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Dejar los carbohidratos y consumir más grasas podría hacer que vivas más y recuerdes mejor

Salud

Por: pijamasurf - 09/25/2017

La dieta quetogénica podría ser una de las mejores formas de alimentación para la salud general del cuerpo y también para el bienestar cognitivo

Quien conozca un poco sobre la manera en que funciona nuestro cuerpo sabrá que, en general, la energía que necesitamos cotidianamente la obtenemos de dos fuentes principales: los carbohidratos y las grasas de nuestra alimentación. 

Con los carbohidratos sucede, sin embargo, que nuestro cuerpo los descompone y quema la energía que necesita pero el sobrante lo almacena en forma de grasa, lo cual, cuando es excesivo, resulta en sobrepeso y obesidad. Las harinas y los azúcares refinados son los carbohidratos más comunes en nuestra época, de ahí también los niveles crecientes de obesidad en la población de distintos países.

La cetosis, por otro lado, es un proceso metabólico bien documentado y conocido que consiste en evitar el consumo de carbohidratos para llevar así al cuerpo a una situación en que esté obligado a quemar las reservas de energía almacenadas, es decir, la grasa corporal. Cabe mencionar que, llegado el momento, el cuerpo se habitúa a consumir con mayor eficiencia incluso las grasas que se consumen en el momento y no sólo las acumuladas. 

A este tipo de alimentación que prescinde casi en su totalidad de los carbohidratos se le conoce como dieta quetogénica (a veces también se le encuentra como “dieta ketogénica” o simplemente “dieta keto”) y más allá de la atención que ha recibido por medios de divulgación o populares (en razón de la pérdida de peso que provoca), también la ciencia se ha abocado a investigar sus efectos generales en el funcionamiento del cuerpo humano.

Recientemente, la revista especializada Cell Metabolism publicó un par de estudios al respecto, específicamente sobre la relación entre la reducción de consumo de carbohidratos y, por un lado, la función cognitiva de la memoria y, por otro, la longevidad.

En el primer estudio (que puede consultarse en este enlace), los científicos alimentaron a tres grupos de ratones de 12 meses de edad con sendas dietas: una carente en absoluto de carbohidratos (1), otra balanceada (2, el grupo de control) y la tercera abundante en grasas y con tan sólo un 15% de consumo de carbohidratos (al cual se arribó gradualmente, para mantener el metabolismo de los roedores en estado constante de cetosis, que se hubiera anulado de sobrepasar dicho porcentaje; grupo 3).

Después de unos días con su dieta correspondiente, los ratones de los tres grupos cumplieron con un ciclo quetogénico de una semana, después de la cual volvieron cada cual a su dieta anterior. Tras este período, los ratones que habían consumido más grasas previamente (3) habían salido del ciclo con mayor peso, además de que había sido también el grupo que, junto con los ratones del grupo quetogénico (1), había consumido más calorías.

Fue en este estudio en el que se observaron mejoras en las habilidades cognitivas, marcadamente la memoria, derivadas de la dieta quetogénica. Los roedores de dicho grupo tuvieron un desarrollo cognitivo normal con el paso del tiempo pero desarrollaron mejores habilidades de aprendizaje óptico-espacial y obtuvieron mejores resultados que los ratones de otros grupos en pruebas de memoria. En detalle, aprendieron mejor a evitar un impulso eléctrico y a reconocer objetos nuevos de su entorno. Esta mejora, por cierto, se sostuvo a lo largo de toda su edad mediana.

En la segunda investigación (que puede consultarse en este enlace) se trabajó con tres grupos de ratones bajo las mismas características, tanto en edad como en tipo de dieta: sin carbohidratos, con ingesta baja de carbohidratos y el grupo de control con una dieta balanceada. 

En este estudio, las observaciones se centraron en la longevidad de los roedores y, de acuerdo con los resultados, los roedores con dieta quetogénica vivieron más y en mejores condiciones que sus pares que recibieron una dieta balanceada. Asimismo, en esta investigación se observó que la dieta quetogénica retrasa el deterioro de las funciones cognitivas asociadas con el envejecimiento, e incluso parece contribuir a preservar las funciones motoras.

