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Cómo aprendemos a leer la mente de una persona al mirarla a los ojos

Ciencia

Por: pijamasurf - 07/18/2017

La ciencia muestra que los ojos realmente son la ventana de la mente

Si no del alma, al menos es indudable que los ojos son la ventana de la mente. A través de los ojos podemos conocer los estados internos de una persona, justamente como si miráramos el interior de una casa a través de una ventana. Simon Baron-Cohen, neurocientífico de Cambridge, ha documentado la habilidad de identificar estados internos de un individuo a través de los ojos, lo cual demuestra que el contenido de la mente de las personas sí puede ser observado, o al menos inferido por la mirada. Y, como sugiere Tobias Grossmann, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, los ojos constituyen un puente entre el ser y la otredad que provee acceso directo al estado interno de los demás.

Por otro lado, un trabajo publicado en Molecular Psychiatry y basado en una prueba de empatía cognitiva llamada "lectura de la mente a través de los ojos", mostró que somos capaces de descifrar lo que otra persona está pensando o sintiendo al mirarla a los ojos en un rango corto de tiempo. No se trata de telepatía sino de una auscultación de los pensamientos basada en el lenguaje corporal, particularmente los ojos. Curiosamente, la prueba mostró que las mujeres son las que más facilidad tienen para "leer" lo que están pensando otros.

Esta capacidad es, según los científicos, algo único en el ser humano, y es que la responsividad y morfología del ojo humano son únicas. Los seres humanos tienen la mayor elongación horizontal de las líneas externas del ojo y la mayor cantidad de tejido expuesto (esclerótica) y son la única especie con una membrana esclerótica blanca. Asimismo, los seres humanos tienden naturalmente a enfocarse en los ojos más que otras especies; esto es algo que nos diferencia de nuestros más cercanos parientes, los chimpancés. Los bebés prefieren mirar al rostro y a los ojos y al hacerlo obtienen información emocional de otras mentes, pues al mirar involucran regiones cerebrales que en los adultos están implicadas en entender el estado mental de los demás.

Curiosamente es la oxitocina, la llamada hormona del amor o del apego, la que modula nuestra respuesta a las señales de la mirada. Diversas pruebas muestran que al administrar oxitocina a una persona, ésta tiende a incrementar su fijación en los ojos. La oxitocina aumenta el reconocimiento de estados emocionales y mentales de otros individuos, que son recibidos vía los ojos. Grossman cita estudios que comprueban que evitar la mirada o una reducida sensibilidad a las señales de los ojos es una de las formas de identificar tempranamente el autismo. De aquí también que los niños a los que se les administra oxitocina logran responder mejor a las señales de los ojos. Grossmann sugiere que esta capacidad de "leer la mente" a través de los ojos es algo que no requiere un entendimiento conceptual de la mente de los demás, sino que se sirve de la experiencia directa de los estados mentales y emocionales de otras personas.

Es decir, no necesitamos explicar y conceptualizar en palabras lo que vemos, simplemente lo sabemos. Podemos saber si alguien está triste o quiere algo con sólo mirar sus ojos. Podemos también obtener mucha información si analizamos a qué le está poniendo atención, algo que la mirada revela. Es por esto que muchos jugadores de póquer utilizan lentes oscuros cuando juegan torneos. Asimismo, mucha información puede determinarse por la dilatación de la pupila, el ritmo con el que una persona mueve la mirada o su capacidad de sostener la mirada de otros sin alterarse.

Por último debemos mencionar la controversial disciplina médica de la iridología, en la cual se sostiene que el estudio del iris es una especie de mapa holográfico de las condiciones psicológicas y fisiológicas de un individuo y, por lo tanto, una forma muy útil de diagnosticar a la gente.

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Ciencia

Por: Pijama Surf - 07/18/2017

Nunca confundas la seguridad con la autocomplacencia o la arrogancia, las personas podrían definirte por ello

Desde siempre, la arrogancia y la soberbia han sido pésimos indicadores de la buena autoestima; una persona que está conforme con su personalidad no necesita demostrarlo a los otros, ¿o sí? Las personas engreídas arrojan simplemente la fórmula perfecta para causar una pésima impresión, no solamente por sus malos tratos sino también por que hablan con su actitud de sus propios complejos, lo que resulta aún más paradójico.

Por el contrario, y coincidiendo con lo que múltiples tradiciones místicas apuntan, la mejor manera de causar una buena impresión es la humildad, y no nos referimos aquí a que te hagas el mustio, sino a que simplemente hagas consciente ciertas actitudes que podrían estar causando la impresión de que eres una persona engreída y demasiado narcisista.

Según un estudio publicado en el libro Social and Pesonality Psichology Compass, existen cuatro actitudes que debes evitar para verte como un engreído (y convertirte en ello). Aunque la autoconfianza suele ser necesaria, si la exageras, puede ser altamente contraproducente:

 

Alardeo humilde (humblebrag)

Seguro lo has visto mucho en redes sociales. Personas que presumen sutilmente su vida pero que, en realidad, resulta muy notorio. Por ejemplo, cuando alguien está de viaje y pone algo así como: después de todo valió la pena el esfuerzo, y una fotografía acompañando la frase en algún lugar increíble.

 

Presunción

Presumir tus logros, hablar sólo de ti, poner en duda los logros de los otros con alguno mayor tuyo, etc., son aspectos que dan una pésima impresión de ti y que a largo plazo, podrían aislarte y conseguirte unos tantos enemigos.

 

Hipocresía

Presumir un discurso y hacer lo contrario simplemente hará que las personas no te tomen en serio y que, incluso, te piensen y traten como si fueras un loco. El doble discurso siempre va descubriéndose; mejor quédate callado lo más posible y habla con tus actos.

 

Cumplidos ambiguos o de doble filo

Si vas a elogiar a alguien, no lo remates con una frase que reste crédito a lo dicho. Por ejemplo: "Para ser chico, lo haces muy bien", o "Tu trabajo estuvo muy bien, aunque ya deberías haber aprendido más". Si el elogio no es sincero o vas a desacreditarlo, mejor no digas nada; lo anterior genera recelo y una pésima sensación en los demás.