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El cerebro produce biofotones: ¿Es la conciencia una propiedad emergente de la luz?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/01/2017

¿Es la conciencia lo que emerge de la autoorganización de la luz? Una nueva teoría científica podría acercarnos al entendimiento histórico de diferentes tradiciones en las que la luz y la conciencia son vistas como idénticas

Abhinavagupta, una de las grandes mentes religiosas que ha producido la India (junto con el Buda y Shankara), entendió que el universo era una única sustancia que designó como luz-conciencia, prakasha. La luminosidad y la cognitividad eran para este maestro tántrico, que también escribió una influyente teoría estética, una misma naturaleza divina. “Cosas como ‘azul’, ‘amarillo’, ‘bondad’, etcétera, son también sólo luz, Śiva. Si todo lo que existe es esta suprema no-dualidad, luminosa por naturaleza, ¿qué más podría existir?”, escribió. En otras palabras, todos los fenómenos que percibimos son solamente luz; aquellas designaciones de lo que son, son posteriores al acto inmediato de la percepción, que es en sí misma luz. Y aquello que percibe también es fundamentalmente luz, luz reificada, según la filosofía no-dual de Abhinavagupta y, en palabras del físico David Bohm, luz congelada (más sobre la luz-conciencia de Abhinavagupta aquí).

En tiempos recientes, los científicos han descubierto que el cerebro de los mamíferos es capaz de producir biofotones, esto es, fotones apenas visibles, que van desde casi el infrarrojo hasta la luz violeta. La pregunta evidente aquí es: ¿para qué produce estas pálidas fosforesencias el cerebro?

En una nueva investigación, los científicos han concluido que es posible que exista un sistema de comunicación óptica en el cerebro, esto es, una infraestructura sobre la cual la luz puede viajar de manera coherente de una parte a otra del cerebro. La investigación se basó en la existencia de axones mielinizados; los axones son fibras que portan la carga eléctrica de una neurona, y los axones mielinizados están cubiertos de una sustancia que aísla la electricidad. Para dicho estudio se realizó un modelo de cómo la luz podría comportarse sirviéndose de esta capa mielinizada, y los resultados sugieren que los cerebros humanos podrían comunicar más de mil millones de biofotones por segundo. Esto  significa que existe un hipotético mecanismo para transmitir una importante cantidad de bits de información, incluso la creación de una gran cantidad de entrelazamiento cuántico, es decir, toda una red de comunicación basada en la luz, según comentan los científicos que publicaron su trabajo en el sitio de física de la Universidad Cornell. Los investigadores, por supuesto, no saben qué estaría haciendo esta red teórica de luz. 

El hecho de que los científicos hablen de un sistema de entrelazamiento cuántico hace pensar en un posible vínculo con el origen de la conciencia, siendo que algunos investigadores consideran que el entrelazamiento cuántico debe de estar involucrado con el proceso que genera la conciencia -la cual es el fenómeno más elusivo para la ciencia moderna (lee aquí sobre qué es el entrelazamiento cuántico). 

Desde hace algunas décadas, el biólogo alemán Fritz Albert Popp ha investigado estos biofotones que son producidos por las células de animales y plantas. Popp ha teorizado que:

los biofotones son emitidos por un campo coherente de fotones dentro de los sistemas vivientes. Los organismos son emisores y muy probablemente también receptores de señales electromagnéticas que parecen ser esenciales para su funcionamiento.

Popp mantiene que la comunicación biofotónica de un organismo podría ser determinante para procesos metabólicos y de comunicación celular, y menciona también la posibilidad de que la conciencia esté basada en la luz.

El físico David Bohm, uno de los protegidos de Einstein en Princeton, sugirió en su teoría de la totalidad implicada que la luz por naturaleza es holográfica y codifica el patrón de información de la totalidad del universo:

El orden actual (el orden implicado) en sí mismo ha sido registrado en el complejo movimiento de los campos electromagnéticos, en la forma de ondas de luz. Dicho movimiento de ondas de luz está presente en todas partes y en un principio envuelve la totalidad del espacio y el tiempo del universo en cada región. Este envolvimiento y desenvolvimiento no sólo ocurre en el campo electromagnético, sino en otros campos (electrónico, protónico, etc.). Estos campos obedecen leyes mecánico-cuánticas, implicando propiedades de discontinuidad y no localidad.

