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¿Has sufrido de una tristeza después del sexo? Descubre por qué sucede este fenómeno

Salud

Por: PijamaSurf - 08/18/2017

Las personas que sufren de la disforia poscoital reconocen sentir rasgos de vacuidad posterior a un acto sexual (ya sea con una pareja, amigo con derechos o sexo casual), los cuales atribuyen, en la mayoría de las ocasiones, a un miedo al abandono

De entre los desórdenes y trastornos sexuales menos conocidos en la sexualidad de las personas se encuentra la disforia poscoital: una abrumadora tristeza que congela cada milímetro de la piel después del sexo. Se trata de una experiencia que puede provocar una oleada de culpa, vergüenza e incluso insuficiencia, a la par de sentimientos como ansiedad, agresión, melancolía, frustración.

Las personas que sufren de disforia poscoital reconocen sentir rasgos de vacuidad posterior a un acto sexual (ya sea con una pareja, amigo con derechos o sexo casual), los cuales atribuyen, en la mayoría de las ocasiones, a un miedo al abandono. Sin embargo, ¿qué dicen los expertos al respecto?

Denise Knowles, terapeuta sexual y psicóloga de pareja, explica que la tristeza post sexo es realmente muy común, y no está relacionado con algo siniestro o traumático en las personas. De hecho, tiene que ver con la explosión de hormonas que inundan al cuerpo después del sexo, tales como endorfinas, oxitocina y prolactina:

Tener sexo es un acto altamente íntimo y un orgasmo libera gran cantidad de hormonas que promueven el vínculo afectivo y la sensación de bienestar. Estas hormonas se reducen significativamente después del cenit del orgasmo, y al separarse de la intimidad que lo provocó, surge un sentido de tristeza.

Esto quiere decir que la tristeza poscoital es independiente del placer y gozo que surge durante el acto sexual, lo cual lleva a creer que es una función orgánica que puede influir más o menos en ciertas personas como un síntoma evolutivo. En otras palabras, se trata del impacto que recibe el cuerpo ante la regularización de las hormonas de bienestar, amor y éxtasis a su estado normal, la homeostasis.

No obstante, menciona Knowles, la tristeza o angustia postcoital puede tener un origen emocional, y en ese caso es recomendable explorarlo, pues podría ser el indicativo de un problema más grande:

Si has tenido estos sentimientos a lo largo de la mayoría de los encuentros sexuales, la terapia sexual o psicoterapia pueden ser de ayuda. Podría estar relacionado con un problema en la pareja y no tanto con un problema en relación con la sexualidad.

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Por: pijamasurf - 08/18/2017

¿Quieres causar una buena primera impresión? Tomar en cuenta tus emociones y las de la otra persona puede ser la mejor vía para lograrlo

Conocer las emociones y saberse manejar en ellas es, sin duda, una cualidad que no muchos poseen. Aunque parezca extraño, muchas personas viven sus propias emociones con desdén o, en otro sentido, las limitan a ámbitos muy específicos como el amor o la amistad, sin darse cuenta de que las emociones se encuentran presentes en todo momento: lo mismo en el trabajo que al estar en la calle o cuando hacemos las tareas más inocuas.

En este sentido, conocer a alguien por primera vez es una de esas circunstancias en donde creemos que nuestras emociones se encuentran más o menos apartadas o al menos bajo control. En una entrevista laboral, por ejemplo, creemos que todo es profesional y serio; o, cuando coincidimos con una mujer o un hombre en una fiesta, igualmente asumimos un rol en donde queremos creer que todo está predispuesto: los intercambios, las conductas, las respuestas…

Pero no es así. Y muchas veces, cuando el encuentro no resulta en lo que queremos o suponíamos, se debe al efecto de nuestras emociones, a nuestro desconocimiento de la forma como operan en nuestra vida y, en última instancia, a cierto tipo de traición por parte de ellas.

A continuación compartimos cinco sencillas técnicas de inteligencia emocional que invitan a tomar en cuenta esas emociones que se encuentran en un primer encuentro con alguien y que inciden sobre éste. Considerarlas es el primer paso para aprovecharlas a nuestro favor.

 

Demuestra entusiasmo genuino por el encuentro

Quizá no hay nada que halague tanto a una persona como darse cuenta de que recibe el aprecio, la consideración o el respeto de otro, incluso si se trata de la primera vez que ambos entran en contacto. Una sonrisa amable, gestos de cortesía o la manifestación expresa de tu alegría por conocer a alguien pueden ser de las mejores formas de romper las barreras que suelen rodear el encuentro con un desconocido que tiene la posibilidad de adquirir importancia en tu vida.

 

Ofrece un elogio

Todos tenemos algo en lo cual destacamos. Si observas con atención y sabes escuchar, seguramente lo notarás en la persona a quien conoces: desde su estilo para vestir hasta su experiencia o los conocimientos que posee. Los elogios, además, pueden tener el efecto de aligerar una situación o volver amable a quien se encuentra tenso.

 

Recurre a las preguntas abiertas

La conversación ha tenido fama de ser un arte, y quizá esto se vuelve más evidente cuando estamos con alguien que recién conocimos y con quien parece que no tenemos de nada de qué hablar. Con todo, avivar una conversación es más o menos sencillo, pues a fin de cuentas somos seres formados doblemente por la compañía y el lenguaje, lo cual es una forma de decir que hablar es otra de nuestras necesidades básicas. Cuando una plática amenace con irse a pique y convertirse en monólogo, formula preguntas cuya respuesta sea necesariamente abierta: ¿Qué te pareció?, ¿Cómo llegaste a eso?, ¿Qué aprendiste de esa situación?, ¿Qué fue lo que más te gusto de vivir esa experiencia?, etcétera.

 

Encuentra las coincidencias

Cuando nos sentimos conectados con otros, todo fluye mejor. Puede ser que esa persona a quien acabas de conocer también se ejercite con regularidad, o quizá le guste un autor a quien tú también has leído, o hayan visto ambos una misma película… Sea un hábito, un interés, un gusto o una cualidad, es muy probable que encuentres un rasgo afín que te permita ahondar en ese vínculo que apenas comienza.

 

Llama a la persona por su nombre cuando te despidas (¡y procura no olvidarlo!)

Recordar el nombre de otra persona es una de las estrategias más sencillas para propiciar la cercanía y, sin embargo, es una de las menos practicadas. Secreta o abiertamente, a todos nos complace que un desconocido recuerde nuestro nombre incluso si lo escuchó una sola vez, y, en sentido opuesto, nos decepciona un poco que nos pidan volver a decirlo. Procura poner atención cuando alguien se presente con su nombre y emplea alguna técnica para recordarlo: asócialo mentalmente con un personaje famoso o una persona a quien conozcas bien (un familiar, por ejemplo), o repítelo cuando recién lo hayas escuchado.

 

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