*

X

7 acciones que no debes olvidar poner en práctica si eres mexicano

Sociedad

Por: PijamaSurf - 09/28/2017

"Haz una buena acción al día": Observa alrededor: ¿quiénes de tus conocidos o personas queridas están pasando por un momento de dificultad, y requieren de un poco de apoyo para pasar el día a día?

Son tiempos difíciles para México. Son tiempos en que los mexicanos necesitamos estar unidos, levantar la mano en puño y gritar en silencio "Fuerza México". Son tiempos en que no podemos darnos el lujo de olvidar que nos necesitamos. Son tiempos de mostrar empatía y solidaridad. 

De acuerdo con el psiquiatra Bruce Perry, la empatía es una herramienta psicológica que se desarrolla durante la infancia, en el momento en que un niño es capaz de entender el concepto de causa y efecto viéndose a sí mismo en un futuro, con diferentes emociones según las consecuencias de sus acciones. A partir de ahí, él o ella puede imaginar las emociones y los sentimientos de otra persona, como si fuesen un reflejo de su yo del futuro. 

En caso de que la empatía no se haya desarrollado ampliamente durante la infancia, existen maneras y consejos útiles para ponerla en práctica durante la adultez: 

– Toma conciencia de que hay algo más allá de la dureza en una personalidad 

Si bien a veces es difícil lidiar con las groserías, dobles intenciones y malas acciones de la gente, es importante colocar al individuo dentro de su contexto vivencial. Es decir, recordar o imaginar de dónde viene, pues puede llegar a suceder que su historia de vida lo orilló a desarrollar actitudes francamente incómodas. De manera tal que al tomar una pausa y tratar de reconocer esta historia de vida, nuestro corazón puede suavizarse y dar paso a la empatía para generar una conexión mucho más fuerte y sanadora.

– Crea el “efecto ripple

El efecto ripple es un evento en el que se contagian la generosidad y la ambabilidad. En el 2010, un estudio descubrió que cuando una persona es testigo de amabilidad y generosidad, se motiva a realizar acciones similares en un efecto cadena. Basta con sonreír en la calle, recoger la basura, dar un abrazo a quien lo necesita, preparar la cena, regalar flores a un desconocido….

– Haz una buena acción al día

Observa alrededor: ¿quiénes de tus conocidos o personas queridas están pasando por un momento de dificultad, y requieren de un poco de apoyo para pasar el día a día? A veces una persona necesita sólo un abrazo; otras, le cambiará el día el llevarle un chocolate o un sándwich. Incluso basta con dejarle una nota o un mensaje para hacerle saber que hay alguien que piensa en él o ella. Una buena manera de practicar una buena acción al día es el altruismo, los voluntariados.

– Intenta comprender a la persona de en frente

El estilo de vida exacerbado que llevamos en la actualidad tiene como resultado la desconexión entre individuos, de modo que puede llegar a pensarse que todos tienen las mismas capacidades, aptitudes, conocimientos y educación. Si la persona que tenemos en frente se comporta, viste o habla diferente, recordemos que es sólo una parte de la diversidad que enriquece nuestra humanidad. Esto no excusa ni justifica los malos comportamientos.

– Practica la gratitud

La empatía y compasión se practican mediante la gratitud: de tener un nuevo trabajo, de recibir un regalo por sorpresa, de ser capaz de dormir en una cama o estar conectado mediante WiFi. Toma unos momentos para recordar cada una de esas experiencias y sentir la gratitud de vivirlas en el día a día.

– Sé amable contigo mismo

A veces es más fácil ser compasivo con otros que con uno mismo. Sin embargo, la verdadera compasión no discrimina ni ignora las necesidades que uno pueda llegar a sentir. Hay que ser sinceros y aceptar cuando se necesita un abrazo, un descanso, un respiro, una tarde en el sofá leyendo y bebiendo un té. Sólo así se puede ser compasivo con otras personas, a partir de ser compasivo con uno mismo.

– Celebra la imperfección

Una de las fuentes más corrosivas de la autocrítica es la necesidad de perfección. Lejos de hacernos “mejores”, esta actitud cae en una espiral de pensamiento obsesivo, ansioso y depresivo. En lugar de esto, considera que cometer un error es una manera de sobrevivir y volverlo a intentar para mejorar una y otra vez. Se trata de una perspectiva que no observa la vida como bien o mal sino como un acto de comprensión, compasión y enseñanza.

La manera en que nos escuchamos genera la realidad en que vivimos: una metáfora de Ursula K. Le Guin

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/28/2017

Si perdemos la capacidad de escuchar, perdemos la oportunidad de construir conscientemente nuestra propia realidad

De todas las herramientas que la especie humana ha desarrollado para su supervivencia, quizá ninguna tan fundamental como la comunicación. Sin la posibilidad de comunicarnos, de hablar entre nosotros, de transmitirnos mensajes (incluso de una generación a otra, de un lugar a otro, incluso entre personas que no hablan el mismo idioma), nuestro destino colectivo sería totalmente distinto.

