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Fotógrafo del meme del novio distraído explica la historia detrás de la foto

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/02/2017

El meme del "novio distraído" ha causado una extraña veta de humor y comentario social; el autor de la foto explica cómo fue tomada

Una foto y sus avatares meméticos han acaparado las redes sociales en tiempo reciente. Un hombre camina por la calle y voltea de manera explícita a mirar el trasero de una chica de vestido rojo que parece esbozar una ligera sonrisa. La novia, por su parte, se muestra indignada. 

La imagen es una mera foto de stock, es decir, ensayada por modelos para ilustrar justamente notas en sitios de Internet. Pero ha sido recreada y comentada por innumerables usuarios de redes sociales, sitios de humor y demás. El sitio Meme Documentation ha trazado el origen del meme a un post en una página de Facebook turca en la que el hombre lleva sobrepuesto un texto que dice "Phil Collins", la chica de rojo "Pop" y la novia "Prog". Esto dictaría la pauta del meme, en el cual se sobreescribirían palabras sobre cada uno de los personajes para hacer ciertos comentarios. Aquí puedes ver ejemplos de algunos de los memes circulados.

 

La revista Wired publicó la explicación de Antonio Guillem, un fotógrafo de 45 años de Barcelona, que tomó esta imagen en Girona en el 2015. Guillem cuenta que fue algo un tanto osado en relación a lo que acostumbra (debido al tema) y, junto con tres modelos con los que suele trabajar, decidió representar la infidelidad de una forma divertida. Guilllem dice que fue un reto lograr los rostros adecuados, ya que los modelos no paraban de reír.

Entre todas las que ha hecho, esta fue la foto que incendió la red, y realmente no hay una razón profunda para explicarlo. La foto ni siquiera toca alguna fibra demasiado profunda (aunque no faltará un análisis semiótico posmoderno que lo explique de manera rebuscada) sino que, simplemente, se ha creado un efecto de bola de nieve un tanto caótico. Ein embargo, la popularidad de esta imagen no se traduce, para Guillem, en ganancias monetarias; es solamente una anécdota. Sus fotos de stock más vendidas logran unas 5 mil ventas al año, mientras que ésta sólo ha conseguido 700 en promedio. La mayoría de los memes obviamente no son usados con derechos, algo que a Guillem no le preocupa demasiado.

Los aprendizajes de un hombre que recorrió a pie desde Miami hasta Canadá

Sociedad

Por: PijamaSurf - 09/02/2017

Eberhart explica que durante los 9 meses que pasó caminando, “experimentó un despertar religioso” pese a que su fe se desvaneció momentáneamente al pasar por las frías y nubosas montañas

Meredith Eberhart, autonombrado Nimblewill Nomad, nació en el pequeño pueblo de Ozarks, en EE.UU., de tan sólo 336 habitantes. Su infancia la pasó corriendo, cabalgando, pescando y cazando codornices en las cercanías de los bosques. Su padre fue el médico del pueblo y él siguió sus pasos: estudió en una escuela de optometría. Se casó y tuvo dos hijos. Con su familia vivió en Titusville, en Florida, conocida también como la “Ciudad del Espacio”, en donde se desempeñó como médico en un nicho de mercado de científicos provenientes de la NASA. Su vida pasó sin muchas sorpresas ni eventos extraordinarios, provocando en él tanto el sentimiento de comodidad y goce al ayudar a otros como el de ser capaz de proveer a su familia. Sin embargo, algo no se sentía correcto, pleno.

Cuando se retiró en 1993 empezaron 5 años borrosos de peleas con su esposa, por lo que comenzó a pasar más tiempo a solas en un terreno a lado del arroyo Nimblewill, en Georgia. Su nueva casa, cerca de las faldas de la montaña Springer, se convirtió en una guarida que visitaba después de largas horas de caminatas. Empezó sistemáticamente caminando pequeñas secciones del tren Appalachian, hasta alcanzar el estado de Pensilvania. Después, en 1998, cuando tenía 60 años, decidió comenzar su primera “odisea”: una caminata de 7,081 km desde Florida hasta Cabo Gaspé en Québec, Canadá, a lo largo de senderos, vida salvaje y carreteras.

Podría decirse que ahí empezó su verdadero viaje y de ahí, los verdaderos aprendizajes de la vida: Eberhart, cuyo abuelo y padre fallecieron en el bosque, aprendió a liberarse del miedo a la muerte. Se le diagnosticó una enfermedad cardiovascular poco antes de emprender los cada vez más lejanos viajes; y en vez de seguir con las recomendaciones de los doctores de tener una vida en la tranquilidad de un hogar, él comenzó su camino hacia Canadá a través de los pantanos de Florida, caminando hacia el norte por los senderos inundados en donde las aguas oscuras y reptilianas a veces le llegaban hasta los tobillos. Se desprendió de los miedos, de sus uñas de los pies y poco a poco de sus pertenencias.

Eberhart explica que durante los 9 meses que pasó caminando, “experimentó un despertar religioso” pese a que su fe se desvaneció momentáneamente al pasar por las frías y nubosas montañas. Se preguntaba “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, mientras era testigo de cómo estaba cada vez más oscuro y gélido en Mont Jacques Cartier. No obstante, una lluvia le permitió alcanzar la cima de una montaña con nieve, en donde se sentó y gozó de la “cálida presencia del Dios que todo lo perdona”.

Cuando regresó a Florida se encontraba en un estado mental de trascendencia, en un “estado de ánimo de total, absoluta y perfecta felicidad, casi cercana al nirvana”. Dejó de bañarse y cortarse el cabello; se desprendió de sus posesiones y en cuestión de 3 días quemó casi todos los libros que recolectó en toda su vida, uno por uno, en un depósito en su jardín; se divorció y cedió su hogar y sus bienes económicos a su exesposa e hijos. Comenzó a vivir tan sólo de los cheques de la seguridad social, y en caso de que se acabaran antes de fin de mes, decidía pasar hambre. Fue ahí en donde encontró la verdadera libertad para él mismo: “Es como si con cada paso que diera, el peso fuera lenta pero exitosamente yéndose de mi cuerpo, por ahí, en el camino, debajo de mis pies y las huellas que dejaba detrás de mí”.

Por esa razón, “cada año, tengo menos y menos posesiones y cada año soy un hombre más feliz. Sólo me pregunto cómo será cuando no tenga nada. Esa es la manera en que venimos y la manera en que nos vamos. Sólo me estoy preparando un poco, creo”. En sus largas travesías no lleva un cepillo de dientes –sino un palillo de madera– ni una muda de calcetines, ni tampoco zapatos, ropa, libros o un diario, ni papel de baño; en su lugar, sólo lo acompaña un minikit de medicamentos básicos. Para él, “cada objeto que una persona carga representa un miedo particular: de daño físico, de incomodidad, de aburrimiento, de ataque. El ‘último vestigio’ de miedo que incluso los caminadores más minimalistas encuentran difícil de enfrentar es la hambruna”. Como resultado, muchas personas terminan “cargando muchísima comida”. Eberhart, en cambio, lleva “a lo mucho, una barra dulce en caso de emergencia”. Mientras más se desprende de las necesidades materiales, pierde el miedo a la muerte y gana un amor inconcebible por la vida.