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Vicios que obstaculizan tu éxito (según el padre de la neurociencia)

Ciencia

Por: pijamasurf - 07/21/2017

Se ha dicho frecuentemente que el talento no lo es todo, y bajo la sabiduría de la neurociencia, Santiago Ramón y Cajal recomendó esto

Santiago Ramón y Cajal es considerado el padre la neurociencia y ganó el Nobel de Medicina por ello. Sus estudios merecieron que por primera vez se aludiese a una “doctrina de la neurona”, y entre sus aportes tenemos algunas publicaciones sobre el comportamiento humano desde una perspectiva del estudio de la mente.

En 1897 publicó un libro que continúa siendo pertinente hasta nuestra época, ya que evoca vicios de la personalidad que se repiten como patrones atemporales en las personas talentosas que nunca llegan a aportar al mundo exterior.

En su libro Consejos para un joven investigador, desmenuza las actitudes o creencias que podrían aniquilar tu talento. A grandes rasgos, Ramón y Cajal apunta a que, si bien es necesario soñar, ahondar, imaginar, debes pasar del estado soñador al realista-soñador. Aquí algunos aspectos retomados al respecto por The Independent.

 

Contempladores

Muchas personas que no llegan a desarrollar su talento son contempladores profesionales. Y lo anterior tiene su belleza, pero se perderán de las bondades de aportar su semilla. Son personas, que, literalmente, contemplan la hermosura de la naturaleza y la estudian; de las ideas, de las creaciones; aprecian en demasía, pero su estado suele quedarse sólo en esta parte. Su consejo es que debes tomar dirección, salir de lo puramente abstracto.

 

Eruditos empedernidos

Al respecto, nos dice que está bien muy interesarnos por numerosos temas, pero, también es necesario que profundices en algunos tópicos para avanzar en proyectos de investigación o de creación. Los eruditos empedernidos suelen desarrollar grandes discursos (y ego), pero sólo eso:

Discuten de todo –desparramando y abusando de su intelecto entusiasta. Este hombre indolente de la ciencia ignora un simple y muy humano hecho… Parecen sólo vagamente conscientes de que la erudición guarda poco valor cuando no refleja un avance en la preparación y los resultados de la persona. Los bibliófilos están más concentrados en proyectar una imagen de genios.

 

Megalómanos

Tienen un ego enorme y creen que, dada su inteligencia, el éxito vendrá pronto. Sin embargo, tienen poca perseverancia. Podría decirse que son más soñadores que talentosos, incluso, aunque su talento podría ser mucho.

 

Adictos a sus instrumentos

Los instrumentos (hoy los gadgets, por ejemplo) pueden ser muy útiles, pero generar obsesión por las herramientas puede hacer que pierdas de vista tus objetivos; dominar tus instrumentos es importante, pero no debes olvidar que son sólo eso, un vehículo.

 

Inadaptado social

Decía Bertrand Russell que hay personas más gregarias y otras menos gregarias. Las personas que suelen tener intereses científicos o artísticos disfrutan más de la soledad que otros, pero una cosa es disfrutar la soledad y otra es el aisalmiento o la incapacidad de trabajar en equipo. Siempre, en cualquier proyecto, necesitarás desarrollar habilidades sociales para llevarlo a cabo.

 

Teóricos

Muchas personas gustan de analizar todo, formular incesantes teorías, y ello podría ser útil, pero sólo hasta cierto punto:

Básicamente, el teórico es una persona perezosa actuando como una diligente. Inconscientemente obedece la ley del mínimo esfuerzo por que es más fácil construir una teoría que hallar fenómenos.

Las teorías van y vienen pero la información obtenida permanece. Las teorías nos abandonan pero la información nos defiende. Ella es nuestro verdadero recurso, nuestro verdadero estado, nuestro mejor linaje. En el eterno cambio de las cosas, sólo la información nos salva del deterioro del tiempo y del olvido o la injusticia del hombre. Arriesgar todo en el éxito de una idea es olvidar que cada 15 o 20 años las teorías son revisadas o reemplazadas.

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Ciencia

Por: Pijama Surf - 07/21/2017

Nunca confundas la seguridad con la autocomplacencia o la arrogancia, las personas podrían definirte por ello

Desde siempre, la arrogancia y la soberbia han sido pésimos indicadores de la buena autoestima; una persona que está conforme con su personalidad no necesita demostrarlo a los otros, ¿o sí? Las personas engreídas arrojan simplemente la fórmula perfecta para causar una pésima impresión, no solamente por sus malos tratos sino también por que hablan con su actitud de sus propios complejos, lo que resulta aún más paradójico.

Por el contrario, y coincidiendo con lo que múltiples tradiciones místicas apuntan, la mejor manera de causar una buena impresión es la humildad, y no nos referimos aquí a que te hagas el mustio, sino a que simplemente hagas consciente ciertas actitudes que podrían estar causando la impresión de que eres una persona engreída y demasiado narcisista.

Según un estudio publicado en el libro Social and Pesonality Psichology Compass, existen cuatro actitudes que debes evitar para verte como un engreído (y convertirte en ello). Aunque la autoconfianza suele ser necesaria, si la exageras, puede ser altamente contraproducente:

 

Alardeo humilde (humblebrag)

Seguro lo has visto mucho en redes sociales. Personas que presumen sutilmente su vida pero que, en realidad, resulta muy notorio. Por ejemplo, cuando alguien está de viaje y pone algo así como: después de todo valió la pena el esfuerzo, y una fotografía acompañando la frase en algún lugar increíble.

 

Presunción

Presumir tus logros, hablar sólo de ti, poner en duda los logros de los otros con alguno mayor tuyo, etc., son aspectos que dan una pésima impresión de ti y que a largo plazo, podrían aislarte y conseguirte unos tantos enemigos.

 

Hipocresía

Presumir un discurso y hacer lo contrario simplemente hará que las personas no te tomen en serio y que, incluso, te piensen y traten como si fueras un loco. El doble discurso siempre va descubriéndose; mejor quédate callado lo más posible y habla con tus actos.

 

Cumplidos ambiguos o de doble filo

Si vas a elogiar a alguien, no lo remates con una frase que reste crédito a lo dicho. Por ejemplo: "Para ser chico, lo haces muy bien", o "Tu trabajo estuvo muy bien, aunque ya deberías haber aprendido más". Si el elogio no es sincero o vas a desacreditarlo, mejor no digas nada; lo anterior genera recelo y una pésima sensación en los demás.