*

X

¿Quieres fortalecer la mente? Este es el ejercicio que tienes que hacer todos los días

Salud

Por: PijamaSurf - 09/08/2017

El objetivo, explica Ratey, es mantener la agilidad del cerebro mediante un entrenamiento de resistencia para que se fortalezcan los músculos, los huesos y las articulaciones

Tanto el cuerpo como la mente requieren de ciertas actividades que procuren la salud y plenitud biopsicosocial de un individuo. De modo que para desarrollar un equilibrio general a nivel corporal, es necesaria una buena alimentación, descanso óptimo y actividad física cotidiana; mientras que para un equilibrio mental, también es importante tener una buena alimentación, descanso óptimo y ciertos ejercicios que pueden mejorar el estado mental, emocional y corporal.

De acuerdo con el autor de Spark: The Revolutionary New Science of Exercise and the Brain, John Ratey, los ejercicios mentales brindan una serie de beneficios, tales como mejorar la actividad cognitiva, la habilidad de aprendizaje y el crecimiento de células cerebrales; aliviar estrés, enojo, ansiedad y depresión; incrementar la atención y la alerta, y reducir el riesgo de desórdenes neurodegenerativos como Parkinson, Alzheimer y otras formas de demencia.

Para gozar de una salud mental más estable y pura, Ratey recomienda realizar una especie de ejercicios aeróbicos con una intensidad moderada durante 30 minutos 5 días a la semana; y una vez acostumbrado a ese ritmo, incrementar a 6 días a la semana durante 45 minutos. Después, 4 de esos días en una intensidad moderada –a un 65 o 75% del máximo ritmo cardíaco– y luego 2 días en una intensidad alta –75 o 90%. Es importante permitir que el cuerpo y el cerebro se recuperen en los días de descanso. Los ejercicios aeróbicos pueden ser correr, andar en bicicleta, nadar e incluso salir a caminar diario. La idea es realizar una rutina y un estilo de vida que permitan incrementar las conexiones neuronales del cerebro mediante el movimiento motriz.

El objetivo, explica Ratey, es mantener la agilidad del cerebro mediante un entrenamiento de resistencia para que se fortalezcan los músculos, los huesos y las articulaciones. Por ejemplo, hacer artes marciales, gimnasia, danza, yoga, pilates o series de balance tiene un impacto positivo en el sistema cardiovascular y nervioso, y a su vez, en el cerebro. En palabras del autor: “La combinación de retos en el cerebro y el cuerpo tiene mayor impacto positivo que un ejercicio aeróbico por sí solo”. Además, la interacción social siempre provee un boost de motivación y alegría: “El ejercicio construye la base del aprendizaje, y la interacción social la cimienta”.

En conclusión, Ratey recomienda “continuar ejercitándose físicamente y ponerse retos día a día, permitiendo que el programa sea flexible y adaptándose a probar cosas nuevas”.

¿Qué necesitas para motivarte? La neurociencia tiene la respuesta

Salud

Por: PijamaSurf - 09/08/2017

"Si primero te enfrentas a múltiples oponentes que puedes vencer fácilmente, te estás preparando psicológicamente a ganar otra vez"

La motivación, este estado intrínseco que ayuda a activar, dirigir y mantener una conducta, es la clave para alcanzar metas u objetivos pese a los obstáculos que puedan presentarse. Se trata, de hecho, de un fenómeno presente tanto en animales como humanos, los cuales han demostraron ciertos comportamientos impulsados por la mera curiosidad –aun con ausencia de alguna recompensa física, emocional o simbólica.

A partir de ahí, la data tanto filosófica como psicológica definió una serie de teorías al respecto. Por ejemplo, de acuerdo con Abraham Maslow, psicólogo y promotor de la corriente humanista, la motivación se ve fuertemente influenciada por una serie de factores o necesidades acomodadas por jerarquías; es decir, las personas están motivadas debido a necesidades insatisfechas, y hasta ser capaces de satisfacer las más básicas, no se podrá satisfacer las de un rango superior. Las necesidades jerárquicas que menciona Maslow son las fisiológicas (hambre, sed, sueño, sexo), de seguridad (abrigo, refugio, salud), sociales (amor, amistad, vínculos), autoestima (respeto, éxito, confianza) y autorrealización o trascendencia (logro de todo el potencial; sin embargo, esto nunca se cumple por completo). Otro ejemplo es la diferenciación entre la motivación intrínseca, la tendencia motivacional natural como un elemento fundamental en el desarrollo físico, social y cognitivo, y la motivación extrínseca, el desempeño de una actividad para conseguir un resultado deseado, material o social, lo cual obedece a factores como el locus de control o autonomía, la autoeficacia y la autoestima.

No obstante, poco se ha dicho desde una perspectiva neurocientífica. Hasta ahora. Una investigación, realizada por la neurocientífica Hailan Hu de la Universidad de Zhejiang, ha demostrado que existe un pequeño grupo de neuronas en los ratones que juegan un papel crítico en la motivación. Ubicado en la corteza dorsomedial prefrontal (dmPFC, por sus siglas en inglés), este grupo influye no sólo en la realización persistente de una conducta, sino también en el proceso de aprendizaje de una conducta socialmente aceptada. Este descubrimiento ha permitido ofrecer la base biológica de la motivación, brindando una cascada de posibilidades en el entendimiento de su funcionamiento e implicaciones en la conducta humana.

El experimento realizado por Hu, en donde usó moléculas de neuronas disrruptoras, mostró la relación que existe entre la actividad de la dmPFC y la decisión de continuar o darse por vencido en los ratones. Ella y su equipo colocaron en un laberinto de tubos a dos ratones en ambos extremos de la entrada/salida, de modo que cuando se encontrasen en el camino uno de los dos tendría que retroceder y el otro tendría que avanzar. Si bien fue un proceso largo hallar una relación causal directa, el control instantáneo de esta región cerebral mediante la regulación inmediata de la expresión proteínica, los investigadores notaron que los ratones que solían continuar en el camino –sin retroceder– poseían un circuito neuronal ya entrenado. Es decir que los ratones que solían “ganar en la competencia” perpetuaron su motivación a lo largo de los días. Y conforme continuaron realizando otras pruebas, Hu y su equipo concluyeron que el circuito cerebral puede adaptarse a ganar y, por tanto, a controlar la motivación desde una premisa neurobiológica.

En el estudio se explica que no se trata de un factor de supervivencia, pues los ratones que solían ganar la competencia no eran forzosamente los más grandes ni fuertes, no poseían mayores niveles de testosterona después de la prueba ni solían defender su territorio o atacar a los nuevos ratones que entraban en su jaula. En conclusión, citando a Helmut Kessels:

Las neuronas del ratón ganador se han adaptado a la victoria, por lo que aprenden a tener la expectativa de ganar. Esta anticipación entrenada podría ayudar potencialmente a los atletas o cualquier otra persona en una competencia. Si primero te enfrentas a múltiples oponentes que puedes vencer fácilmente, te estás preparando psicológicamente a ganar otra vez, aun si compites con alguien con mayores habilidades que los primeros.