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Por ejemplo, controla sus erecciones a voluntad (aun si hay alguien estimulándolo)

En ocasiones, principalmente durante las crisis, parece imposible mantener el control sobre uno mismo y las circunstancias. Intentamos incluso darnos ánimo y resistencia mediante frases enfocadas en combatir la energía negativa y los malos momentos. Sin embargo, ¿si este método no fuese el óptimo para alcanzar un estado de dominio total?

Para Wim "Iceman" Hof, profesional en deportes extremos, se trata de estar en dominio de uno mismo mediante la respiración y un entrenamiento adecuado. Hof es conocido internacionalmente por su capacidad de soportar bajas temperaturas mientras se ejercita. De hecho, ha sido galardonado por nadar amplias distancias por debajo del hielo polar, escalar el monte Everest en shorts, hacer un maratón descalzo y usando pantalones cortos en Mont Blanc, y pasar más de 90 minutos en una pecera llena de cubos de hielo que llegaban hasta su cuello. Gracias a estas hazañas, se le adjudicó el apodo de "hombre de hielo".

El dominio sobre su cuerpo y por lo tanto sobre las circunstancias, explica Hof, puede alcanzarse una vez que se sincronizan tanto el estado físico como el mental. Mediante entrenamiento, respiración y actividad física adecuados, es posible fortalecer el sistema inmunológico y prevenir posibles enfermedades. No obstante, como es de esperarse, el dominio de Wim ha requerido una serie de eventos críticos que, después de llevarlo al fondo, lo obligaron a su evolución actual.

Te compartimos algunos datos de este personaje inspirador para yoguis, yoguinis, deportistas y demás.

1. Wim habla 10 idiomas sin apps ni escuelas. Para lograrlo, bastó con:

Estar abierto y amar aprender, y eso es todo. No tuve maestros reales. Sólo personas en la calle y a veces tuve que buscar a un profesor, como un profesor de japonés en Ámsterdam. Y un profesor de hindi. Entonces sí, sólo estuve interesado. Si estás interesado en la vida, aprendes a aprender. Y nunca dejas de aprender porque lo amas.

2. Es padre soltero de cuatro niños. De esa experiencia, Wim explica:

Tuve cuatro niños con mi esposa, y suponíamos que estaríamos juntos para siempre. Ella era el amor de mi vida. Ella murió. Se suicidó. Es un hoyo negro que habita al interior de uno. Te rompe el corazón y no sabes por qué. Pero el tren de la vida diaria continúa y debes subirte a él o de lo contrario lo pierdes. Y tuve que estar ahí por mis hijos. Y sí, creamos un nuevo hogar. Mis hijos me hicieron sobrevivir en ese momento, pero la naturaleza sanó mis heridas.

3. Está dispuesto a pasar por la enfermedad de la malaria, en favor de la ciencia y la investigación.

4. Es capaz de aguantar la respiración durante 10 minutos.

5. La práctica del yoga es una parte esencial en su vida.

6. Tuvo una cirugía intensa y se recuperó sin tomar antibiótico alguno. Hace 15 años, Wim nadaba en una fuente en Ámsterdam y decidió sentir el burbujeo de la boquilla a lo largo de la zona anal. Si bien eso es algo que hacía con regularidad, ese momento, en que el ayuntamiento de la ciudad cambió la intensidad del brote de agua, le provocó una ruptura en el colon y los intestinos, como si se tratase de una espada de agua. Su hijo Michael lo llevó a emergencias, pero no lo atendieron de inmediato pues no mostraba síntomas de dolor. Pasadas unas horas, él se desmayó y los doctores se dieron cuenta de la gravedad del asunto. Lo cosieron por dentro, pero seguía existiendo el riesgo de alguna sepsis. Tardó mucho tiempo en recuperarse pero, según él, nunca consumió antibióticos durante la recuperación.

7. Controla sus erecciones a voluntad (aun si hay alguien estimulándolo).

8. Puede realizar un maratón en el desierto sin entrenamiento ni tenis, y rehidratarse con cerveza.

9. Ha sufrido bullying.

10. Desde hace 38 años, come sólo una vez al día. El menú siempre es carne.

11. Entrenó kung-fu con los mejores maestros en Beijing y ellos le tienen un gran respeto y cariño.

12. Durante la universidad, aprendió a regular y controlar su ritmo cardíaco.

13. Hof estimula su glándula pineal a voluntad para liberar DMT: "Sé cómo llegar ahí y puedo hacerlo todo el tiempo. Tienes mayor control sobre tu sistema hormonal. No necesitas drogas para estar drogado por ti mismo de una manera natural".

