar a uno u otro, pero no ambos pues morirías intoxicado por el humo, y por lo tanto no podrías salvar a nadie.

Salvarías A) al niño, o B) los mil embriones. No hay "C", pues esta opción significa que todos mueren.

En una década de discutir contra los grupos antiaborto en torno a la definición de vida humana, jamás he obtenido una respuesta clara, a favor de A o B, ante esta pregunta.  

Jamás responden con honestidad porque todos entendemos instintivamente que la respuesta correcta es "A". La vida de un niño vale más que mil embriones. O 10 mil, o 1 millón. Porque no son lo mismo, ni moral, ni ética ni biológicamente.