*

X

3 preguntas que debes hacerte y, según lo que respondas, moldear tu vida

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/16/2017

Las 3 grandes preguntas de la existencia en torno a cuyas respuestas uno debe orientar su existencia para tener una vida significativa, profunda y ética

El mundo en el que vivimos no parece priorizar la reflexión profunda. Lo principal es lo económico y aquello que nos lleva al éxito material. Sin embargo, diversos estudios muestran que la verdadera felicidad e incluso la salud están ligadas a lo que se conoce como una vida con significado o sentido (lo que los griegos llamaron eudaimonía). Aunque exista una cierta urgencia biológica a buscar el placer y evitar lo que nos parece difícil y nos saca de la zona del confort, a la larga nos daremos cuenta de que lo más importante no es lo que tenemos sino cómo somos, cómo percibimos el mundo y si hemos logrado llenar nuestra existencia de belleza, amor y sabiduría. 

Así que en vez de preguntarte cómo vas a lograr ser exitoso, cómo vas a conseguir tener un mejor trabajo o cómo vas a lograr encontrar una pareja (cosas que pueden ser importantes, pero que son subconjuntos de cosas más importantes todavía y que se resuelven solas cuando uno tiene una ética y una filosofía personal), hazte las grandes preguntas y vive una vida profunda. Las tres grandes preguntas tradicionalmente son "¿quién eres?", "¿de dónde vienes?" "¿a dónde vas?". Estas preguntas no se refieren, evidentemente, a cómo te llamas o quiénes son tus padres, o a qué te quieres dedicar. Son preguntas filosóficas, existenciales, que requieren de seria meditación e investigación. Son las grandes preguntas que todos los filósofos se hacen, pero que existen naturalmente en el corazón del hombre. Muchas veces las dejamos de hacer porque parecen demasiado difíciles o porque estamos tan ensimismados en el tren de la existencia, lidiando con el día a día, que no tenemos una perspectiva amplia. Son preguntas, sin embargo, que los niños se hacen, y que todo hombre con verdadera curiosidad, con verdadero deseo de saber necesariamente formula. Y no son en ninguna medida inútiles, ya que a partir de sus respuestas o de sus intuiciones un individuo que tiene la mínima integridad, ética y fidelidad a sí mismo y a la verdad, debe orientar su vida. Estas tres preguntas también pueden formularse así:

¿Qué es el ser humano? ¿Qué es la vida? ¿El mundo es real?

¿Cuál es el origen de la vida? ¿Existe un Creador o una divinidad que soporte el universo?

¿Existe vida después de la muerte? ¿Existe un alma inmortal?

Podemos tener distintas respuestas a estas preguntas; incluso podemos concluir que no es posible para el ser humano responderlas, pero de cualquier manera la respuesta o la postura que encontremos naturalmente debe determinar nuestra forma de vivir, nuestros objetivos y las cosas a las que le damos más importancia. Un ejemplo: si una persona piensa que es muy probable que la existencia continúe y que la continuidad de su alma o mente depende de los hábitos y conductas que cultiva en esta vida, esa persona estaría motivada a vivir una vida que favoreciera el cultivo o entrenamiento de su mente y la práctica de la virtud. Sería sumamente contradictorio e incongruente que se dedicara al hedonismo, a apilar cosas materiales y demás. No sería lo mismo para quien considera que no existe una vida después de la muerte, que esto es lo único que hay. Dicho individuo podría de todas maneras practicar una vida virtuosa, acaso entendiendo que en esta vida es benéfico también obrar de cierta forma y demás, pero no tendría la misma motivación o urgencia, por ejemplo, de dedicarse a pacificar su mente o a generar buen karma, etc. Lo mismo ocurre si una persona tiene fe en Dios o si considera que el ser humano es realmente un ser hecho a imagen y semejanza de la divinidad. La primera pregunta también sirve para preguntarse si lo que soy como individuo tiene un destino, un propósito o un dharma particular que debo cumplir. Esto no iría en el sentido de satisfacer mi propia voluntad individual, sino porque existe una fuerza cósmica o divina que me impele a realizar algo. O, por el contrario, determinar que no existe tal determinismo o tal impulso universal, no hay esencia detrás de la existencia y todo lo que soy es mi propia construcción individual.