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Observar la mente al viajar a un lugar silencioso y contemplar el entorno y nuestro propio pensamiento, muestra que la mente empieza a percibir más cosas y con mayor lucidez

En nuestra época, el silencio se ha convertido en un lujo -sólo algunas personas con privilegios económicos o con una educación refinada acceden al silencio-. El silencio del espacio físico, al igual que el silencio profundo de la mente. Se habla de que el silencio es un artículo de lujo; sin embargo, en realidad es algo necesario para el bienestar del cuerpo y la mente: diversos estudios muestran que la alta exposición al ruido altera la cognición y se correlaciona con enfermedades mentales; por otro lado, el silencio tiene una cualidad que favorece la neurogénesis (la formación de nuevas conexiones neurales). Por último, existe también la noción mucho más antigua que relaciona al silencio con lo místico, con los estados de comunión con la naturaleza o con la deidad, con la paz de la mente, que trae entendimiento de la verdad o de aquello que está más allá del cambio (del ruido del pensamiento y sus conceptos).

Como dice la frase popular, el silencio es oro, un oro superior al oro material. El valor fundamental que tiene el silencio, más allá de la paz y la tranquilidad, es que esa misma paz, amplitud y estabilidad que genera son las condiciones necesarias para alcanzar la sabiduría. El maestro de meditación budista Alan Wallace sugiere que de la misma manera que la ciencia se ha desarrollado gracias a la invención del telescopio y del microscopio -y sin estos difícilmente podríamos tener una astronomía o una microbiología como las que tenemos- el conocimiento de la conciencia se sirve de y necesita su propio "telescopio". Ese telescopio es fundamentalmente la atención, la facultad de dirigir la mente de manera estable y profundizar en algo de manera sostenida. Así como para usar un telescopio necesitamos que éste se encuentre estable, la mente necesita una estabilidad: es el silencio lo que nos permite ver a detalle y a profundidad. 

En un artículo reciente en el New York Times, la poeta Megan O'Rourke narra su experiencia inmersiva en el bosque Hoh en el estado de Washington, uno de los bosques grandes y antiguos en toda América del Norte y el cual colinda con el mar. O'Rourke relata su experiencia dejando el ruido urbano para adentrarse en el bosque y reflexionar sobre el silencio y el efecto del silencio en su mente: en sus pensamientos, memorias y sensación del sí mismo. O'Rourke escribe:

A la orilla del agua, la transformación fue más sutil -una transformación interna, más que un cambio externo. Resulta que en el silencio, percibimos más -nuestros sentidos se vivifican-. Me percaté de dos árboles caídos cuyas raíces se entrelazaban de tal manera que sería imposible separarlos sin tener que dañarlos a ambos. En vez de acelerar como un motor siempre en marcha, mi mente bajaba de velocidad, deslizándose hacia los lados y hacia adentro. Entrando en una caleta, me di cuenta de lo habituada que estoy al ruido cuando mi mente empezó a interpretar el sonido de las olas como si fuera el rugido de motores.

Típicamente pensamos en la necesidad del silencio como una forma de comunicarnos con nuestros yos internos. Paradójicamente, en los días silenciosos que pase en Olympia Park, me descubrí volviéndome menos enfocada hacia adentro y más consciente del espacio comunal...

Lo que se anunciaba a sí mismo en este silencio existencial de viejas rocas y océano ancestral eran memorias -de mi madre, quien murió hace casi 10 años y de la pena profunda de que nunca conoció a mi hijo, y todo lo que él perdería por no haberla conocido-. Estos pensamientos eran como música. En vez de que yo los tuviera ellos me tenían a mí, y me subí sobre un montículo de troncos enormes -algunos de más de 30 metros, apilados como cerillos por el estruendoso mar- y dejé que la madera flotante calentara mis pies y que el silencio se hiciera una alberca en mis oídos. Para oírnos a nosotros mismos, a veces debemos abandonarnos a nosotros mismos y sumergirnos en el silencio hasta que estamos solos con el ruido interno y no podemos más que enfrentarlo.

O'Rourke sugiere que el ser humano moderno huye del silencio, aunque éste sea tan pacífico, porque le produce una especie de horror vacui, una intimación de la muerte o una confrontación con los cabos sueltos del alma. El ruido y una vida agitada y productiva, por otro lado, nos evitan esta confrontación. Tiene razón. Y también es cierto que al evitar esa confrontación nuestra mente reduce su amplitud y permanece contraída en el estado descrito como "visión de túnel". Se vuelve una versión reducida de sí misma, limitada por los estímulos granulares que recibe -generalmente, distracciones que luego se convierten en preocupaciones-. Así, no notamos que la mayoría de nuestros pensamientos no son más que ruidos que genera el entorno psicofísico en el que vivimos. Y no notamos que existe otro orden de pensamientos más claros, amplios y profundos, que sólo empiezan a surgir una vez que el ruido de la superficie puede cumplir su curso y empieza a haber espacio entre los pensamientos. Ocurre como con la música -donde el espacio entre las notas es lo que hace la música, como dijo Debussy-: el espacio entre los pensamientos también hace que se produzca una cierta música, una cierta armonía de la conciencia. 

 

Foto: Mitch Epstein