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Sobre cómo las películas manipulan las emociones para desencadenar un brote psicótico

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 07/27/2017

Los estudios de Hendler, en los que se correlacionan a un nivel neuronal las emociones humanas y su rol en las enfermedades mentales, muestran que las películas ayudan a comprender cómo las emociones fluctúan en tiempo real a nivel cerebral y corporal

En su libro The Boy Raised as a Dog, Bruce Perry explica cómo un niño desarrolla la habilidad de la empatía conforme es capaz de visualizarse a sí mismo en diferentes situaciones a futuro, brindándole esto la posibilidad de imaginar lo que un otro –incluyendo un otro yo– podría sentir. Casi unas 2 décadas después la neurociencia, tratando de develar las capas de la psique humana en torno a la empatía, dividió la experiencia de esta habilidad en dos: la empatía mental y la empatía corporal. La primera, enfocada en las cortezas frontales, temporales y parietales, indica una coordinación mental que requiere tomar un paso fuera de uno mismo para pensar en la experiencia o el pensamiento de otro; la segunda, considerada más visceral, se experimenta corporalmente en un momento: como cuando uno puede llegar a sentir el dolor de un golpe dirigido hacia otra persona.

Estos dos tipos de empatía son usados en la dirección y producción de numerosas películas; sin embargo, muy pocas lo realizan de manera tan precisa que puedan desencadenar un espejeo de la experiencia de los personajes principales. Un ejemplo de ello son las películas del director Darren Aronofsky (creador de Black Swan, The Wrestler, Pi y Requiem for a Dream) y de la neurocientífica de la Universidad de Tel Aviv University –Israel– Talma Hendler, quienes al desarrollar personajes mentalmente inestables y angustiados provocan que el público reviva la misma sensación, incluyendo la de una oleada de brote psicótico.

Los estudios de Hendler, en los que se correlacionan a un nivel neuronal las emociones humanas y su rol en las enfermedades mentales, muestran que las películas ayudan a comprender cómo las emociones fluctúan en tiempo real a nivel cerebral y corporal. De acuerdo con su data recolectada en diversos grupos de control que observaron una serie de clips de películas emocionales, la actividad del ser humano cambia para reaccionar a la empatía cerebral o corporal y ambas “tienen una influencia poderosa en lo que la gente está experimentando”. Por ejemplo, en Black Swan, cuando el personaje de Nina –Natalie Portman– comenzó a sacar plumas de su espalda, el patrón de la empatía mental se transmitía a través de la expresión facial y visceral, como en pacientes con esquizofrenia, lo cual provocó que los individuos experimentaran un impacto emocional –intuitivo y automático– de la situación de otro ser humano.

Para Aronofsky, se trata de lograr que la audiencia recurra a su sistema de empatía mental durante una escena simple porque están tratando de comprender qué está sucediendo realmente: “La audiencia se está preguntando, ‘¿Qué demonios está sucediendo? ¿Es verdad que se está convirtiendo en cisne?’ y lentamente están descubriendo por lo que tanto el personaje como ellos mismos están pasando”. La idea es descubrir maneras de manipular las emociones de la audiencia: “Siempre estamos pensando en cómo adentrarse en el estado emocional, momento a momento, y cómo llevar a la audiencia con nosotros”. De modo que el sentido subjetivo de los personajes se ve reflejado, a través de las neuronas espejo, en la experiencia subjetiva del espectador, creando el éxito de las películas de drama psicológico.

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Por: Pijama Surf - 07/27/2017

En una encuesta aplicada a más de 2 mil personas los fetiches retoman su normalidad, en un mundo donde el erotismo siempre ha sido tan diverso como los miles de millones que somos

Incluso a estas alturas, una de las áreas que más tabúes genera es la sexualidad. Si en el resto de nuestra vida lo considerado excéntrico raya en un cierto (e injusto) lindero de lo antisocial, en lo sexual ello es aún más enfático. Por lo anterior, los fetiches sexuales suelen ser un secreto, uno que muy pocos conocen de nosotros o que, de hecho, ni nosotros mismos conseguimos aceptar.

Lo cierto es que en el terreno de lo erótico la imaginación siempre ha jugado un rol elemental, y por ello el fetichismo es más común de lo que solemos creer. La blogger Aella recientemente lanzó una encuesta sobre fetichismo sexual que fue contestada por más de 2 mil personas (527 mujeres, mil 456 hombres y 61 personas más que se consideran de un género alternativo).

Las respuestas después fueron agrupadas como las de mayor recurrencia femenina y masculina. Los resultados son una variedad de fetiches que engloban al menos una muestra de la diversidad en los gustos de lo sexual, uno de los campos más diversos en nuestra condición humana. El fetiche más usual en las respuestas fue la diversidad de posiciones (más allá de la clásica, conocida como misionero), el uso de lazos o cadenas, sexo anal o sexo grupal, y entre las menos recurrentes (y ciertamente inadmisibles) pero apenas mencionadas están otras prácticas como la pedofilia.

¿Y tu fetiche, qué tan recurrente es?:

Encuentra la gráfica con un mayor tamaño aquí.

 

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