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¿Es la conciencia la que produce la realidad a nivel cuántico?

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/10/2017

La pregunta que molesta a algunos científicos e intriga a otros: ¿Es la conciencia una propiedad fundamental de la naturaleza? ¿Interviene profundamente en el surgimiento de los estados cuánticos que componen la realidad?

Esta es la pregunta incómoda para los físicos, pero de alguna manera insoslayable. ¿Afecta la conciencia la realidad en su nivel fundamental? ¿Es el mundo un proceso que emerge de manera interdependiente con nuestra conciencia? Casi 100 años de lidiar con el llamado "problema del observador" en la física cuántica sugieren que la realidad no puede desligarse de nuestras observaciones de la misma y tomarse como algo objetivo, que existe por su propia cuenta. Esto no significa necesariamente que sea nuestra conciencia la que produce los extraños comportamientos que emergen al observar un fenómeno; sin embargo, sí obliga a que lo consideremos seriamente, algo que incómoda a los físicos puesto que pone en entredicho la realidad material y el paradigma materialista. Asimismo, este debate tiene el enorme problema de que la física y la neurociencia no han logrado entender y producir una definición de la conciencia --se le conoce como "el problema duro de la ciencia"-- y algunos físicos y filósofos materialistas incluso han llegado a creer que la conciencia es una ilusión --una ilusión generada por nuestro cerebro y sus procesos enteramente materiales.

El caso que cuestiona más seriamente la naturaleza de una realidad material independiente objetiva es el experimento de la doble rendija, en el que se presenta un colapso de una partícula cuántica. Este colapso en un estado definido ocurre de manera sorprendente en función solamente al acto de notar, y no por una perturbación física en la medición. La luz se encuentra en un estado de superposición, se comporta como una onda de probabilidades, y cuando es observada de cierta forma emerge como una partícula (de otra manera, mantiene su naturaleza de onda). Lo más extraño de todo es que la naturaleza parece saber si vamos a hacer una medición o no y se comporta en conformidad con esto (para una descripción completa de este experimento, se puede ver el siguiente video).

Esto ha llevado a algunos científicos a considerar el posible papel de nuestra conciencia en manifestar un cierto comportamiento a nivel subatómico. Eugene Wigner así lo creía: "Se deriva de aquí que la descripción cuántica de los objetos está influenciada por las impresiones que entran en mi conciencia". El físico John Archibald Wheeler consideró que en realidad no existía la división entre sujeto y objeto sino que vivimos en un universo participativo, en el cual el acto de observación incluso ha moldeado la evolución del universo, todos los posibles estados cuánticos para llegar a este momento, a esta realidad.

Adrian Kent, de la Universidad de Cambridge, sugiere que es posible que la conciencia altera de manera sutil las probabilidades cuánticas, esto es, que la mente afecta los resultados de las mediciones. Kent mantiene que la conciencia no determina exactamente "qué es real", pero que podría afectar la probabilidad de que cada una de las actualidades que permite la física cuántica sea la que, de hecho, observemos. Esto lo podría hacer de formas que no pueden predecirse por la teoría cuántica. En otras palabras la conciencia no estaría creando la realidad, pero sí estaría afectando qué realidad o actualidad observamos.

Roger Penrose, por otro lado, ha teorizado que la conciencia tiene un origen cuántico. La idea de Penrose de la "reducción objetiva orquestada" (Orch-Or en inglés) sugiere que el colapso de la interferencia cuántica y la superposición son procesos físicos reales. Penrose, junto con Hameroff, ha teorizado que existe una estructura material en el cerebro, los microtúbulos, que permiten una cognición cuántica. Estos codones de proteínas serían capaces de existir en estados de superposición. No hay, sin embargo, evidencia de esto.

