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¿A quién le pertenece realmente el espacio público de una ciudad? ¿Y el plano virtual de ese mismo espacio?

Ahora, casi todos estamos habituados a que el espacio público esté invadido de publicidad. Anuncios en todos los tamaños y en variedad de presentaciones nos asaltan en prácticamente cualquier punto del lugar en que vivimos: las calles, los parques, las estaciones de autobús, etcétera. 

Este fenómeno, que nos puede parecer “normal”, no es, sin embargo, incuestionable. Desde ciertas perspectivas hay quienes critican que un espacio que supuestamente es de todos sea al mismo tiempo entregado para su explotación a entidades específicas, como las grandes marcas, que por su sola capacidad monetaria tienen acceso a un beneficio que a otros se les niega. 

Pero por si esto no fuera suficiente, la “propiedad” del espacio está por llegar también a la realidad aumentada (AR, por sus siglas en inglés), ese desarrollo tecnológico contemporáneo gracias al cual es posible “superponer” ciertos elementos virtuales a la realidad física. En el medio digital, posiblemente la forma más conocida y utilizada de AR son los filtros de Snapchat, después replicados en otras plataformas.

Snapchat, sin embargo, no parece conformarse con la utilización individual o privada de los recursos de AR y, hace unos días, anunció la intervención de puntos específicos del espacio público con elementos de realidad aumentada. 

En emblemáticos parques públicos de París, Nueva York, Londres, Río de Janeiro y otras ciudades importantes, Snapchat ha situado una escultura de Jeff Koons que sólo es visible por medio de su plataforma, pues se trata de una colocación virtual. Hasta cierto punto la elección del artista y las obras mostradas no es casual, pues tanto por su carácter pop como por sus dimensiones, parece ser el tipo de arte ideal para individuos y sociedades que se exponen permanentemente en las vitrinas de las redes sociales.

Y aunque bien pudiera pensarse que este es un proyecto altruista o cultural de Snapchat, que acerca el arte al gran público, lo cierto es que en el fondo la intención es comercial. Eventualmente, esta posibilidad de situar una pieza en la realidad aumentada del espacio público se ofrecerá también a las marcas, que podrán así conquistar también ese otro plano.

Ante dicho escenario, el artista y diseñador Sebastián Errázuriz ideó y ejecutó el primer acto de protesta de realidad aumentada al crear un filtro similar al de Snapchat pero que “vandaliza” las esculturas de Jeff Koons.

Errázuriz –de origen chileno y asentado en Nueva York– diseñó junto con el equipo de su estudio Cross Lab una app que permitiera ver el Balloon Dog de Koons “colocado” en Central Park pero con grafitis en su superficie, alusivos a su vez a nombres de artistas que actualmente viven y trabajan en Nueva York.

Al respecto, publicó en su cuenta de Instagram:

¿Se le debe permitir a las corporaciones poner cualquier contenido que quieran sobre nuestro espacio digital público? Central Park le pertenece a la ciudad de Nueva York. ¿Por qué las corporaciones podrían, libremente, etiquetar sus coordenadas de GPS gratis? Sabemos que harán dinero rentando lugares específicos de GPS a marcas y bombardeándonos con publicidad. Ellos deberían pagar renta, nosotros deberíamos escoger para aprobar lo que puede ser etiquetado geográficamente en nuestros espacios digitales públicos y privados.

Una reflexión que vale la pena considerar, no sólo con respecto a la realidad aumentada sino a todos los espacios que habitamos a lo largo de nuestra vida, física y virtualmente.

La evolución de las técnicas de manipulación audiovisual generará nuevas problemáticas en nuestro futuro mundo digital

Ya son familiares y de uso corriente las múltiples opciones que algunas apps y redes sociales nos ofrecen para retocar nuestras imágenes y videos según la emoción que deseemos transmitir o la realidad que queremos filtrar.

Sin embargo, gracias a los avances en los campos de la inteligencia artificial –en específico, las redes neuronales-- y el procesamiento de gráficos, se han desarrollado nuevas herramientas de manipulación de audio y video que permitirán la creación de videograbaciones realistas donde cualquiera podría aparecer confesando cualquier cosa. Trump revelando su pasión por las aguas doradas, Felipe Calderón su alcoholismo o Peña Nieto su analfabetismo. Este es el futuro de las noticias falsas.

Varios equipos de investigación estadounidenses se encuentran capturando y sintetizando los diferentes aspectos audiovisuales de la comunicación humana. Entre ellos destaca la Universidad de Stanford con su software “Face2Face”, capaz de manipular video de figuras públicas como George W. Bush, Putin o Trump y sobreponer en tiempo real palabras nunca pronunciadas, utilizando únicamente una webcam.

Si a lo anterior se le añade un sintetizador de voz, la ilusión de veracidad se duplica. La Universidad de Alabama en Birmingham ha investigado y desarrollado herramientas de alteración de voz en un esfuerzo por diseñar sistemas de autenticación más seguros, pues se ha demostrado que con un audio de 3 a 5 minutos tomado de la radio o de la web un agresor puede sintetizar una voz capaz de engañar humanos y sistemas de seguridad biométricos utilizados por bancos y smartphones.

Como muestra del método para animar imagen --la boca, específicamente-- a partir de una pista de audio la Universidad de Washington elaboró el proyecto Sintetizando a Obama, en el cual los estudiantes tomaron el audio de un discurso de Obama y lo usaron para animar su cara en un video distinto mediante el empleo de redes neuronales artificiales que analizaron, sintetizaron y reprodujeron la cadencia de los movimientos al hablar.

No obstante, las diferentes técnicas aún no están perfeccionadas. Las expresiones faciales no parecen naturales, las voces aún suenan robotizadas, y las luces y las sombras, así como la perspectiva del entorno pueden delatar su fabricación. Pero gracias al avance tecnológico, eventualmente se podrá recrear fielmente el sonido y la apariencia de una persona. Esta sofisticación abre una amplia gama de problemáticas potenciales a nivel individual y global. Un agresor podría suplantar a un familiar o a uno mismo para perjuicio personal, o bien, podría suplantar a algún líder político-militar y desatar un conflicto imprevisto, sin contar los retos periodísticos para mantener la credibilidad.

Existen suficientes pruebas de los estragos de la desinformación. La tecnología tiene el potencial de revolver más el río para ver qué pescadores ganan.