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Esta es la forma más sencilla de saber si una persona tiene un nivel espiritual alto

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/04/2017

Una forma de evitar confusión al momento de evaluar el logro espiritual de un maestro o de un amigo

En las tradiciones espirituales de la India, de donde en gran medida hemos exportado la noción de maestro espiritual, los logros espirituales y las diferentes etapas de una práctica suelen ir acompañados de ciertas marcas y siddhis (poderes o logros). Así, por ejemplo, en el budismo mayahana un Buda, que puede manifestarse en innumerables emanaciones, puede ser reconocido por 32 marcas extraordinarias o, por otro lado, cuando una persona logra cultivar el samadhi en la meditación y alcanza las dhyanas (etapas de absorción meditativa) empieza a desarrollar ciertos poderes psíquicos, como recordar sus vidas previas, clarividencia y demás. El Buda Siddartha Gautama, por ejemplo, antes de iluminarse habría recordado todas su vidas previas y abierto el ojo divino con el cual pudo también experimentar todas las vidas de seres sensibles y descubrir la originación dependiente. 

El problema con esto es que estas señales suelen ser sumamente sutiles, propias de un lenguaje especializado, a veces simbólico, de una tradición compartida y de toda una serie de nociones que piden que la persona que hace el reconocimiento tenga, a su vez, ciertos logros en su propia práctica o en su estudio de tradiciones específicas. En otras palabras, poco ayudan a la persona común en la vida cotidiana. Se dice que los budas ven budas en todos lados y los seres sensibles ven seres sensibles. Es muy difícil que una persona sin mucho camino andado o una sensibilidad especial pueda realmente juzgar los logros espirituales de otro. Uno percibe un mundo en gran medida coloreado por sus propios hábitos, tendencias y prejuicios... pero a veces es justo de estos hábitos, tendencias y prejuicios de lo que queremos escapar y es por esto que buscamos algo o alguien que nos permita salirnos de este circuito cerrado de reforzamiento de nuestros propios apegos mentales. La espiritualidad en gran medida depende de encontrar un maestro calificado, y para ello es importante poder evaluar a una persona con la cual queremos asociarnos.

Dicho eso, para un camino espiritual pero también para una amistad o una relación de pareja, hay una forma más sencilla de evaluar el logro espiritual de un individuo, la cual no requiere de ningun examen dentro de una tradición específica o de algún poder perceptivo extraordinario. Esto es simplemente notar qué tanto una persona dedica su actividad y pensamiento al beneficio de los demás. 

Todas las tradiciones espirituales enseñan que la verdadera espiritualidad es la compasión o el amor al prójimo y la trascendencia de la importancia personal (o el ego). En el budismo mahayana, por ejemplo, la compasión está directamente relacionada con el desarrollo de la mente búdica o de la mente del despertar (bodhicitta). Ya que el budismo mantiene que el yo no existe de manera independiente, intrínseca y separado de todas las demás cosas, la compasión es un una muestra de sabiduría que se ha asimilado y se ha puesto en práctica. Cosas similares podemos encontrar en otras religiones, por ejemplo en la virtud de la caridad en el cristianismo. A fin de cuentas, este proceso de perder importancia personal --lo cual no significa no quererse a sí mismo y abandonarse del todo, sino simplemente no considerarse más importante que los demás y no vivir para satisfacer deseos egoístas-- es lo que permite el estado místico descrito generalmente como la anulación el individuo en la vastedad universal. La identificación con el yo como límite y única realidad existencial, impide el entendimiento y asimilación de una realidad más grande. Esto es lo que en el hinduismo se conoce como Atman es Brahman, el alma es Dios, y que se efectúa en el proceso de neti neti, una desidentificación con todo lo impermanente. En el budismo esto es diferente pero, al descubrir la ausencia de existencia inherente del yo, uno se acerca también a descubrir la vacuidad, que es la interdependencia de todos los fenómenos: ser nada es ser todo.

La calidad espiritual de un individuo puede reconocerse en su generosidad, en su dedicarse a los otros y en su capacidad de realmente entender y poder ayudar a los demás --esto último es importante, ya que muchas personas utilizan el altruismo como un mecanismo de defensa para evitar sus propios problemas, la profundidad de la sombra de su psique y, así, ayudan sólo de manera egoísta. La verdadera compasión es espontánea, no es taimada y repasada en demasía. Esta espontaneidad, esta ausencia de un motivo ulterior, es justamente lo que posibilita su eficacia. La persona verdaderamente compasiva es capaz de poner atención a los demás y por lo tanto recibir la comunicación de qué es lo que necesitan. Esta capacidad de poner atención es otra muestra de un logro psicoespiritual, demuestra que no se está embrollado y ensimismado en los propios pensamientos, que no se está viendo al mundo siempre a través del propio miedo o esperanza, de las proyecciones de la propia mente y quizás pueda ser una señal de que esta persona practica la atención plena (mindfulness), de que es alerta al cariz del momento. Demuestra así una capacidad de estar en el presente de manera no dividida, que es el único tiempo en donde puede ocurrir esta resonancia compasiva.

