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La foto del aura de David Bowie antes y después de consumir cocaína, tomadas con cámara Kirlian

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/25/2017

Bowie experimentó con la fotografía Kirlian en los años 70; el músico pensaba que consumir drogas afecta negativamente el aura

Hubo un tiempo en que la fotografía Kirlian fue toda una sensación entre celebridades y proponentes de la ciencia alternativa. Se creía, y algunas personas aún creen, que esta técnica fotográfica puede registrar el aura humana. Una de las personas interesadas en esta tecnología fue David Bowie, quien en 1975 recibió una cámara fotográfica Kirlian por parte de Thelma Moss, del Departamento de Parapsicología de UCLA. Según narra el sitio The Daily Grail, esa era la época en la que Bowie estaba grabando su álbum Station to Station y estaba en una etapa de gran interés por el ocultismo, la magia, la cábala y, por supuesto, las drogas.   

La cámara Kirlian fue desarrollada por investigadores rusos y checos y funciona produciendo imágenes al colocar objetos en una película fotográfica sobre una placa de metal con carga. Cuando se aplica rápidamente un alto voltaje al objeto, ello crea una exposición en la película a través de lo que se conoce como descarga coronal eléctrica. Algunos, sin embargo, creen que esto es lo mismo a una lectura del aura o los campos biomagnéticos. Además de Bowie, otro músico prominente que se interesó en esto, George Harrison, siempre pionero, utilizó una imagen de Kirlian en el arte de su álbum Living in the Material World.

Bowie usó esta técnica para intentar investigar lo que le ocurría cuando tomaba drogas. La imagen a continuación muestra uno de sus dedos, un crucifijo que le dio su padre y lo que podría ser el aura del dedo modificada por el consumo de la cocaína.

Aquí Bowie explica cómo obtuvo la máquina y habla sobre su experimentación con ésta y cómo las drogas afectan el aura. Bowie señala que "si tomas drogas o haces algo estúpido como eso", ello afecta tu aura. Dice que el aura, después de tomar drogas, se ve "como si alguien te hubiera arrancado el pelo" (aquí, el pelo significa energía).

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AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/25/2017

¿La salud es un derecho o una mercancía? El proyecto del científico Michael Laufer nos entrega una posible respuesta

En nuestras sociedades, el conocimiento y la autoridad son nociones con una relación más íntima de la que solemos atribuirles. Casi todo lo que implica la generación y manejo del conocimiento no goza de libertad absoluta sino, más bien, suele estar administrado por una autoridad: el maestro, el autor, el médico, etcétera.

En el terreno de la salud este monopolio del conocimiento es particularmente sensible porque, desde una perspectiva humanista, podríamos considerar que la salud es una condición a la que toda persona debiera tener derecho, irrestrictamente. Pero no es así. En combinación con el sistema económico en que vivimos, la salud se ha convertido en una mercancía más, cuyo acceso y calidad están en relación directa con el poder adquisitivo de una persona. Quien puede pagar más, goza de mejores condiciones de salud.

Michael Laufer es doctor en matemáticas, especialista en física de partículas y, además de esto, dirige el proyecto “Four Thieves Vinnegar” (algo que podría traducirse como “Vinagre Cuatro Ladrones”, que tiene como singular propósito enseñar a la gente a hacer sus propios medicamentos, de manera sencilla y poco costosa.

“Espero que la gente retome el control de su propia salud”, dijo Laufer hace un tiempo sobre esta idea que, sin duda, a muchos les puede parecer polémica e incluso arriesgada.

Sin embargo, la justificación del científico merece ser tomada en cuenta: ante medidas cada vez más restrictivas para la circulación de medicamentos, el aumento en los precios de éstos y, sobre todo, el poder oligopólico de la industria farmacéutica, ¿no es posible implementar otras alternativas de acceso a ciertos medicamentos y, por ende, de acceso a la salud?

Entre los tutoriales que Laufer y sus compañeros han desarrollado se encuentra uno para fabricar un reactor de laboratorio con el que es posible sintetizar medicamentos, pequeño y de bajo costo; otro para armar un inyector de epinefrina con cerca de 30 dólares (cuando el costo comercial de este instrumento ronda los 300 dólares) y, al respecto de medicamentos puntuales, en una presentación pública, el científico utilizó un modelo del reactor mencionado para sintetizar pirimetamina, que se usa para tratar infecciones por protozoarios, como la malaria o la toxoplasmosis.

Como decíamos antes, es posible que un proyecto parezca no estar exento de peligro. Se podrá decir que una persona puede arriesgar su salud al intentar hacer sus propias medicinas, o que esta información puede usarse con fines ilícitos. No obstante, desde otra perspectiva, quizá ese sea el fundamento del problema que parece tener la iniciativa: creer que no somos suficientemente responsables como para manejar conocimiento de este tipo, hace que confiemos tan ciegamente en las autoridades.