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Sobre los deliciosos beneficios de la improductividad –o la pereza–

Salud

Por: Maria Jose CA - 05/20/2017

“Perder el tiempo se trata de recargar la batería interna y de desconectar. Tomar tiempo para ser total, gloriosa y orgullosamente improductivo hará que seas mejor en el trabajo. Y será mucho más significativo por sí solo”

Elogiar a la pereza en la actualidad es un menester difícil. 

A todas horas y todos los días las personas necesitamos estar ocupadas en algo: mensajes, correos electrónicos, redes sociales, trabajo extra, estudios, etc. Es una cotidianidad que ha impactado invariablemente no sólo en la manera de vincularnos con otros seres vivos sino también de sobrevivir sin vivir tratando de ser productivos eternamente. Podríamos pensar en la última vez que estuvimos esperando a alguien y nos dedicamos a indagar las mismas publicaciones en redes sociales por décima vez en la última hora; que nos sentamos a comer en frente de la computadora o del teléfono móvil durante las largas horas laborales; que nos dedicamos a enviar correos o responder mensajes de trabajo durante reuniones familiares; que nos sentamos en un sofá viendo la televisión o el teléfono celular por tener algo en las manos; entre otros ejemplos más. 

Son horas en las que el cuerpo y la mente se desconectan. Como si se activase un modo automático en el cual los días se vuelven rutinarios, tanto el día como la noche se distinguen sólo por las horas de sueño y cansancio, la comida deja de tener matices, sabores u olores, el estrés se adquiere como parte fundamental de la vida adulta, y la realidad se convierte en una distorsión ilusoria. Con el paso del tiempo esta rutina provocará que el cuerpo y la mente caigan enfermos, y su diagnóstico sea depresión, ansiedad o estrés postraumático, entre otros trastornos emocionales… 

Para prevenir esa mala muerte en vida, los filósofos de la Antigua Grecia recomendaban ser capaces de disfrutar de la pereza, de volvernos inactivos e improductivos, aunque sea por un momento. En palabras de Alejandro Martínez Gallardo:

La idea de que la inacción es una fuente de felicidad tiene un selecto linaje que se remonta a la exaltación del ocio como un estado de gracia para ejercer la filosofía en la Antigua Grecia. […] Los filósofos no tenían que ponchar tarjeta o lidiar con un jefe que les pida un reporte. Podían vivir exclusivamente en el terreno de las ideas –por lo demás, un mundo superior al mundo de la acción, que es apenas un pálido reflejo.

De alguna manera, la rutina de la eterna productividad se vuelve un problema cuando somos incapaces de tomar una larga caminata sin rumbo fijo, sentarnos a leer en frente de una ventana, preparar una cena deliciosa sólo por las meras ganas de disfrutarla, observar el horizonte y disfrutar de estar ahí y en el momento. Diversos pretextos pueden funcionar, como que no hay tiempo suficiente para hacerlo; sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la idea de visualizar el placer posee pincelazos de culpa o vergüenza. Parece incluso inverosímil creer que el placer de tan sólo estar pueda generarse sin la necesidad de producir ni adquirir un bien material.  

Para el psicólogo Michael Guttridge, tener esta capacidad de sabernos seres gozantes sin necesidad de producir brinda contados pero importantes beneficios para la salud mental y física de una persona. Bajo la premisa de que somos seres “multitasking”, un individuo se cree capaz de pasear por un parque y estar, al mismo tiempo, revisando las redes sociales; no obstante, la realidad es que pierde de la posibilidad de experimentar cualquier tipo de placer que provenga del mundo interno de uno mismo. En palabras de Guttridge:

Estamos olvidando los beneficios mentales y físicos de pasar tiempo enfocados en nosotros mismos. Las personas comen en el escritorio y tienen la comida en la computadora. Es asqueroso. Deberían salir a caminar, a tomar un café, sólo alejarse. Aun durante las fábricas victorianas se tenía una especie de horas de descanso.

Esta premisa, la de que la inacción es una fuente de felicidad, se ve apoyada en la actualidad por el autor Alex Soojung-Kim Pang. En su libro REST: You Get More Done When You Work Less, Soujung-Kim escribe que grandes personajes como Charles Dickens tenían en su agenda trabajar sólo 5 horas al día (o menos). La realidad es que trabajar menos en la oficina y realizar más actividades como ir al cine o salir a correr permite desconectarse de numerosos estímulos de estrés que fomentan una sensación de “callejón sin salida.” Guttridge sentencia: “Perder el tiempo se trata de recargar la batería interna y de desconectar. Tomar tiempo para ser total, gloriosa y orgullosamente improductivo hará que seas mejor en el trabajo. Y será mucho más significativo por sí solo”.

Perder el tiempo o gozar de la pereza es, en otras palabras, una necesidad casi primaria que hemos perdido a lo largo de la evolución humana. Sentimos culpa por realizar actividades improductivas, mientras caemos más en un ciclo vicioso que implica apatía, anhedonia, tristeza, desvinculación y muchas veces autodesprecio. Quizá, ser perezoso de vez en cuando renueve, sin darnos cuenta, nuestro vínculo con la humanidad. 

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La diferencia entre sobrevivir y explorar reside en la acción de vivir

Se dice que la mente se divide en dos modos: el de supervivencia y el de exploración. El primero, por un lado, se enfoca en lograr que el cuerpo no sufra accidentes ni malestares con el fin de asegurar el bienestar, como cuando se actúa "en automático" antes de los primeros sorbos del café matutino o para hacernos huir–pelear o congelarnos ante una crisis; el segundo, por otro lado, se encarga de brindar éxtasis, euforia y curiosidad ante las nuevas experiencias, lo cual facilita el pensamiento creativo, habilidades sociales y destrezas tanto cognitivas como emocionales. 

Ambos modos mentales son útiles para el ser humano; sin embargo, el exceso del modo de supervivencia puede provocar una serie de problemas a largo plazo. Además de generar cantidades de norepinefrina y cortisol que el cuerpo humano no sabe regular adecuadamente, la experiencia de "ser" es incómoda, angustiante y molesta. De alguna forma, este modo promueve más de un torbellino de ideas, pensamientos y creencias irracionales que desencadenan un nuevo ciclo de estrés, y por tanto merman la experiencia de tan sólo ser. 

Los especialistas en salud mental, principalmente psiquiatras y psicólogos relacionados con métodos humanistas y meditativos, aseguran que la experiencia del Self mejora en cuanto se regula el modo de supervivencia, desaparece el exceso de pensamientos irracionales y se aprende a sólo estar en el aquí y ahora fomentando el modo de exploración. Gracias a ello se ha reducido significativamente la incidencia de trastornos mentales como ansiedad, depresión, bipolaridad y estrés postraumático, entre otros. Es como si el peso que siempre existió en el pecho, hombros y cuello, aquello que no permitía respirar con tranquilidad ni descansar durante las horas de sueño, desapareciera.

La diferencia entre sobrevivir y explorar reside en la acción de vivir; en aprender a dominar la ruminación de los pensamientos; en limpiar la mugre de la mente; en incrementar la habilidad de experimentar placer, excitación, euforia, paz; en sólo ser. 

Te compartimos a continuación una guía práctica de cómo deconstruir las mentiras del ego y sus creencias irracionales.