En conclusión, si un individuo tiene el hábito sincero de dedicarle su tiempo a los demás, si en su ayuda y en el dar su tiempo muestra un genuino interés por los otros y además es capaz de mantener su atención, de hacer sentir a los demás que están siendo escuchados y de, después, efectivamente hacer algo al respecto en una situación apremiante, entonces esa persona, por bondad natural o probablemente por una práctica personal y un reconocimiento de las verdades universales, seguramente es alguien que tiene un estado espiritual avanzado.

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AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/04/2017

Es necesario reflexionar sobre la mecanización de nuestras relaciones y percepciones que produce un mundo dominado por la tecnología

Marshall McLuhan había notado que la adopción masiva de un nuevo medio conlleva una especie de deslumbramiento generalizado en el que la sociedad no es capaz de entender los efectos del medio y el contexto que crea hasta mucho después, de alguna manera embelesada por la riqueza del mensaje o del contenido. Solamente ciertas personas, que McLuhan sugería que tenían una percepción artística, eran capaces de ver el panorama de manera más amplia: cómo un nuevo medio amplificaba algunos de nuestros sentidos o de nuestra cognición, pero a la vez amputaba otros. Esto está pasando en estos momentos, ha pasado en las últimas décadas y seguirá pasando. La sociedad vive en una especie de retardo generalizado, consumiendo fébrilmente tecnologías que luego descubre que afectan seriamente su capacidad de pensar, percibir y relacionarse.

De aquí que sea tan importante discutir cómo utilizamos nuestras tecnologías, especialmente el smartphone, el aparato que la ejecutiva de Facebook, antes de DARPA (la agencia militar), Regina Durgan, describe así: "En mi vida no he visto algo tan poderoso como el móvil. Si lo unimos con la misión de Facebook, nos damos cuenta de cómo nos ha permitido compartir momentos de nuestra vida. Salta la frontera del tiempo y la distancia”. Ante esto, recomendamos la conversación que sostienen Beatriz Calvo, José Carlos Aguirre y Sergio Legaz en este video de Ecocentro. Respondiendo a  Durgan, Legaz señala que las pantallas táctiles son la primera tecnología que ha colonizado por primera vez todo nuestro espacio íntimo, incluso nuestro dormitorio y nuestros sueños. Están con nosotros todo el día, y no pueden más que alterar en cierta medida nuestra percepción y nuestra relación con el mundo. 

Aguirre recuerda la visión de la techné de Heidegger. La mentalidad técnica, de transformar y operar sobre la materia es lo que rige nuestra sociedad. Lo propio de la tecnología es satisfacer las necesidades. Cuanto más técnica se acumula, más necesidades se acumulan. Estamos en una huida permanente hacia adelante. Algo que es la la vez tantálico y prometeico... La sociedad del consumo necesita de la productividad de la máquina, de la creación de nuevas necesidades y de nuevos objetos que puedan satisfacerlas. Como se dice actualmente, hay una app para eso. 

El video también explora que la teoría de la conspiración favorita monolítica de que alguien mueve el tablero en la sombra es un reduccionismo. La misma complejidad de la tecnología, de los algoritmos, y el programa económico al cual están supeditados los gobiernos y las corporaciones (un programa de crecimiento infinito que no contempla la prosperidad real), en suma, lo que llaman "la máquina", rige caóticamente nuestra realidad. Nos sometemos a un señor que no existe, es sólo una abstracción a la que alimentamos con nuestra atención, deseo e ignorancia. Es una Matrix sin arquitecto, un sistema autopoético (lamentablemente, con poca poesía) que se alimenta de. La máquina es el agregado, la suma de las partes y emblema mismo de la visión materialista de la realidad y del delirio del progreso, de la alucinación colectiva de que sólo existe la materia. La frase de Spengler lo dice de otra forma: "Rige el cerebro, porque el alma se ha perdido". La apuesta es clara; como se explica en el libro Homo Deus, de Yuval Noah Harari, todo lo mágico, todo lo significativo, la misma apuesta por lo divino (que yace en el núcleo del alma humana) pasa por la tecnología, por la materia, esto es, por la naturaleza externa transformada que puede transformar la naturaleza interna. La otra opción no se considera: la magia, el significado, la divinidad vía la transformación de la naturaleza interna que a su vez transforma la naturaleza externa. Antes la máquina que la conciencia --la conciencia como una mera función o epifenómeno de la máquina. La tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, según Arthur C. Clarke, y la tecnología es indistinguible de una religión secular, una religión del entretenimiento, una religión del hedonismo. Una religión con misticismo de facsímil.

 

Algunas ideas que se discuten:

La pantalla táctil como control continuo, la invasión del panóptico. 

En la modernidad (la idea es de Huxley), en vez de reprimir a través de la censura, el poder utiliza la estrategia del entretenimiento y la distracción. Las personas se ahogan en un mar de irrelevancia y opiniones inanes. 

La interconexión de todos los grandes sitios de Internet crea perfiles de los consumidores, una huella digital que puede ser minada por diversas compañías para crear anuncios personalizados y predecir comportamientos, entre otras cosas.

La tecnología promete conectarnos a nivel virtual, pero nos desconecta a nivel inmediato y de nuestro entorno. Estamos en todos lados menos en el presente. 

La mirada contemplativa es una forma de rebelión.

La máquina nos roba el espacio de silencio para mirar a nuestro alrededor y mirarnos a nosotros mismos.

*Si te interesa este tema te recomendamos el podcast de Douglas Rushkoff Team Human, la más lúcida crítica a la visión transhumanista.