Curiosamente, el efecto más significativo de la dieta quetogénica parece ser sólo en el cerebro, pues al menos en lo que respecta a longevidad los ratones que consumieron una dieta reducida en carbohidratos vivieron casi tanto como los roedores de la dieta quetogénica.

Por supuesto queda mucho por investigar, pero parece ser que este tipo de alimentación es una de las mejores opciones para quien desee conservar su salud en el mediano y largo plazo.

 

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Salud

Por: pijamasurf - 09/25/2017

Las catástrofes dejan una huella en la psique

El síndrome o trastorno de estrés postraumático (en adelante TEPT) se considera un trastorno mental asociado, como su nombre lo indica, con algún trauma significativo en el desarrollo y la vida psíquica de una persona. En general se caracteriza por la coincidencia de distintos síntomas cuyo origen pueden rastrearse hasta la ocurrencia de un evento traumático, usualmente uno que implicó daño físico, amenazas o peligro para la persona.

El TEPT se ha observado en soldados expuestos a acciones de guerra, niños que sufrieron violencia intrafamiliar, personas que fueron torturadas, mujeres que sufrieron algún tipo de acoso sexual y otras situaciones afines, de las cuales no es posible excluir a quienes atravesaron por una catástrofe imprevisible (natural o social) que implicó la muerte de uno o varios series queridos, la pérdida del patrimonio familiar, la necesidad de desplazarse a otro lugar de residencia, etcétera.

Entre los signos más notables del síndrome de estrés postraumático se encuentran, según Francisco Martínez León, jefe del programa de atención psicológica a distancia de la UNAM, estos tres que pueden servir como una guía breve y expedita para reconocer a personas que pudieran estar padeciéndolo. A saber:

 

1. Hipersensibilidad al entorno

Cualquier movimiento que antes nos parecía normal, ahora nos parece que es un sismo o tenemos la sensación constante de movimiento. Esto no es un acto consciente, pero estamos prestando atención a cosas que normalmente no nos causan impresión.

 

2. Ansiedad exacerbada

“La ansiedad después de un sismo nos trae muchos signos físicos que son más evidentes cuando hay rigidez muscular, dolores de cabeza e insomnio prolongado”. Además de estos que menciona Martínez, también se sabe que reacciones como los ataques de ira, la dificultad para conciliar el sueño y para concentrarse y la irritabilidad se asocian con el TEPT.

 

3. Pensamientos de desolación constantes

"Se piensa constantemente sobre qué va a pasar o qué va a ser de uno en la posibilidad de una réplica, y se tienen constantes recuerdos del evento”. Martínez León menciona este síntoma en relación con el terremoto del pasado 19 de septiembre ocurrido en México, pero en general los “pensamientos negativos” y las evocaciones del trauma sufrido son característicos del síndrome.

 

En cuanto al tratamiento que, en lo inmediato, puede recibir una persona afectada por TEPT, Martínez León ofrece estas recomendaciones:

Escuchar música suave, pintar, hacer actividad física leve que no implique salir a la calle, evitar tener contacto con las imágenes de derrumbes posterior al sismo y tener charlas con los amigos sobre cómo se sienten es importante.

Agrega, además, que el llanto es totalmente normal después de haber pasado por una experiencia traumática. Con todo, es necesario atender esta tristeza derivada del duelo, pues fácilmente puede convertirse en depresión. 

Cabe resaltar, por último, que en ningún caso se recomienda la automedicación y, más bien, hay que buscar la ayuda de un profesional de la salud psicológica que nos ayude a atravesar por esta experiencia.

 

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*Si te encuentras en México y necesitas atención psicológica puedes llamar al teléfono 4161 6041, en donde la Universidad Nacional Autónoma de México ofrece asistencia.

Con información de Verne