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¿La Biblia realmente rechaza a la comunidad LGBTTTIQ?

Sociedad

Por: PijamaSurf - 08/29/2017

Toda esta serie de informaciones históricas ayudan a comprender que el único mensaje de la Biblia es: “No explotes. No abuses. Vivan juntos en armonía. Incluye. Trabajen en las relaciones”

En la eterna lucha entre el creacionismo y la evolución de las especies continúan numerosas comunidades religiosas que han decidido utilizar una de las múltiples interpretaciones de la Biblia para imponer su utopía monógama y heterosexual –un mundo de jerarquías en el que el hombre heterosexual sea el único líder de una familia integrada por él, su mujer e hijos– sobre las diversidades sexuales y, principalmente, sobre la comunidad LGBTTTIQ –lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, transexual, travesti, intersexuales y queers–. Sin embargo, ¿realmente la Biblia posee argumentos sustentables para perseguirlas?

De acuerdo con el reverendo Steve Chalke, un evangelista cristiano del Reino Unido, en las ruinas de la antigua ciudad de Pompeya, en la actual Italia, residen elementos clave que permiten comprender el contexto en el que la Biblia fue escrita y, por tanto, hacer uso de la misma para generar un impacto positivo en la sociedad.

 

Para él, existen seis pasajes en la Biblia que hacen referencia a la orientación homosexual en alguna manera: tres de ellos se encuentran en el Nuevo Testamento, en los libros de los Romanos, Corintios y Timoteo, y otro en el de Mateo 19, en donde Jesús habla acerca de un divorcio. Si bien estos pasajes son utilizados por los cristianos conservadores para rechazar, degradar y atacar a la comunidad LGBTTTIQ, al contextualizarlos, al tratar de entender el texto desde su contexto cultural, lingüístico y social, se descubre que son realmente una defensa inquebrantable para la diversidad sexual.

Es decir, Chalke considera que el apóstol Pablo escribió su versión de la Biblia en una época en donde la explotación sexual de los rangos inferiores de la sociedad –esclavos, prostitutas, gladiadores, refugiados– era ejercida y normalizada por parte de los rangos altos, de poder y dinero, de Roma. Inclusive, era esperado que los hombres romanos tuvieran concubinas y hombres jóvenes, mientras que las mujeres podían usar a las personas de un rango inferior para su propio placer sexual. Pero algo que no estaba permitido era que un romano abusara de otro ciudadano romano. En palabras de Chalke:

Los niños romanos estaban protegidos de una manera que los niños esclavos no lo estaban. Para los hombres romanos, el sexo era una parte legítima de la vida, pero debías tener sexo con alguien inferior y tenías que penetrarlo, no estaba permitido ser penetrado.

Es importante mantener en mente el contexto de esa sociedad, cultura y civilización para comprender las cartas del apóstol Pablo, que resultarían en una parte significativa del Nuevo Testamento. Para entender los aprendizajes bíblicos hay que comprender que fueron escritos en una civilización en donde la gente de dinero y poder ignoraban la humanidad básica de las personas que les servían, y es este tipo de explotación la que, según considera Chalke, Pablo y otros autores del Nuevo Testamento querían evidenciar y reducir en sus escrituras. Por ejemplo, cuando en 1 de Timoteo y 1 de los Corintios se hacen referencias sobre un hombre teniendo sexo con otro hombre, lo que realmente se pone de manifiesto es una relación de explotación, abuso y corrupción mediante los asesinos, mentirosos, ladrones, tacaños, calumniadores, estafadores y traficantes de esclavos. Es decir que el problema no se enfocaba en la orientación sexual, sino en la dinámica de la cultura al ejercer la explotación y abuso sexual sobre las minorías. De acuerdo con Chalke:

La gente de la que habla Pablo es aquella que abandonó a Dios, que está cargada de engaños, mentiras. Sin importar de quién esté hablando Pablo, no puede ser de las maravillosas parejas homosexuales que están en la iglesia, o los gays o las mujeres transgénero que conozco. No pueden ser ellos.

Toda esta serie de informaciones históricas ayudan a comprender que el único mensaje de la Biblia es: “No explotes. No abuses. Vivan juntos en armonía. Incluye. Trabajen en las relaciones”. En cambio, concluye Chalke, “nuestro pobre entendimiento del Nuevo Testamento ha traído miseria, persecución, opresión y rechazo a cientos de miles de millones de las personas LGBTTTIQ. Es tiempo de disculparnos por los errores que hemos hecho y seguir adelante”.