De ahí, para muchos, la contradicción paradójica que en nuestra época parece enfrentar la comunicación mutua. A pesar de que en los últimos años la tecnología de la información y las comunicaciones tuvo una evolución sorprendente, desde cierta perspectiva pareciera que se ha perdido la capacidad de escuchar. Los canales de los que muchas personas disponen actualmente favorecen la emisión de mensajes, pero no siempre su recepción o su codificación clara, como si existiera cierta deficiencia para poder entender lo que nos dice el otro.

Habrá quien explique esta situación por el narcisismo que, según se dice, impera en nuestros días. Otros pensarán que se debe al modelo económico y social en que vivimos, en donde se privilegia la competencia, el individualismo y el afán de ganancia –todo lo cual conduce inevitablemente al aislamiento. Algunos más podrán esbozar otras hipótesis.

Y aunque las explicaciones pueden ser necesarias, no menos importante es el recordatorio de por qué es tan vital saber escuchar al otro: porque nuestra única posibilidad de sobrevivir ha sido siempre vivir en comunidad. Nuestras mejores oportunidades surgen cuando pensamos y actuamos colectivamente. 

A propósito de este principio, compartimos en esta ocasión un fragmento del ensayo “Hablar es escuchar” (“Telling Is Listening”) de la escritora de ciencia ficción Ursula K. Le Guin. Se trata, grosso modo, de una reflexión sobre el efecto que escuchar realmente a los otros genera sobre la realidad, llevándonos a tejer lazos más fuertes y más sinceros entre los unos y los otros. Veamos.

[Cuando] dos personas hablan, forman una comunidad. También es posible formar comunidades de muchas personas, a través del envío y recepción de bits de nosotros mismos y los demás, ida y vuelta, continuamente; en otras palabras, a través de hablar y escuchar. Hablar y escuchar son, en última instancia, lo mismo.

El discurso nos conecta de manera inmediata y vital porque, de inicio, es un proceso físico, corporal. No mental ni espiritual, o lo que sea en que termine.

Si se montan dos péndulos en cada uno de los lados de una misma pared, gradualmente comenzarán a oscilar juntos. Se sincronizan entre sí porque cada uno recoge las pequeñas vibraciones que emite el otro a través de la pared.
Cualquier par de objetos que oscilan en aproximadamente el mismo intervalo, si están físicamente cerca uno del otro, tienden poco a poco a pulsar exactamente en el mismo intervalo. Los objetos son perezosos. Se necesita menos energía para el pulso cooperativo que para el pulso en oposición. Los físicos llaman a esta hermosa fase la pereza económica de bloqueo o de arrastre.

[...]

Al igual que los péndulos, aunque a través de procesos mucho más complejos, dos personas juntas pueden llegar mutuamente a la fase de sincronización. Una relación humana exitosa implica ese “arrastre” –es decir, entrar en sincronía. Cuando no es así, la relación es incómoda o desastrosa.

Pensemos en acciones deliberadamente sincronizadas como cantar, remar, marchar, bailar, tocar música; consideremos los ritmos sexuales (el cortejo y los juegos previos son dispositivos para entrar en sincronía). Tomemos en cuenta cómo el bebé y la madre están relacionados: la leche viene antes de que el bebé llore. Consideremos el hecho de que las mujeres que viven juntas tienden a coincidir en el mismo ciclo menstrual. Nos sincronizamos unos a otros todo el tiempo.

[...]

Escuchar no es una reacción, es una conexión. Al escuchar una conversación o una historia, más que responder a ésta, nos unimos: nos convertimos en parte de la acción.

[...]

Esta es la razón por la que cual expresarse es magia. Las palabras tienen poder. Los nombres tienen poder. Las palabras son eventos, generan cosas, cambian cosas. Transforman tanto al hablante como al oyente; alimentan la energía de uno y otro y la amplifican. Alimentan el entendimiento de uno y otro y lo amplifican.

Para glosar las palabras de Ursula K. Le Guin, podríamos agregar esta propuesta. Siempre que hables con alguien, pregúntate: ¿realmente lo estás entendiendo? ¿Te das cuenta de por qué dice lo que dice? ¿Lo escuchas desde tus ideas y prejuicios o intentas darle un lugar a sus propias palabras? Escuchar es, en buena medida, un ejercicio de compasión, de entender que el otro está librando sus propias batallas. 

Si perdemos la capacidad de escuchar, perdemos la oportunidad de construir conscientemente la realidad en que vivimos.

 

Imágenes: Marion Fayolle