Por otro lado, uno podría determinar que los elementos que tenemos para conocer la realidad son insuficientes, siendo el universo tan vasto y nosotros tan limitados. Esto llevaría a un agnosticismo, lo cual puede ser una postura de asombro ante la existencia, de estar abierto al misterio y a la maravilla y no cerrarse a las posibilidades. Una postura muy distinta, por ejemplo, al ateísmo o al materialismo, donde se considera que no existe vida espiritual ni nada parecido, por lo cual lo único que hay es esta breve vida material. También se podría tomar la postura del matemático Blaise Pascal, quien determinó que aunque el hombre no puede conocer el infinito o comprobar la existencia o inexistencia de Dios, los beneficios de creer en Dios superan por mucho al no creer en él y, por lo tanto, es conveniente tener fe: "La razón es que, aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna". Este argumento se basa en gran medida en que nuestra vida humana a fin de cuentas es sumamente breve, y si es que existe una vida eterna, todo lo mundano palidece ante ello y debe supeditarse.

Para concluir, lo que queremos enfatizar es la importancia de hacernos estas preguntas, puesto que lo cambian todo y dan un sentido y propósito a nuestra existencia, nos permiten vivir de una manera más profunda (claro, sin que incurramos en una parálisis por el excesivo análisis). A la vez, nos obligan a conocernos a nosotros mismos y a formar nuestras propias ideas y conclusiones y no dar por hecho lo que piensan los demás o lo que superficialmente es aceptado -recordemos lo que dijo Nietzsche: "En los individuos, la demencia es rara; pero en los grupos, partidos, naciones y épocas, es la norma". En otras palabras, hacernos estas preguntas requiere que investiguemos la naturaleza de la realidad, que miremos hacia adentro y hacia afuera, que nos informemos seriamente y que practiquemos una conciencia crítica. Al final, el ejercicio sólo es fructífero si somos honestos y somos capaces de ir más allá de nuestros prejuicios y temores.

El genial emperador romano nos comparte algunos puntos fundamentales para actuar sabiamente y alcanzar así cierta forma de felicidad.

Los estoicos fueron bien conocidos por dominar el arte de ser invulnerables, es decir, mantener un estado de ánimo neutral y alegre a pesar de cualquier peripecia o evento adverso que se les pudiera presentar sin importar lo grande o pequeño que fuera.

Un ejemplo formidable de esta filosofía es el emperador romano Marco Aurelio cuyo mandato en la gran Roma transcurrió entre invasiones germanas, ataques de oriente y una gran revuelta en varias provincias. Gracias a su disciplinado comportamiento, este emperador llevaba cuenta de sus reflexiones y pensamientos más profundos en su diario al que llamó sencillamente Meditaciones. El libro es fuente de gran sabiduría y ha sido apreciado durante varias épocas por gobernantes, hombres de poder y personas de todas clase; en él virtió algunos de los consejos más sabios para poner en práctica el estoicismo día a día.

 

Hemos seleccionado 8 de estos consejos que todos deberíamos poner a consideración al menos:

 

La gente será grosera

 

“Cuando despiertes por la mañana, repite esto: La gente con la que lidie hoy será entrometida, desagradecida, arrogante, deshonesta, celosa y malhumorada. Son así porque no pueden distinguir el bien del mal. Pero yo he visto la belleza del bien y la fealdad del mal y he reconocido que el malhechor tiene una naturaleza relacionada a la mía -no de la misma sangre o nacimiento sino de la mente y posee una parte de la misma divinidad. Así, ninguno de ellos puede lastimarme. Nadie puede involucrarme en la fealdad. No me puedo sentir enojado con mi prójimo ni odiarlo. Nacimos para trabajar juntos como los pies, las manos, los ojos, como las dos filas de los dientes, arriba y abajo. Obstruirnos mutuamente sería antinatural. Sentir enojo hacia alguien, darle la espalda: estas son obstrucciones.”

 

En ningún momento podremos estar rodeados únicamente de aquellos que nos hagan sentir bien, debemos prepararnos para confrontar la vida como es, no como quisiéramos que fuera y eso incluye la forma de actuar de otros.

 

 

    Tenemos poder sobre nuestra forma de estar

 

    “Escoge no ser herido y no te sentirás herido, si no te sientes herido no serás herido.”