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La era de la ansiedad o sobre cómo aprendemos a vivir con ansiedad

Sociedad

Por: PijamaSurf - 08/29/2017

El problema, grave, de este estilo de vida es que desencadena consecuencias biopsicosociales asociadas con violencia exacerbada, consumo excesivo de fármacos psiquiátricos, psicosis colectiva, etcétera

De acuerdo con el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders Edition 5 (DSM-V), el manual de referencia para trastornos psiquiátricos, psicológicos y mentales de la American Psychological Association (APA), la ansiedad es un “miedo excesivo e inapropiado que se produce durante más días de los que ha estado ausente durante un mínimo de 6 meses, en relación con diversos sucesos o actividades –laborales o escolares”. Es decir, es una anticipación aprensiva que el individuo encuentra difícil de controlar, resultando en inquietud o sensación de estar atrapado, fatiga, dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular, problemas de sueño, etcétera.

El DSM-V se refiere a este trastorno emocional como casos individuales, separados de una cultura. Sin embargo, conforme se realizan estudios socioculturales, se vuelve palpable que la ansiedad es actualmente un estilo de vida, una cotidianidad y realidad de una gran parte de la población mundial. Según la data del National Institute of Mental Health, el 38% de las niñas de entre 13 y 17 años y el 26% de los niños tienen un trastorno de ansiedad, mientras que aparecen hashtags como #ThisIsWhatAnxietyFeelsLike –#EstoEsLoQueSeSienteTenerAnsiedad– en redes sociales, bloggers que escriben a diario consejos para aliviar sus síntomas, confesiones de artistas famosos, obras de Broadway, una startup en forma de revistas, series televisivas, libros en torno al tema, memes y un trending topic según Google Trends, entre otros. Sin duda, mencionan algunos epidemiólogos, esta condición médica se está convirtiendo en una condición sociológica: “una experiencia que se ve alimentada con gráficas alarmantes y metástasis a través de los medios sociales” (Williams, 2017). Hay quienes incluso han bautizado a este fenómeno como la nueva era de la ansiedad, en la que se monitorean los ritmos cardíacos, se desliza el dedo sobre los teléfonos inteligentes y se inundan los estudios de meditación como un mero esfuerzo por reducir la velocidad de los pensamientos.

Alex Williams, periodista del New York Times, asocia esta cultura de la ansiedad con el nuevo juguete popular: el fidget spinner. Para él es un juguete que suele encontrarse “entre los dedos de la ‘generación Alfa’, desesperando a los profesores, desconcertando a los padres”. Si bien inició como un aparato terapéutico para regular en los niños los síntomas de ansiedad, trastorno de déficit de atención con hiperactividad o autismo, ahora es un producto popular al que en ocasiones se considera como el cubo Rubik. La diferencia, menciona Williams, es que:

el cubo es fundamentalmente cerebral, con el objetivo de tranquilizar, y perfecto para mantener ocupados a los niños de la década de los 80 que se encontraban solos, sin pasar horas en un Xbox. [Por otro lado], el fidget spinner no es nada más que energía nerviosa reproducido en un plástico, una perfecta metáfora para los niños de la actualidad con un exceso de actividades y de estímulos, quienes buscan una manera de desconectarse entre lecciones de jiu-jitsu, prácticas de clarinete y tutorías para reforzar las horas escolares.

Esto quiere decir que la ola de ansiedad ha arrasado a las generaciones más jóvenes: los niños. Ms. Peterson, reportero del The Wall Street Journal, descubrió que los estudiantes de su alma máter, la Universidad de Michigan, sufrían de estrés, ansiedad y eventualmente depresión pues desde la primaria estaban siendo presionados por tener que ser alguien en la vida: son personajes con crisis existenciales a los 20 años porque consideran que no han logrado suficiente, porque se les ha enseñado que su valor se mide a través de sus logros y que “a su edad” ya deberían estar por encima de lo que supuestamente debieron ya haber alcanzado. En inglés, se denomina slacker a la persona que es inteligente pero siente que no ha logrado nada en su vida, como una especie de tragedia por no ser tan famoso como, tan poderoso como, tan influyente como, tan rico como. Este estilo de vida resulta en crisis cada vez más frecuentes e intensas de ansiedad durante los próximos 20 años; en especial si nuestra atención se dirige hacia la comparativa en relación a lo que otras personas publican en redes sociales.

En palabras de Scott Stossel, editor de The Atlantic: “Hay una inequidad de riqueza y estatus en el mundo, una confusión general sobre los roles de género y las identidades, y por supuesto el miedo que ha estado latente durante varias décadas”. El problema, grave de este estilo de vida es que desencadena consecuencias biopsicosociales asociadas con violencia exacerbada, incidencia de enfermedades psicosomáticas, consumo excesivo de fármacos psiquiátricos e incluso psicosis colectiva. ¿Es esta la vida que se quiere vivir?