Bohm, quizás por la influencia tardía de Krishnamurti en su trabajó, equiparó a la conciencia con la totalidad implicada, es decir, con el orden universal que tiene la propiedad de desdoblarse holográficamente, esto es, conteniendo el todo en la parte.

Por último, una reflexión hecha por Car Jung en su libro Sobre la naturaleza de la psique:

Ya que la conciencia siempre ha sido descrita en términos derivados del comportamiento de la luz, en mi perspectiva no es exagerado pensar que estas múltiples luminosidades corresponden a diminutos fenómenos conscientes. Esta luz es la "lumen naturae" que ilumina la conciencia. Si la luminosidad aparece en forma monádica como una sola estrella, sol u ojo, rápidamente asume la forma de un mandala y debe ser interpretada como el sí mismo.  

En otras palabras, Jung está diciendo que el Selbst, el sí mismo, lo que somos, es luz que se autoorganiza, un mandala consciente de sí mismo. La conciencia: un lenguaje de luz, luz que se dice a sí misma. 

 

Lee también: Por qué la conciencia y la energía son lo mismo

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¿Cuál es la verdadera historia de Hachiko, el perro leal que esperó a su dueño durante 10 años?

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 10/01/2017

La verdadera historia de Hachiko tiene lugar en 1924, cuando Hidesaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokio especializado en ciencia agricultural, se vio en el deseo de encontrar un compañero leal que lo liberara un poco de su soledad

La adaptación cinematográfica de Hollywood en 2009 de Hachi: A Dog’s Tale (Siempre a tu lado, Hachiko) popularizó la conmovedora historia de este perro de raza Akita que esperó el regreso de su amo durante 10 años en la estación de trenes, sin saber que éste último había fallecido. Se trató de una película que, además de provocar unas cuantas lágrimas de tristeza, habla sobre el verídico acontecimiento de un perro nacido en Japón.

La verdadera historia de Hachiko tiene lugar en 1924, cuando Hidesaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokio especializado en ciencia agricultural, se vio en el deseo de encontrar un compañero leal que lo liberara un poco de su soledad. Así que empezó a buscar a un perro inteligente, autónomo y valiente, características que se adecuaban a los antiguos guardianes de los emperadores: los akita. Tardó bastante tiempo en encontrar un cachorro akita, pues para la fecha escaseaban en la región. Se dice que quedaban sólo 30 ejemplares puros de la especie en todo Japón, en Odate, una ciudad en la prefectura de Akita. Ahí, Ueno escogió a su mascota y lo bautizó como Hachiko o Hachi.

Con el paso de las semanas, Ueno y Hachi se volvieron inseparables. Su amistad y lealtad mutua creció: cada día caminaban un largo tramo uno junto al otro hacia la estación de tren Shibuya, en el centro de Tokio; el profesor tomaba un tren para su trabajo y regresaba en la tarde; el perro lo esperaba en la estación para caminar juntos a casa. La rutina duró 2 años, hasta que el 21 de mayo de 1925, Ueno falleció de un derrame cerebral mientras daba una clase en la universidad. Desde ese día, Hachiko esperó largas horas a su dueño…

Y como su esposa no poseía los recursos adecuados para cuidar a Hachi, lo donó a su antiguo jardinero, con quien disfrutaría del amor de una nueva familia. Pese a ello y por sorpresa, el leal Hachi siguió esperando a su antiguo dueño en la estación del tren durante 10 años. Se dice que durante ese período, el perro tenía un semblante muy triste; sin embargo, pese a que los días, meses y años pasaron y la gente solía tenerle miedo, él decidía regresar cada mañana.

Eventualmente, un periodista y un estudiante de Hidesaburo notaron su presencia en la estación del tren, lo siguieron hasta la casa de su nuevo dueño y descubrieron la historia de gran lealtad y amistad. Comenzaron a publicar historias de Hachi en periódicos locales, las cuales lo convirtieron en una real inspiración de constancia y lealtad. Tanto, que en 1934 se erigió una estatua en frente de la estación de trenes Shibuya, con Hachi mismo como invitado principal para su inauguración.

Desgraciadamente, 1 año más tarde, el 8 de marzo de 1935, Hachiko falleció en la estación esperando lealmente a que su amigo llegara. Se le diagnosticó cáncer terminal, enterrándole al lado de su dueño en el cementerio Aoyama en Tokio. Ahora, en el noveno aniversario luctuoso de Hachiko, se honra la inquebrantable amistad entre especies que forma parte de la unicidad de la naturaleza.