*

X

Amor, erotismo y la energía del cosmos son la inspiración de estas ilustraciones

Arte

Por: pijamasurf - 10/30/2017

La fuerza femenina encuentra su igual entre el universo y el éxtasis del orgasmo

Con cierta licencia poética, nos es dado imaginar que una sola energía recorre todo el universo. Y por más que esas palabras –“todo el universo”– nos hacen pensar en lo inabarcable, al mismo tiempo cierta inclinación de la naturaleza humana nos lleva a pensar que, quizá, incluso eso infinito sería posible transitarlo y comprenderlo.

En cierta forma, ambos motivos se encuentran presentes en el trabajo de la ilustradora María Uve, nacida en Vigo, España, y que cuenta con un estilo sólido y atractivo, en el que la fuerza femenina se encuentra a gusto entre galaxias y en las escenas más cotidianas del amor, rodeada de estrellas o en el éxtasis de un orgasmo.

En un apunte, la filósofa Simone Weil escribió que "amar puramente es consentir en la distancia, es adorar la distancia entre uno y lo que se ama" y, de alguna manera, estas ilustraciones parecen un acompañamiento adecuado para esa reflexión. Los astros, podríamos decir, se mantienen a salvo en ese precario equilibrio que es al mismo tiempo un movimiento, una danza que requiere su propio ritmo para continuar y preservarse.

Entre otras plataformas, es posible encontrar el trabajo de María Uve en Instagram, como @maria_uve_.

 

También en Pijama Surf: Amar es adorar la distancia con lo que se ama: los apuntes de Simone Weil sobre el amor, la verdad y la libertad

Te podría interesar:

Estos son los mejores libros según el Premio Nobel de Literatura, Samuel Beckett

Arte

Por: PijamaSurf - 10/30/2017

En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, "desprestigiando a la palabra como medio de expresión artística"

Sombrío, minimalista y profundamente nihilista, Samuel Beckett fue uno de los personajes más importantes del experimentalismo literario del siglo XX. En sus inicios, bajo las enseñanzas de James Joyce, mostró un particular sentido de humor negro y sórdido, desprestigiando -según su traductora, Antonia Rodríguez-Gago- “la palabra como medio de expresión artística y creando una poética de imágenes, tanto escénica como narrativa”.

Mediante sus conocimientos de literatura, teatro, filosofía, psicoanálisis, música y medios audiovisuales, Beckett logró retratar la tragicomedia de la condición humana. Gracias a ello, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1969, tomando en consideración su renovación de la novela y el drama. Para el autor que consideraba que “Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre”, existe una serie de libros indispensables para cambiar las premisas de vida. La lista fue publicada por Cambridge University Press en el 2011:

Andrómaca (1668), de Jean Racine. Beckett releyó este libro “con una mayor admiración que nunca y con una mayor comprensión, al menos con una mayor comprensión sobre las posibilidades del teatro en la actualidad”.

– La vuelta al mundo en ochenta días (1873), de Julio Verne. En palabras de Beckett: “Tiene vitalidad”.

El castillo (1926), de Franz Kafka. Según Beckett: “Me sentí como en casa, demasiado –quizá eso fue lo que me hizo no dejar de leerlo. Caso cerrado ahí y entonces”.

El guardián entre el centeno (1951), de J. D. Salinger. De acuerdo con Beckett: “Me gustó mucho en realidad, más que cualquier cosa en mucho tiempo”.

Crooked House (1949), de Agatha Christie.

Effi Briest (1895), de Theodor Fontane. Beckett menciona al respecto: “Lo leí por cuarta vez el otro día con las mismas lágrimas en los mismos espacios viejos”.

El jorobado de Notre Dame (1831), de Víctor Hugo.

Viaje al fin de la noche (1932), de Louis-Ferdinand Céline.

Lautréamont y Sade (1949), de Maurice Blanchot. “Algunas excelentes ideas o inicios de las ideas, y un poco de verborrea para ser rápido de leer. Lo que emerge a través de un verdadero gigante Sade, celoso de Satán y de sus tormentos eternos”.

Destino del hombre (1933), de André Malraux.

Mosquitos (1927), de William Faulkner.

El extranjero (1942), de Albert Camus. En palabras de Becket: “Inténtalo y léelo, creo que es importante”.

La tentación de existir (1956), de Emil Cioran.

La 628-E8 (1907), de Octave Mirbeau. “Es una jodida buena pieza de trabajo”.