El físico Matthew Fisher mantiene que el cerebro podría tener moléculas capaces de sostener estados de superposición cuántica más robustos, basándose en átomos de fósforo, los cuales existen en todas las células. Los núcleos de fósforo tienen un espín que los hace similares a magnetos con polos apuntando en diferentes posiciones. En un estado de entrelazamiento, el espín de uno de los núcleos depende del otro, lo cual es ya un estado de superposición que involucra más de una partícula cuántica. Esto podría resistir lo que se conoce como decoherencia y permitir la emergencia de una conciencia cuántica.

 

Con información de la BBC

Según Stephen Hawking tendremos que dejar la Tierra en los siguientes 100 años: ¿tiene razón?

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/10/2017

Hawking plantea que la humanidad será destruida si no logra escapar de este planeta en los siguientes 100 años

Stephen Hawking, probablemente el científico más reconocido de la actualidad, ha generado polémica por afirmar que la humanidad deberá dejar el planeta Tierra en los siguientes 100 años si quiere sobrevivir. Hawking hace esta afirmación en el documental Expedition New Earth producido por la BBC, en el cual el astrofísico y su alumno Christophe Galfard emprenden una búsqueda explorando cómo el ser humano podría subsistir en el espacio.

Hawking mantiene que debido al cambio climático, las epidemias, la sobrepoblación, las guerras y los posibles asteroides, la Tierra dejará de ser un lugar propicio para el mantenimiento de la vida, por lo cual el ser humano necesariamente deberá buscar un nuevo hogar. Esta idea sugiere que se pongan todos los esfuerzos en el desarrollo de tecnología que pueda llevarnos a otro sistema solar, ya que no existe un planeta habitable en nuestro propio sistema, e incluso si todas estas cosas sucedieran al mismo tiempo, la Tierra seguiría siendo un mejor lugar que Marte o la Luna para nosotros. Por otro lado, un viaje a otro sistema solar no parece ser algo que pueda lograrse masivamente bajo ninguna perspectiva, por lo cual sólo podría ser un buen escape, si acaso, para una élite. Esto revela el talante de lo que realmente ocurre: la élite económica y tecnológica no tiene sentido de responsabilidad con el planeta y no repara demasiado en destruir su casa si es que puede comprar otra.

Todas las amenazas que Hawking menciona (salvo el impacto de un asteroide) podrían ser modificadas por el ser humano con inteligencia, compasión, voluntad y organización. Hawking, sin embargo, no cree que seamos capaces de cambiar este curso ya que, según él, el ser humano tiene ciertas deficiencias. Por eso pide un gobierno global o, en su defecto, apuesta a que la tecnología nos podrá propulsar fuera de nuestra casa incendiada (creyendo claramente que lo mejor del ser humano es su tecnología, siendo que ésta es justamente la que nos está obligando a escapar). En cierta forma, lo que propone no es distinto a construir una nave espacial para salir de una casa que se está quemando en vez de intentar apagar el fuego con el esfuerzo coordinado de los involucrados, e incluso si esta casa se quema, luego reconstruirla y construir ahí mismo otra. Pero tal vez tenga razón y la estupidez humana, como dice la frase popular, no tiene límite.

Aun si llega la destrucción en este próximo siglo por los medios que advierte Hawking (algo no del todo improbable), de todas maneras la Tierra será seguramente nuestra mejor opción para sobrevivir, aunque sea una supervivencia que signifique empezar de nuevo, de manera rústica, sin los lujos a los que estamos acostumbrados. Y es que antes de que se destruya la Tierra y la vida, se destruirá la civilización humana como la conocemos (esto es lo que sugiere Platón con el mito de la Atlántida); la vida misma y la fertilidad de la Tierra proveerán nuevas oportunidades para la evolución de la inteligencia. Tal vez más importante que prepararnos para escapar a otro mundo es pensar en cómo podemos mejorar el que tenemos y cultivar nuestra propia conciencia para algún día finalmente entender de manera colectiva nuestro propósito en este planeta, con el cual podremos vivir en equilibrio y armonía.