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¿Buscas música para relajarte o concentrarte? Estas playlists inspiradas en Hayao Miyazaki son perfectas

Arte

Por: pijamasurf - 10/30/2017

Qué mejor que acompañar un momento de relajación con la música que se escucha en las cintas de Miyazaki y el Estudio Ghibli

De todos los elementos que son admirables en las películas de Hayao Miyazaki, la música es uno de los más importantes. A diferencia de la tendencia contemporánea, Miyazaki fue aún uno de esos directores en los que cada uno de los elementos de una película está ahí para decir algo, para contribuir al sentido del filme.

En este sentido, la música que ha acompañado las cintas de Miyazaki suelen ser piezas sumamente expresivas, en las que además se encuentra cierto temperamento íntimamente relacionado con el estilo personal de director, en el cual la reflexión y la contemplación están muy presentes.

Los videos que compartimos a continuación reúnen algunas de las pistas más relevantes de dichos soundtracks o, mejor dicho, algunas de las pistas más tranquilas, pues se trata de transcripciones realizadas por el músico Curtis Bonnett, también conocido como “Cat Trumpet”, quien llevó a diversos instrumentos canciones que se pueden escuchar en El castillo vagabundo, El viaje de Chihiro o Poco Rosso, entre otras. Aquí una versión para piano solo:

Además del piano, Cat Trumpet también realizó transcripciones para arpa:

Las compilaciones se encuentran también en Spotify:

Cabe mencionar, finalmente, que la tarea de Bonnett es en cierto modo admirable, pues en muchos casos la música de las películas de Miyazaki suele ser compleja, ambiciosa. Para muestra y por curiosidad, esta playlist en Spotify que reúne algunas de dichas composiciones, obra en su mayor parte de obra de Joe Hisaishi:

 

 

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En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, "desprestigiando a la palabra como medio de expresión artística"

Sombrío, minimalista y profundamente nihilista, Samuel Beckett fue uno de los personajes más importantes del experimentalismo literario del siglo XX. En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, desprestigiando -según su traductora, Antonia Rodríguez-Gago- “la palabra como medio de expresión artística y creando una poética de imágenes, tanto escénica como narrativa”.

Mediante sus conocimientos de literatura, teatro, filosofía, psicoanálisis, música y medios audiovisuales, Beckett logró retratar la tragicomedia de la condición humana. Gracias a ello, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1969, tomando en consideración su renovación de la novela y el drama. Para el autor que consideraba que “Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre”, existe una serie de libros indispensables para cambiar las premisas de vida. La lista fue publicada por Cambridge University Press en el 2011:

Andrómaca (1668), de Jean Racine. Beckett releyó este libro “con una mayor admiración que nunca y con una mayor comprensión, al menos con una mayor comprensión sobre las posibilidades del teatro en la actualidad”.

– La vuelta al mundo en ochenta días (1873), de Julio Verne. En palabras de Beckett: “Tiene vitalidad”.

El castillo (1926), de Franz Kafka. Según Beckett: “Me sentí como en casa, demasiado –quizá eso fue lo que me hizo no dejar de leerlo. Caso cerrado ahí y entonces”.

El guardián entre el centeno (1951), de J. D. Salinger. De acuerdo con Beckett: “Me gustó mucho en realidad, más que cualquier cosa en mucho tiempo”.

Crooked House (1949), de Agatha Christie.

Effi Briest (1895), de Theodor Fontane. Beckett menciona al respecto: “Lo leí por cuarta vez el otro día con las mismas lágrimas en los mismos espacios viejos”.

El jorobado de Notre Dame (1831), de Víctor Hugo.

Viaje al fin de la noche (1932), de Louis-Ferdinand Céline.

Lautréamont y Sade (1949), de Maurice Blanchot. “Algunas excelentes ideas o inicios de las ideas, y un poco de verborrea para ser rápido de leer. Lo que emerge a través de un verdadero gigante Sade, celoso de Satán y de sus tormentos eternos”.

Destino del hombre (1933), de André Malraux.

Mosquitos (1927), de William Faulkner.

El extranjero (1942), de Albert Camus. En palabras de Becket: “Inténtalo y léelo, creo que es importante”.

La tentación de existir (1956), de Emil Cioran.

La 628-E8 (1907), de Octave Mirbeau. “Es una jodida buena pieza de trabajo”.