 

Para los estoicos nada tiene un valor en sí mismo, todo lo que sentimos respecto a las cosas son la forma en que hemos elegido sentirlas.

Si la opinión que tienes de ti mismo significa más para ti que la opinión que otros puedan tener de ti, no te sentirás degradado si alguien no la comparte.

 

 

La bondad es la mejor arma

 

“Como un antídoto para la malicia, nos ha sido otorgada la bondad”.

 

Todas las actitudes tienden a perpetuarse en quien las practica con el grado de intensidad con que lo hace. Si actuamos con bondad cada vez, los amables nos agradecerán y los que no lo son serán desarmados pues no esperan esa respuesta de nadie.

 

 

Toda acción define quiénes somos

 

“Herir a otros es herirse a uno mismo. Cometer una injusticia es hacerla en contra de uno mismo. Te degrada. También puedes cometer injusticias al no hacer nada.”

 

Las elecciones que hacemos a diario para con otros moldean nuestro ser, cada una tiene repercusiones tanto en quien las recibe como en quien las comete.

La inmovilidad es otra forma de hacer daño, a veces no decidir es peor que decidir erróneamente. El amor propio se construye también con el amor que uno profesa por los demás.


 

 

La tolerancia está en no juzgar

 

“La gente existe una para la otra. Puedes instruirlos o tolerarlos.”

 

Todos formamos parte de una compleja red que nos ata a los demás, no podemos escapar y el aislamiento sólo nos hará llevar una vida poco digna de ser vivida. Mirar con compasión a otros nos permite abandonar o atenuar nuestros juicios sobre ellos.

Todo es pasajero, en especial nuestra propia vida. Todos falleceremos de un momento a otro.

 

“Es tonto intentar evitar la culpa de otros. Sólo inténtalo y escapa de la tuya.”

 

Hay que saber compartir y enseñar pero eso no nos hace responsables de los demás. Debemos responsabilizarnos solamente por nosotros mismos. Intentar cambiar la manera en que otros se comportan para adecuarla a lo que esperamos de los demás sólo nos conducirá a la infelicidad pues las acciones de los otros y sus consecuencias son suyas.

 


 

El resultado de nuestros esfuerzos es pasajero

 

No importa cuál sea tu objetivo, no importa cuáles sean tus metas. Las alcances o no, estás condenado a perder todo lo que construyas y obtengas. Nunca ha sido distinto.

 

“¿Te preocupa tu reputación? Mira como todos somos olvidados muy pronto. El abismo del tiempo eterno lo devora todo. El vacío de esas manos que aplauden.”

 

“Las personas a las que emociona la fama póstuma olvidan que pronto aquellos que los recuerden también morirán.”

 

La belleza de vivir está en que nada permanece quieto, todo cambia y de un momento a otro, desaparece.

 


 

La paz que necesitas está en ti

 

Los estoicos hablaban del alma como una “ciudad interna” a la que podemos llegar siempre que lo deseemos. Aquí habitan las sensaciones de calma y quietud que todos llevamos por dentro. También encierra las respuestas que tanto buscamos fuera.

 

“No hay ningún lugar al que puedas ir que sea más pacífico, más libre de interrupciones que tu propia alma…   retirate a consultar con tu propia alma y luego regresa a confrontar aquello que tienes por delante”.


 

 

Sólo tenemos una oportunidad para vivir

 

“Después de la muerte no hay un “nosotros” que pueda sufrir daño alguno.

 

La existencia está llena de luz y de oscuridad. Uno de los miedos que más han esclavizado al hombre desde siempre es el temor a morir. La muerte no debería ser una sombra atemorizante que acompaña a nuestros pasos, antes bien puede ser una luz constante que nos recuerde nuestra propia finitud.

En palabras del poeta español Antonio Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.

Nada está asegurado, la fragilidad de la vida también debería motivarnos a vivirla lo mejor posible.

 

“Podrías dejar de vivir ahora mismo. Deja que eso determine lo que haces, dices y piensas”.

“Acepta a la muerte con agradecimiento, como una simple disolución de los elementos que componen cada cosa que está viva. Si cambiar continuamente de uno a otro no daña a los elementos individuales, ¿por qué estar asustado de su cambio y separación? Es algo natural y nada natural es malo.”